Las Entrevistas de El Gráfico

2017. La vida Herbella

Por Redacción EG · 02 de julio de 2019

Aunque muchos creían que el apodo "Doctor" provenía de su capacidad para operar rivales con botines, se recibió en la UBA mientras jugaba en Primera. Y luego fue periodista y entrenador.

Al pibe le gustaba jugar a la pelota y soñaba con ser futbolista, pero a diferencia de la mayoría de tantos otros chicos, como hijo de una madre jueza y de un padre contador, vivía en un hogar de clase media sin sobresaltos económicos donde el estudio era un valor innegociable. "Está bien, andá a un club a jugar al fútbol, pero elegí qué querés estudiar, porque no todos llegan", le marcaron el terreno. Eso sí: lo dejaron elegir la carrera. "Medicina", se decidió el pibe con una lógica elemental: si no lograba ser futbolista, al menos llegaría al fútbol... como médico de un plantel.

A Juan Manuel Herbella, porteño de 39 años, la apuesta le salió redondita, como si hubiera planeado estratégicamente su futuro en etapas: primero fue futbolista y luego médico de un plantel de fútbol (o de muchos, para ser más precisos, como lo es hoy en Argentinos Juniors). Y, además, se recibió en la Universidad de Buenos Aires con Diploma de Honor (más de 8 de promedio y ningún bochazo) y lo hizo mientras jugaba en la Primera de Vélez y de Nueva Chicago, como para desmitificar aquello de que no se puede jugar y estudiar al mismo tiempo. Y también para corroborar que el apodo que le propinaban los relatores ("El Doctor Herbella") no era una figura que tenía que ver con su capacidad para operar rivales sin anestesia en el campo de juego, desde su lugar de defensor central, sino que se trataba de un título universitario hecho y derecho.

 

Juan Manuel Herbella, futbolista y médico.

Juan Manuel Herbella, futbolista y médico.

 

De todos modos, por si fallaban esos planes diseñados inicialmente, el Doctor Herbella también hizo el curso de entrenador y estudió periodismo deportivo (Deportea, 2011) para sumar dos opciones más, ya sabemos que el mercado laboral en la Argentina no está fácil, y por eso, hoy anda con su teléfono en modo grabador, bajando sin ponerse colorado al fango de las prácticas a entrevistar a deportistas para el suplemento del diario Página 12. También ha sido panelista y comentarista de fútbol en la TV, ha escrito tres libros, que en 2018 pasarán a ser cuatro, y aparte de todo, señor pasajero, da clases en la Escuela de Salud Pública de la Facultad de Medicina de la UBA con un cargo concursado. Todo esto luego de completar una más que interesante carrera de futbolista de 14 años en la que defendió las camisetas de Vélez, Chicago (ascenso a la A), Colón de Santa Fe, Quilmes (capitán de la histórica campaña de los 60 puntos que lo clasificó a la Copa Libertadores), Internacional de Porto Alegre, Barcelona de Ecuador, Argentinos, Godoy Cruz (único descenso), Gimnasia y Esgrima de Jujuy, Unión Atlético Maracaibo (Venezuela), Quilmes otra vez y cierre en Ferro, el 11 de junio de 2011, como destaca con rigor periodístico.

 

Entrevistó a Batistuta para su libro.

Entrevistó a Batistuta para su libro.

 

Semejante variedad de enfoques para un único personaje nos habilita a disfrutar de una charla rica en matices, nos ayuda a conocer una entretela que por lo general es escamoteada por el futbolista promedio, porque en Herbella conviven el ex futbolista, el médico, el periodista y el entrenador, un combo bien completo que no se consigue en Mc Donald's. Vamos rápido, entonces.

Por empezar, ¿cómo se pueden congeniar el estudio con los entrenamientos y concentraciones? ¿Los compañeros no discriminan? "Cuando debuté en la Primera de Vélez ya había hecho cuatro años de carrera y me faltaba el ciclo clínico, cursar en los hospitales -revive-. Iba a las 7.30 al hospital, daba el presente, les dejaban a mis compañeros el casete para que me grabaran las clases, y me iba a entrenar a Vélez, después desgrababa las clases y fotocopiaba los apuntes. Me recibí cuando jugaba en Chicago, en octubre del 2001, me entregaron una plaqueta en el campo de juego". Luego, hizo un posgrado en Medicina del Deporte. "La discriminación la sentís más que nada al inicio. En Inferiores llegaba a entrenar con el corbatín del colegio La Salle, o con el blazer y las bermudas, y me tiraban del corbatín y me cargaban un poco. Me agarré bastante a piñas durante dos años todas las semanas por ese motivo. Después me aceptaron como un par y ya no tuve problemas", explica, y al ser consultado por el balance de esas peleas, saca a relucir su buen porte: "Me iba bastante bien... pero igual el que te dice que nunca perdió, te miente".

 

En la Copa Confederaciones de Rusia.

En la Copa Confederaciones de Rusia.

 

Debutó en la Primera de Vélez con Eduardo Solari de entrenador el 24 de octubre de 1998, en el semestre posterior al campeonato ganado por Bielsa. Le tocó, mala puntería, un momento de reconstrucción económica y deportiva tras el lustro dorado iniciado por Bianchi (Vélez no volvería a ser campeón hasta 2005). "Era una época difícil, arriba tenía a Pellegrino, Sotomayor y al Gallego Méndez, y con un club en crisis", repasa. Y al poco tiempo de debutar escuchó de Julio César Falcioni, a quien había tenido de entrenador en Sexta y Cuarta, un ultimátum que no esperaba: el fútbol o el estudio, tenía que elegir. Herbella argumentaba que nadie le garantizaba que fuese a vivir del fútbol.

Da clases en la Escuela de Salud Pública de la Facultad de Medicina.

Da clases en la Escuela de Salud Pública de la Facultad de Medicina.

-Mirá, Julio, si querés no agarro los libros en las concentraciones, pero no voy a dejar de estudiar ahora, estando en cuarto año -le soltó.

-Bueno, vos sabrás qué es lo mejor para tu vida -le respondió el DT.

Se tuvo que terminar yendo del club donde se formó con solo 15 partidos jugados, por el pancho y la coca, porque el libro de pases ya estaba casi cerrado, a jugársela a Nueva Chicago. A tratar de ascenderlo. "Pensé: si ahí me iba bien, me convertía en futbolista y si me iba mal, por lo menos me había sacado las ganas y me dedicaba a la medicina", explica, y sigue: "A muchos no les gustó que justo fuera al clásico rival, y el único que tuvo un gesto de grandeza fue Raúl (Gámez), porque cuando me recibí de médico, ya con Chicago en Primera, me llamó para felicitarme, para decirme que era un orgullo para la familia velezana que me hubiera recibido de médico jugando al fútbol. Raúl es un verdadero señor".

En Chicago fue una columna en el segundo de los cuatro ascensos a la A que logró el club. Lo alcanzó en la final de un reducido ante el Instituto dirigido por el Tata Martino en el estadio Kempes con un gol de vaselina sobre la hora del Topo Gómez. Y al año siguiente se puso la pilcha de goleador (y de héroe) para zafar de la Promoción en la última fecha y mantener la categoría: perdían 1-0 con Belgrano y lo dieron vuelta con dos goles del Doctor, sí señor, que era defensor central, por si alguno lo olvidó. Uno de cabeza y otro con el pie, a la salida de sendos corners. "Al día siguiente diluvió y salió Noé con el arca", sonríe Herbella, y recuerda que al regreso de Córdoba eran más de 5 los que le pedían perdón por haberlo hecho salir en patrullero del estadio en uno de sus primeros partidos.

-Para los que no te vieron jugar, ¿eras un rústico?

-No me consideraría rústico, porque la rusticidad es algo que no está pulido, y yo fui un tipo que trabajé muchísimo para jugar. Yo jugué al fútbol siendo pie plano valgo, o sea: calzo 45 y tengo la pata de Shrek, cero curvas. Tengo lumbalgia, y si me hacés una biopsia del cuádriceps, tengo más fibras lentas que la tortuga Manuelita. Cuando hacía los test de salto era el que menos saltaba, pero nadie percibía todas esas cosas, porque todo estaba trabajado. Recuerdo que un día, estando en la Sexta de Vélez, me agarró Piazza en una práctica y me dijo: "Usted no va a llegar nunca a Primera porque no patea con el pie izquierdo". Tenía razón: venía la pelota para la izquierda y no sabía cómo pegarle. Me dijo eso y al otro día empecé a quedarme 20 minutos después de cada práctica a pegarle de zurda contra el frontón, debajo de la autopista. Es el día de hoy que Gorrión, el utilero, se acuerda y me putea, porque le entregaba la ropa media hora después que el resto. Y al final, en mi carrera, terminé jugando 11 años de marcador central por izquierda y 3 por la derecha, eso es la demostración de que se puede aprender.

 

Coordinador del Departamento Médico de Argentinos Juniors.

Coordinador del Departamento Médico de Argentinos Juniors.

 

-¿En qué más mejoraste?

-Hice de todo: para evitar los dolores de espalda, con biomecánica cambié toda mi dinámica de marcha, trabajé las fases de apoyo, hice drills de carrera, yoga, pilates, acupuntura, hasta streching, en una etapa en que nadie hacía nada. Todo eso para perdurar. Y además me miraba cuanto partido de fútbol pasaran por la tele, para conocer a todos los jugadores. Yo sabía que necesitaba tener un segundo más para poder llegar, si corría mano a mano con cualquiera, perdía.

-Decís que no eras rústico, pero sí pegabas muchas patadas...

-Tengo solo 3 expulsiones en casi 300 partidos, una cada 100, es poco. La gente dice "icómo pegaba Herbella!", pero no pegaba a mansalva, le pegaba al que le tenía que pegar.

Claro, siendo médico, sabía atender al paciente, de cortos y con botines. Aunque destaca que lo reciben bien en todos los clubes en los que jugó, la gente de Chicago y la de Quilmes son las que lo recuerdan con mayor afecto. "Ahora volví a Argentinos como médico y me recibieron muy bien -analiza-. Mirá, cuando vos sos responsable, y te esforzás y te entregás, la gente te respeta. Vos no vas a encontrar ni una foto mía besando una camiseta, yo las respetaba transpirándolas".

-¿Cuál fue tu mejor etapa?

-La temporada en que fui capitán de Quilmes y sacamos 60 puntos y clasificamos para la Libertadores. Fui el capitán del equipo y jugué todos los partidos menos dos, por acumulación de tarjetas. Y a pesar de todo eso, me tuve que ir del club y no pude disputar la Copa. Ser el capitán no es sencillo, sufrís un gran desgas-te y exposición con la dirigencia y a veces con el entrenador, y terminás asumiendo todo. No jugué la Copa justamente por ese motivo".

Aunque pasó bastante más inadvertido que el episodio de Cappa con Gallardo, a Herbella lo sucedió algo muy similar con el Chaucha Bianco en Ferro, un año después: se quedó sentadito en el banco en su último partido como profesional. "Me pareció un pobre tipo Bianco -confiesa-. Se había enojado porque dos meses antes les anuncié a mis compañeros que me retiraba a fin de campeonato, y aunque antes le había avisado a él, no me puso más, cuando venía jugando todos los partidos. Me llevó al banco contra Tiro Federal y nunca entré, lógicamente, porque íbamos perdiendo y ¿qué sentido tenía meter a un defensor?". La emoción de la "última vez" se le advierte fácilmente al Doctor en esos ojos vidriosos de la foto en la que tiene a dos de sus hijos en brazos, con la camiseta verdolaga.

Aunque el hombre se había preparado para "el día después", no le resultó nada fácil. "No es sencillo, no, para nada, yo estuve un año sin poder ir a una cancha. El retiro, para el futbolista, es lo peor que hay, porque vos te soñás toda la vida jugador de fútbol, uno de cientos de miles convierten ese sueño en realidad, pero el sueño no dura para siempre, y después de 15 años viviendo de eso, te tenés que reformular. Es dificilísimo", razona.

 

Jugando al fútbol con Ramón Medina Bello.

Jugando al fútbol con Ramón Medina Bello.

 

Como preparación no le faltaba, enseguida consiguió trabajo como médico en la selección de vóley en su especialidad: prevención y tratamiento de lesiones. Luego volvió a Vélez, como médico de inferiores, y desde mediados de este año es coordinador de todo el departamento médico de fútbol de Argentinos, participa de un proyecto integral, que incluye armar historias clínicas de todos los pibes. Y además es común cruzárselo en entrenamientos como un periodista más.

-¿Qué buscás con tus entrevistas?

-Desmitificar al "futbolista cabeza", me parece una falacia la estigmatización que se hace del jugador de fútbol. ¿Cómo se demuestra que es una falacia? Consiguiendo historias interesantes con gente que piensa, sacándolos del día a día con la pelota.

-Lo que no es común es que el ex jugador baje al barro con su grabadorcito: haga las notas, las desagrabe, las escriba...

-A mí no me parece el barro, en realidad, la riqueza para mí está en el contacto. ¿Sabés cuál es el problema del contacto? Que si vos no obrás bien, no podés tener contacto. La diferencia es que para que a vos te reciban, vos no tenés que dar un flanco, no podés bardear.

-¿Qué ves del periodismo deportivo argentino en general?

-Que es un ambiente poco meritocrático. Es un ambiente en el cual hay muy buenas oportunidades, muy buena gente trabajando, pero a veces esa gente, por las condiciones del medio y por las necesidades de difusión, terminan desvirtuando su esencia para congraciarse con lo que se consume de manera más banal. Entonces llega un momento en el cual vos tenés que elegir qué clase de periodismo hacés, porque si buscás la masividad, solo la encontrás en esos lugares y tenés que exponerte y hacer lo que se hace ahí y eso termina siendo un problema.

 

Entrevistando a Ariel Rojas. En ese entonces jugaba en River.

Entrevistando a Ariel Rojas. En ese entonces jugaba en River.

 

-¿Quiénes te gustan?

-Los que escriben bien, se expresan con propiedad y buscan más allá del mero hecho deportivo. Ezequiel Fernández Moores y Ariel Scher son dos periodistas que leo religiosamente, también me gusta escuchar los comentarios de Diego Latorre, Alejandro Fabbri y Gonzalo Bonadeo.

-¿De qué se trata tu nuevo libro?

-Son 11 relatos médicos de fútbol, lo edita Planeta y se va a llamar Por favor no me cortes el pie, que es lo que le pide Pato Toranzo al médico de Huracán en la puerta del quirófano, en Venezuela. Están el pie de Toranzo, el tobillo de Batistuta, la rodilla de Battaglia, el tendón de Aquiles de Gago, el codo de Lavezzi, la cabeza de Mirko Saric. Entrevisté a todos los protagonistas; en el caso de Saric, lo hice con la madre y los hermanos.

-Vos que sabías de medicina, ¿te infiltraste alguna vez para jugar?

-Jamás, aunque me lo ofrecieron muchas veces, porque después terminás pagando las consecuencias. En Godoy Cruz peleábamos por no descender y me di 23 Decadron en 6 meses, porque estaba con pubalgia y no me podía mover, pero infiltrarme para no sentir dolor, no. No es lo mismo un inyectable intramuscular, que te reduce la inflamación general, que una infiltración, que te bloquea el dolor en el lugar de la lesión, y eso hace que tengas menos percepción y al tener menos percepción se incrementan las chances de que te lesiones, además de los inconvenientes que te trae la cristalización de las sustancias que te inyectan.

-¿No pensás ejercer como director técnico?

-Ni loco. No me gusta la inestabilidad de la actividad, prefiero los proyectos a largo plazo y las construcciones más colectivas, antes de que me condicione la vida y el trabajo una pelota que pega en el palo y sale o que pega en el palo y entra.

Padre de Facundo, Rafael y Constanza (9, 7 y 5 años respectivamente, un hijo cada dos años, este hombre lo tiene todo fríamente calculado), al Doctor todavía le queda una historia particular en la recámara. Tiró una punta cuando en 2014 salió victorioso en el recordado programa Los 8 escalones y donó el premio al padre Alejandro Pezet, de la parroquia de Rosario de Lerma, en Salta: "Soy muy amigo del cura, me conoce desde chico. No formaba parte del grupo misionero, pero un verano me invitó y fuimos a Los Repollos, en Río Negro, a 200 kilómetros de El Bolsón, y tuve la suerte de conocer ahí a Rosario, quien sería mi futura mujer y madre de mis hijos. Y el propio Alejandro nos terminó casando".

Final. Historias no le faltan al chiquilín del corbatín. Lo que a muchísimos le demandarían varias vidas, a Juan Manuel Herbella le entra en apenas media.

 

Por DIEGO BORINSKY

FOTOS: EMILIANO LASALVIA Y ARCHIVO EL GRÁFICO.

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