Las Entrevistas de El Gráfico

1987. ¨Siento que el fútbol terminó para mí¨

Por Redacción EG · 05 de julio de 2019

Después de una carrera brillante, Daniel Bertoni vuelve de Europa al país para quedarse. Uno de los grandes delanteros argentinos de la historia, repasa con El Gráfico su pasado y reflexiona sobre su futuro .

— ¿Por qué?

 —Porque mi carrera tiene que terminar en un club grande, en el mejor nivel. Volví de Italia pensando en no jugar más, pero salió la idea de Independiente y hablé. Mabel no quería pero me entusiasmó la gente, los hinchas por la calle. Al final me dijeron que no había plata.

—¿Era mucha?

—Cien mil dólares para el Udinese y después lo mío, algo parecido a lo de Bochini. A esta altura yo no puedo ir regalado, pero tampoco iba a hacer problemas por un peso más o un peso menos. Se lo dije a los dirigentes. Estoy seguro que pasó otra cosa.

—¿Qué?

—Alguien se puso en el medio.

—¿Quién?

—No estoy seguro y entonces no puedo acusar, pero si es la persona que supongo me dolería mucho, mucho. No tendría explicación...

 

Bertoni, Passarella y Maradona, tres argentinos en el Calcio.

Bertoni, Passarella y Maradona, tres argentinos en el Calcio.

 

Sigue con la ensalada de tomate y lechuga, la elogia, sigue con el asado de tira, firma un autógrafo, lo saludan y ya estoy adivinando por qué volvió.

—Me hubiera gustado Independiente, le di todo y me dio todo. Ahora voy a empezar a entrenar con el profesor Aboy porque quiero mantenerme bien, pero si me preguntás en este momento te digo que no juego más, que siento que dejé. Soy un ex jugador.

—¿Y si te llaman a fin de año?

—Si me llaman... Puede ser, depende de quién me llame. Puede haber una puertita abierta. Digamos que soy casi un ex jugador.

Ahora quiere recordar, y yo también. Don José Bertoni trabajaba en el campo, vendía leche y peleaba con la vida allá, cerca de Bahía Blanca. En la ciudad nacieron los mellizos, Ricardo y Carlos, y un año después la ilusión de una vida mejor los trajo a todos hasta Quilmes. Más gente, más posibilidades, el corralón de materiales... "Era lindo, mis padres nos daban todo, está bien que nos conformábamos con cualquier cosita pero nunca nos faltaba. Yo les di mucho de grande y siempre me parece que es poco."

Copas le sobran. Con el Rojo ganó tres Libertadores, la Intercontinental y la Interamericana.

Copas le sobran. Con el Rojo ganó tres Libertadores, la Intercontinental y la Interamericana.

 

El barrio, la calle y entonces el fútbol inevitable. Y el pibe rebelde que lo entendía de wing derecho, rebelde y calentón. Obdulio lo sabe. "Fue mi primer técnico en el Amoedo, muchas veces me peleé, le tiré la camiseta..." La familia también jugaba. "Carlos era marcador, un perro de presa, pero tenía un problema alérgico. Y mi viejo había jugado allá, parece que le decían el rompepalos de Cabildo. Cada vez que lo contaba nos moríamos de risa."

La historia sigue con el colorado Johnny, que lo llevó a las inferiores de Quilmes, y ahí estaban el Viejo Pérez, Dino, el Gordo Díaz... "Había dejado y el Gordo Díaz una vez me hizo llamar, una noche. Fui. Estaba sentado en un bar, me vio venir y me dijo que si yo le hacía caso iba a ser un jugador bárbaro, iba a jugar en la Selección. Sabía una barbaridad, nunca me había visto, le habrán hablado, pero veía caminar a un tipo y se daba cuenta si servía."

Y así se fue armando el mundo de Daniel, en ese tono suburbano, sencillo y al mismo tiempo propenso a las cosas diferentes. El mundo de Obdulio, el Gordo Díaz, Dino, el Colorado Johnny o el Viejo Pérez, un mundo sin precisiones todavía: o le faltaba el nombre, o le faltaba el apellido. ¿Importa, en realidad? "Ahí conocí al Indio Gómez, al Pato Fillol, a Julio Villa... Los amigos del fútbol, como después vinieron Passarella, el Gringo Scotta... Mirá, ponelo ahora, si me olvido de nombrar a alguno es por el apuro, los tengo en el corazón siempre. ¿Adónde estaba?"

—En la época de Quilmes.

—Sí, bueno, tenía que decidir. Terminé la primaria y mi viejo me preguntó qué iba a hacer. Me metí en el Industrial. No me iba bien, tenía la cabeza en el fútbol, siempre me volvió loco el fútbol.

—Alguna vez dijiste que para vos no era un trabajo, ¿o recuerdo mal?

—Yo digo que es un trabajo también, pero primero un juego, un arte. Ojo que siempre lo tomé en serio, mi viejo me daba 1.000 pesos para ir al baile, yo se los daba a mi hermano y me quedaba en casa porque a la mañana siguiente tenía un partido de inferiores. Ojo. Fui campeón de quinta y de octava y para mí fue casi como ser campeón del mundo.  

—¿Tanto así?

—Bueno, no sé, lo que sentí en el '78 todavía no lo pude descifrar, la emoción, el sentimiento... Lo que quiero decir es la importancia que siempre le di a estar bien y a ganar.

Sueño: un año antes del Mundial 78, soñó que hacia un gol en la final del Mundo.

Sueño: un año antes del Mundial 78, soñó que hacia un gol en la final del Mundo.

 

Realidad. El festejo verdadero, el que un año antes le había contado a nuestra revista.

Realidad. El festejo verdadero, el que un año antes le había contado a nuestra revista.

 

Le acerco cosas, algunas más. Debutó a los 16 años en Quilmes, "Tuve suerte y la ayudé", dice ahora. A los 17 pasó a Independiente y jugó cinco temporadas: dos veces campeón, tres veces campeón de América, tres de la Interamericana, una Intercontinental, contra el Juventus. En el '72 la primera Selección Juvenil, Cannes. Habla. Me cuesta seguirlo con los apuntes. Fuma. Recién sobre el final va a aceptar tomar café. Resume apurado, con ansiedad, un vacío de nueve años desde su viaje a Sevilla en el '78. Y en el vaivén volvernos a la adolescencia, la memoria rescata a Rubén Bravo, Pizzuti, Sivon. ¿Bochini? Claro.

—Lo conocí en Independiente, fue natural, venía a mi casa, yo iba a la de él, la amistad nuestra fue como una cuestión de piel.

—¿Y ahora?

—Sigue, ya nos vimos. Fue y es un gran amigo mío, o más, un hermano para Carlos y para mí. Yo creo, soy católico, no me paso el día adentro de las iglesias pero soy católico, y me parece que al Bocha y a mí nos unió Dios para darle alegría a la gente. Esos años de Independiente y el de Quilmes son únicos.

—Daniel, ¿es verdad que estuviste por venir a Boca en la época de Menotti?

—Sí, estaba todo casi listo, pero César se fue. Hubiera sido bárbaro, me encontraba de nuevo con él, que es el mejor técnico que tuve en mi vida y uno de los mejores del mundo, o en una de ésas el mejor. Y me gustaba por la hinchada, también. Es como la del Napoli. Boca pudo ser, River podría ser...

—¿Por qué decís que Menotti es el mejor?

—Porque lo conozco desde que arrancó con la Selección. En el '75 me sacó, yo me quedé en Independiente a jugar la Copa y no quise ir a Toulón, pero después vio que no había maldad y me llamó de nuevo. Fue fundamental, ¿sabés por qué? Me enseñó a vivir. Me conocía. Mis mejores momentos fueron con él. Pero mirá vos, te estoy diciendo estoy pensando a la Argentina...

 

Su tercer gol en la final frente a Holanda por el Mundial 1978.

Su tercer gol en la final frente a Holanda por el Mundial 1978.

 

—No entiendo...

—Claro, aquí siempre estamos con las comparaciones y uno al final se contagia; están con eso de Menotti, de Bilardo... A Bilardo apenas lo conozco y también lo respeto porque demostró que lo de él sirve, y me parece que lo que digo del Flaco no lo tiene que ofender. En otro lado ni lo aclararía, pero acá... ¿Sabés lo que me interesa a mí? Que en ocho años ganamos dos Mundiales.

—¿Y por qué pensás que pasa?

—Porque falta respeto, lo mismo que con eso de Gatti, Bochini y la política. ¿Quién tiene derecho a insultar a un tipo porque piensa distinto? Por favor... A los jugadores hay que juzgarlos como jugadores, a los técnicos como técnicos, y antes de decir macanas acordarse de la trayectoria, de lo que hicieron y lo que hacen. Yo volví ahora y veo que la sociedad argentina cambió en muchas cosas, maduró, pero en eso todavía andamos mal.

No quiere postre, en este restorán ya vacío porque va siendo más bien la hora del té. Y seguimos. El Sevilla, los primeros difíciles tiempos de la nostalgia, Jair, a quien conoció recién cuando tenía un mes y medio, la venta al Fiorentina, Macarena, que nació allá, después el Napoli para jugar con Maradona, después el Udinese y la bronca de un descenso decretado por nueve puntos de castigo... Ahora es el regreso.

—Los tuve a Ferreiro, a Maschio, al Pato Pastoriza... El Pato también me dejó mucho, tiene calle, sabe armar los grupos...

Nueve años de viaje, Daniel. Es mucho tiempo. Y esta decisión casi final de no jugar más. "Lo decidí en Udine, charlando con Mabel una noche en la cama. Medio de golpe. Me agarró la locura de Buenos Aires y volví."

Daniel por las calles de San Telmo. Una trayectoria brillante, un personaje muy querido por el mundo del fútbol. (Foto: Jorge Dominelli)

Daniel por las calles de San Telmo. Una trayectoria brillante, un personaje muy querido por el mundo del fútbol. (Foto: Jorge Dominelli)

 

Repaso hoy los apuntes dificultosos, encuentro frases, las escribo para usted.

—La gente y el periodismo te pueden ayudar o destruir, son un porcentaje importante en la vida del jugador. Pero la gran verdad es uno mismo, lo que hace en la cancha o lo que hizo en la semana.

—Me golpeó descubrir que en el fútbol hay cosas sucias, simpre había creído que todo era sano. Y lo descubrí de grande, estando afuera. La droga, algún arreglo, periodistas que elogian por interés...

—Jugué con grandes, grandes... Passarella, Bochini, Fillol, Villa, Trossero, Maradona, Housemann, Valdano, Antognoni, Graziani, Bagni, el Chivo Pavoni, el Gringo Scotta... Y tuve los mejores rivales. Król, Perfumo, Platini, Camacho, Migueli, Junior, Boniek, Neeskens, Pirri... Ah, poné al Conejo Tarantini, ponelo.

—Me asusta la droga para el futuro de mis hijos, y otra cosa que me asusta es cómo va el mundo. Lo que pasa en el Líbano, lo que pasa entre Irán e Irak, la delincuencia...

—No sé si el fútbol argentino es el mejor del mundo, pero los títulos que ganó últimamente dicen que sí. Lo que vi en estos días no me gustó, el único que apareció es Caniggia, que si tiene los pies sobre la tierra puede triunfar en Europa. Se juega muy mezquino, muy amarrete, los técnicos dicen que salen a ganar y eso es mentira. Todo el mundo está muy presionado, salen a buscar resultados y se olvidan de que el resultado viene cuando impones tu estilo.

Como hermanos. Bertoni y Bochini en los setenta. Dos leyendas del mejor Independiente.

Como hermanos. Bertoni y Bochini en los setenta. Dos leyendas del mejor Independiente.

 

—Bilardo dio la cara conmigo, me avisó que me llamaba si acá no aparecían jugadores, y al final, cuando eligió a Valdano, también me lo dijo de frente. Y en México jugamos en muchos momentos el fútbol criollo, el que nos gusta.

—Voy a poner una escuela de fútbol, estoy buscando un lugar. Y ya no puedo pedir nada. Gané, tuve más alegrías que broncas, me abren las puertas en todos los lugares donde estuve, tengo a Mabel y los chicos, a mis viejos... Soy un tipo feliz.

Volvió Bertoni. Dos años en Sevilla, cuatro en Florencia, dos en Nápoles, uno en Udine. "Dieciséis en Primera, viejo. El otro día fui con mi amigo Cosentino a ver River-Independiente por la Copa y lo miré tranquilo, sin desesperarme. Capaz que dentro de tres meses piense distinto, pero hoy es así, dejé el fútbol sin dramas".

Se resignó al primer café cuando pedimos el tercero, por entonces y había sido todos los Bertoni en uno: el padre, "Jair tiene nueve años y juega bien, pero no me obsesiono con eso"; el hijo de Elisa y José; el rebelde sensato, "Tuve muchos conflictos, siempre decía lo que pensaba. Ahora sé que a veces tenía razón y a veces no"; el hombre feliz, el jugador que ganó todo, "Menos un título en Europa. Es el único rimpianto que me quedó".

—¿El único qué?

—¿Rimpianto? El único... Como arrepentimiento, remordimiento... No sé, los tanos dicen así. Perdimos con la Fiorentina por un punto con el Juventus.

En Florencia, una de sus ciudades preferidas, dejó una huella. Fue ídolo de Fiorentina.

En Florencia, una de sus ciudades preferidas, dejó una huella. Fue ídolo de Fiorentina.

—Daniel, ¿qué pongo? ¿Jugás de nuevo o no?

—Siento que se terminó porque el último año o los últimos dos años tienen que ser a lo grande o nada. No quiero pelear descensos o tener problemas para cobrar o que no haya agua caliente. Es por mí, por el prestigio que me gané. Vine a la Argentina por sentimientos, para estar de nuevo con mi familia, mis amigos y la gente que conocí de pibe, y si vuelvo a jugar es por la pasión, no por la plata. Pero con toda la dignidad, ¿entendés? A Independiente se lo dije así. Ahora si vuelven ellos, o Boca, o River. Sería la única cosa linda que todavía no me pasó. Y si no...

—Sin drama.

—Sin drama, vine al lugar donde nací y crecí. Con eso me alcanza.

Se queda. Recuperó el lunfardo, empezó a entenderse con la inflación, caminó por la avenida Mitre, comió asado de tira... Tal vez me equivoque, pero ese asunto de jugar al fútbol es apenas un detalle. Así me pareció.

 

Por JOSE LUIS BARRIO

Fotos: MARCELO FIGUERAS y ARCHIVO "EL GRAFICO".

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