¡Habla memoria!

1967. Héctor Veira: ¨¿Soy Veterano a los 21 años?¨

Por Redacción EG · 18 de diciembre de 2019

Un pibe de barrio que no cambiaba San Lorenzo por nada. Sus amistades, el servicio militar, los goles en cantidades, de todo eso y más habla un joven Bambino que se entrevista con Osvaldo Ardizzone.

¿Qué a mí me van a vender?... ¿Y a Nacional de Montevideo? No, no sé ni medio... Lo único que sé es que aquí en Buenos Aires hay un señor, ¿cómo le dicen?, un empresario del Real de Madrid que hizo una oferta por mi pase... Pero a mí no me dijeron nada... Creo que hablaron de veinticinco o treinta millones... Algo así... En serio, en serio... Esa la sé bien, pero por otro lado, ¿sabe?... Pero en cuanto se enteró doña Adela, ya empezó a preocuparse... No quiere que me vaya...

Doña Adela es la madre de Veira. Pero para el "Bambino" es doña Adela, incluso en el trato de todos los días. De la misma manera que el padre pasa a ser don Víctor... Y Veira es el "Nene" para doña Adela y para don Víctor... Así es el clima de la casa de este alegre repartidor de bromas y carcajadas... De este personaje que no toma nada en serio. Que todo lo mide con el calibre de su atrevida irresponsabilidad... Que a todos los problemas, a los más insolubles, siempre sabe encontrarle el matiz risueño. Que recién está cumpliendo con el servicio militar y ya está asociado a toda la novela de la noche, de las madrugadas. Que recién está transitando por los veinte años y para todo el comentario ya pasó a ser un veterano...

 

Héctor Veira debutó en San Lorenzo en 1963.

Héctor Veira debutó en San Lorenzo en 1963.

 

—Sí, ya sé... La gente cree que yo soy el millonario de la noche, que ando tirando la plata... ¿Qué plata? Pero, ¿si yo no gané ni medio? Recién ahora pude comprar este departamento y el Fiat 600. Pero puse nada más que el arranque, porque todavía hay que pagarlo... Y los muchachos me cargan, porque no compré un coche "bacán"... ¡Si no puedo comprar nada!... Mire, yo no le niego que salgo, pero me hicieron más novela que todo... Pregúntele a doña Adela... No tomo copas, ni vino en la comida... No fumo... ¿Quiere que le diga qué pasa? Que yo me pongo una remera de todos colores después de un partido que anduve bien y todos me la aplauden... Si esa misma remera la llevo después de un desastre me gritan cualquier cosa... Que soy un loco, que no tengo cabeza, que me agarro la vida en broma... Que no soy serio:..

 

FÚTBOL CON BROMA...

Ahora se fue de Parque Patricios, de la esquina de Chiclana y Deán Funes... Doña Adela fue la que eligió ese departamento moderno en la esquina de Balcarce y Garay, donde se adivina su cuidado y su orgullo femenino de exhibir una nueva etapa en la familia... Pero el "Bambino" sigue yendo todas las tardes a la esquina de Florencio, allá donde siguen los viejos amigos de la primera infancia. El "Bambino" sigue fiel al barrio natal y a esa vestimenta de muchacho a la moda... Pulóver rojo, camisa rosa a lunares con cuello inglés y en el remate del pantalón gris y angosto, el par de botas que le regaló Bonavena hace un par de semanas...

—¡Usted sabe cómo empezó todo esto!... Empezamos cuando éramos todos pibes... ¿se acuerda? Y siguió la broma, se agarró todo para chiste... Nosotros seguimos la broma y los chistes y al final nadie nos tomó en serio, ni cuando jugábamos bien. ¡Es divino! Mire, la gente me ve por la calle con el traje de "colimba" y me mira extrañada... "Pero, cómo, ¿vos tenés nada más que veinte años?", me preguntan... No... ¿qué se creen, que estoy disfrazado o que me lo pongo de gusto?... Estos piensan que tengo los años del "Rata" o del "Tano" Roma... —Y de golpe salta bruscamente a esta nueva etapa de su vida— ¿Sabe qué gente fenómena encontré en el Distrito? ¡Son divinos! Ahí en Balcarce al 300... ¡Cómo me tratan!... Tengo que cumplir como todos, me levanto a las 5 de la mañana... pero el coronel y todos son gente de lo mejor... Me dan permiso para ir a entrenarme, me solucionan todos los problemas... Pregúntele a doña Adela cómo aprendí a hacer café y té... - ¡Para eso soy un fenómeno...! ¡Es divino!

Allí está la legitimidad de sus 21 años... La obligación militar que lo obliga a levantarse todas las mañanas a las 5... "Tiene que ver qué bien me tratan..."

Allí está la legitimidad de sus 21 años... La obligación militar que lo obliga a levantarse todas las mañanas a las 5... "Tiene que ver qué bien me tratan..."

Para el "Nene" todo es divino... Todo lo soluciona con la sonoridad de su carcajada que nunca lleva más que la necesidad de festejar las extrañas ocurrencias que nacen en su insólita imaginación... "Es divina la conscripción." "Es divino San Lorenzo." "Es divino Casa." Es divino el "Toscano" Rendo, que "ahora debe estar tomando vitaminas". Y sigue con lo que se le ocurre, con lo que no tiene ninguna relación con el tema de antes... Porque ahora apareció Casa o Rendo o Alfredo Rojas o el "Tano" Roma. Y son todos "divinos" porque el "Nene" le va a encontrar siempre el matiz risueño que el sólo es capaz de encontrarle... Todo menos que un sentimiento egoísta, todo menos que pensar en la plata o en el auto último modelo que vio el otro día.

—A mí me pasan todas... Pero es lindo este país, ¿no cree usted? Qué sé yo... A lo mejor me iría a jugar al Real o a otra parte, si la "guita" es buena. Pero le juro que me gusta aquí, seguir jugando aquí... Calcule que a los 16 años debuté en la primera... Era más liviano que un jockey. - ¡Qué tiempo! No hice ni tercera ni reserva... De la sexta directamente a la primera, y de golpe me encontré con todos los cracks, con todos los tipos que para mí eran fenómenos... ¿Se acuerda qué ruido hice? —Y el "Bambino" habla como si recordara la historia de otro, de algún veterano que está añorando los viejos tiempos—. Empecé en la novena, a los trece años, pasé a la séptima, a la sexta y ¡pum! No ganaba ni un "mango", pero salía hasta en el Pif-Paf... Y mire que yo era livianito, pero le hacía goles a todos... La gente ahora habla, pero yo no fui un pibe que hacía sólo chiches, yo la metía adentro. ¿Sabe cuántos goles marqué en casi cuatro años, menos de cuatro años, porque todavía falta el Nacional?... Más de 55 goles... en primera... ¿qué tal? Yo le puedo asegurar quince o dieciséis goles por temporada a cualquier equipo, porque eso lo marcan los números... Y en el 65 estuve con el tobillo a la miseria casi todo el año.

Y siempre con la misma ligereza para cambiar de tema, se entrega a una reflexión...

—¿Usted piensa que a mí me enloquece la plata? Me gusta para andar bien en casa, pero yo con unos mangos camino, me divierto... En ese tiempo no ganaba nada, pero por la calle me conocía todo el mundo... ¿Sabe qué divino?... Entraba en un lado y al rato se oía por el micrófono... "Se encuentra en la sala honrándonos con su visita el "Bambino" Veira". Y entraban a mirar todos y todo se hacía fácil... ¿Quiere que le diga una cosa? A veces pienso que ése fue el problema mío y de los pibes de San Lorenzo... Se hizo muy fácil la carrera, ¿se da cuenta? Uno es pibe y lo miman... Pregúntele a don Víctor, a mi papá, lo que le dije a los trece años... "Voy a jugar en la primera cualquier día". Y jugué en seguida... Le digo que yo me puedo reprochar algo, no se lo discuto, pero la culpa no es toda mía... Mire, ¿sabe lo que necesito yo? Contagio, porque soy haragán para todo y para entrenarme, más. Pero si encuentro gente que labura, si encuentro un clima de disciplina, soy el mejor de todos... Pregúntele a Torrecillas o a Ahumada cuando me entrenaron ellos, cuando estaba en la selección... En San Lorenzo es otra cosa... No acuso a nadie, pero ¿cuántos técnicos hemos cambiado en un año? Fíjese que ahora terminamos el Metropolitano y a lo mejor se va el señor García... Nunca embalamos bien. Yo no me quiero ir porque en ese club nací, pero a lo mejor me viene bien un club de aquí o de Europa o de cualquier parte, donde haya más obligación, más disciplina... ¡Qué sé yo! Donde no me conozcan y donde me exijan a muerte...

Su personalidad siempre inclinada a lo risueño... El "Nene" que siempre vive en su carcajada, en el pintoresquismo de su vocabulario, en esas botas que le regaló Bonavena...

Su personalidad siempre inclinada a lo risueño... El "Nene" que siempre vive en su carcajada, en el pintoresquismo de su vocabulario, en esas botas que le regaló Bonavena...

 

LA VERDAD DE LOS GOLES

Y como si tuviera una duda, me pregunta bruscamente...

—Dígame, ¿usted cree que yo no puedo jugar en este fútbol? En serio, contésteme... Porque a veces yo me amasijo en mi casa, porque me da bronca... ¿Vio que me no, que parezco un tipo irresponsable? Pero me da bronca... me amargo... El desastre mío es que si encuentro un ambiente de broma, me prendo por contagio... Por eso necesito cambiar de ambiente... En San Lorenzo me saludan hasta las baldosas; "Buen día, Nene", me dicen. Un día trabajamos, otro día no, una vez por la mañana, otro a la tarde... Y para peor la gente me exige como si tuviera 30 años... Uno de la tercera que tiene mi edad y va a primera es un pibe... ¿Y yo qué soy? ¿Un viejo? Me vienen con la de ahora... Yo sé que hay que correr, pero eso de la fuerza no me la como toda, ¿qué se cree? Nosotros, con todos los pibes, le ganamos varias veces a los más fuertes... Le ganamos y le dimos toque. Ahí tiene el caso de Perfumo... ¡Qué divino que es Roberto! Me divierto cuando lo veo... ¿Y qué me va a decir? ¿Que juega porque es fuerte? Juega porque sabe y porque se entrena bien y está en un clima de disciplina... ¿Qué pasa con el Nene Rojas cuando anda bien? ¿Por qué no se la sacan los fuertes? Es que nosotros también hacemos confusiones... ¿Se fijó la otra noche contra los gallegos del Atlético? Son fuertes, se entrenan ¡qué sé yo! Y se la comieron... ¡Y yo le puedo asegurar que en esa semana ni me había entrenado!... Y eso es una barbaridad que no se puede hacer. Ya le digo, yo no me quiero ir del club, parque nací ahí, cero así como a uno lo quieren cuando anda bien, tampoco perdonan cuando las cosas no salen... Yo no nací para para correr gente, pero a usted le consta que yo arranco todo el partido desde más atrás de la media cancha y llego. Y marco goles. Quizá la gente tenga razón, porque en San Lorenzo siempre estamos para matar y al final nunca pasa nada... Todos los años vamos a salir campeones y a la hora de cobrar estamos fuera del marcador... ¡Qué sé yo! Por ahí se cambia de camiseta y se cambia la vida...

 

El Bambino en la puerta del bar.

El Bambino en la puerta del bar.

 

¿NO ES RESCATABLE?

Quizá todos tengamos razón para hacerle algún reproche al "Bambino". Porque todos lo vimos bajar los brazos, todos lo vimos desaparecer del campo muchas veces, con ese andar liviano, con ese aire de lejanía que no regresa ni aun en la adversidad... Pero... ¡Son veintiún años! "La gente me critica como a un veterano y al final me lo voy a creer yo también. ¡No le digo que me ven por la calle con el traje de "colimba" y creen que estoy disfrazado!..." Muchos' lo asociarnos a un fútbol frágil, casi irresponsable, liviano, sin contundencia... Pero el Nene pone sobre la mesa la verdad irrefutable de la estadística, de su estadística... ¡Cincuenta y cinco goles en menos de cuatro años y a los veintiuno de edad! ¿Y entonces qué? ¿Hay material rescatable o no? ¿Es todo culpa de Veira, es el único responsable de sus desapariciones, de sus ausencias, sus irregularidades? ¿Por qué Veira tomó el fútbol con ese exceso de "alegría"? Porque encontró un medio alegre. O porque quizá no encontró todavía el clima y la disciplina que frene su inclinación por las cosas fáciles, que le haga comprender que nadie puede practicar seriamente y profesionalmente fútbol sin la rigurosidad de un entrenamiento diario y una vida privada austera... Allí, en la intimidad de esa casa llena de afecto, donde don Víctor pinta con brocha gorda, donde doña Adela llena la cocina con el aroma tibio de sus comidas, Veira es el Nene en la misma dimensión de su afecto y de su casi adolescencia... ¿Dónde está oculto el disipado de la noche, el de las madrugadas galantes, el que transita asociado a toda esa novela negra que entró en el comentario de todos, como si todos realmente la conocieran?... Allí, en esa casa con olor a limpio, hay fundamento paterno y materno... Allí hay un chiquilín que llegó "ganador" y por eso creyó que el fútbol y el mundo se inauguraban con su llegada... Pero que hay un chiquilín de apenas veintiún años que aun admitiéndole la fragilidad de sus recursos para la defensa, apenas cumplió 21 años. Yo pregunto... ¿Cuántos delanteros disponemos en nuestro medio, aun integrando equipos donde la conducción técnica y física transmiten una disciplina aparentemente más rígida que la de San Lorenzo, con esa misma producción de goles? No, no hay muchos o quizá ni hay pocos. Lo que ocurre es que el "Bambino" llegó al fútbol de primera con una carcajada de 16 años. Y siguió con la carcajada. Y se encontró con compañeros que nunca arrugaban el ceño... Y siguió la risa, siguió la broma, siguieron las semanas sin entrenamiento, siguieron las vigilias sin sueño... Pero, ¿el Nene es ya veterano? ¡No! ¡Recién tiene veintiún años! Aunque me cueste a mí también aceptarlo, aunque lo vea metido dentro de ese traje militar que nunca miente...

Me di cuenta que los tenía cuando lo vi en la intimidad de esa casa nueva de San Telmo, cuando alegremente le pasó el brazo por el cuello a doña Adela, como él la llama en su particular bautismo... Me di cuenta cuando escuché su ruidosa e interminable carcajada cuando se burlaba de la brocha gorda de don Víctor... Cuando contemplé esa enorme fotografía de aquel Nene del 63, metida en el marco dorado de un cuadro. De aquel Veira que una vez, como en una historia vieja, trastornó a las tribunas con el bullicio de su túnel descarado y la seriedad de su gol indiscutible...

Por eso no lo puedo mirar como a un veterano... Porque de eso hace apenas cuatro años, aunque ya parezca una historia vieja... Por eso no lo mire tampoco usted como a un veterano... Mírelo así, como es. Así como lo trata doña Adela... Corno a un hijo que anduvo equivocado en el colegio, porque a esa edad siempre se encuentra un motivo para equivocarse...

Hay que imitar a doña Adela. Ella sí que sabe que el Nene recién llegó a los 21 años... Tal vez necesite que lo cambien de escuela... o quizá los maestros...

 

 

Por Osvaldo Ardizzone (1967).

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