Las Entrevistas de El Gráfico

1980. Mano a mano con Muhammad Alí

Por Redacción EG · 12 de abril de 2019

Entrevista al mejor boxeador de todos los tiempos, quien además de boxear tuvo una historia de vida digna de quedar en el recuerdo. En esta época ya estaba cerca el final de su carrera y su físico lo evidenciaba.

Sinceramente, siento dos cosas que debo decirte. Por un lado es admirable tu espíritu, tu esfuerzo y tu firme voluntad. He visto hoy cómo corrías más de ocho kilómetros y te sobraba entusiasmo para hacer cuarenta y cinco minutos de gimnasia. He visto tu buzo gris empapando el poliéster hasta cambiarle, casi, el color en el pecho, la espalda y las piernas. Todo eso me pareció fantástico. Además, por un momento, tu regreso a las palpitaciones normales daban la impresión de ser las de un novato hambriento.

—Eso es lo bueno. Rápido, dime ahora lo malo.

El esfuerzo de un hombre que está entrenando frente a los carteles que resumen la histroia del boxeo. Muhammad Alí es considerado como uno de los mejores boxeadores de la historia.

El esfuerzo de un hombre que está entrenando frente a los carteles que resumen la histroia del boxeo. Muhammad Alí es considerado como uno de los mejores boxeadores de la historia.

—Y... no creo que llegues para julio en condiciones de enfrentar nada menos que a John Tate.

— ¿Por qué?

—Los pliegues de tu abdomen son gordura pura, grasa solidificada. Y tu cara sigue tan redonda como cuando viniste a Buenos Aires en mayo del año pasado. Y de tu voz surge aquella ronquera nerviosa que denuncia un estado de excitación permanente. Los glúteos y las piernas han engrosado su volumen y a esta altura es difícil reducirlos. No sé, me parece que meterte en un ring a pelear con una bestia de 22 años y 110 kilos es una locura. ¿Qué me dices?

—Te equivocas, amigo, te equivocas como el 99 por ciento de los periodistas norteamericanos. Creen que pelearé mañana y todavía faltan ciento veinte días. Fíjate: comencé el 4 de marzo aquí, en mi campo de Deer Lake, con 126 kilos.

Mi plan es perder tres libras por semana (1,362 kilo). Esto significará perder 11 kilos y medio de aquí a junio y subir a pelear con Tate con un peso de alrededor de 98 kilos y medio. Voy a pesar 10 kilos menos que él, ésta es la verdad. Y además llegaré con una condición física como antes nunca había tenido porque estuve un año y medio dándole descanso a mis músculos y revitalizando mi mente.

—Un segundo... ¿Bajo qué método llegarás a ese kilaje?

Bajo la dieta del doctor Richard Passwatter, uno de los mejores médicos de nutrición del mundo, que ya me programó el menú y me acompañará de aquí a la pelea.

— ¿ Y en qué consiste?

—Desayuno corn klakes (cereales) con bananas licuadas, dos o tres huevos poché sobre tostadas bien crocantes, un solo jugo de pomelos y muchísima agua helada para limpiar mis intestinos. En el resto del día, a la hora que quiera, 'una sola comida sin salsas ni condimentos, que comprende casi todo lo que me gusta, menos el cerdo, prohibido por la religión musulmana. Puedo comer pescado, cordero, carne vacuna, pollo, chauchas, ensaladas frescas sin aceite, repollos y zanahorias.

La comida está a cargo de mi cocinera Lana, quien ha entrevistado personalmente al doctor Passwatter, y tomado las cantidades para ponerme en el plato sin que yo me preocupe por nada.

—¿Tú crees que todo el problema es una cuestión de peso?

—Explícate mejor...

— ¿Y tu artritis, y tu exceso de azúcar en la sangre, y tus 38 años?

—Tenía artritis cuando disputé mis últimas doce peleas. Y estaba más avanzada que nunca en el '78, cuando le gané a Spinks. Seguí los consejos médicos. Me practiqué una cura de aguas termales y ya no siento problemas de articulación cuando cierro los puños. Me viste correr esta mañana a través de las colinas de Deer Lake. Salí trotando en el llano y luego comencé a trepar. Hice todo sin molestias. Cada una de mis botas pesa cerca de un kilo. Con ese lastre estoy corriendo a razón de nueve minutos cada milla. Esto significa que cuando suba al ring pareceré una mariposa, pero seguiré picando como una abeja...

— ¿Cómo te sientes sobre el ring en los entrenamientos?

—Pregúntaselo a Eddie Gregory ahora cuando lo veas en Knoxville el próximo lunes peleando contra Marvin Johnson. ¿Sabes qué dijo él? Dijo: "No ha perdido nada, se mueve rápido, su golpe es increíble, está mejor que nunca y es capaz del milagro". Eso ha dicho. ¿Y sabes a quién? A toda la prensa, que quería una opinión imparcial sobre el tema proveniente de un hombre con buena reputación como Gregory.

Su récord es de 61 peleas con 56 victorias y sólo 5 derrotas (solo una por K.O)

Su récord es de 61 peleas con 56 victorias y sólo 5 derrotas (solo una por K.O)

—Hoy has hecho nada menos que quince rounds de entrenamientos, ¿continuarás a ese ritmo?

—Eso lo haré regulando según se acerque el combate. Necesito a Angelo Dundee a mi lado, pero él se encuentra con Leonard para su pelea contra el inglés Dave Green. En la primera semana de abril Angelo estará a mi lado y se quedará hasta que llegue el gran día de pelear contra Tate.

— ¿Angelo está de acuerdo con tu regreso?

—Oh, sí, él dice que sí, que sólo yo sería capaz de llegar a ser cuádruple campeón mundial. (Aclaración: Angelo me dijo que la cosa no estaba tan clara para él. Que su obligación es apoyar a Muhammad moralmente y decir que sí, que lo logrará, pero quiere tomarle un test en abril para dar una opinión definitiva. Es más, me pareció —como apreciación totalmente personal— que estaba menos entusiasmado de lo que yo pensaba).

—Déjame que te diga algo obligatoriamente: tú declaraste en Buenos Aires que no regresarías a pelear por nada del mundo. Lo dijiste en una conferencia de prensa que hicimos en el aeropuerto de Ezeiza y lo repetiste en los programas de televisión de Analía y de Mónica. ¿Lo recuerdas? ¿Qué le dices ahora a esa gente que escuchó de tu propia voz aquella sentencia?

—Cuando lo dije estaba convencido de que no volvería. Por mi corazón palpitaba una corriente serena y totalmente segura. Pero la historia cambió: he visto pelear a Tate y a Holmes y el mundo no merece tener campeones tan ordinarios. Holmes no tiene piernas, ni gracia siquiera cuando sube al ring y sonríe. Tate es un chico muy nuevo que me dio lástima cuando ganó en Sudáfrica a Coetzee el título vacante. Me pregunté si había algún derecho a que Tate y Coetzee pelearan por algo que yo había dejado voluntariamente, siendo tan malo uno como el otro. Tengo que estar loco para renunciar a ser el más importante boxeador de la historia. Yo, en la realidad, puedo superar la ficción del "increíble Hulk" o el "Hombre araña". Puedo eclipsar a los Juegos Olímpicos: me vería más gente a mí en mi regreso al ring que la final de los 100 metros llanos o la maratón de los 42 kilómetros. La ciudad donde yo pelee —posiblemente Nueva Orleáns— sería mucho más importante que Moscú en plenos Juegos Olímpicos. Y estoy convencido de que cambiaré los planes de viaje de muchos periodistas de todo el mundo que antes pensaban ir a la Unión Soviética y ahora se están anotando para ir a Nueva Orleáns, Louisiana, Houston, Texas o Silverstone, Pontiac, Michigan... los lugares que tienen más chance de ser el escenario de la gran pelea contra Tate.

— ¿Y qué me dices del aspecto reglamentario?

— ¿Qué es eso?

—Que si no estás ranqueado, la Asociación Mundial no te dará permiso para pelear contra Tate.

— ¿Quién dijo eso?

—La ley.

— ¿Desde cuándo?

—Desde siempre.

— ¿Hay antecedentes?

—Sí. Tú mismo: cuando resolviste regresar en 1969 debiste pelear contra Jerry Quarry y contra Ringo Bonavena para acceder a una pelea por el título frente a Joe Frazier, que era el campeón mundial.

—Pero esto es diferente: en aquel momento a mí me habían quitado el título, me habían sancionado por no ir a Vietnam. En cambio ahora yo he renunciado a la corona, es otra situación: Además, ése es un tema para Bob Arum, no para mí. El debe resolverlo y no yo.

El ¨nuevo¨ Alí. Nacido bajo el nombre de Cassius Clay, se convirtió en Muhammad Alí al cambiar de religión.El ¨nuevo¨ Alí. Nacido bajo el nombre de Cassius Clay, se convirtió en Muhammad Alí al cambiar de religión.

***

Paréntesis: Hablé con Bob Arum, promotor del combate. Para Bob la pelea es un "asesinato". No le asigna ninguna chance a Alí. No obstante lo cual le pagará 7 millones de dólares contra 3 millones para Tate. La pelea no tiene sede oficial, pero el ochenta por ciento de chance lo tiene el Superdome de Nueva Orleáns. También se estudia la propuesta de un grupo llamado -Prime", de Brasil, que quisiera llevar el combate a Río de Janeiro. Para Arum, presidente de la Top Rank, el aspecto reglamentario ha pasado a segundo término. El afirma que Rodrigo Sánchez, presidente de la Asociación Mundial, le ha dado conformidad verbal, siempre y cuando Alí se preste a una prueba de suficiencia contra calificados sparrings que den pautas seguras sobre su estado. Pero si la Asociación Mundial se opone a la pelea, Arum afirma que la hará igual aunque esto le cueste el desconocimiento como titular al ganador del combate.

—Hablemos como amigos, Alí, y si hay algo que quisieras que no publique, me lo pides.

—Nada de lo que hablemos debe quedar "off the record".

— ¿Qué porcentaje hay de volver por el llamado de la sangre —como escribiste en tu nota para EL GRAFICO— y qué porcentaje hay de necesidad económica?

—Tengo ambas necesidades. Pero de nada serviría volver por dinero si no tuviera en mi espíritu la necesidad de pelear.

Primero quiero la gloria; después, los siete millones. Quiero ser el único, el más grande, el mejor. Quiero que me recuerden todos: los que me vieron pelear y los que escucharán las historias sobre mí. Los niños y los grandes, los abuelos y los jóvenes. Hay una generación que cree que traicioné a mi país por no ir a Vietnam. No fui porque era una injusticia. En cambio fui al África a representar a mi país porque el presidente Carter me pidió que hiciera una campaña a favor del boicot a los Juegos Olímpicos, que me pareció justa. Soy ciudadano del mejor país del mundo y haré todo cuanto pueda para que Carter siga siendo nuestro presidente. La política no me parece justa, en muchos casos hasta poco limpia. Pero me siento un símbolo y ganar el campeonato por cuarta vez me haría inmortal. Primero, entonces, está el aspecto moral. Vuelvo porque lo siento como necesidad. Después, ya resuelto a hacerlo quisiera ganar todo cuanto pueda. Iba a pelear contra Ledoux efectuando una promoción con capital propio. No lo hice para no demostrar sed de dinero y no interferir en los negocios de Bob Arum. Pero, ¿por qué todo el mundo se interesa tanto por lo que yo voy a ganar? Rolls Royce hace coches para ganar dinero y a todo el mundo le parece correcto. Ted Kennedy dijo que jamás volvería a la política y está luchando para ser el candidato demócrata en las próximas elecciones presidenciales. El ayatollah Komeini prometió que dejaría libre a los cautivos de la embajada norteamericana en Irán y no lo hizo. Hay miles de ejemplos más de hombres importantes que dicen una cosa y las circunstancias los obligan a hacer otras. Nadie los juzga. Pero cuando se trata de un boxeador todo el mundo se le echa encima. Déjenme subir al ring a pelear contra Tate y después júzguenme. Y si les molesta que por hacerlo gane dinero, pónganse la mano en el corazón y díganme si en mi lugar lo harían gratis...

 

En 1971 Muhammad Alí estuvo en Argentina.

En 1971 Muhammad Alí estuvo en Argentina.

 

—En toda nuestra charla, ¿no me has mentido en nada?

—No. ¿Por qué me preguntas eso?

—Te he visto muy fatigado después de tu entrenamiento. He advertido que todo esto es muy duro para ti. Es un infierno, si me aceptas la definición genérica de la cosa. Creo que no aguantarás tres meses haciendo esta vida. Quisiera equivocarme, pero me parece que en cualquier momento leeré en Buenos Aires que has cambiado tu decisión. No es un deseo ni una sugerencia. Es, tan sólo, una impresión. Ahora has firmado el precontrato con Arum en Las Vegas, pasarás unos días en Los Angeles, correrás en los campos de golf cercanos a tu residencia y volverás aquí, a tu campamento de Deer Lake, más o menos para la primera semana de abril. Me dices que a partir de ahí y hasta julio quedarás concentrado. Es allí donde temo que no puedas... ¿Estoy muy equivocado?

—No lo sé, amigo. No lo sé.

—Chau, campeón...

—Chau, saludos a todos los argentinos, uno de los pueblos de mirada más feliz que conocí en mi vida.

 

Por Robinson.

Fotos: Robert S. Wiley.

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