¡Habla memoria!

2000. Adiós al Maestro Copello

Por Redacción EG · 27 de enero de 2020

A los 74 años falleció Eduardo Copello, una gloria del automovilismo que entre otros logros formó parte de la Misión Argentina de Nürburgring en 1969. Así lo homenajeó El Gráfico.

Todos le decían “El Maestro”... El ex piloto de automovilismo Eduardo Copello murió el domingo en Córdoba. Tenía 74 años cuando una insuficiencia cerebrovascular le puso fin a la lucha que llevaba desde enero, cuando había sido internado en el Hospital Español.

Nacido en San Juan el 13 de febrero de 1926, Copello ya manejaba a los cinco años  gracias a la iniciativa de su padre, que también le compró el primero de los tantos autos que tuvo. A los 14 ese niño ávido del mundo de la velocidad se largó a correr con una cupecita Ford. Los pocos testigos de esa carrera jamás se imaginaron que acababan de presenciar el debut de una figura estelar del mundo de los fierros. Era el mismo que un buen tiempo después lograría una de las mayores hazañas del automovilismo argentino en la historia: aquellas recordadas 84 horas de Nürburgring en 1969, que terminaron haciendo célebre al Torino 380 W fabricado en Renault Córdoba. Junto a Oscar Franco y Larry conducía el tercero de los Torino, que hoy se conserva en el Museo Juan Manuel Fangio –quien apadrinó aquella misión argentina– en Balcarce. El auto ganó en su categoría y quedó cuarto en la clasificación general.

 

El 1 en la puerta de la Liebre. Fue campeón de TC en 1967.

El 1 en la puerta de la Liebre. Fue campeón de TC en 1967.

 

Dueño de un pragmatismo confeso, la obsesión de Copello era “ganar todas las carreras que pueda”, como declaró allá por 1970. Y completaba explicando: “Me enferma salir segundo, pero admito perder. Eso sí, lo que no tolero es hacerlo por un error que podría haberse evitado”.

Nunca se guardaba nada. Ese ir y venir a mil por hora era el que hacía que Doña Lidia, su madre, sólo mirara las carreras por televisión una vez que sabía que su hijo había llegado sano y salvo. No le importaba qué lugar hubiera ocupado, aunque fueron más las veces en las que no tuvo alternativa de  acompañar el alivio con una sonrisa. Por momentos, Copello sólo daba la impresión de saber ganar. Por ejemplo, fue campeón del TC en 1967 (con Torino), campeón argentino de F1 en 1968 (Cupé Tornado), obtuvo el título de Sport Prototipo en 1969 (Torino Liebre III) y a festejar  en 1970, esta vez en el TC Clase B.

Después de esa seguidilla impactante abandonó la actividad continua. Era tiempo de tomarse un descanso, aunque hizo una experiencia en los prototipos europeos. Ya empezaban a llamarlo cariñosamente “El Abuelo”. Pero once años después volvió a correr. En forma esporádica, es cierto, pero no con menos dosis de aventura. Como cuando ganó la primera etapa del Gran Premio Rally de 1981 y casi se ahoga en la segunda, a bordo de su Renault 18, al atravesar el río San José. Su última carrera fue en el Desafío de los Valientes, el 21 de febrero de 1987, con 61 años, cuando abandonó por la rotura del embrague.

Eduardo Copello tenía una obsesión con los triunfos. Entre 1967 y 1970 consiguió cuatro títulos consecutivos.

Eduardo Copello tenía una obsesión con los triunfos. Entre 1967 y 1970 consiguió cuatro títulos consecutivos.

Trece años después, en la fecha de su cumpleaños, al lecho donde encontraría la muerte se acercó a saludarlo Héctor Gradassi, su archirrival en las épocas de esplendor en el TC. Una herida abierta en las pistas acababa de quedar cerrada en la vida.

 

La historia marcará que se fue el domingo 27 de febrero de 2000. El sentimiento dirá que ese día terminó de convertirse en leyenda.

 

Por Martín Mazur (2000).

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