Las Entrevistas de El Gráfico

1972. Alias ¨La Pepona¨

Por Redacción EG · 12 de marzo de 2019

Una gran entrevista a un entrañable jugador de pelo color oro, quien en sus comienzos fue un referente de Belgrano de Córdoba, luego su carrera se tornaría un ir y venir entre los dos clubes más grandes de la Docta.

Qué voy a arrugar!, dijo la parva de pelo amarillo levantada sobre dos botines de fútbol "Cuando ya no ponga la pierna fuerte o pierda el gusto de jugar tratando a la pelota como si fuera una muchacha —te juro— no vuelvo a pisar una cancha..."

Flor de sandwich: la camiseta celeste de Belgrano de Córdoba, emparedada desde arriba por esa inconfundible brocha rubia, desde abajo por veinticuatro tapones que danzan sobre el césped, tocándolo apenas. José Omar Reinaldi más conocido por el alias inmortal de "La Pepona"— es la bandera cordobesa del fútbol argentino, aunque digan que no es valiente, que no llega al área y que de tanto en tanto se desenchufa del partido. Esas tres leyendas, definitivamente agregadas al folklore cordobés, se pueden discutir bastante y serán discutidas hasta el fila del juicio final en los ilustres boliches del Barrio Clínicas "La Pepona" se ríe de sus propias fábulas.

La pelota, el fútbol, la camiseta de Belgrano.

La pelota, el fútbol, la camiseta de Belgrano.

Cuando se sube las dos bocas del pantalón hasta por encima de las rodillas pueden leerse en su piel las firmas de cien suelas anónimas, y es corno si ?III hubiera quedado escrita su propia opinión: "¿Qué ganarla con ser un chocador apasionado, un "gourmet" del patadón, un experto buscador de chichones?" "Mira, a mí me conocen enseguida por el pelo, y antes de empezar el partido ya saben a quién tienen que darle. Aquí está la prueba, vamos a ver si alguna vez dejé de poner la gamba cuando fue necesario ponerla... Lo que pasa —y no soy ningún exquisito— es que yo tengo una idea muy particular del sacrificio: cuando la pelota está definitivamente pérdida no trabo, cuando la cortan larga y ya está afuera no la corro. Pero cuando todavía hay una mínima posibilidad de conseguirla, de alcanzarla, trabo, pico, me mato, juego al mismo tiempo con el cuerpo y con el alma. Por fin, no te vayas a creer que el área me quema. ¿O desde dónde hago los goles aun siendo volante?"

HABILIDAD, INTELIGENCIA. ¿QUE MAS?

Ni es uno de esos jugadores que la mue ven poco aunque hablen muy bien —industriales de la excusa—, ni está enrolado en la hilera de los habilidosos sin inteligencia que tanto dependen de la buena suerte —croupiers del talento—"La Pepona" tiene una habilidad que no osaría discutir su detractor más fanático y una claridad mental (en la cancha, en el restaurante, en el Fiat 600) digna de cualquier doctor. Por esas dos razones, tan sólo a los 23 años ya se puede enorgullecer de su veteranía en Belgrano, adonde llegó en 1968. A fines de esa temporada EL GRAFICO lo consagró como el "Mejor jugador del interior del país" y desde entonces acompañó en el club a varias generaciones de futbolistas. Llegó a construir magistrales paredes con Palito Mameli ("Era fácil, sólo había que tirársela; él iba a buscarla y la metía"), empuñó después la batuta en el virtuoso Belgrano de Hereda, Cos y Quiroga ("¡Que habilidad, qué rapidez tenían ésos! Heredia y Quiroga fueron los mejores wines que le conocí a Belgrano; el Cuchi Cos la dejaba hecha hilachas...") y vuelve a sobresalir ahora, cuando el cuadro busca afirmar su sólida estructura, sobre las espaldas de su gente nueva ("Antes, todo el problema consistía en meter un pelotazo o una cortada para que aquellos tres —arriba— se las arreglaran..., ¡y cómo se las arreglaban! Ahora la tocamos un poyo más para irnos armando y jugamos a menor velocidad... ¿Sabes una cosa? Cuando se fue el Cuchi Cos a España mucha gente creyó que ya no ganaríamos más un partido, Y Cos... Y Cos... ¡Y dale con Cos! Hasta que un día dije que si lo extrañaban tanto me iba a pintar yo de negro y chau. Desde entonces hicimos de cuenta que el «grone› nunca había jugado en Belgrano...")

La música, los amigos, el cálido departamento cordobés. Inconfundible por su cabello y su personalidad.

La música, los amigos, el cálido departamento cordobés. Inconfundible por su cabello y su personalidad.

Melena, Bigotes Anteojos raros "La Pepona" es John Lennon calor canario, insai izquierdo cordobés.

Quinto piso "B": tocadiscos, muebles escasos, los rincones sembrados de libros, las paredes aplastadas por los autos de carrera, cuatro amigos del alma, una pelota en el placard, la voz de Joan Báez —como un chorro de metal tibio y transparente cantando "Bendito seas". El departamento es uno de esos cálidos y honorables reductos estudiantiles sin los cuales Córdoba no sería Córdoba y don de José Omar Reinaidi entre sus cuatro compinches universitarios (Jorge Monti, Mario Pieroni, Alberto Tourn, Horacio Mues; arquitectura y medicina) parece un universitario más, "La Pepona" es un sagaz conversador y curioso, interesado en todos los temas, alegre, incisivo, profundo. Todo un chasco para quien espere encontrar dentro de su pulover a un tipo que sólo tiene clase para usar las piernas, que vive ensillado a su profesión de futbolista, que limita su mundo con los cuatro banderines de comer

—Porque es aquí en casa donde realmente puedo ser como soy...

— ¿Y cómo sos?

—Un traidor a mi signo de Géminis: nada complicado, che. Al menos desde que empecé a madurar y a tomar más seguridad en mí mismo. Quizá no haya aprendido todavía a demostrar mi afecto hacia la gente o las cosas, pero eso significa que todavía puedo manejar las emociones. Me viene bien dentro de la cancha: allí no me pongo nervioso, no descargo. Después del partido —claro—, dos o tres horas más tarde, ando chato como moneda de un peso, pero ya entonces no tiene importancia. Fijate vos, yo pienso que todo sería distinto si pudiera pasar desapercibido...

Qué iluso, Con semejante patota de espigas en la cabeza, Reinaldi es visible a doscientos metros. Va por la calle y los camioneros pierden el apuro, tos funcionarios su formalidad, los postigos el misterio y las maestras el almidón. Nadie lo deja pasar de largo, todos coinciden.

—Chau, "Pepona"... ¡A ver si el domingo ganamos! ¿Cuántos goles vas a hacer?

TRANSFERENCIAS, ¿SI O NO?

Villa María —su ciudad— lo despidió hace cinco años. El fútbol y la arquitectura se le hamacaban en el corazón cuando llego a la capital, pero si bien cursó algunas materias ganó finalmente el placer de inflar las redes a pelotazos.

Chau a los libros, "La Pepona" se atornilló a Belgrano —previo paso fugaz por el club Lavalle— y desde entonces no pasó campeonato sin que se anunciara su transferencia a algún club de Buenos Aires o del exterior…

—Sin embargo aquí me tenés. A veces creo que voy a terminar mi carrera en Belgrano y la idea no me molesta, A fines de este año termina mi contrato con el club —donde una cláusula establece que deben transferirme antes de 1973 o caso contrario quedo en libertad—, pero recién entonces podré decidir mi futuro, No... el tema quizá no merezca una frase tan importante: yo nunca tuve suerte con las transferencias...

Todavía jugaba en Unión Central de Villa María cuando se colgó de una valija y viajó a Buenos Aires para probarse en Ferro Carril Oeste. "Hay que comprarlo", sugirió don José Scalise, el examinador. Pero los directivos de Ferro prefirieron comprar un pasaje de vuelta antes que desembolsar varios miles de pesos por un jugador de divisiones inferiores.

Unos meses más tarde su paisano, el zurdo Miguel Ángel López, lo llama para llevarlo a River Plate sin saber que apenas un día antes habla firmado para Lavalle, de Córdoba, club que decidió pagar los 100.000 nacionales que costaba la opción.

Ya juega en Belgrano y está todo listo para que pase a Peñarol de Montevideo. A último momento la institución oriental lo rechaza "porque todavía debe hacer el servicio militar", sin sospechar que al poco tiempo "La Pepona" se exceptuada del mismo por número bajo.

En Belgrano jugó 84 partidos y convitiró 34 goles.

En Belgrano jugó 84 partidos y convitiró 34 goles.

Otro equipo uruguayo lo pone bajo la lupa y aprueba. Se cuenta que le dijeron al intermediario "vaya a ver al 9 de Belgrano y si le gusta, tráigalo". El hombre fue, vio, le gustó y lo llevó. Claro, sin saber que justamente esa vez Reinaldi y Mameli hablan intercambiado el número de sus camisetas. "La Pepona" quedó anclada en Córdoba. "Palito" se hizo famoso metiendo goles en Nacional.

Los Piratas —elocuente apodo que recibe la hinchada de Belgrano— se la pasan rezando en voz alta para que la curiosa y sombría racha de Reinaldi siga existiendo. En ese caso no se lo discute, nadie lo crítica y cuidadito con que alguno se anime a descuartizarle el estilo. Entonces todo el mundo prefiere que se lleven de Córdoba las sierras, pero que dejen al rubio, porque ya se sabe que primero viene Dios y ahí no más —pegadito— "La Pepona".

Y eso que jamás jugué para la tribuna, porque jugar para la tribuna es fracasar, es carecer de personalidad, es aceptar las instrucciones de mil voces ajenas que piden dos mil cosas distintas… ¡Qué sé yo! Me querrán, no más.

Amén, "La Pepona" tiene —por ahora— con qué devolver el cariño: la parva de pelos amarillos, los veinticuatro tapones que peinan el césped, la clase, el alma prolijamente envuelta en la camiseta celeste de Belgrano…

 

 

CARLOS MARCELO THIERY

Fotos: BEGUAN

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