¡Habla memoria!

1969. Rubén Ayala: ¨Con el alma de carasucia…¨

Por Redacción EG · 07 de enero de 2020

La historia del Ratón Ayala, nacido en un pueblo de Santa Fe, con una familia muy numerosa que se asentó en Lanús Este y que con tan solo 19 años ya impresionaba a la afición de San Lorenzo.

La nariz ancha. La boca profunda. El ceño fruncido. Pero a pesar de todo, a pesar de esa falta de fineza en los rasgos, la cara tiene simpatía. Quizás, por los ojos, por la expresión chispeante de las pupilas a veces más pardas que verdes, hundidas bajo la protección frondosa de las cejas... Tiene frescura. Por el pincelazo reo que prevalece en la pinta. Y más, cuando es inevitable la asociación con el fútbol que juega, y con la imagen da Ayala, en la cancha, en la figura del jugador vestido de "primera" pero que no puede ocultar el potrero que lleva en el alma y en la estirpe...

 

Ruben Ayala debutó en San Lorenzo en 1968.

Ruben Ayala debutó en San Lorenzo en 1968.

 

EL COMIENZO

Nació en Santa Fe. Pero no en la ciudad, sino en un pueblo llamado Humboldt, a una hora de viaje de la capital. Fue en enero del 50, 8 días después de la última campanada del 49. Y en el orden cronológico, cayó justo en el medio de la lista de los hermanos Ayala. Porque antes de Ruben Hugo, ése es su nombre completo, nacieron seis, y después de él otra media docena... Y algo curioso. El más grande, Coco, que le lleva 10 años, llegó a jugar en la tercera de San Lorenzo allá por el 61, y el más chico, Carlos, que ahora tiene apenas 11, está por ingresar en la novena... "Mis otros tres hermanos —de los trece siete son mujeres— jugaban mejor que yo, pero ninguno entró a jugar oficialmente. Y en serio, que el más tronco de todos soy yo..." Y la sonrisa le ensancha la boca y le descubre los dientes blancos, generosos, con las "paletas" separadas vaya a saber en qué golpe de qué partido de las inferiores...

"A los 7 años nos vinimos de Humboldt para acá, para Lanús Este. Es casi donde empieza el camino General Belgrano, en la calle Magán. Y al año siguiente ya jugaba en el club, que se llama Magan, como la calle, de número 4. La canchita está justo enfrente de casa. Y a mí el cambio de lugar no me molestó, porque gracias a esa canchita podía jugar como jugaba allí... Lo único que, ya antes de terminar la primaria, trabajaba en una zapatería a media cuadra, porque todos teníamos que ayudar... Después empecé a jugar en el baby de Amor y Lucha, que también queda cerca de casa, y allí me vio un señor Fernández que me llevó a San Lorenzo, en el 63. Me probaron y el delegado de la, novena, un señor Bufano, que falleció hace poco, quedó muy conforme conmigo. Pero el club no me quería fichar porque decían que era muy chiquito de físico. Y lo mismo pasaba con Salinas, el que ahora jugó todos estos partidos en primera. La cosa fue que Fernández y Bufano insistieron tanto que nos ficharon. Estuve 15 partidos entre los suplentes. Pero cuando me pusieron no me sacaron más..."

En el Ciclón jugó hasta 1973, cuando fue transferido al Atlético Madrid.

En el Ciclón jugó hasta 1973, cuando fue transferido al Atlético Madrid.

 

EL FÚTBOL GRANDE

Después, la escalada. Novena, octava, séptima, dos años en quinta, un partido en cuarta, algunos en tercera... "Yo tuve mucha suerte en las inferiores., Nunca me lesioné. Salimos campeones en la octava y en la quinta. Y además, salía casi siempre goleador. Creo que no bajé nunca de los 23 ó 24 goles por año. Jugaba de 10 porque Bufano me puso en ese puesto, pero yo había ido a probarme de 5. Y en el 68, cuando los "matadores", que había saltado prácticamente de la 5, a la reserva, pensaba que no iba a agarrar nunca la primera. Y hacía el cálculo: Veira, Tolo, Fischer, Veglio... ¡Nooo!... Yo no puedo entrar ni de aguatero... Y ya ve. Por eso digo que tuve suerte. Porque de repente, en el Nacional de ese mismo año con todas las lesiones que hubo, ¿se acuerda?, se produjo el hueco y debuté contra Independiente Rivadavia en el segundo tiempo reemplazando a Amado como mediocampista. Fue en la misma semana en que Estudiantes salía campeón del Mundo en Manchester, y empatamos 1-1".

Vuelta a la tercera o a la reserva por el resto del año. El principio del 69 lo lleva a Chile ("Fui en los dos últimos partidos del Hexagonal, pero no jugué") y después a Córdoba y La Roja por la Copa Argentina. "En La Rioja entré las dos veces en el segundo tiempo. Cuando nos tocó acá con Atlanta entré desde el principio, hice el gol y ganamos 1-0". También hubo un amistoso con Nacional en Montevideo, con las mismas características: uno-cero, gol de Ayala. "Entrar en el segundo tiempo es lo peor que le puede pasar a un jugador. Uno tiene la responsabilidad de cambiar al equipo. Y a mí siempre me tocó entrar en la mala. Siempre, menos ahora..." Y las coincidencias se reiteraban. Segundo tiempo con Lanús y Central, en el Metropolitano. Nada... Todo el partido con Gimnasia, 2-1 abajo, pero eI gol, Ayala... Y empieza, el Nacional. Las lesiones siguen, el equipo no camina. No está Veglio, no está el "Bambino", Pedrito González anda mal. Cuarta fecha, con Estudiantes, en La Plata. Dellacha se decide: Ayala y Salinas a la primera. Juntos, como aquella vez cuando no los querían probar en la novena... Y gana San Lorenzo 3-2, en noventa minutos de "poner" y jugar... "Ese fue mi mejor partido. Me salían todas las que intentaba". Un gol, un penal que le tuvo que hacer Aguirre Suárez para pararlo y que le costó la derrota a Estudiantes cuando faltaban cinco minutos. Madero se lastimó tratando de impedir su remate del 1-0. Malbernat se desgarró tirándosele a los pies en una entrada por la izquierda. Esa noche, en La Plata, la cancha se llenó de Ayala. "Ese nos ganó el partido, nos enloqueció a todos", diría Zubeldía en el vestuario... Y a partir de esa noche ya son cinco victorias en cinco partidos más... Platense, Desamparados, Talleres, el otro San Lorenzo, San Martín de Tucumán... 6 partidos y doce puntos...

Fue campeón en San Lorenzo del Metropolitano y del Nacional de 1972.

Fue campeón en San Lorenzo del Metropolitano y del Nacional de 1972.

"Yo conocí un jugador bárbaro, como Rubén Fernández, ese que estuvo en Ferro y después en Vélez, que nunca lo tuvieron en cuenta... Y yo me amargaba porque, comparándome con él, si con Fernández no pasaba nada... Y el caso mismo de Leeb, aunque es otro estilo de jugador, que lleva 10 años de primera, que siempre dio todo por el equipo y sin embargo nunca tuvo "ruido"... Por eso no sé qué contestar cuando me preguntan por mi futuro..."

Lo dejamos, allá en Lanús Este, en su casa, frente a la canchita del Magán... Con todos los pibes que vivían la tarde alrededor de esa pelota de fútbol, de esa zanja, de esa calle de tierra... "Yo de acá no pienso irme porque esto me gusta..."

Sí. Este Ayala, a pesar de los trazos gruesos de la cara, tiene frescura... Las relaciones públicas y el status todavía no se incorporaron a sus hábitos y quizás nunca se incorporen... Lo dejamos allá, en esa casa donde siguen viviendo los 13 hermanos Ayala, junto a sus padres, con su vaquero negro y ajustado, su remera celeste y su campera de corderoy... Y, ¿no jugás más en el potrero? "No, ahora ya no puedo..." Y se quedó mirando, con los ojos entornados, las gambetas de un pibe flaquito que a lo mejor mañana puede llamarse Ayala...

 

 

Por Jorge Taboada (1969).

Fotos: Barrancos.

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