Las Entrevistas de El Gráfico

1997. Este pibe la deja chiquitita

Por Redacción EG · 20 de enero de 2019

Con apenas un puñado de partidos en primera, Juan Román Riquelme recibe a El Gráfico y presenta a toda su familia, además habla de su ídolo y su vínculo con la Selección Nacional.

De aquel flaquito espigado que la rompía con la camiseta de Argentinos Juniors a este flaco espigado que la rompe con la camiseta de Boca Juniors, hay muy pocas horas de vuelo.

Superclásico, Román todavía usaba la número 8, quien lo marca es Santiago Solari.Superclásico, Román todavía usaba la número 8, quien lo marca es Santiago Solari.



Fue figura contra River, demostró tranquilidad, presencia y jerarquía, pero no se agranda. Para Juan Román Riquelme, todavía hay un largo camino por recorrer...

Bastante atrás quedó la rutina de levantarse a las seis y media de la mañana en el barrio San Jorge, caminar casi dos kilómetros hasta la estación de Don Torcuato, una hora y cuarto de tren hasta Puente Saavedra y de allí hasta Boyacá y Agustín García a bordo del colectivo 133 para llegar a la vieja cancha de Argentinos. Una travesía: dos horas de ida y dos de vuelta. Pero el objetivo no lo hizo retroceder. Todo lo contrario.

—No pensaba que me iba a suceder todo tan rápido. Parece que fue ayer cuando mi viejo me bancó en esto del fútbol. También cuando Soler y Cadars se la jugaron por mí para darme una oportunidad en la reserva de Argentinos. Y mucho más cuando Bilardo confió y me hizo debutar en la primera de Boca. Le voy a estar eternamente agradecido, conmigo siempre se portó un fenómeno...

También quiere recordar el día de la decisión final acerca de su futuro.

—Fui a la escuela hasta séptimo grado. Cuando terminé, mi papá me preguntó qué quería hacer y no dudé: jugar al fútbol. Llegaba, tiraba los cuadernos y salía volando para el potrero que está atrás. Allí aprendí muchas cosas, principalmente a respetar tanto al contrario como al compañero. ¿Sabés lo que eran los rivales? No te podías hacer el loco porque si no cobrabas...

La escenografía de su hogar no ha cambiado demasiado. La parrilla nueva en el frente, el living comedor con las clásicas fotos posando en La Bombonera junto a Cáceres, a Emanuel Ruiz —con él y con Lucas Gatti llegaron de Argentinos— y una muy particular: junto a Enzo Francescoli.

Siempre la pelota pegada al pie. Riquelme demuestra su clase frente a Banfield.Siempre la pelota pegada al pie. Riquelme demuestra su clase frente a Banfield.



—Este fue mi primer clásico oficial y, aunque el triunfo se nos escapó al final, siempre lo llevaré en la memoria. Enfrentar a Francescoli fue otra experiencia importante. A él lo había saludado una vez en 1991, cuando lo encontramos con los pibes de Argentinos en el aeropuerto de Roma. Me saqué una foto y nos firmó autógrafos a todos. Un grande de verdad, con muchos goles bárbaros, como el de chilena a Polonia...

Se entusiasma como un chico y es lógico: es un chico y está en todo su derecho. Todavía no entiende cómo la hinchada corea su nombre y lo fácil que le resulta desenvolverse en la cancha con los grandes. Para muestra, alcanza la clase de fútbol que dio en el césped glorioso del Monumental...

—Para mí era más difícil en las inferiores. No disponía de tanto tiempo para pensar cada jugada, me presionaban enseguida. Ahora tengo un segundo más para levantar la cabeza. Además, era cinco, cinco... Con Pekerman jugué en todas las posiciones del medio. Él siempre me ayuda mucho, me aconseja y me dice que no me apure. Adentro de la cancha siempre somos once contra once. Por eso no veo a la gente de la tribuna, no siento una presión extra...

 — ¿Quiénes son tus referentes dentro de este plantel de Boca?

—Me llevo bien con todos, pero paso más tiempo con Giunta, Dollberg y Traverso. Blas es un fenómeno. Antes me daba vergüenza mirarlo a los ojos, ahora es un gran amigo. Siempre me dice que tengo que quedarme a practicar tiros libres con la barrera metálica y que, si quiero, él se pone de arquero...

— ¿Y tu ídolo?

—Maradona, por todo lo que le dio a nuestro país. Me entrené dos veces con él y no se puede entender, juega con los cordones desatados y nunca se tropieza, i ¿cómo hace?! Bueno, por algo es Maradona, ¿no? El jugador que más me sorprende es La Brujita Verón, un maestro con un estilo tremendo. Tiene fuerza, pegada, todo. Algún día me gustaría jugar con él...

En Boca disputó 288 partidos, convirtió 92 goles y dio 153 asistencias.En Boca disputó 288 partidos, convirtió 92 goles y dio 153 asistencias.



—De afuera, ¿cuál es el fútbol que más te llama la atención?

—El fútbol español. Es el más parecido al argentino.

—Si seguís en este nivel, es posible que muy pronto lleguen ofertas de Europa.

—Eso no lo puedo ni pensar. Ahora tengo que matarme por Boca y entrenarme duro para ser parte del plantel en el Mundial Sub-20 de Malasia.

— ¿Cómo es tu relación con Pekerman?

—Buenísima. Siempre nos llama a todos para ver cómo estamos y para preguntarnos de todo. Con él jugué en todos los puestos del medio. Esa experiencia me va a servir para el día de mañana, porque nunca se sabe lo que te puede llegar a pedir un técnico.

De inmediato, empiezan a aparecer sus ocho hermanitos. Salen de todos lados y son igualitos a Juan Román, el más grande. Vienen muy bien peinados por mamá María Ana para la foto.

— ¿Querés que te los presente?

—Dale.

—Vamos de mayor a menor: Mercedes Mariana (16); Cristian Damián (13), jugador de Platense que ganó la Nike Premier Cup y viaja a Chile para representarnos; Elizabeth Beatriz (8); Joanna (7); Diego Luis (5); Gastón Alejandro (3); Karen Giselle (2) y Ricardo Sebastián (de sólo cinco meses).

—iSabés los nombres de todos!

—A veces se me complica. Hoy los saqué porque los paré a todos en orden... La verdad es que admiro a mis padres, ¡criar tantos chicos en estos días! Pero les agradezco todo lo que han hecho por mí. Sin ellos, nada de esto hubiera sido posible. ¿Sabés qué lindo es que tu viejo te acompañe a la cancha y te vea jugar? Esas son cosas impagables...

Ernesto Luis Roquelme y María Ana con sus nueve hijos. El mayor, Juan Román, tiene 18 años y ya es mimado por el Pueblo de Boca.Ernesto Luis Roquelme y María Ana con sus nueve hijos. El mayor, Juan Román, tiene 18 años y ya es mimado por el Pueblo de Boca.



Muy cerca de él, como toda la vida, su papá Ernesto Luis (37) se conmueve de emoción. Esa que también lo invadió este domingo en el Monumental, cuando el pibe se empezó a recibir de crack. —Creo que hice un buen partido, aunque me queda el sabor amargo del empate sobre el final. Le faltó poco para fuera la tarde soñada, pero ya aprendí que así es el fútbol. Juan Román Riquelme, un pibe que va para grande...  

 

 

MATIAS ALDAO

Fotos: FABIAN MAURI
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