¡Habla memoria!

Protección regia

Por Redacción EG · 13 de marzo de 2020

Un recuerdo de los primeros tiempos del boxeo, la creación de las “Reglas del marqués de Queensberry “, base del boxeo moderno, y los mayores protectores que tuvo la actividad en la historia.

Hace alrededor de cincuenta años (sumele 80 más ahora) , en Melbourne — dice Bill Doherty, —tuve el placer de estrechar la mano de John Sholto Douglas, octavo marqués de Queensberry, fundador de las famosas reglas del boxeo que hoy llevan su nombre. El marqués de Queensberry, de jerarquía aproximada a la de duque, era un entusiasta protector del ring, y se daba libremente y sin prejuicios con todos aquellos hombres cuyo único título era el de haber dejado establecida su habilidad con los guantes o los puños. En Melbourne, en la época a que me refiero, no sólo se había hecho amigo de los principales boxeadores, sino que actuó también como referee en una pelea entre Jack Burke y Frank Slavin, el campeón australiano. A menudo, después de mi encuentro con el famoso aristócrata, inglés, he reflexionado sobre la protección que la gente de nota dispensó al box en aquellos días y la marcada ausencia de tal protección en épocas recientes.

Richard Humphries (izquierda) y Daniel Mendoza (derecha) en la legendaria pelea de boxeo del 29 de septiembre de 1790.

Richard Humphries (izquierda) y Daniel Mendoza (derecha) en la legendaria pelea de boxeo del 29 de septiembre de 1790.

 En los días dorados del pugilismo, durante el período que comenzó cien años antes de mi encuentro con el marqués de Queensberry, nombres mucha más distinguidos que los que pudieron conocer Sullivan, Jackson, y sus camaradas del ring, prestaron su apoyo al boxeo. Tan es así, que una lista de los protectores o alumnos de los grandes maestros, contendría los nombres más representativos de casi todas las antiguas familias de Inglaterra, Escocia e Irlanda. También los grandes escritores de la época se interesaron por los campeones, y aquellos magníficos novelistas de la época victoriana que fueron Dickens y Tackerhy, escribieron más tarde sobre las peleas y las boxeadores; Tackeray en verso y Dickens con su pluma de periodista.

He leído y estudiado todo lo que se refiere al noble deporte, y he conversado también a menudo con gente mucho más versada que yo en su historia; y estoy firmemente convencido de que Jorge, príncipe de Gales, regente y rey, fue el protector más grande que haya tenido el boxeo. Su favor permitió, primero a Mendoza, después a Jackson, Beloher, Pearse, Gully, Cribb y Spring escalar las alturas de la fama y la fortuna. Fue en ocasión de la pelea de Mendoza con Martín "el Carnicero", en 1787, cuando por primera vez demostró el príncipe de Gales su activo interés por el box, con entusiasmo extraordinario. Respaldó a Mendoza con su opinión, su dinero, el prestigio de su presencia en el ringside, y sus generosos presentes, tanto antes como después de la pelea, que ganó fácilmente el judío gracias a su habilidad y ciencia. Era sólo su cariño genuino por el noble deporte lo que impulsó a Jorge a proteger al joven hebreo como lo hizo, ya que entre Daniel Mendoza y Jorge Augusto Federico no podía haber nada de común.

Jorge IV, rey de Inglaterra, fue un entusiasta deportista y protector del boxeo. Los púgiles de su época disfrutaron de su amistad y obtuvieron privilegios.

Jorge IV, rey de Inglaterra, fue un entusiasta deportista y protector del boxeo. Los púgiles de su época disfrutaron de su amistad y obtuvieron privilegios.

 

Y el campeón que siguió a Mendoza, "gentleman" Jack Jackson, que era en todo la estampa antagónica del hebreo, salvo en su habilidad para pelear, disfrutó también durante toda su carrera en el ring, y como maestro, del favor de Jorge, no sólo como príncipe, sino también como regente y como rey. Durante la coronación del rey Jorge IV, en 1820, Jackson fue comisionado por el rey para formar una guardia de pugilistas y asistir con ella a la ceremonia; comisión que Jackson cumplió con su acostumbrada eficiencia y prontitud. Vestidos de seda y raso como pajes, los miembros de esta guardia de honor deben haber constituido uno de los más llamativos espectáculos del día de la coronación, y ciertamente, no ha habido nunca otra concentración parecida en ninguna de las cinco ceremonias de coronación que se han producido desde entonces.

Cuando Jackson se retiró y el campeonato recayó en Jem Belcher, luego en Hen Pearce, después en John Gully finalmente en Tom Cribb, no disminuyó la protección real. Cuando Cribb peleó con Molineaux, en 1810, algunas desgracias ocurridas en la familia real impidieron la presencia del príncipe en la pelea, pero envió un mensajero especial al ringside con orden estricta de tomar nota de todo cuanto de importancia sucediera en el transcurso de la misma y de hacerle saber el resultado en cuanto terminara. Tom Spring, que fue el siguiente campeón, gozó también del favor real, y ya en la cima de su carrera peleó ente el regente en Deptford. Siguiendo el ejemplo del regente y, más tarde, el rey, los miembros más caracterizados de la aristocracia favorecieron también a Tom Spring con su apoyo y sus atenciones; cuando tuvo lugar una de las más grandes peleas de Tom, aquella con Bill Neat, en 1823, se corrió el rumor de, que el match sería sus-pendido por las autoridades locales el día en que se llevara a cabo, en un campo cercano a la población de Andover. "Gentleman" Jack Jackson, en conocimiento de la amenaza, se apresuró a reunir una diputación que se presentó ante el alcalde con  gran éxito, ya que obtuvo la seguridad de que no se pondría ningún obstáculo a la pelea si las cosas se producían normalmente. No es muy sorpresivo que el buen alcalde "entrara en razón" si se tiene en cuenta que la diputación estaba constituida por Jack Jackson, el duque de Beauford, el marqués de Wercester, lord Portsmouth, el duque de Marlborough, lord Sefton, lord Yarmouth y lord Grantley.

El Duque de Windsor, descendiente de Jorge IV, también es gran sportsman. La foto fue sacada mientras presenciaba en Buenos Aires el match Suárez-Loayza.

El Duque de Windsor, descendiente de Jorge IV, también es gran sportsman. La foto fue sacada mientras presenciaba en Buenos Aires el match Suárez-Loayza.

En esa pelea Tom Spring, invencible como nunca, batió al agresivo Bill Neat y se afirmó en su posición de campeón de Inglaterra.

Spring se retiró en 1825, y está generalmente reconocido que ese año marcó el comienzo de 'la declinación del noble deporte desde la alta cima que había alcanzado en tiempos de Mendoza, Jackson, Belcher, Pearce, Gully y Cribb. Jorge IV murió en 1830, cinco años después del retiro de Spring.

De ese año en adelante, el pugilismo fue decayendo más y más, hasta que renació, aunque sólo temporalmente, de 1850 a los primeros años del 60, en las figuras de Tom Sayers y John C. Heenan. Con esa sola interrupción, el boxeo siguió en desgracia hasta que volvió a ocupar su puesto de honor gracias al potente brazo de John L. Sullivan, ayudado y sostenido por el apoyo del octavo marqués de Queensberry y sus famosas reglas.

 

El Gráfico (1940)

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