Las Entrevistas de El Gráfico

2004. Valdano: ¿Hacia dónde va el fútbol?

Por Redacción EG · 02 de mayo de 2019

Después de un tiempo de demasiada acción como portavoz del Real Madrid, Jorge Valdano tomaba distancia para reflexionar con El Gráfico sobre la evolución y el futuro del fútbol.

An­da­ba con al­go de “pe­re­za” pa­ra ha­blar pú­bli­ca­men­te, aca­so por­que tras cua­tro años co­mo por­ta­voz del Real Ma­drid ter­mi­nó con una so­breex­po­si­ción me­diá­ti­ca que, se­gún pro­pia de­fi­ni­ción, “mi­ran­do pa­ra aden­tro me can­só a mí y mi­ran­do pa­ra afue­ra can­só al res­to de la hu­ma­ni­dad”.

Pe­ro Jor­ge Al­ber­to Fran­cis­co Val­da­no es, de al­gún mo­do, co­mo ese chi­qui­lín al que le ti­ran una pe­lo­ta y pue­de pa­sar­se to­do el día di­vir­tién­do­se con su com­pa­ñía. No im­por­ta la dis­tan­cia, ni los car­gos ocu­pa­dos, ni los años de de­sa­rrai­go. Es pa­sión por el fút­bol. Lo cier­to es que en el ti­ra y aflo­je ci­ber­né­ti­co pa­ra tra­tar de con­cre­tar la en­tre­vis­ta, el ex di­rec­tor ge­ne­ral de­por­ti­vo del club más po­pu­lar del pla­ne­ta uti­li­zó una ci­ta de su re­per­to­rio que fue to­da una se­ñal de acer­ca­mien­to. Es­cri­bió: “Di­cen que An­to­nio Bien­ve­ni­da, uno de los me­jo­res to­re­ros de la his­to­ria, era par­co y sa­bio. Un día, en una pla­za de to­ros, un afi­cio­na­do le di­jo: ‘Maes­tro, só­lo le fal­ta mo­rir en la pla­za’. A lo que Bien­ve­ni­da con­tes­tó: ‘Se ha­rá lo que se pue­da’”.

 

Di Stefano. Con Alfredo compartieron cuatro años en cargos altísimos del Madrid.

Di Stefano. Con Alfredo compartieron cuatro años en cargos altísimos del Madrid.

Hi­zo lo que pu­do, fi­nal­men­te Val­da­no. Y ha­bló. Ale­ja­do del cen­tro de po­der futbolero, hoy ocu­pa el tiem­po en re­sol­ver al­gu­nas cues­tio­nes pen­dien­tes. Un re­pa­so a su re­cien­te re­co­rri­do di­ce que fue el má­xi­mo di­rec­ti­vo en el área de­por­ti­va del Ma­drid en­tre sep­tiem­bre del 2000 y ju­nio del 2004. En esos cua­tro años, el Ma­drid reor­de­nó sus cuen­tas, cam­bió su es­truc­tu­ra, fue ali­men­tan­do un su­pe­re­qui­po al ad­qui­rir a Fi­go, Zi­da­ne, Ro­nal­do y Beckham (una es­tre­lla por año), se trans­for­mó en la mar­ca más fuer­te de Es­pa­ña y una de las más pe­sa­das del mun­do y con­quis­tó sie­te tí­tu­los: 1 Cham­pions Lea­gue, 1 In­ter­con­ti­nen­tal, 2 Li­gas, 1 Su­per­co­pa de Eu­ro­pa y 2 Su­per­co­pas es­pa­ño­las. Ocu­rrió que en la úl­ti­ma tem­po­ra­da el Ma­drid no con­quis­tó nin­gún tí­tu­lo –aun­que dos me­ses an­tes te­nía to­do por ga­nar­lo– y así Val­da­no que­dó ex­pues­to co­mo res­pon­sa­ble del fra­ca­so y se po­ten­ció su per­fil de “ma­lo de la pe­lí­cu­la”, de hom­bre que de­bía dar la ca­ra an­te ca­da con­flic­to. Por eso se fue. Sin em­bar­go, un mes des­pués de su sa­li­da, Flo­ren­ti­no Pé­rez, el pre­si­den­te que lo ha­bía con­vo­ca­do, arra­só en las elec­cio­nes con el 94% de los vo­tos. In­du­da­ble­men­te, las co­sas en el ám­bi­to fut­bo­lí­sti­co –el que más sue­le pe­sar a la ho­ra de ele­gir a un can­di­da­to– tan mal no se ha­bían he­cho. Aun­que los re­sul­ta­dis­tas adic­tos de la in­me­dia­tez pu­die­ran des­ta­car lo opues­to.

–¿En qué an­dás, Jor­ge?

–To­man­do dis­tan­cia del fút­bol des­pués de un tiem­po con de­ma­sia­da ac­ción. Me gus­ta lo de ac­ción / re­fle­xión; es­tar en los he­chos du­ran­te un tiem­po y mi­rar las co­sas con pers­pec­ti­va du­ran­te otro. Pe­ro re­fle­xio­no tra­ba­jan­do: soy pre­si­den­te de Ma­kea­team, una em­pre­sa de la que soy so­cio y fui fun­da­dor. Nos de­di­ca­mos a la for­ma­ción, lle­va­mos las en­se­ñan­zas del de­por­te al mun­do de la em­pre­sa en te­mas co­mo tra­ba­jo en equi­po, li­de­raz­go y mo­ti­va­ción. Aho­ra em­pe­za­mos a ha­cer el via­je de vuel­ta: lle­var las en­se­ñan­zas de la em­pre­sa al de­por­te pa­ra ase­so­rar en la ges­tión de los clu­bes.

–¿Hu­bo due­lo por la sa­li­da del Ma­drid o no te ge­ne­ró trau­mas?

–No hu­bo due­lo. Co­noz­co po­ca gen­te más rá­pi­da que yo pa­ra dar vuel­ta una pá­gi­na. Por más gran­de que sea la pá­gi­na.

–¿Tu au­toes­ti­ma su­frió al­gún ti­po de le­sión?

–Cum­plí un ci­clo y fue más lar­go de lo nor­mal. Por lo me­nos, de lo nor­mal en mí. Por lo de­más, soy ar­gen­ti­no: an­do bien de au­toes­ti­ma.

–¿Có­mo to­mas­te la fra­se de Flo­ren­ti­no Pé­rez, que un tiem­po des­pués de tu sa­li­da ma­ni­fes­tó que te echa­ba de me­nos?

–Co­mo un re­co­no­ci­mien­to y una cor­te­sía.

Valdano, en una de las salas de reunión del Real Madrid, con la imagen de Florentino Pérez detrás. El presidente dijo que lo echa de menos.

Valdano, en una de las salas de reunión del Real Madrid, con la imagen de Florentino Pérez detrás. El presidente dijo que lo echa de menos.

–¿Con es­te mo­vi­mien­to, no te vol­vió a pi­car el bi­chi­to del en­tre­na­dor?

–Esa nos­tal­gia nun­ca la tu­ve. El en­tre­na­dor, hoy, es res­pon­sa­ble has­ta de la ma­la suer­te. No le veo la gra­cia al asun­to. Los pre­si­den­tes, afi­cio­na­dos, pe­rio­dis­tas y tam­bién los ju­ga­do­res só­lo ven dos co­sas en el fút­bol ac­tual: el en­tre­na­dor es­tá dé­bil o el en­tre­na­dor es­tá fuer­te. El pro­ble­ma es que la for­ta­le­za te la dan o te la qui­tan los re­sul­ta­dos. Des­pués, se in­ven­tan teo­rías más o me­nos ima­gi­na­ti­vas, pe­ro lo cier­to es que co­noz­co a muy po­cos que opi­nen pres­cin­dien­do de los re­sul­ta­dos. Pa­ra el per­de­dor no hay pie­dad, no im­por­ta si la de­rro­ta fue no­ble o in­no­ble, si se ju­gó con atre­vi­mien­to o no. Eso lo ex­pli­có muy bien Mar­ce­lo Biel­sa en al­gu­nas rue­das de pren­sa. Con mi hi­jo ti­tu­la­mos esas com­pa­re­cen­cias: “Un hom­bre con­tra el sis­te­ma”.

–¿En la Ar­gen­ti­na no di­ri­gís por vo­lun­tad pro­pia o por fal­ta de pro­pues­tas?

–No se tra­ta de Ar­gen­ti­na, se tra­ta de en­tre­nar. Por el mo­men­to no es­tá en mis pla­nes. Y pro­pues­tas tu­ve en al­gún mo­men­to.

–¿Có­mo ca­li­fi­cás tu ac­tua­ción co­mo di­ri­gen­te del Real Ma­drid?

–El de di­rec­tor ge­ne­ral de­por­ti­vo es un pues­to di­fí­cil por­que el car­go es­tá em­pa­re­da­do en­tre el pre­si­den­te y el en­tre­na­dor. En un club co­mo el Real Ma­drid tie­ne sen­ti­do por­que le da con­ti­nui­dad a un pro­yec­to de­por­ti­vo. For­mal­men­te, me fui apro­ve­chan­do el lla­ma­do a las elec­cio­nes pre­si­den­cia­les. Lo cier­to es que ya no me sen­tía có­mo­do.

–¿Por qué?

–No re­sul­ta di­fí­cil ima­gi­nar­lo, pe­ro es un asun­to que no con­vie­ne re­vol­ver. Ci­clo ter­mi­na­do y listo.

–¿Có­mo te fuis­te: bien, mal, más o me­nos?

–Hi­ce un gran es­fuer­zo por ir­me sin ha­cer­le da­ño a na­die. An­te mi en­tor­no in­me­dia­to me fui bien, an­te la afi­ción me fui des­gas­ta­do.

–¿Cuá­les fue­ron tus erro­res?

–En el fút­bol hay en­se­ñan­zas acu­mu­la­das que con­vie­ne no per­der de vis­ta. El Real Ma­drid va tan rá­pi­do ha­cia el fu­tu­ro que a ve­ces pier­de de vis­ta las en­se­ñan­zas del pa­sa­do.

–¿El mo­de­lo de “Zi­da­nes y Pa­vo­nes” (su­pe­res­tre­llas y can­te­ra) que apli­cas­te es­tá en du­da?

–Ese mo­de­lo ne­ce­si­ta de tiem­po pa­ra con­so­li­dar­se. Ha­cer en tres años lo que se de­be ha­cer en sie­te es una ma­la idea. ¿Pa­ra qué sir­ven los años? Pa­ra que una po­lí­ti­ca de ce­sio­nes a equi­pos me­dianos nos de­vuel­va a los jó­ve­nes de la can­te­ra con 50 o 100 par­ti­dos en Pri­me­ra, con una ma­yor ma­du­rez. De lo con­tra­rio se pro­du­cen des­com­pen­sa­cio­nes. La pre­sión que su­fre un ju­ga­dor del Real Ma­drid re­quie­re de una ma­du­rez ca­si in­hu­ma­na.

Zidane. El francés fue el segundo galáctico adquirido en la gestión Pérez-Valdano.

Zidane. El francés fue el segundo galáctico adquirido en la gestión Pérez-Valdano.

–Fue in­creí­ble, por­que avan­za­ron con tran­qui­li­dad en to­das las com­pe­ten­cias en el año y en dos me­ses el cas­ti­llo se vi­no aba­jo de gol­pe…

–En esos me­ses, los úl­ti­mos dos de la tem­po­ra­da pa­sa­da, se de­mos­tró que el ta­len­to es tam­bién una cues­tión de ener­gía. El es­fuer­zo se ha­bía re­par­ti­do en­tre muy po­cos ju­ga­do­res y en los mo­men­tos de­fi­ni­ti­vos el equi­po se ca­yó.

–Sue­le de­cir­se que el Ma­drid tie­ne un ves­tua­rio di­fí­cil. ¿Bian­chi po­dría ma­ne­jar un ves­tua­rio así?

–Nie­go que el ves­tua­rio del Real Ma­drid sea tan di­fí­cil. Bian­chi, por otro la­do, tie­ne ca­te­go­ría pa­ra en­tre­nar a cual­quier equi­po del mun­do.

–En los úl­ti­mos años, ¿nun­ca se te cru­zó por la ca­be­za Bian­chi co­mo técnico del Ma­drid?

–No de­bo con­tes­tar es­ta pre­gun­ta.

–¿Cuán­do y có­mo te en­te­ras­te de que se iba Biel­sa de la Se­lec­ción?

–El día que se fue y por los me­dios.

Una curiosidad del archivo. Valdano se fue de Newell’s a España en 1975; Bielsa debutó en la Lepra el 29/2/1976, con lo que no coincidieron en el equipo mayor. Sin embargo, en esta foto del año 75 se los ve a los dos: Valdano el segundo agachado desde la izquierda; el Loco, imposible no identificarlo. Valdano supone que puede ser un partido de reserva.

Una curiosidad del archivo. Valdano se fue de Newell’s a España en 1975; Bielsa debutó en la Lepra el 29/2/1976, con lo que no coincidieron en el equipo mayor. Sin embargo, en esta foto del año 75 se los ve a los dos: Valdano el segundo agachado desde la izquierda; el Loco, imposible no identificarlo. Valdano supone que puede ser un partido de reserva.

–¿Te sor­pren­dió su sa­li­da?

–No es­pe­ra­ba su di­mi­sión, pe­ro sólo por­que no me lo ha­bía plan­tea­do en nin­gu­na con­ver­sa­ción. Ha­bla­mos al­gu­nos días des­pués de su ale­ja­mien­to y por su­pues­to que me re­sul­tó fá­cil en­ten­der­lo.

–¿Le hi­zo ho­nor a su apo­do yén­do­se en el mo­men­to me­nos pen­sa­do?

–De lo­cos era que­dar­se, no ir­se. En me­dio de las pre­sio­nes que su­fría, ir­se era lo más sa­no que po­día ha­ber he­cho. Es di­fí­cil te­ner que pe­lear to­dos los días con­tra tan­ta me­dio­cri­dad. Los me­dio­cres se de­fien­den en­tre sí y ter­mi­nan con­vir­tién­do­se en un po­der. Lo di­go esen­cial­men­te por los me­dios de co­mu­ni­ca­ción. Con mis dis­cul­pas pa­ra las dig­ní­si­mas ex­cep­cio­nes.

–¿Creés que la ad­he­sión del hin­cha por las úl­ti­mas ac­tua­cio­nes era real o que Biel­sa nun­ca se iba a ga­nar el co­ra­zón de la gen­te?

–Lo del “co­ra­zón de la gen­te” no lo en­tien­do muy bien. ¿O to­da la gen­te tie­ne un mis­mo co­ra­zón? La gen­te es ex­traor­di­na­ria­men­te leal a los co­lo­res de su equi­po. A las ideas, bas­tan­te me­nos.

–¿Qué co­sas le pro­vo­ca­ron su cri­sis ener­gé­ti­ca?

–De la ener­gía de Biel­sa tie­ne que ha­blar Biel­sa.

–¿Las pre­sio­nes del G-14 pue­den ha­ber­lo har­ta­do? ¿Qui­zás su re­la­ción con Gron­do­na tam­bién?

–Re­pi­to lo an­te­rior: no soy el in­tér­pre­te de Biel­sa. El ha­bla po­co, pe­ro lo ha­ce con mu­cha cla­ri­dad. El día que lo de­ci­da, po­drá res­pon­der­lo.

–Vos que lo co­no­cés des­de los 15 años, ¿creés que se fue a sal­vo con su or­gu­llo?

–La re­la­ción de Biel­sa con su or­gu­llo me te­mo que no de­be ser fá­cil. Lo que le pue­do de­cir es que yo, en ca­li­dad de ami­go, me sen­tí muy or­gu­llo­so de su ma­ne­ra de ac­tuar en ca­da mo­men­to. En los ma­los y en los bue­nos. Siem­pre me re­pre­sen­tó bien su Se­lec­ción.

–Cuan­do se fue Biel­sa, ¿te sen­tis­te con cha­pa pa­ra ser téc­ni­co de la Se­lec­ción?

–No. Hay otros que es­tán an­tes en esa fi­la.

–¿Pue­de com­pli­car a Pe­ker­man no ha­ber di­ri­gi­do nun­ca a ma­yo­res?

–Creo que Pe­ker­man es­tá pre­pa­ra­do pa­ra es­te de­sa­fío. El error es­tá en pe­dir­le de­ma­sia­do a la Se­lec­ción. Es­tá en un mo­men­to de re­no­va­ción, pe­ro no le so­bra ta­len­to co­mo pa­ra te­ner la obli­ga­ción de ga­nar­lo to­do.

La lo­cu­ra del fút­bol ac­tual, que se con­su­me un téc­ni­co a las cua­tro fe­chas de un tor­neo o que pro­mue­ve la ven­ta de un chi­co de 12 años, es un atrac­ti­vo es­ce­na­rio pa­ra que Val­da­no lo di­sec­cio­ne con su ha­bi­tual lu­ci­dez. Quien fue afi­cio­na­do, ju­ga­dor, co­men­ta­ris­ta, di­rec­tor téc­ni­co y di­ri­gen­te –siem­pre en el sa­lón VIP del fút­bol– y al que só­lo le fal­tó “ser ár­bi­tro y ba­lón”, se­gún ma­ni­fes­tó ha­ce un tiem­po, pue­de abor­dar la pro­ble­má­ti­ca nu­tri­do de las más va­ria­das óp­ti­cas.

–¿Ha­cia dón­de va el fút­bol?

–La pre­gun­ta es de­ma­sia­do am­plia. La ten­den­cia di­ce que hay paí­ses com­pra­do­res y paí­ses ven­de­do­res de ju­ga­do­res; que los equi­pos gran­des cre­cen (en sus po­si­bi­li­da­des eco­nó­mi­cas), y los pe­que­ños, de­cre­cen. Que la te­le­vi­sión tie­ne ca­da día más po­der en la or­ga­ni­za­ción de los cam­peo­na­tos. Que ca­da día se jue­gan más par­ti­dos. Que des­de la ley Bos­man, el trá­fi­co de ju­ga­do­res se hi­zo im­pa­ra­ble. Que del cam­po ha­cia afue­ra el ne­go­cio ca­da día es más gran­de. Del cam­po ha­cia aden­tro, el jue­go si­gue sien­do pri­mi­ti­vo, múl­ti­ple, in­go­ber­na­ble.

Maradona. Con Diego jugaron los Mundiales 82 y 86. Aquí, contra Hungría (82).

Maradona. Con Diego jugaron los Mundiales 82 y 86. Aquí, contra Hungría (82).

–¿En qué eta­pa de evo­lu­ción ubi­cás al fút­bol?

–Co­mo buen sím­bo­lo de es­tos tiem­pos, es un fút­bol que po­ne acen­to en lo co­mer­cial y en lo glo­bal.

–¿Qué sig­ni­fi­ca que úl­ti­ma­men­te triun­fen equi­pos con­ser­va­do­res, que apues­tan más a la des­truc­ción que a la crea­ción, co­mo Gre­cia, Por­to, On­ce Cal­das, Cien­cia­no, Va­len­cia?

–Es mis­ma pre­gun­ta nos la em­pe­za­mos a ha­cer en los años se­sen­ta, con el na­ci­mien­to del ca­te­nac­cio, y sin em­bar­go lue­go dis­fru­ta­mos del Bra­sil del 70, del Ajax de Cruyff, del Mi­lan de Sac­chi… De to­dos mo­dos hay un he­cho sin­gu­lar. Un ju­ga­dor de un gran equi­po jue­ga, hoy, 15 o 20 par­ti­dos más que ha­ce diez años. Los equi­pos me­dia­nos su­fren un des­gas­te me­nor. El can­san­cio ter­mi­na igua­lan­do a los me­jo­res con los peo­res. Den­tro de la fa­ti­ga ge­ne­ral, los equi­pos más con­te­ni­dos tác­ti­ca­men­te –de­fen­si­vos, cau­tos– su­fren un me­nor des­gas­te. La obli­ga­ción de ga­nar que tie­nen los gran­des tam­bién con­tri­bu­ye al can­san­cio. La pre­sión lle­ga a ni­ve­les que no to­dos los ju­ga­do­res son ca­pa­ces de so­por­tar a lo lar­go de una tem­po­ra­da.

–¿Fue ma­lo pa­ra el fút­bol que el Ma­drid se que­da­ra con las ma­nos va­cías el úl­ti­mo año?

–El Real Ma­drid hi­zo una fuer­te apues­ta por el es­pec­tá­cu­lo, pe­ro los gran­des nom­bres pro­pios no son una ga­ran­tía. No hay pro­yec­to que sea “su­bli­me sin in­te­rrup­ción”. El Real Ma­drid es muy gran­de, pe­ro el fút­bol lo es más.

–¿Lo que se ve es me­dio­cri­dad o pa­ri­dad?

–Ha­ce trein­ta años que me ha­cen la mis­ma pre­gun­ta. Con es­to, lo que quie­ro de­cir es que los úl­ti­mos tiem­pos siem­pre nos pa­re­cen los más po­bres. Lo co­lec­ti­vo se im­po­ne a lo in­di­vi­dual por mu­chos fac­to­res, pe­ro tam­bién se ven par­ti­dos bri­llan­tes.

–¿Los téc­ni­cos tra­ba­jan hoy más en la des­truc­ción que en la ges­ta­ción?

–La des­truc­ción se pue­de ha­cer acep­ta­ble­men­te bien con una bue­na or­ga­ni­za­ción. La cons­truc­ción ne­ce­si­ta, ade­más, del ta­len­to in­di­vi­dual. En cuan­to a los en­tre­na­do­res, tra­ba­jan en de­fen­sa pro­pia y el mie­do los ha­ce con­ser­va­do­res.

Cruyff. Al holandés lo enfrentó como jugador y DT. Mantienen muy buena onda.

Cruyff. Al holandés lo enfrentó como jugador y DT. Mantienen muy buena onda.

–¿Por qué es ca­da vez ma­yor el de­se­qui­li­brio por pe­lo­ta pa­ra­da?

–Por­que se jue­ga muy mal con la pe­lo­ta en mo­vi­mien­to.

–¿Có­mo vi­vis­te del otro la­do del mos­tra­dor el te­ma de la ce­sión de ju­ga­do­res a las se­lec­cio­nes? Hu­bo clu­bes, co­mo el Va­len­cia, que no ce­dió a Ai­mar y no fue san­cio­na­do.

–Co­mo un con­flic­to de in­te­re­ses en­tre las fe­de­ra­cio­nes y los clu­bes. Lo cu­rio­so es que una fe­de­ra­ción es­tá for­ma­da por un con­jun­to de clu­bes. El ca­len­da­rio uni­fi­ca­do me­jo­ró al­go el caos exis­ten­te. En cuan­to a las le­yes, han de­ja­do de te­ner va­lor des­de el pri­mer ca­so en que se in­cum­plió sin que se im­pu­sie­ra san­ción. Na­die se que­ja de las con­vo­ca­to­rias pa­ra par­ti­dos ofi­cia­les. El pro­ble­ma son los amis­to­sos que se jue­gan con un afán só­lo re­cau­da­to­rio. Por otra par­te, con­si­de­ro nor­mal que el club al que per­te­ne­ce un ju­ga­dor exi­ja una com­pen­sa­ción si es­tá obli­ga­do a ce­der­lo a su se­lec­ción. Ter­mi­na­rá sien­do así.

–¿Quién es el prin­ci­pal cul­pa­ble del exi­tis­mo ex­tre­mo, que se de­vo­ra un téc­ni­co ca­da cua­tro par­ti­dos? ¿El hin­cha, el di­ri­gen­te, el pe­rio­dis­mo, el per­fil de las so­cie­da­des mo­der­nas?

–Esa pre­gun­ta, el pe­rio­dis­mo se la de­be­ría ha­cer a sí mis­mo. Tal y co­mo es­tá re­gi­do aho­ra, el en­tre­na­dor du­ra lo que quie­ran los re­sul­ta­dos. Co­mo los re­sul­ta­dos son im­pre­vi­si­bles, la du­ra­ción de los en­tre­na­do­res tam­bién se­rá im­pre­vi­si­ble. Los me­dios son igual de res­pon­sa­bles que los di­rec­ti­vos.

–¿El hin­cha tam­bién es­tá muy his­té­ri­co?

–La ma­sa no pien­sa. El hin­cha, en sin­gu­lar, es ca­paz de ma­ti­zar… el lu­nes, cla­ro.

–¿Ves al fut­bo­lis­ta ca­da vez me­nos vo­ca­cio­nal? A la ma­yo­ría no le di­vier­te ver par­ti­dos de fút­bol, no ejer­ci­tan­ la téc­ni­ca des­pués de ho­ra…

–El fút­bol si­gue sien­do una ta­rea vo­ca­cio­nal. Lo que sí ocu­rre es que el ju­ga­dor ac­tual es­tá de­ma­sia­do dis­traí­do con el nue­vo pa­pel de mo­de­lo so­cial y pu­bli­ci­ta­rio que le es­tá to­can­do vi­vir. Tam­bién es ma­yor el gra­do de in­di­vi­dua­lis­mo, des­de el te­lé­fo­no mó­vil y com­pu­ta­do­ra hasta las ha­bi­ta­cio­nes in­di­vi­dua­les, que los va des­vin­cu­lan­do del equi­po.

 

Jorge Valdano jugó en Newell´s, Alavés, Real Sociedad y en Real Madrid, donde se retiró en 1987.

Jorge Valdano jugó en Newell´s, Alavés, Real Sociedad y en Real Madrid, donde se retiró en 1987.

–¿Quién es hoy el me­jor ju­ga­dor ar­gen­ti­no y el me­jor del mun­do?

–El me­jor ju­ga­dor del mun­do es Ro­nal­din­ho. En Ar­gen­ti­na si­go es­pe­ran­do el sal­to de­fi­ni­ti­vo de Ai­mar.

–¿Qué te pro­vo­can ca­sos co­mo el de La­me­la?

–Lo de La­me­la me pa­re­ció la­men­ta­ble. Van a ter­mi­nar fa­bri­can­do un ex ju­ga­dor an­tes de que sea ju­ga­dor. Hu­bo al­gún epi­so­dio, co­mo el de las en­tre­vis­tas con­ce­di­das por el ni­ño­-ju­ga­dor, que no se lo hu­bie­ra po­di­do ima­gi­nar ni el Ne­gro Fon­ta­na­rro­sa.

Di­jo Val­da­no. Y eso que an­da­ba con pe­re­za. Al fin de cuen­tas, ¿al­guien pue­de ima­gi­nár­se­lo sin el uso de la pa­la­bra?

Un equipo habituado a las presiones

Na­ci­da en 1999 a par­tir de una idea de Val­da­no, Ma­kea­team (Ha­cé un equi­po) es una em­pre­sa de­di­ca­da a la for­ma­ción y con­sul­to­ría en ha­bi­li­da­des di­rec­ti­vas, con hin­ca­pié en el tra­ba­jo en equi­po. En la plan­ti­lla se des­ta­can ex de­por­tis­tas co­mo Zu­bi­za­rre­ta o el bra­si­le­ño Raí. Con ofi­ci­nas en España, Mé­xi­co DF y San Pa­blo, Ma­kea­team tie­ne co­mo clien­tes a unas 50 em­pre­sas, en­tre las que se des­ta­can IBM, Te­le­fó­ni­ca, Rep­sol YPF, Xe­rox, el ban­co BB­VA, Erics­son y Block­bus­ter. “En el rit­mo de vi­da ac­tual, la pre­sión y el es­trés avan­zan a pa­sos agi­gan­ta­dos. Y quién me­jor que un de­por­tis­ta de eli­te co­no­ce y es­tá ha­bi­tua­do a esas si­tua­cio­nes de al­to ren­di­mien­to en mo­men­tos crí­ti­cos. Por eso con­ta­mos con los de­por­tis­tas más des­ta­ca­dos, que han te­ni­do que so­por­tar una ten­sión fí­si­ca y men­tal ex­tre­ma”, se pue­de leer co­mo de­cla­ra­ción de prin­ci­pios de la em­pre­sa.

 

Por Diego Borinsky  (2004)

 

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