¡Habla memoria!

1991. Latorre sacó patente de crack

Por Redacción EG · 06 de diciembre de 2019

La era de los grandes jugadores de la década del 80 había terminado, comenzaban a surgir algunos talentosos que ilusionaban a todo aquel que gusta del fútbol exquisito. Diego Latorre tenía todas las condiciones para romperla.

¿Hay un nuevo Diego Latorre? ¿El actual sepultó a "Gambetita" en el rincón de los recuerdos? ¿Su crecimiento como hombre y como futbolista lo llevó a olvidar aquellos alardes de virtuosismo y reemplazarlos por un fútbol más serio, más sobrio, más positivo y contundente?

Sí y no. Creció. Cambió. Le agregó matices a su juego. Ganó en personalidad. Le sumó eficacia. Pero no abandonó nada de lo que traía de la tercera de Boca, de lo que tenía como bagaje natural cuando lo descubrió Manto Zanabria.

Sigue siendo un virtuoso de la gambeta. Para amagarle al contrario, quebrar la cintura y salir por el lado inesperado, como cuando era un pibe y se ganó el apodo que lo acompañó hasta su ascenso a primera. Sigue teniendo lo que era el patrimonio de Rojitas con esos mismos colores o de Mario Zanabria cuando jugaba en Unión y en Newell's. Sólo que antes gambeteaba para divertirse, para disfrutar con su derroche de habilidad. Ahora, su gambeta duele. Si antes el esquive le permitía salir hacia los costados para buscar nuevos rivales y seguir dribleando, ahora gambetea hacia adelante.

 

Eso que tiene Bochini

Su estilo de enganche y partida hacia adelante, arrancando desde la media cancha para enfilar hacia el área penal contraria tiene mucho de Ricardo Enrique Bochini.

Desequilibra al adversario que lo enfrenta, cortando hacia la izquierda o la derecha, pero de inmediato rectifica el rumbo de marcha y apunta rectamente a la zona donde se definen los partidos. No se aleja del objetivo. Va decidido hacia el corazón mismo de la defensa rival. Para seguir sacando contrarios de posición, desmarcando así a sus compañeros de ataque, o para abrirse la posibilidad de su remate al arco.

 

Enfrentando a Independiente. Latorre debutó en Boca en 1987.

Enfrentando a Independiente. Latorre debutó en Boca en 1987.

 

Latorre aprendió en estos últimos meses algo fundamental. Algo que normalmente les cuesta adquirir a los gambeteadores, siempre proclives a hacer una de más, confiados en su habilidad de manejo. A desprenderse de la pelota en el momento justo. Ni un instante antes ni un instante después. Si apresurase el pase, estaría denunciando la intención de su jugada. Si la llevara un metro más allá del punto en que debe tocarla hacia un compañero, tendría que seguir gambeteando o chocaría contra el hombre que sale a enfrentarlo.

Su primer ciclo en Boca terminó en 1992, cuando fue transferido a la Fiorentina. Allí se reencontró con Gabriel Batistuta, con quien conformó una dupla ofensiva para el recuerdo.

Su primer ciclo en Boca terminó en 1992, cuando fue transferido a la Fiorentina. Allí se reencontró con Gabriel Batistuta, con quien conformó una dupla ofensiva para el recuerdo.

En ese oportunismo para largada en el momento justo, que es una de las más admirables virtudes de Bochini, ha progresado Latorre en los últimos doce meses de un modo fantástico. Por eso, en este momento está preparado para llevada y meter el último pasegol o devolverla al primer toque, lo que corresponda en cada situación del juego, con absoluta certeza.

 

Un cierto aire a Francescoli

El volante ofensivo de nuestras canchas suele caracterizarse por lo que podríamos llamar sus "caídas de tensión". No sólo por su falta de continuidad para mantener el ritmo de acción y la presencia protagónica a lo largo de todo el partido, lo que puede conceptuarse como un hecho lógico, a condición de que el hombre aparezca en el momento necearlo con todas las luces prendidas. Nos referimos concretamente a su continuidad en carrera y despliegue dentro de una misma jugada o sucesión de maniobras enlazadas.

Lo habitual es que nuestro mediocampista de ataque arranque llevando la pelota como para llevarse el mundo por delante. Luego, a medida que progresa en el terreno, va perdiendo velocidad y vigor. Nos recuerda aquellos versos tangueros de Celedonio Flores: "Afloja el tren de carrera/ y se hace manso/ y sobón...

El grito de gol en pleno Monumental. Tuvo grandes actuaciones en los Superclásicos.

El grito de gol en pleno Monumental. Tuvo grandes actuaciones en los Superclásicos.

Diego Latorre es la contrafigura. Su arranque es más bien pausado, reflexivo, como si fuera pensando la maniobra. Cuando avanza, aumenta su aceleración. De ese modo, cuando va cambiando de dirección en carrera, se hace difícil controlarlo. Cuando frena y en un corto contrapique sale en otro sentido, es capaz de generar auténtica sorpresa.

Su paso por Europa fue entre 1992 y 1996, luego volvió a vestirse de azul y oro.

Su paso por Europa fue entre 1992 y 1996, luego volvió a vestirse de azul y oro.

Con otro físico, más cortito, nos recuerda a Enzo Francescoli cuando partía, primero en baja velocidad, luego usando la palanca de cambios y finalmente lanzado en casi incontenible aceleración. Diego tiene, como el crack uruguayo que llegó a romperla en el River de mediados de los ochenta, gran versatilidad para definir ante los palos adversarios. Como Francescoli, está técnicamente dotado para pegarle de volea, sin necesidad de acomodarse. Así, pateando de media vuelta, le metió un gol bárbaro a Ferro Carril Oeste en 1990, para ganar en los últimos segundos un partido que Boca no podía resolver. De perfil al arco, en media chilena, impactó contra River por la Copa Libertadores de este año. De chilena le metió uno inolvidable a los rojos en Mar del Plata. Fueron goles a la manera de Francescoli. Sorpresivos y sorprendentes. La comparación tiene sólidos puntos de apoyo.

 

Sutilezas de Pollitia y Baggio

Por imagen física nos recuerda a Roberto Baggio, el astro de la Juventus que provocó las iras de los tifosi de la Fiorentina cuando le dieron el pase para el club turinés. La forma en que Baggio entró zigzagueando en la defensa norteamericana para marcar el segundo gol de Italia en el último Mundial tiene mucho del estilo punzante de Diego cuando va al área rival cambiando de ritmo y de dirección para definir con absoluta precisión. Los delanteros como Baggio o Latorre ganan por habilidad, imaginación, creatividad, sutileza. Ese es su parentesco futbolístico, más allá de las lógicas diferencias que se establecen entre un crack del fútbol más competitivo del mundo que, además, ya jugó un Mundial, como Baggio, y un proyecto de excelente jugador como Diego Latorre.

En Boca ganó 3 títulos. la Supercopa Sudamericana 1989, la Recopa de 1990 y la Copa Máster 1992.

En Boca ganó 3 títulos. la Supercopa Sudamericana 1989, la Recopa de 1990 y la Copa Máster 1992.

Ese mismo toque sutil es el que permite establecer similitudes muy marcadas entre Gambetita Latorre y Polillita Da Silva. Como lo ha expresado Passarella, "cuando Da Silva llega acompañado, puede ser mortal, porque entre dos alternativas de entrega va a elegir la que más duele al contrario". Ese mismo concepto es aplicable a Latorre. Con este agregado: cuando resuelve terminarla personalmente, es igualmente temible.

 

Su personalidad se consolida

Latorre ha consolidado su personalidad en un aspecto fundamental. Sabe esperar su oportunidad. No se desespera ni se va del partido cuando la pelota no pasa por él. Está siempre al acecho, como el felino que olfatea su presa. Cuando la tiene a su alcance, pega el zarpazo. Lo ha demostrado, especialmente, en partidos contra River. Ha tocado muy pocos balones. Pero los aprovechó al máximo. En el campeonato 1989-90 quedó una pelota perdida en el área y, rodeado de adversarios, Diego midió el tiro y la colocó en la ratonera, bien abajo, a la izquierda de Comizzo, empatando el clásico. Este año, en la Bombonera, definió un partido que River había controlado netamente con un hermoso disparo por sorpresa desde casi 25 metros, clavándola arriba, a la derecha de Miguel.

 

En Boca jugó 168 partidos y convirtió 52 goles.

En Boca jugó 168 partidos y convirtió 52 goles.

 

Eso revela que Gambetita ha pasado a ser algo mucho más importante que un virtuoso que le puso manija a la pelota. Es un atacante casi completo que, además, se ha transformado en el abanderado de una nueva generación de jugadores que, como ayer Bochini, el Beto Alonso o Maradona, apuntan al futuro del fútbol argentino.

 

 

Por JUVENAL (1991).

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