¡Habla memoria!

Inolvidables: Jorge y Amado Azar

Por Redacción EG · 15 de diciembre de 2019

Los hermanos cordobeses. Jorge era impulsado por los nervios mientras que Amado dominaba la calma y serenidad. Cuentan que de haber fundido sus capacidades se habría conformado al boxeador ideal.

Jorge tenía un golpe seco, potente; Amado, el "almohadazo"; Jorge era apático, irresoluto; Amado iba hacia adelante descargando golpes y su cuerpo. Bien plantarle la estampa del mayor; seria, seca; "redondito" Amado, de curvas suaves, blandas. Nervioso Jorge, agua de tanque Amado. De haber sido posible fundirlos en un crisol, habríase obtenido un valor absoluto. Victorias que no Pudo conseguir uno las logró el otro. Entre ambos saldaron cuentas. Y con besos, porque cuando uno subía al cuadrado, el hermano lo besaba; y lo mismo acontecía cuando los papeles se trocaban.

 

Jorge y Amado Azar

Jorge y Amado Azar

 

Desde los días de aficionados hasta el momento en que abandonaron los rings profesionales, el itinerario fue dilatado y los éxitos acordaron un marcado superávit. Si para Jorge era difícil Ignacio Ara, para el Sapo le resultó fácil. Y para el español el más serio escollo que su ciencia encontró a su paso por cuadriláteros argentinos. No alcanzaba a explicárselo; tampoco Jorge pudo jamás explicarse ese algo congénito que lo paralizó, que le impidió ir hacia adelante en la búsqueda de la rápida solución. El grito de "¡amargo!" solía herirlo. Y no lo fue jamás. Fue otra cosa, algo que estaba en su sangre, que pudo más que él. "Si usted hubiera ido para adelante habría ganado", le dijo su manager Costanzo luego de uno de los últimos matches de Jorge, a lo que éste respondió con una profunda verdad: "Si yo hubiera podido ir para adelante habría llegado a campeón del mundo". No pudo. No admitía ningún razonamiento. Sencillamente, no pudo. Y Amado podía. El tranquilo, el sereno, el de golpe menos seco, menos preciso, podía. Ambos dejaron une huella honda en el pugilismo argentino, y más profunda, por el humano sentimiento lugareño, en el cordobés. En cada ocasión posterior en que "la docta" brindó un buen pugilista, la referencia a "Los Azar" fue obligada. Entre los dos se pudo haber formado un magnífico exponente, así como entre ambos conquistaron muchas victorias. Algunas significaron cuentas saldadas.

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¡Habla memoria!

Yo fui Maradona. Por Enrique Medina

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