Las Entrevistas de El Gráfico

2004. Zárate está que explota

Por Redacción EG · 17 de mayo de 2019

La historia poco conocida de Roly Zárate y su paso por el Real Madrid, un pibe que nació en Vélez y no tuvo muchas oportunidades allí hasta que cayó en el club más grande del mundo, luego volvió a Liniers para ganar todo.

El guion, dig­no de una su­per­pro­duc­ción holly­woo­den­se, con­ta­ba con ma­ti­ces de cuen­to de ha­das. Un jo­ven lu­cha­dor, her­ma­no de un ju­ga­dor re­co­no­ci­do. Un chi­co que, ca­si des­car­ta­do por el club que lo vio na­cer, aga­cha la ca­be­za pa­ra em­pe­zar bien de aba­jo del otro la­do del océa­no. Un pi­be con con­di­cio­nes, con ga­nas, que no se de­ja caer y en ba­se a es­fuer­zo (y go­les) se ga­na la chan­ce de en­trar por la ven­ta­na al club más gran­de del mun­do. Un ba­ta­lla­dor que una vez allí, con más es­fuer­zo (y mu­chos más go­les), re­ci­be el gui­ño del des­ti­no y, en só­lo unos me­ses, la in­vi­ta­ción a sen­tar­se a la me­sa con los mo­nar­cas de la Ca­sa Blan­ca (ojo, no nos re­fe­ri­mos a una ce­na con Geor­ge W. y su gente).

Has­ta ese ins­tan­te, con ese fi­nal, la pe­lí­cu­la acer­ca de la ca­rre­ra de Roly Zá­ra­te cua­dra­ba per­fec­to en la vi­deo­te­ca de la Aca­de­mia. De Te­rras­sa de Ca­ta­lu­ña, en la Se­gun­da B, al Real Ma­drid B. Y de ahí, a la cima. ¡Qué his­to­ria! Pe­ro no, no pu­do ser com­ple­ta. A los nor­tea­me­ri­ca­nos po­co y na­da les im­por­ta el fút­bol (por lo me­nos el de hom­bres), y la in­dus­tria se per­dió de re­cau­dar mi­llo­nes. Igualmente, más allá de cual­quier es­pe­cu­la­ción, ese de­sen­la­ce per­fec­to, so­ña­do, ideal, que­dó trun­co.

 

Roly siempre tiene la pólvora seca para disparar al gol.

Roly siempre tiene la pólvora seca para disparar al gol.

 

Ca­si de in­me­dia­to, las ver­sio­nes sur­gie­ron de to­dos la­dos. Que Vé­lez pe­día 3.000.000 de dó­la­res y Real Ma­drid que­ría po­ner só­lo 2.200.000; que uno pre­ten­día ven­der el 75% del pa­se y el otro as­pi­ra­ba a com­prar el cien… Al fi­nal, la ope­ra­ción nun­ca pros­pe­ró, y el ha­da se vo­ló con sus cuen­tos a otro la­do. “Creo que no ha­ber­ que­da­do en el Real se dio por un pro­ble­ma de di­ne­ro –con­fie­sa Roly–. Al prin­ci­pio fue feo, por­que te­nía la ilu­sión de se­guir mi ca­rre­ra ahí. Ha­bía he­cho las co­sas co­mo pa­ra te­ner la opor­tu­ni­dad de que me com­pra­ran. Mi idea era per­te­ne­cer al Ma­drid. Des­pués, si me po­día que­dar, me­jor. Y sino, ir a prés­ta­mo a otro club”.

–¿No te die­ron ga­nas de aco­go­tar a al­gún di­ri­gen­te de Vé­lez?

–No, por­que en ese mo­men­to no me ha­bía en­te­ra­do de que el pa­se se ha­bía caí­do por mo­ti­vos eco­nó­mi­cos. Lo su­pe tar­de. En aquel en­ton­ces no sa­bía que el Ma­drid vino a com­prar­me. Yo só­lo era consciente de que el pre­cio es­ta­ba es­ti­pu­la­do y que, más allá de los go­les que ha­bía he­cho, no po­día cam­biar. Por eso es­ta­ba tran­qui­lo, aun­que el pa­se no se rea­li­za­ra. Fi­nal­men­te, su­pe que no se dio por un te­ma de por­cen­ta­jes. Vé­lez que­ría ven­der el 75%, y el Real com­prar to­do, una co­sa así. Sin co­no­cer có­mo era la his­to­ria, pen­sé que no me que­ría el Ma­drid, por­que pa­ra que se die­ra eso ten­dría que ha­ber he­cho un mon­tón de go­les más. Cuan­do me en­te­ré de la ver­dad ya es­ta­ba en Mur­cia, y ahí ha­bía que re­mar­la. Fue co­mo em­pe­zar de nue­vo.

–Ha­ce po­co di­jis­te que “el fút­bol no mue­re ni em­pie­za en Real Ma­drid”. ¿Cuán­to te lle­vó en­ten­der eso?

–Y… es­tu­ve un tiem­po ba­jo­nea­do. Y tam­bién de­cep­cio­na­do, pe­ro no con­mi­go mis­mo. Sí con la di­ri­gen­cia que ha­bía en ese mo­men­to en los clu­bes, que no arre­gló la trans­fe­ren­cia. Pe­ro bue­no, asu­mí que te­nía que arran­car de nue­vo.

El fi­nal no ha­bía si­do el es­pe­ra­do, no hay du­das. A me­nos que… A me­nos que hu­bie­ra una se­gun­da par­te. Pe­ro una se­gun­da par­te de las bue­nas. Una on­da Rocky. Una pi­ña de no­caut bien de lle­no en su man­dí­bu­la tras aca­ri­ciar la glo­ria y des­pués sí, otra vez cues­ta arri­ba. To­da­vía sin es­ta­tua, pe­ro cues­ta arri­ba al fin. En de­fi­ni­ti­va, ha­bía que em­pe­zar a pe­gar otra vez, sin de­te­ner­se a pen­sar en lo que pu­do ser, pe­ro con el gra­to re­cuer­do que de­jó la ex­pe­rien­cia de per­te­ne­cer al club más po­de­ro­so de la Tie­rra.

“En Ma­drid fue to­do bár­ba­ro. A pe­sar de ser es­tre­llas, los ju­ga­do­res son muy bue­na gen­te –des­ta­ca Roly–. Tie­nen una hu­mil­dad te­rri­ble. Apo­yan a los más jó­ve­nes con bue­na on­da y no se no­ta la di­fe­ren­cia. Con Ro­ber­to Car­los ha­bía muy bue­na re­la­ción. El es­ta­ba siem­pre jo­dien­do, ha­cien­do chis­tes. An­da­ba siem­pre con­ten­to. Es un ti­po co­mún, pe­ro có­mi­co. Jo­día mu­cho a to­dos. A mí me car­ga­ba por­que un par de ve­ces gri­té go­les a las pu­tea­das, co­mo to­dos los ar­gen­ti­nos. La tí­pi­ca de ha­cer un gol y pu­tear. El bo­lu­dea­ba con eso, y pu­tea­ba co­mo yo. Des­pués te­nía re­la­ción con Iker Ca­si­llas, con quien ju­gué en el fi­lial, con Raúl Bra­vo…”

–¿Y con Vi­cen­te Del Bos­que?

–Tam­bién. Es una muy bue­na per­so­na. Me su­bió al plan­tel prin­ci­pal y me hi­zo de­bu­tar. El ha­bla­ba siem­pre bien de los ju­ga­do­res que ha­bía en el Real Ma­drid B, nos te­nía mu­cha con­fian­za. Des­pués, co­mo Anel­ka es­ta­ba pe­lea­do y Raúl le­sio­na­do, apa­re­ció mi chan­ce.

–¿Qué re­cor­dás del día que cha­teas­te con los hin­chas del Real Ma­drid en la re­dac­ción del dia­rio Mar­ca?

–Me acuer­do de que es­ta­ban con­ten­tos. Yo ya ha­bía he­cho go­les, y ellos sa­bían quién era por­que allá te co­no­cen en­se­gui­da. Los hin­chas siem­pre apo­yan a los chi­cos de la can­te­ra, tra­tan de dar­les su con­fian­za. Por suer­te, la gen­te me que­ría. Es más, cuan­do ju­ga­ba en el fi­lial po­nían siem­pre una ban­de­ra de­di­ca­da a mí.

En el real madrid tuvo un paso fugaz, pero resonante. Jugó con Roberto Carlos y Cía.

En el real madrid tuvo un paso fugaz, pero resonante. Jugó con Roberto Carlos y Cía.

–En ese mo­men­to, cuan­do eras sen­sa­ción, Jor­ge Val­da­no di­jo: “Zá­ra­te es un chi­co po­co par­ti­ci­pa­ti­vo y de po­ca mo­vi­li­dad.” ¿Qué sen­tis­te?

–No le di mu­cha im­por­tan­cia. El no es­ta­ba en la di­ri­gen­cia del Ma­drid en ese en­ton­ces, pe­ro se no­ta que en los par­ti­dos que me vio yo no ha­bía an­da­do bien. Des­pués, en al­gu­na opor­tu­ni­dad sa­lió a re­mar­car que ha­bía ju­ga­do bien en otras tar­des. Lo que pa­só es que en esa tem­po­ra­da el Ma­drid atra­ve­sa­ba un mal mo­men­to.

No hu­bo arre­glo, ni pa­se, ni na­da. La ma­no, ta­lla Iván Dra­go, fue di­rec­ta a su men­tón. Co­mo pa­ra caer y que­dar­se ti­ra­do un buen ra­to. Pe­ro no, con ca­si 22 años, Roly que­ría su se­gun­da par­te y se le­van­tó pa­ra se­guir pe­lean­do. No fue fá­cil lle­gar has­ta es­te pre­sen­te, que a los 25 años lo tie­ne co­mo go­lea­dor y fi­gu­ra del fút­bol ar­gen­ti­no. En el me­dio, fue y vi­no. Vol­vió a ir­se y re­gre­só. Siem­pre a Vé­lez, don­de co­mún­men­te se en­con­tra­ba sin chan­ces pa­ra nue­va­men­te par­tir al Vie­jo Con­ti­nen­te. En Eu­ro­pa se pro­bó las ca­mi­se­tas del Real Mur­cia, en la Se­gun­da Di­vi­sión es­pa­ño­la; del Ciu­dad de Mur­cia, en la Se­gun­da B; y del Li­vings­ton, en la Pre­mier de Es­co­cia. Pe­ro su vi­da se­guía ata­da al For­tín.

–¿Qué sen­tías ca­da vez que vol­vías a Vé­lez y los téc­ni­cos no te te­nían en cuen­ta?

–No era lin­da la si­tua­ción. ¿A quién le gus­ta ir­se mal? Siem­pre guardé la ilu­sión de triun­far en Vé­lez, pe­ro sa­bía que no te­nía lu­gar. Y por eso me iba con do­lor. Nun­ca me que­da­ba por­que ca­da vez que vol­vía ha­bía mu­chí­si­mos de­lan­te­ros de nom­bre.

El sa­cri­fi­cio de vi­vir des­te­rra­do fi­nal­men­te tu­vo su pre­mio, co­mo si de re­pen­te el ha­da se hu­bie­ra po­sa­do otra vez en su hom­bro, es­ta vez so­bre uno de los vér­ti­ces de la ve azu­la­da. Y así, con­ven­ci­do de trans­for­mar­se en el hé­roe de la his­to­ria, vol­vió lue­go de dos años de au­sen­cia. Se ha­bía lle­va­do sus go­les el 2 de agos­to de 2001 y los tra­jo de vuel­ta un 31 de agos­to de 2003, an­te Ra­cing, y por dos, pa­ra con­cre­tar un mi­la­gro­so 3-3 fi­nal. “Ese día fue muy lin­do. Em­pe­cé con el pie de­re­cho. En mi pri­mer par­ti­do, el equi­po vol­vió a su­mar des­pués de ocho de­rro­tas con­se­cu­ti­vas. En lo per­so­nal me ha­bía ido bien y es­ta­ba con­ten­to. En­ci­ma, an­tes de em­pe­zar a ju­gar esa tem­po­ra­da, yo me es­ta­ba por ir al Pe­ru­gia, de Ita­lia, pe­ro de­ci­dí que­dar­me por la ven­ta de Ro­ber­to Nan­ni a Ucra­nia.

–¿Qué cam­bias­te co­mo ju­ga­dor pa­ra que, de ser una pie­za de des­car­te, lle­ga­ras a es­te pre­sen­te?

–Aho­ra gané más ex­pe­rien­cia. Ade­más, mo­di­fi­qué mi for­ma de ju­gar. En Es­co­cia va­rié en el as­pec­to fut­bo­lís­ti­co. Me­jo­ré en el tra­ba­jo de­fen­si­vo, en pre­sio­nar, en aguan­tar la pe­lo­ta. Lo tu­ve que ha­cer por­que ese fút­bol me lo pe­día. Y por suer­te me adap­té bas­tan­te bien. En Ar­gen­ti­na hay que tra­ba­jar siem­pre pa­ra que se den los re­sul­ta­dos. Lu­char y la­bu­rar pa­ra el equi­po son al­gu­nas de las ca­rac­te­rís­ti­cas que les su­mé a mi jue­go.

–¿Tu pre­sen­te en Vé­lez es una re­van­cha por las chan­ces que no tu­vis­te en el pa­sa­do?

–Sí, sí, es una re­van­cha lin­da que es­toy atra­ve­san­do y es­pe­ro que si­ga sien­do así. Sue­ño con ha­cer al­go gran­de con es­ta ca­mi­se­ta. De ca­ra al fu­tu­ro, mi ob­je­ti­vo es ha­cer las co­sas bien en Vé­lez y des­pués ver.

Aho­ra es­toy más con­fia­do. La con­fian­za que dan los go­les se re­mar­ca en la can­cha, y uno an­da con más mo­ral.

–¿Es cier­to que tu vie­jo te re­co­men­dó adel­ga­zar unos ki­los y tu her­ma­no Ser­gio te in­sis­tió pa­ra que en­ca­ra­ras mu­cho más, pa­ra que tu­vie­ras más con­fian­za?

–El Ra­tón siem­pre es­tá muy en­ci­ma de mí pa­ra que en­ca­re. Me di­ce que soy “9”, y que de­bo ha­cer­lo. Con res­pec­to al pe­so, siem­pre que em­pie­zo un tor­neo me pon­go bien, aun­que aho­ra, fí­si­ca­men­te es­toy me­jor que nun­ca. En es­ta pre­tem­po­ra­da, que fue muy bue­na, ba­jé cin­co o seis ki­los y me em­pe­cé a sen­tir de otro mo­do. Ade­más, la pu­de ha­cer sin cor­tes por par­ti­dos o por via­jes. En la pre­tem­po­ra­da arran­qué con 89 ki­los y aho­ra es­toy en 83, 84. Por su­pues­to, siem­pre hay que me­jo­rar co­sas. Uno nun­ca se de­be sen­tir con­for­me. Yo sé que ten­go que me­jo­rar los mo­vi­mien­tos en ata­que e, in­clu­so, en de­fen­sa. De­bo ser el pri­mer de­fen­sor del equi­po. Igual­men­te, la suer­te que es­toy te­nien­do es lo prin­ci­pal. El go­lea­dor sin suer­te no es na­da.

Roly pertenece a la tercera generación de futbolistas de la familia Zárate. Vélez lo disfruta.

Roly pertenece a la tercera generación de futbolistas de la familia Zárate. Vélez lo disfruta.

–A fi­na­les de 2003 di­jis­te que no es­ta­bas con­for­me con tu ren­di­mien­to per­so­nal, ¿aho­ra qué opi­nás?

–Es­toy más con­for­me. El año pa­sa­do sa­bía que po­día ren­dir más. Y aho­ra las co­sas me es­tán sa­lien­do bien. Ade­más, el equi­po es­tá más afian­za­do. Y en lo per­so­nal, el te­ner seis me­ses de ex­pe­rien­cia en Ar­gen­ti­na me hi­zo arran­car de otra ma­ne­ra. Nun­ca ha­bía ju­ga­do más de tres par­ti­dos se­gui­dos en el país y el año pa­sa­do se me dio. Eso ha­ce que me sien­ta me­jor.

–Mar­ce­lo Biel­sa te hi­zo de­bu­tar en Pri­me­ra en 1998 y sa­lis­te cam­peón del Clau­su­ra. A raíz de tu pre­sen­te, ¿es­pe­rás una con­vo­ca­to­ria a la Se­lec­ción? ¿Creés que te la me­re­cés?

–No, pa­ra na­da. Con los ju­ga­do­res que tie­ne el fút­bol ar­gen­ti­no… Con los que hay en el mun­do no pue­do te­ner hoy una opor­tu­ni­dad. Lle­vo ocho par­ti­dos bue­nos y hay de­lan­te­ros que la rom­pen ha­ce años, co­mo Kli­mo­wicz y Cruz. Qué pa­sa­rá lo de­ci­di­rán el tiem­po y Biel­sa. Mar­ce­lo nun­ca ci­tó a un ju­ga­dor por sie­te u ocho par­ti­dos bue­nos. El tra­ta a los ju­ga­do­res muy bien. No ha­ce di­fe­ren­cias en­tre el más jo­ven y el más ex­pe­ri­men­ta­do. Yo te­nía muy bue­na re­la­ción, siem­pre me ca­yó bien. Me pa­re­ce un téc­ni­co muy in­te­li­gen­te. Con él in­cor­po­ré mu­chas co­sas, aun­que te­nía 19 años y re­cién em­pe­za­ba.

–Cuan­do es­ta­bas en Ma­drid di­jis­te que el tren pa­sa una so­la vez, que ya te ha­bías su­bi­do y que no que­rías ba­jar­te. ¿Se­guís pen­san­do igual?

–Yo creo que en el fút­bol no hay mu­chas po­si­bi­li­da­des. Y hay que apro­ve­char­las. Hoy ten­go una chan­ce im­por­tan­te pa­ra ha­cer al­go con Vé­lez y oja­lá la pue­da apro­ve­char. Quie­ro ser par­tíci­pe de es­to. Creo que mi tren pue­de vol­ver a pa­sar. Tu­ve una lin­da po­si­bi­li­dad en el Real, pe­ro ca­da vez que vol­vía a Es­pa­ña a ju­gar era por lo que ha­bía he­cho en el Ma­drid y no por lo que ha­cía en Vé­lez. En cam­bio aho­ra, si vuel­vo a Eu­ro­pa, se­rá por mi pre­sen­te. Ha­ce cua­tro años que me fui del Real, y la gen­te ya se ol­vi­dó.

El de­sen­la­ce de la se­gun­da par­te to­da­vía no es­tá es­cri­to, pe­ro pin­ta muy bue­no pa­ra Roly Zárate. Si los go­les si­guen lle­gan­do, ya na­die po­drá de­cir que se­gun­das par­tes nun­ca fue­ron bue­nas…

 

Roly por cuatro

Dos ob­se­sio­nes

“El equi­po es­tá bien. Se ar­mó un plan­tel jo­ven, só­li­do y con mu­chas ga­nas de lo­grar al­go lin­do. Ade­más, el que en­tra des­de el ban­co es­tá rin­dien­do. No­so­tros va­mos a ha­cer lo po­si­ble pa­ra lo­grar al­gu­no de los dos tor­neos. Es nuestro gran sueño.”

Be­sa­me, be­sa­me mu­cho…

Una de las cos­tum­bres de Roly es tra­tar a la pe­lo­ta con mu­cho ca­ri­ño. Y le vie­ne dan­do gran­des re­sul­ta­dos. “Son cá­ba­las que te­ne­mos los ju­ga­do­res. Es al­go na­tu­ral, que ha­go des­de to­da la vi­da. Siempre besé la pelota, pero más en los úl­ti­mos años.”

Un tan­que con buen pie

Los go­les de ti­ro li­bre son una de sus ar­mas le­ta­les. “Me gusta quedarme practicando des­pués del en­tre­na­mien­to. El día anterior al partido pateo 20 o 30 veces. Siem­pre hi­ce go­les de tiro libre, pero ahora em­bo­qué va­rios se­gui­dos y se habla más.”

El gol en la san­gre

Ade­más del Ra­tón, Roly tie­ne más fa­mi­lia­res en el fút­bol. Su her­ma­no Ariel jue­ga en el El­che. Y Mau­ro, el más chi­co, en las in­fe­rio­res del For­tín. Ade­más, su abue­lo Ju­ve­nal ha­bía ju­ga­do en Ca­la­ma, Chi­le, y pa­pá Ro­lan­do fue de­lan­te­ro de In­de­pen­dien­te.

 

Confirmo lo que insinuaba

Que Za­ra­te sea el go­lea­dor del fút­bol ar­gen­ti­no me pro­du­ce una gran ale­gría. Al Real Ma­drid siem­pre se acer­ca­ban mu­chos jó­ve­nes y uno de ellos fue Ro­lan­do, a quien le fue muy bien des­de el co­mien­zo. Al ver su pre­sen­te me doy cuen­ta de que no es­tá­ba­mos ale­ja­dos de lo que se pre­su­mía de él cuan­do ju­ga­ba en el fi­lial. Des­de siem­pre fue un de­lan­te­ro muy se­gu­ro fren­te a la por­te­ría, con ap­ti­tud pa­ra re­ma­tar con las dos pier­nas, po­ten­cia y co­lo­ca­ción. Se cum­plie­ron las ex­pec­ta­ti­vas que ha­bía pues­tas en él cuan­do era tan só­lo un jo­ven.

Ro­lan­do es un ju­ga­dor de esos que pue­den pa­sar­se un par­ti­do en­te­ro sin to­car la pe­lo­ta, pe­ro si­gue sien­do le­tal fren­te a la por­te­ría. No es nor­mal que un chi­co tan jo­ven llegue a ju­gar en el pri­mer equi­po del Ma­drid, por eso ya se no­ta­ba que iba a es­tar mu­chos años me­tien­do go­les. Era un de­lan­te­ro egoís­ta fren­te a la por­te­ría, al igual que to­dos los “9” de área.

Co­mo pa­sa con los ar­gen­ti­nos, Ro­lan­do te­nía una fi­lo­so­fía y una idea de jue­go com­pe­ti­ti­vas. Era un chi­co más ex­pe­ri­men­ta­do que los com­pa­ñe­ros de su edad. Trans­mi­tía con­fian­za en el cam­po, es de esos que cuan­do es­tán en la can­cha a uno lo de­jan tran­qui­lo. Me pa­sa lo mis­mo con Es­te­ban Cam­bias­so, a quien lo co­noz­co des­de que te­nía 14 años.

Ade­más, al igual que to­dos sus com­pa­trio­tas, Zá­ra­te no de­mos­tra­ba ex­tra­ñar a su país. Es de­cir, se adap­tó per­fec­to a la idio­sin­cra­sia de Es­pa­ña y al es­ti­lo de jue­go de la Li­ga.

  

Vicente Del Bosque.

Vicente Del Bosque.

  

Por Vicente Del Bosque , DT de Zárate en el Real Madrid.

 

 

Por Marcelo Orlandini

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