¡Habla memoria!

Ramón Cabrero: Romance de barrio

Por Redacción EG · 21 de enero de 2013

En Lanús creció, aprendió a jugar, debutó en la Primera, construyó amistades, puso un negocio, se inició como entrenador y escaló su Everest personal, al consagrarlo campeón por primera vez en la historia. Hoy, alejado del ruido grande, le aporta el conocimiento de sus 65 años, caminando el club todos los días.

 Nota publicada en la edición de enero de 2013 de El Gráfico

EN UNA DE LAS CANCHAS de un club que no para de crecer. Mira las Inferiores y también la Primera.

EN UNA DE LAS CANCHAS de un club que no para de crecer. Mira las Inferiores y también la Primera.

En la jungla del fútbol actual, todo vale para conquistar un lugar entre la elite de entrenadores. Son muchos los técnicos de inferiores que en vez de privilegiar la formación de los chicos, sólo piensan en salir campeones para que su nombre gane terreno en la consideración de los directivos. También son conocidos los casos de profesionales del banquillo que en vez del pizarrón magnético y los DVD del rival, en el bolso de mano llevan la motosierra. Ya sabemos cómo actúan: hacen lobby con dirigentes, con periodistas, se exhiben sin complejos en los medios.

Ramón Armando Cabrero viene a contradecir esa lógica de la modernidad. Quizás porque es “un poquito chapado a la antigua”, como se reconoce, o porque a los 65 años tiene otras prioridades. Haber llevado a Lanús en 2007 a conquistar el único campeonato local de su historia debería haberle abierto mil posibilidades de trabajo en otros clubes; sin embargo, salvo una breve estadía en Nacional de Medellín, Cabrero siguió caminando las canchas auxiliares de su querido Grana, como lo venía haciendo antes de su epopeya, refugiado en su papel de manager, escapándole al rol protagónico que tranquilamente podría ocupar. Silbando bajito, mirando chicos, dejando conceptos en los asados con el cuerpo técnico de la Primera, alejado de las luces de neón...

-¿Le gusta más esta función de perfil bajo que dirigir la Primera?
-Mirá, yo digo que a mí me pasó lo más lindo que le puede pasar a un ser humano en la vida. Dios me dio la oportunidad de ser campeón en el club de barrio de toda mi vida, con toda la gente que te quiere; si hubiera salido campeón con River o el Real Madrid, no habría sido lo mismo. Lo veo ahora, después de 5 años, me gritan “ídolo” o “Ramón, te queremos mucho”, y viene de gente grande y de chicos también. Ese reconocimiento, a esta altura, viste, es más importante que otras cosas. La cuestión es que ahora empecé a priorizar otras cuestiones: mi familia, mi tranquilidad, 65 años no son muchos, pero tampoco son pocos. Y, además, con la gran ventaja de que estoy trabajando. Es distinto si te levantaras a las 7 de la mañana, llevás a tus hijos o nietos al colegio y después no hacés nada todo el día. No, yo vengo al club, me siento reconocido, trabajo, eso me tiene contenido. Siempre dije que si tengo una oportunidad muy muy importante que a mí me guste en todo sentido, cuento con la ventaja de que el club me deja ir, como en su momento salió lo de Nacional de Medellín.

-¿Tuvo propuestas en estos años?
-Sí, sí, estuve a punto de ir a Estudiantes antes de Sabella, en Racing sé que fui candidato, en Newell’s ya estaba todo arreglado, pero, al final, convencieron a Sensini. En Lanús me dicen: “Ramón, andá, que acá tenés un trabajo toda tu vida”. Eso vale mucho para mí.

-¿Y qué hace en el día tras día?
-Soy el manager del club, vengo a las 8 de la mañana, superviso las inferiores, converso con los técnicos de los chicos, sigo a los que tienen condiciones. Y de repente si Guillermo, Gustavo o Ariel Pereyra me piden la opinión por algún jugador, se las doy, por suerte tenemos muy buen diálogo y ellos están empapados en el proceso nuestro.

-¿Ve las prácticas de la Primera?
-No, porque estamos en otro lado, pero una vez por semana compartimos un asado, charlamos con el cuerpo técnico. Por ahí me piden una opinión del partido anterior, o de un determinado jugador. Me sorprende lo abiertos que son, lo mejor que le pudo haber pasado a Lanús es que vinieran estos chicos. Era necesario el cambio. Después de haber preparado en inferiores a entrenadores como Zubeldía y Schurrer, ahora no había en casa otro en condiciones de asumir ese reto.

-¿Usted propuso traer a los Mellizos?
-No, pero Nicola (por Nicolás Russo) me preguntó y le dije que me parecía bien, que había que traer a alguien identificado con el proyecto del club: que ponga a los jóvenes, que pregone un buen fútbol... También era importante tener espaldas, y no muchos tienen la espalda de Guillermo. Como jugador, completó una trayectoria brillante, con técnicos brillantes. No a cualquiera lo dirigen Bianchi y Griguol. O no cualquiera juega en un club como Boca y es uno de los máximos ídolos. Eso es experiencia, chapa, no es lo mismo que se pare Guillermo delante de un plantel a que se pare un muchacho que recién comienza.

-Uno tiene la imagen de ellos como provocadores y parece que nada que ver...
-A la gente hay que conocerla, yo también los veía protestar y pelear en la cancha, pero son todo lo contrario, gente muy tranquila. Y para esta profesión es fundamental tomar tranquilo las decisiones. Creo que cayeron en un club justo, un club tranquilo, me parece que vamos a tener técnico por un tiempo largo.

-Boca andaba con ganas de sacárselo...
-Y... desgraciadamente esto es así, pero viendo cómo son ellos, de repente van a esperar su momento para crecer, que es lógico también. No creo que se apresuren.

VESTIDO DE GALA, con su mujer.

VESTIDO DE GALA, con su mujer.

 

Ramonín, como lo conocen por estos pagos, se engancha en la charla futbolera. Se advierte rápidamente su pasión y el compromiso con los conceptos que entrega. No responde por cumplir, lo hace para transmitir sus convicciones.

-¿Qué es lo mejor y lo peor de ser técnico de Primera?
-Yo soy un tipo muy tranquilo y tengo las cosas claras. Siempre dije que me puedo equivocar técnicamente como cualquiera, pero es más difícil que me equivoque a nivel de disciplina, de respeto, como persona. Y eso en el fútbol es fundamental: a los jugadores hay que irles con la verdad. Cuando agarro un plantel, me siento con ellos en la mitad de la cancha y les digo: “Miren, muchachos, estas son las reglas de juego”. Y arranco: el que no quiere ir al banco, conmigo no va a jugar; el que no quiere jugar en Reserva, conmigo no va a jugar. Si alguno no está de acuerdo, lo tiene que plantear ahí, lo mando a hablar con el presidente y que arreglen su salida. Esas son dos reglas fundamentales para mí. Me pasó con Archubi y tomé esa decisión. Hay momentos en los que los jugadores te están juzgando, y ahí el técnico debe ponerse firme. “La verdad, no sé si usted sabía mucho o no, pero era un tipo bárbaro, justo”, es lo mejor que pueden decir de uno un ex jugador. Después, futbolísticamente todos sabemos, cada uno tiene su gusto. Lo importante es ser claro con 4 o 5 conceptos básicos que existen desde hace 50 años y hoy siguen vigentes.

-Por ejemplo.
-La técnica, el equilibrio, hacer un equipo vertical, tener cambio de ritmo en la mitad de la cancha. Cuando uno consigue eso, seguro tiene un buen equipo. Soy un técnico un poquito chapado a la antigua, no creo que haya que hacer tantos ejercicios, porque el tema pasa por saber elegir jugadores y encontrarles el puesto. A mí eso me marcó mucho más que trabajar 4 horas por día.

-¿Quiénes lo marcaron?
-El mejor técnico que tuve fue el Gitano Juárez, en Newell’s. El Flaco Menotti recién empezaba y era su ayudante. El Gitano era salteño, se ponía a mascar hojas de coca, miraba las prácticas y te decía cosas. A mí me marcó con un par de conceptos. Yo jugaba de ocho. “Galleguito, cuando el 7 hace la diagonal, tenés que aparecer por afuera”, me decía. En España tuve al Toto Lorenzo y aprendí cosas muy distintas, por ejemplo lo bien que te describía el juego de los contrarios. Si vos me preguntás cómo me doy cuenta si un técnico es bueno o malo, te contesto: por cómo elige los jugadores.

-Uno lo ve a Luis Zubeldía tirándose al piso para ver cómo patean los jugadores, o diciendo que llega tres horas antes a las prácticas y parece exagerado.
-Yo trabajé tres años con Luis, y es real que llega unas horas antes, porque se encuentra con el profe, prepara la cancha, pero no hay para trabajar tres horas en un entrenamiento todos los días. Todo eso está bien, pero no serviría de nada si Luis no supiera elegir. Si vos me decís, ¿qué es lo más importante que hizo en Racing? Sin ninguna duda, poner a Vietto y Centurión, y con ellos hacer un equipo de transición rápida. Eso es lo más importante. ¿Te cuento algo que me pasó con el Flaco en Colombia?

-¿Con qué Flaco?
-Con Giovanni Moreno. Lo tuve en Atlético Nacional. Cuando llegué, jugaba de enganche. Le dije: “De enganche, usted patea 2 veces por partido y mete 3 goles. Usted es el mejor de todos, me tiene que ganar los partidos, juégueme de 9”. Porque para mí, mis jugadores son los mejores del mundo. Los tenés que tener ahí arriba. Igual, en este caso, el Flaco era el mejor del equipo, sin dudas. Giovanni me contestó que de 9 no le gustaba. “Mire, Flaco, a usted lo cagan a patadas, es el mejor de todos, sus compañeros no lo van a defender, yo menos, el único que lo va a proteger es el área, cerca del área no le van a pegar porque es penal o tiro libre”. Empezó a jugar ahí, cerca del área, metió como 17 goles y lo compró Racing. Cuando me fui de Nacional, me dijo: “Profesor, me quedó mucho cuando me dijo que me iba a proteger el área”. Ese tipo de cosas son las que quedan.

-¿Cómo era Menotti cuando recién empezaba, se notaba su potencial o era tímido?
-Hablaba, encima a los 4 meses, el Gitano tuvo un infarto y agarró como técnico, fue su primera experiencia. Menotti es el mejor, no tengo dudas. Por el convencimiento y lo claro que es con el jugador. Menotti cambió el fútbol argentino, fue el tipo que en la década del 70, cuando acá queríamos imitar a los europeos, se plantó y dijo: “El fútbol argentino es este”. Y a otra cosa. Lamentablemente acá se dejó de lado la experiencia. Vos vas a Inglaterra y España y hay técnicos veteranos que siguen dirigiendo, se rodean de gente joven para los trabajos de campo, sí, pero acá la experiencia se dejó de lado. Eso es malo. Yo estoy de acuerdo con tener técnicos jóvenes, pero acá se pasó de la raya para el otro lado. Basile fue a Racing y hubo periodistas que muy sueltos de cuerpo dijeron: “Está viejo Basile”. Entonces, qué, ¿Ferguson no puede dirigir más? ¿Del Bosque tampoco?

-Tampoco podría dirigir su ex compañero Luis Aragonés, que sacó campeón a España en la Euro 08...
-Claro, claro, yo estuve cinco años como jugador del Atlétido de Madrid y casi no jugué porque me tocó ser suplente de Luis. Yo tenía 22 años, venía de ser titular en Newell’s y en el Atlético me encontré con esa situación particular, porque el Atlético era Premium en esa época, pero me dejó una enseñanza para toda la vida y que trato de transmitírsela a los chicos. Yo jugué muy poco ahí porque el otro era mejor que yo, pero así y todo nunca regalé nada, me entrené como el mejor, me cuidé como el mejor, y lo tuve que aceptar. Es una edad muy difícil la del jugador de fútbol cuando es joven y muchas veces toma la decisión equivocada de irse. La mayoría dice: “No jugué porque el técnico no me ponía”; nunca dicen: “No jugué porque el otro era mejor” o “porque fui un boludo y no me entrené como correspondía”.

-Ramón, para cerrar, ¿cómo explica este presente espectacular de Lanús? Todos los días se inaugura algo nuevo....
-En Lanús los dirigentes son muy honestos, caminás por acá y ves al presidente, al tesorero, es todo muy transparente, sin dudas creció gracias a sus dirigentes y porque tuvo la suerte de vender jugadores a buena plata. Hay una apuesta en ese sentido. A las inferiores, a la pensión, ahí está la visión, porque el trabajo de inferiores es a ciegas, a veces hacés toda la apuesta y no te salen jugadores. Acá hacemos aquello bien y esto mejor y nos permite estar como estamos, por suerte.

Sí, por suerte el fútbol argentino sigue nutriéndose de viejos sabios como Ramón Armando Cabrero que van contra la corriente. A un costadito, silbando bajito, pero está.


LINDO retrato de juventud, cuando recién arrancaba a jugar en Lanús, donde debutó en 1965.

LINDO retrato de juventud, cuando recién arrancaba a jugar en Lanús, donde debutó en 1965.

 

PASO A PASO
- Nació en Santander, España, el 7 de noviembre de 1947. Tiene 65 años.
- Vino a los 4 años a la Argentina con su familia, buscando trabajo, tras la Segunda Guerra Mundial.
- Trabajó desde los 9 años en una fábrica metalúrgica; su madre limpiaba casas, y su padre era albañil.
- Debutó con 17 años en Lanús en 1965 y luego pasó a Newell’s Old Boys, donde tuvo a Menotti como DT debutante.
- Mediocampista central o por derecha, de buena técnica, le decían Calesita.
- A los 22 años lo compró el Atlético de Madrid y construyó una gran amistad con quien sería compadre, el Panadero Díaz.
- Al volver a España debió hacer el servicio militar, en tiempos de Franco.
- Cerró su campaña en la Argentina jugando en San Martín e Independiente Rivadavia, ambos de Mendoza.
- Arrancó como entrenador en Lanús y enseguida logró su primera gran proeza: ascender a Deportivo Italiano a la A por primera vez en su historia, tras superar en la final por penales a Huracán, que descendió también por primera vez en su historia (1986).
- En 1991 la barra de Colón lo apretó a punta de pistola y decidió alejarse del fútbol: se puso un negocio de ropa en el centro de Lanús.
- Se reincorporó en las inferiores de Racing, luego pasó a ocupar el mismo cargo en Lanús (2004) y en dupla con Luis Zubeldía asumieron como interinos del equipo de Primera tras la salida de Gorosito.
- En 2007 sacó a Lanús campeón por primera vez en su historia, luego dirigió a Nacional de Medellín y hoy está de regreso en Lanús con manager.

Por Diego Borinsky. Fotos: Hernán Pepe y Archivo El Gráfico

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