Las Entrevistas de El Gráfico

1988. Hable don Alfredo, lo escuchamos

Por Redacción EG · 16 de mayo de 2019

Una charla con Di Stefano en Madrid. Su inalterable pasión futbolera, todos los temas: el jugador, el ayer, las tácticas, el Real, el fútbol argentino, la Selección, su hijo, que juega en el Atlético.

Siempre anda con esa cara de enojo prematuro y tratando de guardar celosamente la enorme ternura que le viene de adentro. Hace cuarenta años que lo atropelló la fama y, sin embargo, todavía no ha podido acostumbrarse a ella. Su timidez lo impide. Y entonces es "bronca", pero por un ratito. Después se ablanda y es casi el mismo pibe que gambeteó adoquines en Barracas y para quien Europa era sólo un pedazo más del mapa en las interminables clases de geografía.

— ¿Y de qué vamos a hablar? No tengo nada que hablar.

—De fútbol, Alfredo. Quizá de aquel Real para compararlo con éste de Michel y Butragueño. De España, de Argentina...

—No, yo no hago comparaciones. Pero, bueno, llamame el lunes y después veremos.

Lo llamé un lunes y nos encontramos en uno de esos boliches que rondan el estadio Santiago Bernabeu, el mismo estadio donde amasó parte de su historia. La más rica. Desde esa catedral del fútbol, que se erigió en el número uno e inauguró un trono que después, a su turno, ocuparon Pelé, Cruyff y Diego Maradona.

— ¿Y entonces, Alfredo...?

—Nada. El fútbol siempre fue igual. No fue ni mejor, ni peor, siempre se jugó bien o mal. En eso no hay cambios. En el fútbol, el jugador pone la técnica y el entrenador el orden. Si hablamos de América, es más fácil de lograr un equipo. Al existir más técnica sólo se tratará de poner a punto a los jugadores y darles mucha moral. El equipo estará armado. Soy un convencido de que la técnica argentina o sudamericana es poderosa, pero hay que trabajarla físicamente, porque la concepción es lenta. Se para la pelota, se toca, y siempre se da tiempo a que los sistemas defensivos se recuperen. Hay que trabajar en velocidad, con mayor técnica y mayor velocidad se logra el ideal. Pero digo velocidad en concepción, porque el jugador argentino es veloz físicamente, pero cuando tiene la pelota parece un nene al que lo están hamacando...

 

Con la celeste y blanca consiguió su único título con el seleccionado argentino en el Sudamericano de Guayaquil en 1947, aportando seis goles a la conquista.

Con la celeste y blanca consiguió su único título con el seleccionado argentino en el Sudamericano de Guayaquil en 1947, aportando seis goles a la conquista.

 

— ¿Y por qué ocurre eso?

—Pasa por una cuestión de gusto del hincha. Le agrada ese fútbol y casi lo exige. Si vos llevás un equipo europeo a América, seguro que al verlos correr dirán, ¿y esto qué es? Lo mismo pasará acá si viene uno sudamericano. Con las antenas parabólicas ahora nos está llegando el fútbol de Brasil y juegan bien con el balón, pero a la gente no le gusta. Exaspera la lentitud. Están tomala vos, dámela a mí todo el día. Eso no es jugar bien. Aquí en Europa, al no haber tanta técnica, la preparación supera todo. También es malo. El fútbol hoy, te repito, es velocidad de concepción y técnica. Lo ideal. Mirá al Real Madrid, por ejemplo, tiene un gran plantel y por ello marca las diferencias. Ese fue el secreto argentino para salir campeón en México.

—Alfredo, ya que estamos con la Argentina y pasó el tiempo. ¿Qué recuerdos le dejó su último paso por Boca? ¿Fue un fracaso?

—No, en absoluto. No había un gran plantel. Empezamos bien y todos creyeron que podíamos ser campeones. Se equivocaron, no éramos tanto, aunque tampoco éramos menos que muchos. Llegamos a jugar bien, especialmente en ataque, pero en la defensa nos faltó gente de la altura que necesitaba un plantel como Boca. Lo digo sin desmerecer a nadie, porque esos muchachos que no rendían, ponían todo por Boca. Pero las circunstancias requerían otros jugadores. Después llegaron los problemas. En ese plantel también había demasiados jóvenes sin experiencia. Lo mío fue bueno, lo creo firmemente. Lo que ocurre es que siempre me toca bailar con la peor.

— ¿Con cuántas feas ya bailó?

—Con muchas. Cuando fui a River en 1981 me pasó lo mismo. Tenía ocho jugadores en la Selección y debí recurrir a los chicos. Y el entrenador, por más que se llame Di Stefano, no gana los partidos. La gente está convencida de que si yo voy a un equipo, como últimamente en el Valencia, o en el Real o en Boca, es para salir campeón. Y no es así. Es muy difícil si no tenés un plantel que avale esas pretensiones. Tenés que recurrir a los chicos, pero con ellos no ganás campeonatos. Fijate en todos los jugadores que yo ascendí en el Real y ahora, hombres, recién son figuras. Acordate de Cabrera, el chaval de River. . . En las inferiores era sensacional, pero lo ponías en la primera, y los contrarios con más experiencia se lo llevaban por delante. River lo largó, creció, y en Huracán y en Vélez fue y es figura. Uno de los mejores volantes argentinos. A los chicos hay que esperarlos. Entonces, como técnico, necesitás la suerte de que te hagan un contrato por diez años —como en Inglaterra— para recoger los frutos. De otro modo, siempre mirarás de afuera y dirás "qué bien juegan los pibes que saqué yo". Los laureles serán para otros. Chendo, Martín Vázquez, Sanchís, Butragueño, Pardeza y catorce más que había por ahí los promocioné yo... Y bueno.

"Antes, si un cuadro andaba mal, se criticaba a los jugadores. Ahora, al primer error, se mira al palco donde está el presidente y al foso donde se ubica el técnico. La presión es mucha y puede llegar el día en que los jugadores manden. El técnico tiene que velar por el equipo, los jugadores, el club, por todo, pero cada día tiene menos poder"

 
1947. Gol de cabeza a de Alfredo, jugando en River, a Rosario Central. Superando al arquero Quatrocchi.

1947. Gol de cabeza a de Alfredo, jugando en River, a Rosario Central. Superando al arquero Quatrocchi.

 

— ¿Cómo se hace para no enfrentarse con los jugadores?

—Con mucho tacto y pensando que uno también fue jugador. Haciéndoles entender que únicamente entre todos se puede lograr lo que se busca: el éxito. El grave problema es el jugador que no entra al campo y personalmente es lo que más siento y me duele. Porque a la cancha sólo podés llevar quince o dieciséis. Once que jugarán y los otros que irán al banco. Pero el plantel es de veinticuatro o veinticinco. Entonces, sacando los lesionados, hay tres o cuatro que se quedarán fuera de todo. Eso es lastimoso. Ahí me pongo en jugador, porque yo esa situación no la viví nunca, pero me imagino lo que debe ser. Con ellos, más que con nadie, hay que hablar. Hacerles entender lo inentendible. En ellos nacen casi siempre los problemas. Porque seguramente la prensa irá a preguntarles por qué no entran y algo dirán. Eso minará la convivencia.

—Sin embargo, Alfredo, siempre se dijo que usted es un técnico del látigo.

—Es la fama, pero no es cierto. Yo soy duro, no látigo. Lo único que pido es seriedad, trabajo y constancia, y eso va tanto para mí como para los jugadores. La seriedad es fundamental y no tiene nada que ver con lo inhumano y lo terrible.

— ¿Y con respecto a las tácticas?

—La base de todas es la misma. Lo que cuentan son los jugadores y nada más. Los entrenadores nos limitamos a coordinar. Sí, todo pasa por ellos, y por ahí, entonces, pasan las tácticas. Vos ves al Español, por ejemplo (finalista de la Copa de la UEFA), o los equipos del Norte (Athlético de Bilbao o Real Sociedad), que emplean la técnica del pelotazo largo. Sus arqueros sacan la pelota y la tiran más allá del medio del campo. Otros atropellan y así ganan los partidos. Para ellos ha desaparecido prácticamente el medio campo. Es un juego típicamente inglés. No pueden hacer un 4-4-2, por ejemplo, porque los del medio la tendrían que mirar por arriba. En el Real Madrid eso no ocurre, no porque el técnico sea distinto, sino por sus jugadores. Algunos hacen un 2-3-2-1-2-y al domingo siguiente cambian por algo más complicado todavía, pero es por los planteles que poseen, que tienen que adaptarse a los adversarios. La cosa cambia cuando tenés un equipo de categoría e imponés lo tuyo, como lo hicimos en nuestra época. Pasaron años antes de que se dieran cuenta los adversarios de lo que hacíamos. Mientras, todos fueron a morir al juego que les proponíamos. Con jugadores de categoría y personalidad, nunca importarán los contrarios. Ellos jugarán como quieran, pondrán un autobús en el arco si quieren, pero siempre se podrá meter un gol por la ventanilla. Recuerdo que en San Sebastián no sólo nos mojaban la cancha, sino que agarraban una zapa y nos picaban el campo; además, metían dos cámaras dentro de la pelota. Ellos, que le pegaban con el muñón, porque estaban acostumbrados a jugar todo el día en la playa, le daban cada viaje a la pelota que no veías… Nosotros no la podíamos mover, pero así y todo imponíamos nuestra capacidad y personalidad.

 

1958. Durante una gira con Real Madrid por Argentina y Uruguay, enfrenta a San Lorenzo de Almagro en el Monumental. Ganaron 3 a 2. Di Stéfano es la figura más emblemática de los Merengues en su historia. Foto: Legarreta.

1958. Durante una gira con Real Madrid por Argentina y Uruguay, enfrenta a San Lorenzo de Almagro en el Monumental. Ganaron 3 a 2. Di Stéfano es la figura más emblemática de los Merengues en su historia. Foto: Legarreta.

 

—Alfredo, ¿piensa volver a trabajar en la Argentina?

—Nunca se sabe. . . Fui tres veces, dos salí campeón y de la otra ya hablamos. No soy el Mago de Oz. Allá tengo a mi madre, mi familia, y es cierto aquello de que "no hay tierra como la de uno". La profesión me obligó a irme cuando tenía 23 años y me hizo "inmigrante" al revés. Los hijos me han echado raíces acá. Recuerdo que cuando llegué a España firmé mi primer contrato por cuatro años. Cuando volví a casa, mi señora me dijo: "¿Vamos a vivir cuatro años acá?" Estaba triste. Hace 34 años de eso. Por eso digo que nunca se sabe. Pero la Argentina es dura. Va un tenista y lo aplauden, lo miman, lo quieren; va un cantante de ópera y lo idolatran; va un golfista y todos hacen silencio porque va a tirar... Pero vas vos a un club, y de entrada nomás te insultan, salís del hotel y te piden que pongas a éste o aquél, y en la cancha no veas lo que te dicen. . . Siempre se va con ilusiones renovadas, porque a pesar de lo bien que te tratan en España, más de una vez te dicen "argentino h... de p..., vete a tu país", pero llegás a Buenos Aires y te encontrás  que desde Buenos Aires te mandan a España y de España te mandan para la Argentina. ¿Qué hacés? ¿Te vas a vivir a una isla? En el fútbol pasa eso. Pagan millones por Maradona, por Schuster, por Hugo Sánchez y siempre terminarán insultados… No se entiende…

—Sin embargo, a pesar de todo lo difícil que es, la Argentina siempre tira...

—Sí, claro, pero, es difícil todo. En la última etapa de Boca hubo una huelga. A los jugadores tuvimos que darles unos papelitos para que hicieran la preparación física por su cuenta. Los directivos andaban a las patadas, unos por un lado, otros por el otro. Está el problema económico, que no se termina de arreglar nunca. Había jugadores que debían firmar su contrato el 1° de enero y era 30 de junio y seguían penando. Pero no es difícil el fútbol solamente: la situación entera influye. Creo que el Banco Nación debe tener menos dinero que el Real Madrid, por ejemplo.

— ¿Hay alguna oferta?

—Ofertas tengo, pero para irme afuera otra vez tengo que pensarlo mucho. Tienen que darme muy buen dinero y la seguridad de que puedo estar arriba en un campeonato. No quiero más equipos de medio pelo, basta de jugarse la vida por nada.

— ¿Cómo ve el fútbol argentino a la distancia?

—Las referencias siempre me llegan y sé del trabajo de Newell's. Algo muy interesante que está haciendo Griffa desde atrás, sacando muchos jugadores. El problema de los rosarinos es que tienen poca hinchada, pero lo de Griffa es sensacional. River y Boca siempre lo mismo. Cuando no tienen problemas los jugadores, los tienen los directivos. Me alegro mucho de la campaña de Marito Zanabria en Instituto. Muy buena gente, Marito, y un tipo capaz.

— ¿Y la Selección?

—Recién después de la Eurocopa, en Alemania, a la que pienso ir, tendremos algunas pautas de lo que puede ocurrir en Italia. Aquí, el europeo hará sentir su capacidad de local, lógico por otra parte. Pero en la Argentina siempre salen jugadores, y esa es nuestra ventaja. Confío, a pesar de las referencias que me llegaron de los últimos partidos en Alemania. Un amigo me contó, con ojo de experto, que vio floja a la Selección. Parece que todo se hizo muy sobre la hora, algo que nunca es conveniente. Además, los jugadores estaban en pleno campeonato. Esos partidos no sirven para nada. ¿Qué sacás? Si ganás, sólo alimentás tu ego, y si perdés, te matan a críticas. A lo mejor se puede sacar conclusiones sobre los más jovencitos, mirando el futuro. Igual no estoy con estos partidos, conociendo como conozco a los jugadores. Algunos dicen: ¿Dónde viajamos? ¿A Alemania? Bueno, vamos a ver si compramos cosas, si compramos una radio, un jabón. Piensan en comprar. El jugador de fútbol es así. Aquí, cuando vamos a Las Palmas, por ejemplo, compran hasta papel higiénico. Empiezan a buscar, a caminar, hacen como cien kilómetros, y cuando llega la hora del partido, están todos cansados.

 

Hablando con pasión sobre fútbol, una de sus destacadas características.

Hablando con pasión sobre fútbol, una de sus destacadas características.

 

— ¿Y ahora, Alfredo, viene otro Di Stefano? El más pequeño de sus hijos le siguió los pasos...

—Sí, el más chiquitito está jugando en el Atlético.

— ¿Cómo anda?

—Qué se yo... No lo vi nunca.

— ¿Cómo, no lo va a ver jugar?

—No lo vi jugar nunca. Me confío en lo que dice. "¿Cómo andás, nene?", le pregunto. Me contesta: "Bien". Andará bien...

— ¿No juega con el nombre de Di Stefano, verdad?

—No, le llaman Nino. El apellido lo puede trabar. Van todos los padres a ver a los chavales y hostigan a los entrenadores para que pongan a sus hijos. Yo en eso no entro. Por eso no voy… Creo que es volante. Yo ya le he dicho: "Mirá, si no te hacés solo, nadie te podrá ayudar. Yo me hice solo. Cuando necesités una orientación, te la voy a dar, pero nada más..." Mi viejo, por ejemplo, me dio moral cuando ya estaba en primera, pero cuando jugaba en cuarta o en quinta no había quién lo hiciera levantar a las ocho y media de la mañana para que me fuera a ver...

—La última Alfredo. ¿Es o no es verdad que lo llamaron de Estudiantes de La Plata?

—No, viejo, no... Qué sé yo de dónde salió eso. Nadie habló conmigo. No sé absolutamente nada... Te lo niego todo. Podés ponerlo tranquilo…

Alfredo Di Stefano hoy. Con cara de "bronca", pero con gran ternura. Al borde de los 62 años (los cumple el 4 de julio) y pensando en un futuro que quizá sea argentino, aunque él, por ahora, no quiera o no pueda decirlo.

Desde España: ENRIQUE ROMERO Fotos: CARLOS ALVAREZ

 

 

 

 

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