Las Entrevistas de El Gráfico

2007. Peligro, hombre en el área

Por Redacción EG · 10 de julio de 2019

Después de sorprender en Unión, brillar en Independiente y triunfar en México, Andres Silvera volvía al país y aspiraba al título en el San Lorenzo de Ramón. El Cuqui nos habla sobre su carrera, sus goles y sus pasiones.

Ni los avio­nes dis­fra­za­dos de mos­qui­tos ni el ca­lor que pre­ten­de des­men­tir el oto­ño del al­ma­na­que al­te­ran su na­tu­ral y pro­vin­cia­no sen­ti­do de la res­pon­sa­bi­li­dad. Ter­mi­nó la di­ver­ti­da, pe­ro no por eso me­nos exi­gen­te, prác­ti­ca su­per­vi­sa­da por Ra­món Díaz en el Nue­vo Ga­só­me­tro, y el Cu­qui ya es­tá fir­me en su pues­to de pro­ta­go­nis­ta de la no­ta a po­cos me­tros del lu­gar don­de ca­da do­min­go, o el día que el ca­len­da­rio fut­bo­le­ro dis­pon­ga, es tam­bién el cen­tro de to­das las mi­ra­das: el área ri­val. Do­mi le pide las mil y una po­ses y él acep­ta sin el más mí­ni­mo re­zon­go. Só­lo se per­mi­te una pau­sa pa­ra ma­tar un mo­les­to in­sec­to vo­la­dor, por­que es­tá com­pe­ne­tra­do en la pro­duc­ción fo­to­grá­fi­ca. Es­tá fe­liz y se le no­ta por­que en es­te San Lo­ren­zo 2007 el ai­re que se res­pi­ra es otro. La tor­men­ta con ra­yos y truenos que se aba­tió en bue­na par­te de 2006 y de ma­ne­ra es­pe­cial so­bre el fi­nal de la tem­po­ra­da de­jó pa­so a es­te cie­lo sin nu­bes que en­tu­sias­ma.

La elegancia dentro del área, también la tiene Andrés Silvera en esta producción para El Gráfico.

La elegancia dentro del área, también la tiene Andrés Silvera en esta producción para El Gráfico.

 

“El cam­bio de cli­ma nos vi­no bien a to­dos y, ade­más de la pre­sen­cia de Ra­món Díaz, no­so­tros mis­mos nos pro­pu­si­mos ha­cer bo­rrón y cuen­ta nue­va. De­ci­di­mos em­pe­zar de ce­ro. Es­ta­mos bien, cum­plien­do los ob­je­ti­vos de a po­co. La idea es pe­lear el tor­neo y tam­bién el in­gre­so a las co­pas. Sa­be­mos que la Li­ber­ta­do­res es un te­ma muy es­pe­cial en el club y por eso que­re­mos lle­gar a dis­pu­tar­la y, ob­via­men­te, ga­nar­la”.

–¿Es­tás re­cu­pe­ra­do fí­si­ca­men­te?

–No ha­bía po­di­do ha­cer pre­tem­po­ra­das du­ran­te los úl­ti­mos tres años y eso me im­pi­dió es­tar en for­ma. Aho­ra, si bien no es­toy cien por cien, es­toy lle­gan­do de a po­co al me­jor es­ta­do fí­si­co. No hu­bo ma­yo­res cam­bios con res­pec­to al sis­te­ma de pre­pa­ra­ción an­te­rior, pe­ro es­ta­mos tra­ba­jan­do muy bien. 

–¿Un téc­ni­co de­lan­te­ro es me­jor pa­ra un “nue­ve” que un en­tre­na­dor que ju­ga­ba co­mo de­fen­sor?

–No es una re­gla es­cri­ta, por­que yo en Unión de San­ta Fe tu­ve a Pum­pi­do, que era ar­que­ro, y, sin em­bar­go, apren­dí mu­cho por­que él pre­fe­ría el jue­go ofen­si­vo. Y aho­ra con Ra­món Díaz es más fá­cil por­que tam­bién él siem­pre pien­sa en el ar­co de en­fren­te.

–¿Tan­to tu­vo que ver Ra­món en el cam­bio que se ve en el equi­po?

–Se­gu­ro que él in­flu­yó en par­tes igua­les en lo aní­mi­co y en lo fut­bo­lís­ti­co. A no­so­tros nos res­pal­da per­ma­nen­te­men­te y eso creo que se no­ta en la can­cha. ¿Si es iró­ni­co con no­so­tros? No, crea un buen am­bien­te, pe­ro cuan­do tie­ne que ba­jar lí­nea lo ha­ce, con o sin son­ri­sas.

–¿El go­lea­dor na­ce o se ha­ce?

–Las dos co­sas: na­ce y se ha­ce. Yo em­pe­cé ade­lan­te, pe­ro tam­bién fui ar­que­ro su­plen­te y has­ta ju­gué de mar­ca­dor cen­tral, pe­ro mi lu­gar pre­fe­ri­do es es­tar cer­ca del ar­co ri­val. En Co­mo­do­ro, Do­ria nos ha­cía prac­ti­car ti­ros con las dos pier­nas, yo soy de­re­cho, pe­ro tam­bién sé pe­gar­le muy bien de zur­da. Tam­bién prac­ti­cá­ba­mos ca­be­za­zos con los dos per­fi­les. Creo que es un por­cen­ta­je bien re­par­ti­do el que con­for­ma a un go­lea­dor.

  

Se ganó el corazón de los hinchas de San Lorenzo a base de goles. Foto: Jorge Dominelli.

Se ganó el corazón de los hinchas de San Lorenzo a base de goles. Foto: Jorge Dominelli.

 

–Qué ra­ro que Víc­tor Do­ria, una recordada fi­gu­ra de San Lo­ren­zo, te ha­ya traí­do a Hu­ra­cán.

–Lo que pa­só, creo, es que yo vi­ne a Hu­ra­cán ya más gran­de, por eso tal vez no se dio que Do­ria me re­co­men­da­ra pa­ra las in­fe­rio­res de San Lo­ren­zo. Sé que tam­bién pa­ra que em­pe­za­ra el ca­mi­no en Par­que Pa­tri­cios influ­yó Pe­ker­man; él ha­bló con Ba­bing­ton por­que me co­no­cía de Co­mo­do­ro y tam­bién por ha­ber par­ti­ci­pa­do en al­gu­nos equi­pos ju­ve­ni­les que él di­ri­gía.

–¿Cuá­les fue­ron los téc­ni­cos que ma­yo­res en­se­ñan­zas te de­ja­ron?

–Los en­tre­na­do­res que más in­flu­ye­ron en mi cre­ci­mien­to y ma­du­ra­ción fue­ron Nery Pum­pi­do, du­ran­te mi pa­so por Unión, y el To­lo Ga­lle­go en In­de­pen­dien­te; in­clu­so él hi­zo mu­cho pa­ra que me pu­die­ra que­dar en un mo­men­to di­fí­cil por las le­sio­nes y por mu­chas co­sas que ha­bían pa­sa­do en la re­la­ción con los di­ri­gen­tes an­te­rio­res del club. Tam­bién le agra­de­cí al To­lo que me qui­sie­ra lle­var lle­var al To­lu­ca cuan­do yo es­ta­ba en Ti­gres de Mé­xi­co.

 

Los co­le­gas

–Un es­pe­jo o es­pe­jos don­de te mi­rás pa­ra de­sa­rro­llar­te co­mo de­lan­te­ro.

–No ten­go re­fe­ren­tes, aun­que re­co­noz­co to­do lo que hi­zo y ha­ce Mar­tín Pa­ler­mo, pe­ro no lo ten­go co­mo es­pe­jo. En rea­li­dad, a mí me gus­ta­ba la ma­ne­ra de ju­gar de En­zo Fran­ces­co­li, me en­can­ta­ba su for­ma de mo­ver­se den­tro y fue­ra del área.

–¿Y en­tre los eu­ro­peos?

–De los que jue­gan ac­tual­men­te, Thierry Hen­ry me pa­re­ce fan­tás­ti­co y se ha­ce no­tar en un fút­bol muy rá­pi­do co­mo el in­glés, que es muy lin­do de ver tan­to des­de afue­ra co­mo des­de aden­tro de la can­cha.

Silvera con la camiseta de Unión enfrentando a Boca en La Bombonera.

Silvera con la camiseta de Unión enfrentando a Boca en La Bombonera.

 

–¿Sos de mi­rar fút­bol?, ¿te col­gás con los par­ti­dos de to­dos la­dos que lle­gan en vi­vo y en di­rec­to?

–No, no soy de ver mu­cho fut­bol, mi­ro el fút­bol de In­gla­te­rra al­gu­na vez. En rea­li­dad, des­pués de ju­gar­lo, veo po­co y na­da. Me pren­do en al­gún PlaySta­tion, pe­ro has­ta ahí.

 

Sen­ten­cias

–Hi­cis­te mu­chos go­les, ¿hay uno que te ha­ya que­da­do in­cor­po­ra­do co­mo el me­jor o más im­por­tan­te?

–El que pa­ra mí es el me­jor fue el que le con­ver­tí a Pu­mas, en Mé­xi­co, ju­gan­do pa­ra Ti­gres. La ju­ga­da no se me ol­vi­da­rá más: vi­no la pe­lo­ta al área, y cuan­do el de­fen­sor cru­za­ba, le dí de ta­co, en­ga­ña­n­do al mar­ca­dor y al ar­que­ro. La pe­lo­ta dio en el tra­ve­sa­ño y pi­có aden­tro. De to­dos los que mar­qué, ése es el que más me gus­tó y el que re­cuer­do siem­pre. ¿Re­pe­tir­lo acá? Oja­lá, uno siem­pre in­ten­ta, pe­ro no es fá­cil.

 

 

–Tu­vis­te la opor­tu­ni­dad de ir­te a Eu­ro­pa y pa­re­cía que se con­cre­ta­ba. ¿To­da­vía pen­sás en esa po­si­bi­li­dad?

–Creo que mi tren pa­ra ir a Eu­ro­pa ya pa­só. Cuan­do es­ta­ba en el In­de­pen­dien­te cam­peón pu­de ir a Ita­lia o Es­pa­ña. Y cuan­do ju­ga­ba en Mé­xi­co me ten­ta­ron del fút­bol ale­mán, pe­ro pre­fe­rí vol­ver a la Ar­gen­ti­na. Acá es­toy bien. Me hu­bie­ra gus­ta­do ju­gar en Eu­ro­pa, en Es­pa­ña o In­gla­te­rra, pe­ro ya es­tá, igual aquí es­toy bien.

Ha­bi­tan­te del ba­rrio de Pa­ler­mo, ya acos­tum­bra­do al rit­mo fe­bril de los por­te­ños (“cuan­do lle­gué a Hu­ra­cán, me vol­vía lo­co el trán­si­to y la ma­ne­ra de mo­ver­se de la gen­te de un la­do pa­ra otro), sol­te­ro, pe­ro con no­via, An­drés Sil­ve­ra, a los 30 años es­tá en ple­na ma­du­rez.

–Mu­cho se ha­bló y ha­bla del tri­den­te ofen­si­vo de Ra­món, pe­ro se lo vio po­co, ¿cuál es tu opi­nión?

–Cuan­do ju­ga­mos los tres, el que se re­tra­sa es la Ga­ta, aun­que a mí tam­bién me gus­ta ti­rar­me atrás, pe­ro es más por que­rer par­ti­ci­par del jue­go que por una cues­tión tác­ti­ca. Ade­más, con La­vez­zi en la Se­lec­ción, co­mo tri­den­te en­sa­ya­mos po­co. Igual con el Po­cho nos en­ten­de­mos bien, ya des­de el año pa­sa­do, y con Gas­tón, que es un ju­ga­dor bár­ba­ro, es fá­cil ar­mar una so­cie­dad. Y se vio contra Gimnasia.

EN el Ciclón jugó entre 2006 y 2009. Donde convirtió 37 goles en 90 partidos.

EN el Ciclón jugó entre 2006 y 2009. Donde convirtió 37 goles en 90 partidos.

 

–San Lo­ren­zo ha­ce un gran es­fuer­zo por te­ner­te, ¿pen­sás se­guir li­ga­do al club?

–Ten­go un con­tra­to por tres años fir­ma­do ha­ce muy po­co, ape­nas los di­ri­gen­tes de­ci­die­ron com­prar­le mi pa­se a Ti­gres. Sé que se preo­cu­pan por no atra­sar­se con al­gu­na de las cuo­tas pac­ta­das, lo que sign­ifi­ca un enor­me es­fuer­zo que va­lo­ro mu­cho; por eso quie­ro ju­gar ca­da vez me­jor y hacer más go­les.

Icono del San Lorenzo de Ramón Díaz que ganó el Clausura 2007.

Icono del San Lorenzo de Ramón Díaz que ganó el Clausura 2007.

 

–¿Có­mo te lle­vás con los hin­chas?

–Me con­mue­ve el ca­ri­ño y el apo­yo de la gen­te de San Lo­ren­zo. Ca­da vez que me ova­cio­nan quie­ro con­ver­tir un gol rá­pi­do pa­ra de­vol­ver­les el afec­to y ver­los con­ten­tos. Se ol­vi­da­ron de mi pa­so por Hu­ra­cán y tam­bién de al­gu­nas le­sio­nes que me im­pi­die­ron te­ner con­ti­nui­dad. La hin­cha­da es sen­sa­cio­nal y muy ingeniosa.

–¿Ex­tra­ñás Mé­xi­co?

–Si ten­go que ser sin­ce­ro, mi me­jor eta­pa fue en el fút­bol az­te­ca. Creo que mar­qué 50 go­les en 90 par­ti­dos y me sa­lie­ron muy bien las co­sas. Por eso allá la gen­te me quie­re mu­cho. De to­das ma­ne­ras yo hi­ce mu­cha fuer­za pa­ra vol­ver.

–Te ti­ra la Ar­gen­ti­na o la Pa­ta­go­nia es­pe­cial­men­te...

–Las dos co­sas, pe­ro yo soy fe­liz en Co­mo­do­ro Ri­va­da­via, in­clu­so siem­pre voy de va­ca­cio­nes allí. To­dos mis afec­tos es­tan en mi tierra y lo pa­so fe­nó­me­no. In­clu­so cuando es­taba en Mé­xi­co me ve­nía sin im­por­tar­me lo can­sa­dor de los via­jes en avión. A mi pue­blo no lo cam­bio por na­da.

–¿Un hobby?

–El golf. Cuan­do es­ta­ba en San­ta Fe, en los ra­tos li­bres que me de­ja­ba Unión, mi re­pre­sen­tan­te me lle­vó a dar­le a la pe­lo­ti­ta. “Mi­rá que me cues­ta pe­gar­le a la gran­de, ima­gi­na­te a ésa tan chi­ca”, le di­je, pe­ro igual me con­ven­ció y fui­mos al green. Al prin­ci­pio no pe­ga­ba una, pe­ro des­pués, cuan­do em­pe­cé a afi­nar la pun­te­ría, me pi­có el bi­chi­to, me di cuen­ta de que pa­re­ce abu­rri­do pe­ro no lo es pa­ra na­da. Ade­más, des­pe­ja la ca­be­za, es muy re­la­jan­te. Se­gu­ro que voy a ju­gar golf el día que de­je el fút­bol.

En el Tatengue jugó entre 1999 y 2001. Disputó 67 partidos y marcó 21 goles.

En el Tatengue jugó entre 1999 y 2001. Disputó 67 partidos y marcó 21 goles.

 

–¿Tu co­mi­da pre­fe­ri­da?

–El lo­cro de mi vie­ja. No, no sé cuál es la re­ce­ta, pe­ro es un pla­to fan­tás­ti­co. Ca­da vez que voy a Co­mo­do­ro no me lo pier­do por na­da del mun­do. Es lo que pre­fie­ro y me dan el gus­to.

–¿Te van las con­cen­tra­cio­nes?

–Son ine­vi­ta­bles, pe­ro en rea­li­dad a uno no le gus­tan mu­cho so­bre to­do cuan­do son más pro­lon­ga­das. Acá en el club es­tá­ba­mos muy bien, en un buen lu­gar, pe­ga­do a las can­chas don­de en­tre­na­mos. Pe­ro Ra­món eli­gió es­tar en el Hin­dú Club, ale­ja­dos un po­co de las pre­sio­nes de la gen­te, y lo acep­ta­mos. En Don Tor­cua­to es­ta­mos bien, pe­se a que es mu­cho más le­jos.

–¿Un de­seo?

–Sa­lir cam­peón con San Lo­ren­zo, fal­ta mu­cho y es muy di­fí­cil, pe­ro creo que po­de­mos lo­grar­lo.

–Pa­ra eso ten­drás que hacer go­les...

–Eso más que un de­seo es una ob­se­sión.

 

Ya no saca la lengua

 

 

Durante su feliz paso por el Independiente campeón del Tolo Gallego, el Cuqui patentó el festejo de los goles sacando la lengua. Así también apareció en la tapa de El Gráfico de noviembre de 2002. Pero desde hace un tiempo la lengua está guardada y Silvera tiene una explicación: “Ya pasó, fue un momento en el que disfrutamos todos, pero ya fue. Incluso cuando llegué a Tigres y marqué los primeros goles me preguntaron por qué no los festejaba con la lengua afuera y les aclaré que no era algo permanente. ¿Si estoy preparando algo especial en San Lorenzo?, por ahora no, tal vez sea algún bailecito, pero todavía no hay nada, igual uno siempre piensa en algo curioso para celebrar. Ya veremos. En realidad lo que busco es seguir haciendo goles. Eso es lo más importante”.

El Cuqui celebrando uno de los 44 goles que gritó con la camiseta del Rojo en sus dos pasos por el club de Avellaneda.

El Cuqui celebrando uno de los 44 goles que gritó con la camiseta del Rojo en sus dos pasos por el club de Avellaneda.

 

 

Por Carlos Poggi   (2007)

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