Las Entrevistas de El Gráfico

1988. Latorre ilumina a Boca

Por Redacción EG · 10 de mayo de 2019

Tan claro como comenta los partidos en la actualidad, Diego Latorre le cuenta a EL GRÁFICO como fueron los comienzos de su carrera, una mala experiencia en Ferro y un amistoso contra la octava de Boca fueron fundamentales.

Uno es muy pibe, resulta que un día llega la primera de Boca, la gente y que sé yo, y entonces piensa que ya tocó el cielo con las manos, que ya sabe todo... A mí me pasó eso, me tuve que dar un golpe bárbaro para darme cuenta que la realidad no es así". Diego Fernando Latorre respondió con contundencia y sin buscarlo, a lo que el Pato Pastoriza había insinuado unos minutos antes nomás, cuando vio el despliegue de flashes y comentó al pasar: No me lo agranden al pibe, ¿eh?".

El pibe no se va a agrandar, porque ya conoce cómo es la historia.

Es porteño y no muy alto. Nació por La Paternal el 4 de agosto del '69 y completa la presentación diciendo que mide 1,70 metros y pesa 67 kilos. Hijo de Edgardo, distribuidor mayorista de productos alimenticios, y Mirla; hermano de Hernán, dieciséis años, proyecto de futbolista también...

"Empecé en Ferro, con los infantiles, estuve hasta la prenovena. En el '81 quedé libre, bah, me fui yo por algunos problemitas con el técnico, Atilio Timti. No me sentía cómodo ahí... Preferí dejar." Dejó el fútbol oficial, pero siguió dándole a la redonda por ahí, donde pudiera.

En un Superclásico defendiendo la camiseta de Boca, quien lo marca es nada más y nada menos que Daniel Passarella.

En un Superclásico defendiendo la camiseta de Boca, quien lo marca es nada más y nada menos que Daniel Passarella.

Marito Zanabria lo descubrió en un country, jugando un partido justamente contra una octava división de Boca, la de clase '68. Lo de siempre: hizo un gol, jugó bien, le gustó a González y Grillo, los técnicos, y le ofrecieron una prueba. Aceptó, por supuesto, y por allí se encontró con otro pibe que quería recorrer el mismo camino que él: Walter Pico. "Parece mentira. Con él nos conocemos desde que teníamos siete años. Walter jugaba al papi en un equipo de Haedo, El Trébol, y yo en uno que se llamaba Añasco. Después, él en Morón y yo en Ferro... Ahora las divisiones inferiores de Boca y la primera, no lo podemos creer."

Se apura a hablar de la primera, pero todavía tiene cosas por contar de antes, cuando estuvo Menotti, por ejemplo. "Con él llegó Angel Cappa, un fenómeno, un tipo impresionante del que aprendí un montón de cosas. Armó el Sub-18 y el Sub-21, dos equipos paralelos. Yo tenía 17 años y me puso con los más grandes, me tenía una confianza bárbara... Pero un domingo me avisaron que entrenaba con la primera y el lunes se fue César. Me quise morir, tenía que empezar otra vez".

Pero ya se había hecho notar, no lo habían olvidado. "Carapella me recomendó a Saporiti, seguí entrenando con los profesionales... Pero estaban bien definidos todos los titulares, jugaba Tapia, jugaba el Coyita. Recién debuté con el Toto, a los 18, contra Platense. Me acuerdo bien, fue el 18 de octubre de 1987, perdimos tres a uno y yo hice el único gol...". Enseguida lo llamó Pachamé para la Selección Juvenil, enseguida fue el pibe Latorre que promete, enseguida fue el sueño cumplido...

— Y de golpe se vino todo abajo…

—Sí, es lo que pasa, ¿no? Ya pené que tenía todo... Después me lesioné un tobillo, no podía entrenar bien en Boca, perdí la oportunidad de estar con los profesionales. No me recuperé bien de la lesión, no andaba bien como ahora y también quedé afuera del Juvenil que jugó el Sudamericano... Ese sí que fue un golpe duro, me mató, me destruyó anímicamente. Me sacó el doctor Zarotto, que es deportólogo y especialista en medicina psicosomática. Es tío de mi mamá, pero más que nada un gran amigo mío, un consejero, él me sacó.

Jugador muy técnico, con mucha clase. Tuvo dos ciclos en Boca.

Jugador muy técnico, con mucha clase. Tuvo dos ciclos en Boca.

—Aprendiste muchas cosas de golpe.

—Sí, que también me sirvieron para mi estilo, para mi forma de jugar. Yo era pachorriento, no lento, pero... Los pibes de Boca, como Del Castillo, que está en la tercera, como Angel Savio, un jugador típico boquense, me convencieron. Me di cuenta que para llegar hay que agregarle cosas a la habilidad: esfuerzo, dedicación, preparación física...

—¿El proyecto de jugador que vemos ahora es el resultado de todos esos cambios?

—Sí, claro, a las condiciones que sé que naturalmente tengo, le agregué otras cosas... No soy un goleador, goleador, aunque lo haya sido en la octava. Puedo jugar de diez o de nueve, pero lo que más me gusta es arrancar de atrás, con panorama, con espacio... Sé que Pastoriza nos tiene confianza, que nos tiene en cuenta. Eso es importante para un tipo de 18 años que juega en la primera de Boca. En la cancha es atrevido; afuera comunicativo, como cualquiera.

En la cancha es atorrante, encarador: afuera, un pibe común, que estudió hasta quinto año, ahora lucha con el segundo de Ciencias Económicas y piensa en periodismo para el que viene, en el Círculo de la Prensa. Algunos memoriosos ven pinceladas de Rojitas en los arranques, en la habilidad. No quiere comparaciones, responde con goles, hizo cinco en sus primeros cinco partidos...

En su primer ciclo en Boca jugó desde 1987 hasta 1992. Disputó 168 partidos y convirtió 52 goles.

En su primer ciclo en Boca jugó desde 1987 hasta 1992. Disputó 168 partidos y convirtió 52 goles.

— ¿Cómo es eso de que te descubrieron en un country?

—No, no interesa mucho... Es una casa de fin de semana de mis viejos, que pudimos conseguir en una buena época económica... Pero no me interesa que se sepa, para que nadie se confunda. Nunca falta el que piensa que porque tengo una casa en un country no tengo hambre de gloria, de ganar, de defender una camiseta con todo...

Tiene 18 años, apareció en Boca para devolverle la sonrisa, para iluminarlo, y no se marea con lo que vive ni con lo que puede vivir. Escuchó por ahí que estaba vendido a Italia para el año próximo en dos millones y medio de dólares... cuando todavía se está presentando en Buenos Aires. Y bueno, cosas de este fútbol nuestro que da para todo.

Da para que un pibe tenga la oportunidad de llegar, de marearse y de caerse. Da para que ese mismo pibe tenga revancha, escuche bien de cerca los consejos de Gatti y de Comas, y trate de consolidarse nada menos que en la primera de Boca. El fútbol da para todo, y el pibe Latorre lo sabe.

 

 

Por DANIEL ARCUCCI

Fotos: GERARDO HOROVITZ y ARCHIVO "EL GRÁFICO"

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