¡Habla memoria!

1932. Cuando murió Jorge Newbery

Por Redacción EG · 13 de febrero de 2020

Se cumplía un nuevo aniversario del fallecimiento de quien fuera propulsor del deporte en Argentina y El Gráfico reprodujo el discurso que Belisario Roldán pronunció en el momento de su entierro.

En nombre del. Jockey Club de Buenos Aires, cuya representación honrosa traigo a esta tumba, depongo ante ella el homenaje dé las emociones profundas que comparto, emociones que ignoro si habré de interpretar, ya que es difícil hasta la indecible traducir en palabras el sollozo, sobre todo cuando es la expresión inarticulada de uno de los dolores más unánimes que hayan con-movido hasta aquí el alma de propios y de extraños, dolor que salva lindes y fronteras, dolor que enluta a humildes y poderosos, dolor a que nadie escapa, acaso porque cuando se cae de tan alto no quedan pupilas que no hayan visto, ni corazones que no hayan sentido como sobre sí mismo la angustiosa rudeza del derrumbe...

Era un héroe intensamente nuestro, ya besado por la gloria, y ungido por las almas, éste que acaba de írsenos para siempre, y a quien una ironía del destino ha fulminado en una maniobra de esparcimiento, apenas si días después de haber hecho relampaguear los dieciocho quilates de su denuedo en alturas no visitadas hasta entonces ni por hombres ni por águilas...

 

Newbery nació en Buenos Aires el 29 de mayo de 1875.

Newbery nació en Buenos Aires el 29 de mayo de 1875.

 

Aun suenan las vibraciones de aquel gesto supremo que universalizó su nombre. Fue de pronto: sin anuncios previos, como para no engendrar esos estados de expectativa que tienen tanto y tanto de amargo. Una visión plena de la gloria; un espíritu de ciencia servido por un corazón de acero... y allá fue el universitario argentino, a seis mil metros de altura, desplegando sobre el mundo entero el pabellón de la República; sin otro ideal que ella misma ni otro impulso que su amor a la patria, a la ciencia y a la madre; allá fue el patriota, a seis mil metros, jadeando y jadeando lo mismo que si quisiera — tolérese versos míos, —.

"lo mismo que si quisiera

robarse el disco del sol

para usarlo en la bandera!"

Allá fue... Y al escalar la altura soñada, bajo la lumbre del firmamento inmediato, debió suceder que más rítmico y seguro soñaba el pecho del héroe que el motor de la máquina; y he aquí que las dos alas se tiñeron súbitamente en un azul intenso; y la estela blanca del pájaro en marcha, fue poniendo entre ellas dos la franja ineludible; y para que el símil se integrara, el sol hubo de posarse en el propio sitio que ocupaba el nauta... y ved, señores, cómo la enseña nacional flotó sobre el mundo entero, quince días atrás, enarbolada por el puño férreo de este gran paladín a quien lloramos...

 

Fue aviador, ingeniero, deportista y un hombre de la ciencia.

Fue aviador, ingeniero, deportista y un hombre de la ciencia.

 

Hubiérase dicho que la gloria, como el agua, busca su nivel, y que un hijo de las generaciones actuales hubiera debido cernirse a la misma altura que frecuentó el abuelo de la epopeya, con, la sola divergencia de que este último sorprendió a los cóndores en sus nidos, y plugo al otro cruzarse con ellos en el piélago sin fin donde revuelan...

Y ha caído esta gloria, toda nuestra; ha caído para siempre el héroe de la sonrisa eterna; ha caído con el ala rota, como el ave fastuosa de la leyenda antigua... Ha caído el atleta manso, el de la hermosa cara plácida y núbil, el que hacía contrastar su alma ruda con la juvenil belleza de su tipo, haciendo pensar todo él en una armadura de hierro recubierta de armiños impecables... ha caído con el alma puesta en la patria y la pupila fija en los Andes, cuyos picachos estaban destinados a verle duplicar su silueta en el espejo virgen de las nieves eternas, magnífico y erguido dejando absortas a las cumbres con la primera mirada venida de más alta que ellas mismas...

 

Falleció en Mendoza en un accidente aéreo.

Falleció en Mendoza en un accidente aéreo.

 

Ha caído para siempre el que tenía el corazón abierto a todas las emociones puras y la mano lista para todas las lealtades; el que no necesitó dejar de ser bueno para ser glorioso, y a quien la Providencia nos arrebata en las vísperas precisas de su hazaña meridiana, como si hubiera querido ella misma conducirlo de una vez, a las alturas mayores, de donde no se vuelve, pero donde no, se sufre...

 

Fue masivo su cortejo fúnebre.

Fue masivo su cortejo fúnebre.

 

Señoras: señoras que habéis querido poner en este cortejo la desusada nota de vuestra presencia, como para comprobar una vez más que en la tumba de los paladines no faltaron nunca ni las flores que perfuman el aire, ni esas otras que purifican el alma... Señores: señores que me estáis escuchando con el párpado cansado de contener la lágrima que asoma; hombres de todos los núcleos y todas las clases; obreros; ancianos; niños; mujeres; madres: -- madres para quienes el viajero había asumido ya simbólicas semblanzas de hijo; — si es verdad que las almas vuelan al desprenderse de su mísera envoltura terrenal, ciérnase la suya en la más augusta y plácida de las elevaciones; las aves, sus hermanas, escolten al espíritu que asciende; la paz intacta de los espacios que cruzara en vida reine por siempre en su postrer refugio y pliéguese la bandera de la patria en la media asta de los duelos nacionales, porque el país acaba de perder una de sus glorias, y porque en el fondo del total corazón de la República sangra en esta hora la herida de un desgarramiento verdadero, mientras pasa ante nuestros ojos, como en una pesadilla trágica, la visión de un ave que cae, el ala rota, para retomar en esencia y en llamarada el camino de la luz y de la gloria...

 

 

El Gráfico (1932).

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