¡Habla memoria!

1929. El tipo no afloja ni abajo del agua

Por Redacción EG · 17 de enero de 2020

Borocotó se detiene en la vida de Juan Maglio, futbolista referente de la época. Se narran hechos puntuales de su carrera, su elegancia, sus gustos gastronómicos y su pasión por el básquet.

Está en todos los entreveros. No mezquina el cuerpo en las apuradas. Chiquito, pero de corazón grande, atropella sin aseo. Le dan una biaba y va en busca de otra, llevando el facón abajo del poncho, y, cuando el referee no mira, mete la puñalada. Un día, jugando contra el Torino, le dieron un revolcón de órdago. Maglio no chistó. Esperó la oportunidad de devolver la biaba. Se presentó de inmediato. El tano saltó para cabecear y Juan hizo lo mismo pero llevando el brazo derecho recogido sobre el pecho. En el aire, ¡zas!, le dió al italiano un golpe de derecha en el mentón que lo dejó en el suelo diciendo pavadas. Mientras tanto, Juan piantó con la pelota hacia el arco contrario. Allá, dentro del área, le hicieron un penal descarado. Maglio se fue de boca al suelo... y metió el goal de empate con la mano.

Siempre igual. Se mete en todos los borboyenes, copa todas las paradas, liga y soporta biabazos, pero el tipo no afloja ni abajo del agua. Es duro como ñandubay. Lo habrán sacado en camilla algunas veces, pero yo no recuerdo. Sólo sé que de vez en cuando lo hacen sentir aviador y levanta vuelo para hacer un aterrizaje forzoso de barriga contra el pasto, pero sé que siempre está sano, que rebota y queda parado, que no le asustan bultos ni sombras que se menean.

 

Juan Maglio, el torito de los fields porteños.

Juan Maglio, el torito de los fields porteños.

 

 

¡QUÉ CARADURA...!

Una vez le dieron un cachete sobre la ceja izquierda. Fue en uno de esos entreveros frente al arco. Maglio saltó a cabecear y le fajaron una patada en un ojo. Le abrieron una ceja..., pero el tipo no cejó. Aguantó el chubasco y siguió jugando. Después le quedó una cicatriz y por ella, según Maglio, no tiene más remedio que depilarse las cejas. ¡Si será caradura! No quiere confesar que es de presumido y le echa la culpa a la cicatriz.

Él se cuida la pinta. Se afeita todos los días, se retoca el escracho y sale a repartir guiñadas con el ojo derecho para que le vean un lunar que, como reza el viejo cuplé, lo tiene en la mejilla. Si fuera en la izquierda haría las guiñadas con el izquierdo, pero como el lunar está del otro lado, pasa los pestañeos a la derecha.

A esta pinta sobradora une un tranco mucho más sobrador, más copero, más cautivante. Y cautiva. ¡Ya lo creo! Hay días que se manda diez declaraciones al hilo... y lo largan diez veces parado.

 

DOS BERRETINES

Vestir bien y comer chiuchulines: dos predilecciones de Maglio. La primera tiene relación con lo anterior. El tipo quiere florearse, quiere hacer dribblings y atraerse las miradas.

Si éstas son de las que tienen "rimel", Mucho mejor. Si son de las otras, no interesan.

La segunda predilección no es suya: es del estómago. Le gusta la parrillada y especialmente los chinchulines. Puede ser que sea una consecuencia, del empleo que tiene en Mataderos. Puede ser, pero me parece difícil porque Magno tiene el empleo, pero el empleo no lo tiene a él.

 

SIN EMBARGO...

...Este muchacho que ¡concurririola! a la oficina, es autor de un tango titulado: "Tendrás que laborar". Esto no es nada. Maglio podrá indicarle a cualquiera la necesidad vital del laburo, pero lo más curioso es que el tango se lo dedicó a un tal Ginastasio que, de puro haragán, cuando bosteza se queda con la boca abierta. Y bien: desde el día que apareció el tango, Ginastasio trabaja… de cesante.

Ya que hablamos de tangos, habrán lectores suspicaces que no crean en las dotes musicólogas del centre forward de San Lorenzo. Como es hijo de Pacho, supondrán que los tangos los hace el veterano bandoneonista, tanto como para darle un poquito de cartel al figlio. Y no es así: el viejo le da una manito, le proporciona un cachito de su experiencia, pero Juancito los hace. Sí señor, los hace. Créanlo. Claro que el viejo...

Juan Maglio y Pedro Omar defendiendo los colores de Capital vs Provincia.

Juan Maglio y Pedro Omar defendiendo los colores de Capital vs Provincia.

 

DOS GOLES FAMOSOS

A Maglio siempre lo han salvado los goles. El día en que se pasó la hora y media sin pellizcar el globo, al final ha sido él quien mandó el ruiseñor a la jaula. Recuérdese aquel partido contra el Ferencvaros. Se había oros mostrado empeñoso como siempre pero sin alcanzar a jugar bien. En una de esas, cuando ya el match estaba por terminar, ¡zas! un pepino. Y antes que la gente hubiera terminado de aplaudir ya había mandado el otro. Así ganamos dos a cero.

Pero hay algo más interesante: cada vez que Maglio ha jugado en Montevideo, siempre ha hecho un gol. En el último por la Newton, casi sobre la hora le mandó a Mazali uno de esos tablonazos que hacen época.

Esa característica tan curiosa de mamar un gol en cada partido jugado en Montevideo, constituye un homenaje a Artigas. Como Maglio vive en la calle General Artigas, considera justo rendir ese tributo al prócer uruguayo, tanto para que éste se la pille que Juan se apunta con los pepinos porque vive en su calle.

 

OTROS DOS GOLES...

A Scolari, Maglio le hizo dos goles macanudos, de esos que Tesorieri denomina "quinieleros". Jugando en el team de la Federación Comercial de Buenos Aires contra la similar de Rosario, el referee lió un pique corno a 40 metros del arco rosarino. Zumelzú recoge el globo y se lo pasa a Maglio, y éste mandó el cañonazo, haciéndolo colar por una de las troneras superiores. El arquero Scolari quedó frito... y con ese gol, los porteños ganaron la Copa 43.

Después de un tiempo, el goalkeepet citado vino a jugar por Banfield, y en un match contra San Lorenzo, Scolari despidió un shot para adelante y se fue caminando tranquilamente para su arco, dando la espalda al campo de juego. Antes de llegar a la tranquera Vio la pelota aleteando en la red. Maglio había recogido el shot del arquero, sin darle tiempo a que éste se colocara.

 

EL MEJOR JUEGO Y EL MEJOR CLUB

—"Yo soy hincha de San Isidro—me dijo un día. —Hincha de corazón, y nunca jugué para San Isidro. Desde pibe me gustó de alma... pero en San Isidro no hay viáticos. Por la misma razón no juego al basket-ball, que es el deporte que más me gusta. Si alba día en el fútbol se acabaran los viáticos, pido pase para San Isidro, y alterno: un partido de basket-ball y otro de fútbol. Al rugby, no: a lo mejor me parten la otra ceja..."

Sin quererlo, expresó el miedo que le tiene a las desfiguraciones del rostro. Cuida del escracho, y, sin embargo, se mete en todos los entreveros. Tiene miedo y no tiene. Mejor dicho, teme los resultados, pero no da nunca marcha atrás. Arremete, arriesga, se juega, entero en cualquier borboyón, no afloja 10 abajo del agua.

 

 

Por Borocotó (1929).

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