¡Habla memoria!

Historia del fútbol argentino, por Juvenal. Capítulo XVIII (Mundial 78, parte II)

Por Redacción EG · 18 de diciembre de 2019

La hora más gloriosa, Argentina es Campeón del Mundo por primera vez. Repase los partidos con Polonia, Brasil, Perú y una final para el infarto frente a Holanda.

Ni siquiera le faltó atajar

Las posiciones habían quedado así:

• Grupo 1: 1° Italia, 2° Argentina.

• Grupo 2: 1° Polonia, 2° Alemania Federal.

• Grupo 3: 1° Austria, 2° Brasil

• Grupo 4: 1° Perú, 2° Holanda.

Pasaban con Argentina a las semifinales Polonia, Brasil y Perú, la gran sorpresa del grupo 4°, que había dejado afuera a Escocia, superando en la clasificación a Holanda.

El miércoles 14 de junio, Argentina debutaba contra Polonia y para arribar al 2 a 0 final, fue preciso que un hombre realizara esa noche una performance completísima en todos los aspectos de su rendimiento. Porque Mario Alberto Kempes no sólo jugó un gran partido y metió los dos goles sino que además salvó un gol en el momento más comprometido.

El anticipo de Kempes ya duerme en la red polaca. Es el 1 a 0 y, a la vez, el primer gol del Matador en el Mundial.

El anticipo de Kempes ya duerme en la red polaca. Es el 1 a 0 y, a la vez, el primer gol del Matador en el Mundial.

Cuando un jugador de campo la rompe, hay una frase muy futbolera para definirlo: "Sólo le faltó atajar". Al Kempes de ese triunfo sobre los polacos, ni siquiera le faltó eso. Y lo hizo disimulando con su actuación la nueva y sensible ausencia de Leopoldo Jacinto Luque, todavía lesionado, igual que Alonso. En el minuto 16, Kempes entró a buscar un centro lanzado desde la izquierda por Bertoni y metió el cabezazo inatajable para Tomaszewski. Por un rato más, Argentina siguió controlando el partido, pero el medio juego polaco comenzó a dar vuelta el trámite.

Así llegó, en el minuto 39, el momento de máximo suspenso. Lato cabeceó hacia la valla argentina, desguarnecida por Fillol, y cuando la pelota iba irremisiblemente adentro, voló en el aire como un arquero la figura de Kempes para sacarla de un manotazo. Evitó el gol pero a costa de un penal.

 

"Patea Deyna, ataja Fillol..."

Uno de los relatores radiofónicos de aquella Copa del Mundo, hoy retirado del micrófono, era Yiyo Arangio. Cuando el polaco Kazmierz Deyna se paró frente a la pelota, Yiyo comenzó a repetir cuatro palabras, con la seguridad de quien relata un hecho inevitable, no una posibilidad: "Patea Deyna, ataja Fillol... Patea Deyna, ataja Pinol..." Se produjo el tiro y la voz de Yiyo Arangio explotó en el tono más alto que puedan imaginar: ¡Pateó Deyna, atajó Fillol...!"

Argentina ganaba 1 a 0. Penal para Polonia. Lo ejecutó Deyna, un especialista, y lo contuvo el legendario Pato Fillol.

Argentina ganaba 1 a 0. Penal para Polonia. Lo ejecutó Deyna, un especialista, y lo contuvo el legendario Pato Fillol.

Argentina había zafado del momento más angustioso de la noche. Y en la etapa complementaria, cuando la Selección había logrado equilibrar la lucha, Osvaldo Ardiles realizó una excelente jugada individual dejando dos rivales en el camino y atrayéndose a Kasperczak se la sirvió a Kempes, quien definió dentro del área como lo hacen los grandes. Hizo pasar de largo a Maculewicz y metió el zurdazo por abajo de Tomaszewski.

Por Argentina jugaron Fillol; Olguín, Luis Galván, Passarella, Tarantini; Ardiles, Gallego, Valencia (reemplazado por Villa a los 46 minutos); Bertoni, Kempes y Houseman (desde los 83 minutos, Ortiz). Por Polonia, Tomaszewski; Maculewicz, Kasperczak, Zmuda, Szymanowski; Boniek, Nawalka, Deyna, Masztaler (reemplazado por Mazur a los 64 minutos); Lato, Szarmach. Arbitró Eriksson, de Suecia.

 

Decepción frente a Brasil

Fue el 18 de junio, a orillas del río Paraná. Argentina formó aquella noche con Fillol; Olguín, Galván, Passarella, Tarantini; Ardiles (desde los 46 minutos, Villa), Gallego, Kempes; Bertoni, Luque —quien regresaba de su lesión y no anduvo en su nivel habitual—, Ortiz (desde los 61 minutos, Alonso). Por Brasil estuvieron: Leao; Toninho, Oscar, Amaral, Rodríguez Neto (desde los 36 minutos, Edinho); Batista, Chicao, Dirceu; Gil Roberto, Mendonca (desde los 68 minutos, Zico).

Fue una actuación decepcionante de Argentina, que forzó una sola situación de riesgo ante el arco de Leao. Fue en el segundo tiempo, cuando Bertoni desbordó por derecha y tiró el centro atrás, que Ortiz remató en forma desviada.

Ese partido con Brasil fue —por el pobre rendimiento de nuestra Selección Nacional— un hito negativo en la campaña del equipo. César Luis Menotti lo sufrió en carne viva.

Alonso frente a Brasil. Fue 0 a 0 en un partido cerrado, trabado, muy luchado.

Alonso frente a Brasil. Fue 0 a 0 en un partido cerrado, trabado, muy luchado.

"La decepción más grande del torneo la tuve después del partido con Brasil. Yo hubiera querido demostrar en la cancha algo que era evidente y de lo que todavía sigo convencido. Nosotros éramos mucho más equipo que Brasil. Más audaces, con más talento y con más orden dentro de la cancha. Pero no, fuimos un desastre, y me sentí muy defraudado. No por el empate, sino por la falta de convicción de los jugadores para hacer lo que sabían. El día siguiente fue el más triste. Me levanté tan mal como me había acostado, y me tuve que ir de la concentración. Estaba insoportable, de pésimo humor. Cuando volví, a la tarde, tenía una idea fija. Sólo una reunión y una profunda charla con los jugadores podía dejarme en paz nuevamente. Los reuní y les dije todo lo que sentía. Fue una charla larga. Cuando terminé de hablar, los jugadores se quedaron callados y de a poco comenzaron a contestar. El primero fue Tarantini, que me dijo algo que me hizo reflexionar:

—No sé qué pensarán los muchachos, César, pero creo que usted tiene razón. Lo que pasa es que uno se da cuenta de eso y de pronto no sabe tranquilizarse. A mí me parece que a Rosario sólo traje las piernas; la cabeza me la debo haber olvidado en Buenos Aires. No puede ser que esté jugando tan mal...

Enseguida se animaron los otros, y poco a poco volvimos a discutir el problema entre todos, como lo hicimos siempre. Cuando recapacité que la preocupación era compartida, me sentí bien de nuevo. Y además, los jugadores me dieron una inolvidable lección de humildad y amor propio. Ellos me renovaron la fe y el optimismo cuando, en realidad, el asunto tendría que haber sido al revés. Me di cuenta de la desesperación que tenían por demostrar, ganando y jugando bien, que el proceso no había sido inútil. Toda la necesidad que tenían de devolver con buen fútbol el afecto que recibían de la gente. Esa necesidad los enloquecía. Pero al comprenderlo podían solucionarlo y eso fue lo importante."

 

La goleada decisiva

Nuestro último adversario en la serie semifinal era el equipo peruano. No sólo debíamos ganarle sino hacerlo por una diferencia de cuatro goles, ya que Brasil, con sus triunfos ante Perú (3 a 0) y Polonia (3 a 1) llegaba al tope de la clasificación con cinco tantos de diferencia entre convertidos y recibidos.

La noche del 22 de junio, el estadio de Rosario Central era una caldera a punto de explotar. Argentina salió dispuesta a liquidar de entrada el problema. Esa misma obsesión ofensiva nos llevó a dejar claros defensivos y, de ese modo, pasamos por dos sofocones. Primero, cuando escapó Muñante por la derecha y ante el achique de Fillol la cruzó al segundo palo. Ahí fue a rebotar la pelota. Luego, cuando escapó Oblitas por la izquierda y atorado otra vez por Fillol, la hizo salir rozando el poste izquierdo del arquero argentino. Pero al cuarto de hora del partido, el cuadro albiceleste había encontrado tres importantes puntos de sustentación: un conductor claro y sagaz en Omar Larrosa —obligado y eficaz reemplazante del lesionado Ardiles—; Luis Galván, un zaguero centro que ganaba todos los anticipos y nos ponía inmediatamente en actitud ofensiva; un mediocampista atacante que al arrancar dejaba un surco en la cancha, como Kempes.

 

El primero, Kempes define a la izquierda de Quiroga.

El primero, Kempes define a la izquierda de Quiroga.

 

Hasta que llegó el primer gol, en pared que preparó y definió con implacable certeza el cordobés Kempes. Estábamos en el minuto 20 y ahí se soltó definitivamente Argentina. Desaparecieron la ansiedad, los pases de apuro, las pelotas perdidas, la urgencia por llegar traducida en imprecisión. Lo que siguió fue un retorno a las fuentes. A todo lo que quiso y pudo ser Argentina en el ciclo preparatorio. Así fueron llegando los goles, como una consecuencia del juego realizado. Tarantini al cabecear un comer en el minuto 42, Kempes luego de corta e impecable pared con Bertoni a los 46 y la palomita de Luque a los 50, rectificando bajo los palos un cabezazo previo de Passarella que nos ponía en la final de la Copa y otros dos de regalo: Houseman en el minuto 66, cuando sólo llevaba segundos en la cancha, y Luque en el minuto 72.

El tercero fue otra vez de Kempes, ahora de zurda, anticipándose a tres peruanos

El tercero fue otra vez de Kempes, ahora de zurda, anticipándose a tres peruanos

Nadie podía aseverar que estábamos seis goles arriba de Perú, aunque en las últimas confrontaciones, antes del Mundial, los habíamos superado claramente, en Lima y en Buenos Aires. Además Brasil, atacando con sólo dos delanteros, le había hecho tres al cuadro peruano. Y Argentina lo atacó con cinco más el agresivo aporte de Passarella. Por otra parte, perdida toda su chance tras las derrotas ante Polonia y Brasil, Perú había bajado totalmente los brazos.

El cuarto fue la palomita de Luque, tras pase de cabeza de Passarella

El cuarto fue la palomita de Luque, tras pase de cabeza de Passarella

En Argentina estuvieron Fillol; Olguín, Luis Galván, Passarella, Tarantini; Larrosa, Gallego (reemplazado en el minuto 85 por Miguel Angel Oviedo), Kempes; Bertoni (desde los 65 minutos, Houseman), Luque, Ortiz. Por Perú jugaron Quiroga; Duarte, Manso, Chumpitaz, Roberto Rojas; Velásquez (desde el minuto 51, Gorriti), Quezada, Cueto; Muñante, Cubillas, Oblitas. El árbitro fue. Wurtz, de Francia.

En el estadio Monumental nos esperaba Holanda, el subcampeón del Mundial de 1974.

 

Menotti y el libreto de la final

El 25 de junio de 1978 era el gran día. Para César Luis Menotti era mucho más que un partido de fútbol. Más que una final del mundo. Era poner a prueba la validez de sus ideas futbolísticas, aquellas por las que había peleado tantos arios. Por eso, al evocar los momentos previos al encuentro con Holanda pudo expresar conceptos como éstos:

"Todos sabíamos, cuando llegamos a la competencia, que lo más importante era ganar jugando, jugando noventa o ciento veinte minutos, con criterio y lucha a la vez, encontrando el equilibrio entre el espectáculo que debíamos darle a la gente y las ganas de pelear en la cancha por un ideal. Por eso me acuerdo que antes de salir al campo a disputar la final, reuní a los jugadores y les dije: `Yo puedo perdonarles todo: que se equivoquen en los relevos, que regalen una pelota y llegue —por esa causa— un gol contrario, que se olviden del planteo de juego, pero no les voy a perdonar que les falte personalidad para ser fieles a un estilo de fútbol. Yo siempre les dije por qué y para qué los traje a la Selección y no les voy a permitir que traicionen la vocación que los llevó a ser jugadores de fútbol."

 

César Luis Menotti.

César Luis Menotti.

 

"Lo demás estaba dicho y entendido, teníamos que llevar a los holandeses a nuestro juego, cambiarles figuritas. Si ellos trababan, nosotros teníamos que trabar más fuerte; si ellos hacían pressing, nosotros debíamos presionarlos el doble; donde hubiera uno de ellos, tenía que haber dos de los nuestros. Así salieron a jugar. Convencidos de que por ese partido podíamos pasar a ser los rectores del fútbol internacional, iniciando un ciclo de encuentros jugados durante los noventa minutos con limpieza. Era una respuesta a los que habían creído que era ese estilo, el nuestro, el que había fracasado internacionalmente. Lo que había fracasado era la falta de seriedad para adquirir todo aquello que debe agregarse a la habilidad y al talento natural."

 

Menotti y Fillol.

Menotti y Fillol.

 

 

Dos equipos con personalidad

"Holanda era un equipo con personalidad" —seguía diciendo Menotti—, que no traicionaba su fútbol en ningún lugar y ante ningún adversario. Y yo pensaba lo mismo de Argentina. Holanda tenía dos cosas a las, que había que prestarles especial atención: el pressing y la constante fabricación de espacios. El pressing solamente podíamos combatirlo con habilidad, con manejo. Porque es sabido que ese tipo de recursos se fundamenta en la aceleración del tiempo y en el achique de espacios. Por lo tanto, la única manera de romper esa presión era tocar rápidamente y con la mayor precisión posible. Si un jugador argentino se encontraba con tres holandeses encima, tenía que dejarlos pagando metiendo la pelota, a un toque, por el único agujerito que le dejaran. Estaba seguro de que los íbamos a sorprender porque era presentar algo diferente. Yo decía: ¿qué sorpresa puede constituir que le hagamos hombre a hombre a Rensenbrink, que juguemos con líbero y stopper? ¿Dónde está la novedad si ellos han jugado toda la vida contra esquemas de ese tipo? En cambio nosotros salíamos con marcación en zona, los íbamos a apretar en la salida, respondiendo con armas iguales, pero agregando toque, inventiva. Eso era nuevo. Y la historia debía darme la razón."

La ejecución de los himnos. Holanda llegaba a la final del mundo por segunda vez consecutiva. El equipo nacional disputaba su segunda final Mundial, después de la de 1930 en Montevideo.

La ejecución de los himnos. Holanda llegaba a la final del mundo por segunda vez consecutiva. El equipo nacional disputaba su segunda final Mundial, después de la de 1930 en Montevideo.

 

La historia le dio la razón

La historia, encarnada en un grupo de futbolistas que jugaron como lo pedía el técnico: poniendo en la cancha el máximo de su habilidad, de su potencial y de su coraje. Con un valor fundamental: Mario Alberto Kempes, decisivo en el trámite, en la elaboración del juego, en el despliegue, en la combatividad y en los goles.

 

Recibimiento monumental.

Recibimiento monumental.

 

Argentina inició esa final con Fillol; Olguín, Luis Galván, Passarella, Tarantini; Ardiles (desde el minuto 66, Larrosa), Gallego, Kempes; Bertoni, Luque, Ortiz (desde el minuto 74, Houseman). Holanda con Jongbloed: Jansen (desde el minuto 73, Suurbier), Krol, Brandt, Portvliet; Hann, Neeskens, Wilhelmus Van der Kerkhof, Willy van der Kerkhof; Rep (desde el minuto 58, Nanninga), Resenbrink. Arbitró el italiano Sergio Gonella. La final fue para nuestra Selección por 3 a 1 en tiempo suplementario, luego de pasar un momento de real angustia cuando terminaban los 90 minutos reglamentarios.

El equipo “de memoria” del Mundial 78: Passarella, Bertoni, Olguín, Tarantini, Kempes, Fillol. Abajo: Gallego, Ardiles, Luque, Ortíz y Luis Galván.

El equipo “de memoria” del Mundial 78: Passarella, Bertoni, Olguín, Tarantini, Kempes, Fillol. Abajo: Gallego, Ardiles, Luque, Ortíz y Luis Galván.

Argentina había dominado el juego durante el primer tiempo, no obstante lo cual Fillol necesitó realizar dos notables salvadas frente a un remate de Rep que elevó sobre el arco en forma espectacular y una llegada al vacío de Resenbrink que tapó barriendo con todo el cuerpo. Terminamos ganando esa primera parte cuando Kempes completó una combinación llevada por la izquierda entre Ardiles y Luque, arrojándose al suelo para superar el cruce de Haan y derrotar a Jongbloed.

Mario Alberto Kempes convierte el primer gol en la final del Mundial 1978 frente a Holanda.

Mario Alberto Kempes convierte el primer gol en la final del Mundial 1978 frente a Holanda.

Una postal del mejor Pato: volando en la final del Mundial 78, ante un fuerte disparo de Rep.

Una postal del mejor Pato: volando en la final del Mundial 78, ante un fuerte disparo de Rep.

  
Aquella atajada memorable, tapando a Rensenbrink con todo el cuerpo en el epílogo del primer tiempo.

Aquella atajada memorable, tapando a Rensenbrink con todo el cuerpo en el epílogo del primer tiempo.

 

El empate y la definición

La segunda etapa fue pareja, Holanda metió al gigantesco Nanninga para explotar su potencia aérea y empató con un cabezazo cuando faltaban nueve minutos. Parecía que el empate era inamovible y era necesario ir a la media hora de alargue, cuando llegó un tiro largo sobre la valla argentina, dudaron Olguín y Fillol, la tocó Resenbrink con la punta del botín y la pelota rebotó en el poste derecho. Nos habíamos salvado milagrosamente.

Debían jugarse dos tiempos de quince minutos cada uno. Lo vimos más entero, física y espiritualmente, al equipo argentino. Fue decididamente en busca de la victoria. Cuando terminaban los primeros quince minutos suplementarios, Kempes marcó el segundo en una maniobra desbordante de habilidad y guapeza. Se llevó a varios rivales a la rastra, pateó, hubo un rebote en el arquero holandés y cuando intentaban evitarlo dos defensores, la metió en el arco junto con los rivales. Espectacular y dramático.

El 2 a 1. Kempes usa su suela como una espada, se anticipa a dos holandeses y la empuja a la red.

El 2 a 1. Kempes usa su suela como una espada, se anticipa a dos holandeses y la empuja a la red.

Faltando cuatro minutos para el cierre definitivo de la lucha, luego de una admirable pared a varios toques cortitos con Kempes, Bertoni colocó el 3 a 1 definitivo. Éramos los Campeones del Mundo.

El 3 a 1. Ya salió el derechazo de Bertoni, tras una serie de rebotes. Argentina fue el mejor equipo del campeonato.

El 3 a 1. Ya salió el derechazo de Bertoni, tras una serie de rebotes. Argentina fue el mejor equipo del campeonato.

 

"Un homenaje al viejo y querido fútbol argentino"

El relato de César Luis Menotti nos brinda la última imagen íntima sobre aquella conquista inolvidable, la primera que alcanzábamos a nivel mundial: "Cuando llegamos al vestuario, nadie reaccionaba. Me senté en un banco, apoyé la cabeza en la pared y cerré los ojos un rato. Cuando los abrí, me di cuenta que los muchachos se habían sentado frente a mí en silencio. Nadie decía nada. No había emoción, ni angustia, ni llanto. Era como si cuatro años de lucha se hubieran derrumbado sobre nosotros... Pero claro, adentro, bien adentro, sentíamos una felicidad eterna. Le habíamos hecho el mejor homenaje al viejo y querido fútbol argentino..."

César Luis Menotti, técnico argentino, con la Copa del Mundo en las manos.

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El capitán Passarella cumple momento soñado por generaciones de futbolistas argentinos: llevar en andas la Copa Mundial en las manos.

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Festejos en el Obelisco. En un país en tinieblas el festejo en las calles fue una especie de desahogo popular.

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Por Juvenal (1990).

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