¡Habla memoria!

1960. Sergio Livingstone: ¡Adiós al fútbol!

Por Redacción EG · 18 de febrero de 2020

A pocos días del centenario de su natalicio, queremos homenajear a un caballero del arco, un señor que le puso cuello y corbata al fútbol de Chile tanto por su señorío como por su conducta.

ORIGEN

EN LOS PATIOS DEL COLEGIO.

Sergio Livingstone surgió futbolista en el Colegio San Ignacio. Allí, en los vetustos corredores o en las esquinas de los patios, un muchachito rubio alternaba con los grandes de Humanidades y buscaba el puesto de mayor peligro: el arco, muchas veces imaginario, para hacer piruetas que antes nadie había visto. De allí surgió el sobrenombre familiar para sus saltos inverosímiles, encogiendo y estirando las piernas y quedar saltando, colgado de la pelota: Sapito. Pero el Sapito, además de maravillar con su agilidad y su audacia, atajaba todo. De allí, del arco del San Ignacio, fue a Unión Española, llevado por Luis Tirado, que lo había observado en una competencia interescolar. A los 15 años ya estaba en las divisiones infantiles de los rojos, y a los 18, en la Universidad De allí, adelante, queda poco nuevo que contar: Ya Sergio Livingstone pertenece al público que lo distinguió en la rivalidad caballerosa con otro gran arquero: Eduardo Simián, "El Pulpo".

 

Sergio Livingstone (1920.2012)

Sergio Livingstone (1920.2012)

 

HIJO DE TIGRE...

 Sergio Roberto Livingstone Polhammer nació en Santiago, el 26 de marzo de 1920. Su padre, don Juan H. Livingstone, hizo su vida en el deporte: árbitro de fútbol, periodista deportivo, promotor de grandes espectáculos, en especial de boxeo, en su época de oro, no fueron escasos los ejemplos de amor al deporte en que se empaparon los retoños de don Juan.

(De "Vea")

EN EL SALON

—Para el ambiente en que me desenvolví creo que alcancé mucho más de lo que buenamente podía pretender... —reconoce "El Sapo".

Así ha sido, indudablemente. En 1951 Pepe Nava escribía en estas mismas páginas: "El nombre de Livingstone aparece en los ambientes más extraordinarios. En el té-canasta de señoras aristocráticas y aburridas; en el receso de la Corte de Apelaciones, cuando los ministros levantan la vista de los códigos empolvados; en el intermedio de un estreno del Teatro Municipal. Allí donde el deporte no ha conseguido nunca enterrar sus raíces. Eso es lo que separa a Livingstone de las demás figuras del deporte".

 (De "Estadio")

 

En su debut internacional en la selección chilena, Contra Argentina, en 1940, por la Copa Ortiz. Posa con sus zagueros, Salfatti y Córdoba.

En su debut internacional en la selección chilena, Contra Argentina, en 1940, por la Copa Ortiz. Posa con sus zagueros, Salfatti y Córdoba.

 

 

 61 INTERNACIONALES

Sergio Livingstone se enfundó por primera vez la malla de arquero de la selección de Chile en 1940 jugando contra Argentina dos partidos por la Copa Ortiz. Desde entonces hasta su última custodia del arco representativo de Chile en partidos contra selecciones y clubs sumó 61 presencias en tales palos. Cerró ese cielo en 1954 en las eliminatorias para la Copa del Mundo. Simbólicamente pueden ser 62 considerando que también estuvo presente al iniciarse el reciente encuentro amistoso de Chile-Argentina en Santiago (noviembre 1959), que señaló la primera victoria del seleccionado trasandino sobre el de nuestro país. Esa fue justamente la oportunidad elegida para el emotivo adiós que le brindó el fútbol todo de, Chile. Que Livingstone hizo a la vez suyo con un redondo adios a través del contorno del campo. Estuvo presente en los campeonatos sudamericanos de 1941 (Santiago), 1942 (Montevideo). 1945 (Santiago), 1947 (Guayaquil), 1949 (Brasil) y 1953 (Lima). Actuó también en las finales del Campeonato del Mundo de 1950 y en el Campeonato Panamericano de 1952.

La trascendencia internacional de su figura se refleja en 1942 con la no frecuente presencia de un extranjero en la portada de El Gráfico.

La trascendencia internacional de su figura se refleja en 1942 con la no frecuente presencia de un extranjero en la portada de El Gráfico.

 

 

PRECOCIDAD E INFLACIÓN

—Recién cumplía los 19 años—recuerda "El Sapo"— cuando jugué por Colo Colo contra el combinado de River e Independiente. No llegaba todavía a los 20, cuando fui seleccionado para las Copas Aguirre Cerda y Ortiz, con Argentina. No cumplía los 21 cuando jugué mi primer Sudamericano. ¡Si a los 24 años ya era "veterano" en estas cosas! Esa edad tenía yo para el Sudamericano de 1945... ¿Sabes en qué circunstancias me doy cuenta de que, efectivamente, pasó mucho tiempo desde que empecé a jugar y el momento del retiro? Cuando he visto al lado mío, jugando conmigo, a cabros que entonces no nacían todavía. Cuando pienso que en aquellos tiempos una "enorme multitud" —como decía la revista "Los Sports"— congregada en los Campos, para un clásico Colo Colo y Magallanes, era de doce mil personas. Cuando recuerdo el grito de los muchachos que ayudaban a los choferes de taxis: "¡Al Estadio a peso, al Estadio a peso!". . . (el otro día andaba de peatón, tomé un colectivo en Independencia y pagué doscientos...).

(De "Estadio")

 

En Racing. Con él José Della Torre, entonces director técnico de la Academia.

En Racing. Con él José Della Torre, entonces director técnico de la Academia.

 

EN RACING

¿Por qué dejaste a Racing de manera tan intempestiva?

—Hasta hoy día muchas veces yo mismo me hago la pregunta. No fue nada más que la consecuencia de una nostalgia estúpida, injustificable. En esta actitud sí que estuve mal. No supe responderle a un gran club como Racing, ni menos al trato lleno de afecto y distinciones que ellos me brindaron. Me porté mal, también, con los hinchas. Yo empecé jugando mal y, sin embargo, nunca nadie me dijo una palabra de reproche. Tuve que adaptarme a un medio muy distinto al nuestro. Tú viviste eso y puedes captar lo que digo. El fútbol argentino vivía entonces una época de esplendor. Las delanteras eran brillantes, integradas por valores completos, figuras de lujo. Tanto los grandes como los chicos. Ese fútbol espectacular, hecho a un ritmo endemoniado, tenía un marco impresionante con los estadios siempre repletos de un público fervoroso, bullicioso, vibrante. Pocos espectáculos iguales en el mundo. En ese medio yo me impuse: llegué arriba con la ayuda de mis propios compañeros de equipo, de los dirigentes y los hinchas. De Racing entero. Y cometí el error tremendo e injusto con ellos de volverme.

(De "La Nación")

 

Al incorporarse a Racing visitó El Gráfico y aquí está, aquella mañana, en nuestra redacción, con sus compatriotas venidos especialmente para asistir a su debut: el vicerrector de la Universidad Catolica de Chile Enrique Valenzuela (Livingstone procedía del Universidad Católica), Mauricio Wainer, Felipe Mediavilla, Armando López y Eduardo Busquets. A quienes se suman Félix Daniel Frascara (con lentes) y Sergio Pinto. diagramador de nuestra revista y que, como chileno que es, ha diagramado esta nota de Livingstone mejor que las demás...

Al incorporarse a Racing visitó El Gráfico y aquí está, aquella mañana, en nuestra redacción, con sus compatriotas venidos especialmente para asistir a su debut: el vicerrector de la Universidad Catolica de Chile Enrique Valenzuela (Livingstone procedía del Universidad Católica), Mauricio Wainer, Felipe Mediavilla, Armando López y Eduardo Busquets. A quienes se suman Félix Daniel Frascara (con lentes) y Sergio Pinto. diagramador de nuestra revista y que, como chileno que es, ha diagramado esta nota de Livingstone mejor que las demás...

 

MORENO

— ¿Me preguntas cuál es el mejor jugador que vi en mi vida? Te contesto haciendo abstracción de los chilenos: José Manuel Moreno. Tenía todo lo que debe tener un jugador. Además de su talento natural y una alegría desbordante de jugar. Además de "ángel". Era suficiente que él apareciera en la cancha para que las multitudes presintieran cosas que sólo Moreno fue capaz de hacer. Ahora, el ideal del profesional es, sin lugar a dudas, Alfredo Di Stéfano. Siendo más grande, en personalidad y brillo, Moreno no salió de los límites locales, sudamericanos. Di Stéfano, en cambio, es conocido y admirado por los públicos del mundo entero.

—Ahora, ¿el arquero?

 —Vi muchos que me gustaron. Primero fue "el mago" Valdivieso, cuya figura agrandó, sin duda, mi fantasía de niño de 12 años. Después el uruguayo Aníbal Paz, el español Ramallets y los argentinos Ogando, Musimessi y Carrizo. Ramallets me llenó totalmente el gusto, me dio regocijo verlo jugar por su oficio.

(De "La Nación")

 

Junto a José Manuel Moreno el más grande futbolista que haya visto. Y no es cosa de ahora, en el retiro. Lo venia proclamando desde hace muchos años. Fueron compañeros en Universidad Católica.

Junto a José Manuel Moreno el más grande futbolista que haya visto. Y no es cosa de ahora, en el retiro. Lo venia proclamando desde hace muchos años. Fueron compañeros en Universidad Católica.

 

 

LO  QUE QUEDA

En aquellos románticos primeros años de la Católica me costaba entender a Oscar Alvarez, nuestro primer capitán, que, aunque nos hubieran hecho siete u ocho goles, nos llamaba al centro del campo y nos hacía lanzar un "¡hurrah!" por los que nos habían vencido. Con el tiempo, se me fue haciendo emocionante ese recuerdo, y ahora me parece que ese "¡hurrah!" fue una de las cosas más hermosas que aprendí. ¿Tú crees que no me soliviantaba el gol off-side, o el que nos anulaban, y que no sentía, al igual que los demás, el impulso de protestar? Aprendí a contenerme, porque el off-side, el penal, el gol y aun hasta el derecho de equivocarse del árbitro están en las leyes.

(De "Estadio")

 

Actitud muy simbólica del más representativo jugador de Chile y también del obligado capitán de sus selecciones.

Actitud muy simbólica del más representativo jugador de Chile y también del obligado capitán de sus selecciones.

 

 

FRENTE A ARGENTINA

En el verano de 1945 Chile deliró con el nombre del "Sapo" Livingstone en los labios. No parece posible que exista otro arquero que pueda atajar lo que atajó Sergio en ese Sudamericano que tuvo por escenario el Estadio Nacional. Lo que hizo la tarde del match con Argentina tuvo visos de leyenda. Casi sólo —el cuadro local era pobre como expresión colectiva y aparte del arquero sólo podía mencionarse a Barrera y Las Heras— se batió con el estupendo quinteto que piloteaba René Pontoni, llevando como laderos o Muñoz y Méndez, por la derecha, y a Loustau y Martino, por la izquierda. Después de casi 15 años tenemos la sensación de que el partido —salvo la escapada y el gol de Medina en el primer minuto— se jugó exclusivamente en el área chilena. El dominio argentino fue abrumador, sin solución de continuidad. Y, no obstante, el score fue 1-1. Livingstone lo atajó todo, hasta las intenciones. Tiempo después en la Avenida de Mayo, en Buenos Aires, "Tucho" Méndez nos aseguraba: "Si el "Sapo" no resbala cuando yo tiré no le hacemos nunca un gol. Ni aunque hubiésemos jugado hasta el día siguiente. Se lo digo yo. Póngale la firma".

"Los argentinos me hicieron tres goles en los partidos donde defendí la valla chilena frente a ellos. Uno el 41, ése del 45 y otro el 47. En Montevideo, el 42, no lograron batirme."

(De "La Nación")

 

En 1941 la heroica resistencia de Livingstone entre los palos de aquel Sudamericano jugado en su país se apuntaló en sus zagueros, Roa y Vidal, característicos backs chilenos en el juego de despeje.

En 1941 la heroica resistencia de Livingstone entre los palos de aquel Sudamericano jugado en su país se apuntaló en sus zagueros, Roa y Vidal, característicos backs chilenos en el juego de despeje.

 

 

EPOPEYAS

Tenía 23 años, recién empezaba a vivir, cuando un club de rancia aristocracia futbolística, Racing, de Buenos Aires, me llevó a sus filas. Yo había sido desde niño un ferviente admirador del fútbol argentino. Para mí eran auténticos ídolos Moreno, De la Mata, Salomón, Sastre, Enrique García. De la noche a la mañana me encontré entre ellos, gozando de su mismo rango. Otro sentido, pero igualmente grande, tiene mi breve paso por Colo Colo. Después de Universidad Católica, el club de mi mayor admiración ha sido el del cacique. Pocas veces fui tan íntimamente feliz como cuando reforcé a los albos, en grandes jornadas internacionales. En 1957 yo estaba caído. Había sonado el campanazo que dice "paso a la juventud". El fútbol, como acabo de decirte, había cambiado mucho desde que yo entrara en él. Ya no eran posibles los sentimentalismos. Virtualmente no tenía puesto en mi club. Entonces me dio Colo Colo ese formidable espaldarazo al pedirme a préstamo por un año. Creo que pocas veces he entrado más preocupado en una cancha que esa tarde de mi debut con la insignia alba, jugando contra Ferrobádminton; pocas veces también tuve tan vehemente ansiedad de hacerlo bien. Muchos hermosos recuerdos se fueron acumulando en tantos años de trinchera, pero aquellos de 1957 surgen como inolvidables. Además ese año, ya sobre el borde de los 38 de edad, fui distinguido como ganador de un concurso de popularidad y fui llamado a la preselección nacional para las eliminatorias del Mundial de Suecia, honor que tuve que declinar...

(De  “Estadio”")

 

Tuvo sus penurias también él. No se piense que "El Sapo" la pasó liviana con las exigencias que el fútbol tiene en todas partes. Tuvo que soportar cargos injustos y muchas veces llegó a un vestuario a quitarse entristecido sus ropas de fútbol. Si estas luchas no existieran la vida no tendría victorias.

Tuvo sus penurias también él. No se piense que "El Sapo" la pasó liviana con las exigencias que el fútbol tiene en todas partes. Tuvo que soportar cargos injustos y muchas veces llegó a un vestuario a quitarse entristecido sus ropas de fútbol. Si estas luchas no existieran la vida no tendría victorias.

 

 

EPILOGO

 Universidad Católica repitió su triunfo en el torneo de 1954. Livingstone estuvo en el arco estudiantil; luego vinieron lesiones y se anunció el retiro. Después, el cuadro católico descendió y debió bregar un año en la División de Ascenso: Livingstone estuvo allí y jugó dos partidos, entre ellos el último, que significó el regreso a División de Honor. Al año siguiente, 1957, Colo Colo quedó sin arquero por sanción a Escuti, y ofreció a Livingstone un contrato que significó más dinero que todo el que había ganado en su larga carrera. De nuevo a la selección nacional; pero los compromisos familiares, los negocios, impedían ya la práctica del fútbol con dedicación exclusiva. Allí estaba la gran oportunidad para retirarse; pero Universidad Católica le llamó de nuevo y lo relegó al equipo de reservas. Dos años jugando en la reserva... Sergio Livingstone en la reserva...sí, el mismo "Sapo" (ya le decían Gordo, Guatón, etc.) que cerró esos dos años y su ciclo de 22 años con esa ovación grandiosa e inolvidable en el Estadio Nacional, esos vítores sostenidos, que se confundieron con la euforia del triunfo sobre Argentina.

El adiós que se merecía el mejor arquero de todos los tiempos; el adiós a la cancha, al combate de cada semana vistiendo de corto, a la lid dominguera y apasionante. No es el adiós al fútbol. ¡No! Nosotros, que lo vimos Sapito, Príncipe del Arco, Señor del Fútbol, Gran Capitán de Chile, Cruzado en canchas extrañas, sabemos que es más justo decirle:

 "¡Muchas gracias, "Sapo", y hasta luego!... Quien hizo votos perpetuos con el fútbol tendrá que seguir oficiando... Cambiarás de puesto, ¡porque el deporte realmente te necesita!"

 

Chile tiene un gusto exquisitísimo para las cosas que hacen a la vida del corazón. Cuando Livingstone se incorporóa Colo Colo, su viejo y "único" club la Católica lo fue a agasajar en su mismo debut. Este es un detalle de aquel hermoso gesto. Lo cierto es que Livingstone nunca "se fue" de la Católica. Es como si dijéramos de Moreno de River Plate. Son hombres destinados a quedar allí aun cuando se van por un momento…

Chile tiene un gusto exquisitísimo para las cosas que hacen a la vida del corazón. Cuando Livingstone se incorporóa Colo Colo, su viejo y "único" club la Católica lo fue a agasajar en su mismo debut. Este es un detalle de aquel hermoso gesto. Lo cierto es que Livingstone nunca "se fue" de la Católica. Es como si dijéramos de Moreno de River Plate. Son hombres destinados a quedar allí aun cuando se van por un momento…

 

 

REACCIONES

"Llegué con mucho "bombo" a Racing. La propaganda me creó un compromiso muy severo, que no estaba en condiciones de salvar airosamente en seguida. Por primera vez estaba solo: el prestigio mismo de Racing era una montaña inmensa que se me venía encima; Buenos Aires embruja al muchacho recién llegado, con sus luces; el ambiente profesional argentino era asfixiante para quien iba de Chile y, particularmente, de Universidad Católica, un club en que teníamos tantas compensaciones para hacer alegres nuestros propios fracasos. Se juntó todo. Soledad tentaciones, responsabilidad. Y empecé mal, terriblemente mal. No sé cuándo me estabilicé ni cuándo volví a jugar como en Chile. Pero el caso es que...

(Sí, lo recuerdo perfectamente, terminó en "honor Y majestad" y siendo capitán del equipo que tuvo los más grandes capitanes.)

"Tú viste los primeros encuentros de los campeonatos del 47, en Guayaquil, y del 49, en Río-Sao Paulo. Horribles. Los uruguayos me hicieron seis goles en la Primera oportunidad y por primera vez perdimos con Bolivia, en la segunda. Pues bien, me levanté de ambos fracasos. El 53, en Lima, un cronista dijo que Chile había llevado un recuerdo y no un arquero, después de ese desgraciado match con Paraguay. Otra vez estaba en el suelo y otra vez con actuaciones que fueron muy celebradas. Al año siguiente estaba casi descartado para las eliminatorias del Mundial de Suiza. Seguramente habría ido a Brasil y a Paraguay Misael Escuti, que había sido muy lejos el mejor arquero del año. Se lesionó el "Flaco" y fui  sin la confianza de nadie y... (Volvió "cubierto de gloria”)

(De Estadio)

 

Simbólico integrante de la selección chilena que "en su honor" venció por primera vez a Argentina, le tocó recibir de uno de sus hijos el obsequio de un testimonio grabado y de un llanto de niño.

Simbólico integrante de la selección chilena que "en su honor" venció por primera vez a Argentina, le tocó recibir de uno de sus hijos el obsequio de un testimonio grabado y de un llanto de niño.

 

MURALLA PARA ARGENTINOS

Nada nos ha parecido más verídico para la personalidad de Sergio Livingstone en sus 21 años de fútbol que esta cuidadosa recopilación de conceptos emitidos los colegas chilenos que palpitaron muy por cerca suyo todos sus vaivenes de esa larga trayectoria.

Se nos dirá: ¿Y la opinión de El Gráfico? Aquí está: se retira con Livingstone un caballero del arco, un señor del fútbol que le puso cuello y corbata al fútbol de su país tanto por su señorío como por su conducta.

 Técnicamente Livingstone fue un arquero con defectos. No era ciertamente un estratego del juego que se desarrollaba lejos de su zona. Fue un admirable atajador de pelotas, más admirable todavía por no conformar físicamente un arquero elástico sino un hombre con tendencia a lo que llamamos físicamente pesado, pero aquí sí que tuvo estrategia, la estrategia de saber ubicarse para parar la pelota, la de saber tapar con ubicación lo que generalmente los arqueros de su tipo pretenden tapar con elasticidad, y allí fue donde se agigantó su figura, mucho más cuando actuó rodeado del clima propicio de su ambiente. En esas circunstancias fue un gigante bajo los tres palos que al cabo de muchos partidos contra los argentinos ganó el derecho a que se lo reconociera como el arquero extranjero que más gritos de "¡gol argentino!" dejara truncos en las gargantas de nuestros jugadores, radiocronistas e hinchas.

Como tal lo saludamos: como el adversario-caballero y el adversario-muralla.

 

Esta es la noche de su adiós al fútbol y del adiós del fútbol a Livingstone. "El Sapo' gira alrededor del campo del Estadio Nacional en la jornada del primer triunfo del fútbol de su patria sobre el argentino (noviembre 1959), y mientras su mano se alza la garganta se le anuda, las tribunas rugen de palmas que se baten en su honor sin tampoco poder contener la deliciosa melancolía de la gratitud.

Esta es la noche de su adiós al fútbol y del adiós del fútbol a Livingstone. "El Sapo' gira alrededor del campo del Estadio Nacional en la jornada del primer triunfo del fútbol de su patria sobre el argentino (noviembre 1959), y mientras su mano se alza la garganta se le anuda, las tribunas rugen de palmas que se baten en su honor sin tampoco poder contener la deliciosa melancolía de la gratitud.

 

 

EL GRÁFICO 1960

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