¡Habla memoria!

1984. La Pepona: el símbolo de Belgrano

Por Redacción EG · 30 de octubre de 2019

José Reinaldi cuenta él mismo como fueron sus primeros años en el fútbol, de qué equipo era hincha y de cuál se hizo, sus idas y vueltas entre Belgrano y Talleres y un deseo que no pudo cumplir: terminar su carrera en el Pirata.

¨Si no es socio y con el carnet al día, no puede entrar a la práctica¨. José Omar Reinaldi se mordió los labios y estrujó en su bolsillo la carta de recomendación con la cual lo había enviado Lorenzo Gilli desde Villa María. Y se volvió desde la puerta del viejo estadio cordobés. Esto me lo contó hace muchos años y entonces agregó como una profecía: "pero estaba escrito que yo iba a jugar en Belgrano y a veces pienso que voy a terminar mi carrera allí". En 1984, Reinaldi está otra vez en Belgrano aunque una molestia en la cadera perturba sus ganas de estar en el gran desafío de la camiseta celeste, "No sé cuándo dejaré de jugar, pero de lo que estoy seguro es que lo haré antes que el fútbol me deje a mí."

Reinaldi debutó en el Pirata, luego pasó por River y varios equipos más. En el Belgrano tuvo tres ciclos como futbolista.

Reinaldi debutó en el Pirata, luego pasó por River y varios equipos más. En el Belgrano tuvo tres ciclos como futbolista.

Estamos en una mesa del hotel Crillón. Y Reinaldi habla: "Desde chico me dicen Pepona. La ilusión mía era jugar en Ferro Carril Oeste. Yo era hincha de Boca, pero cuando el Zurdo López pasó a Ferro, me hice hincha de Ferro a muerte. En abril de 1968, Rubén Luppo con quien había jugado en Unión Central de Villa María me llevó a Ferro. Estuve un mes y don José Scalise, que era el técnico, estaba chocho conmigo. Pero los directivos dijeron que no podían pagar tanto por un jugador para la cuarta. También me dijeron que no en Talleres y en Instituto, adonde fui por recomendación de un estudiante amigo. Hasta que fui a Lavalle (uno de los dos clubes con los cuales se formó el actual Unión San Vicente). Jugué cuatro partidos en reserva con el nombre de ¨Marzolini¨. Hice varios goles y cuando me quisieron comprar, les negaron el pase. Después vino lo de Ferro y como no se hizo, Lavalle insistió y pagó 100 mil pesos por un año y 750 mil la opción definitiva. Al día siguiente que firmé para Lavalle, llegó Miguel Angel López a Villa María para llevarme a River, pero ya era tarde. Me habían vendido. Debuté y perdimos cuatro a uno con un gol de cabeza mío. "Jugué ocho o nueve partidos y como no me pagaban, me fui. Había resuelto no jugar más. Seguir haciéndolo en el equipo de la Facultad de Arquitectura que participaba en el torneo Interfacultades. ¡Qué me iba a imaginar que en 24 horas (fue de un sábado para un domingo) iba a estar debutando en Belgrano en un famoso partido con Estudiantes de La Plata! En ese entonces, las relaciones entre Lavalle y Belgrano estaban rotas, pero el negocio era más importante que las relaciones y me vendieron en un millón y medio. Le ganamos 1 a 0 a Estudiantes con gol de Dalombo y a mí me reemplazó a los 30 minutos del segundo tiempo otro debutante: Bernardo Patricio Cos. En ese partido se armó una trifulca memorable que terminó con varios jugadores en la comisaría. A Malbernat le luxaron la mandíbula y Estudiantes debía jugar en esos días con el Milán, por la Copa.

Fue el comienzo del ídolo, celeste. Duró hasta el '74. Después la otra parte de la historia: River ('75/'76); Barcelona, de Ecuador (77): Talleres hasta mayo del '81 y otra vez Belgrano en una operación increíble. Los dirigentes de Belgrano llevaron la plata al contado en un paquete envuelto en papel de diario. Lo dejaron en las manos de sus colegas de Talleres y la Pepona volvió a casa.

José Omar Reinaldi y sus recuerdos. Si yo quedé afuera de la Selección fue porque había jugadores más importantes en aquel momento¨.

José Omar Reinaldi y sus recuerdos. Si yo quedé afuera de la Selección fue porque había jugadores más importantes en aquel momento¨.

Estaba escrito que iba a jugar en Belgrano y a veces pienso que allí voy a terminar mi carrera."

"En 1973 me fui a Francia por un rato. Me llevó Rubén Muñoz al Red Star en las afueras de París. Era la única comuna en que el alcalde era comunista. Estuve un mes y tuve como compañero a Néstor Combin. Tengo un lindo recuerdo: hice un gol en Boulogne Sur Mer. Pero no pude visitar la casa donde vivió y murió San Martín. Llegamos tres horas antes del partido y nos volvimos en tren. No me quedé en Francia porque el cupo de extranjeros estaba cubierto."

Después de Belgrano otra vez Talleres (82) a préstamo y de allí a Loma Negra, Rosario Central (1983) y de vuelta a Belgrano a préstamo por el Nacional '84. El día del regreso chocó entrando a la ciudad con el automóvil en el cual viajaba con su familia. Fue el anticipo de un año duro. Pero Belgrano respetó el compromiso y lo contrató igual, sin importarle que el ídolo no debutara a tiempo.

El 27 de mayo, cumplirá 35 años. "Yo siempre tengo que rendir al ciento por ciento en Belgrano. La gente me quiso siempre y supo soportar lo que desde la tribuna podía parecer una cierta comodidad mía porque no corría pelotas perdidas. No las disputaba porque había aprendido que muchas lesiones graves se producen por ir al choque. Eso no quiere decir bajar los brazos o carecer de combatividad. Tengo la suerte de haber ganado el cariño de la gente.

En River me reciben con afecto; en Ecuador tenía cincuenta chicos todos los chas esperando que saliera: en Talleres, en Rosario Central y por supuesto en Belgrano.

Hay quienes dicen que Reinaldi no habla. Pero hay recuerdos sobre la mesa. Como cuando lo vi aparecer por primera vez en el departamento de estudiantes en el barrio Clínicas en Santa Rosa  con su timidez rubia y su camisa escocesa. Quería estudiar arquitectura en 1967. Y entre libros, apuntes, bohemia y urgencias políticas de la militancia estudiantil que practicábamos, quedaba tiempo para la broma del estudiante viejo al estudiante nuevo. Pasó todo lo que ha pasado. Casi la vida de un crack. La de aquel chico rubio con su alma transparente y su inocencia. Sí. Aquel es el Reinaldi que conocí. Y sigue siendo el mismo. Con el gesto más serio, con la profesión de futbolista en el alma. Con más luces que sombras. Algún día será historia. De la mejor. Por su talento, por clase, por querer el fútbol y respetarlo.

La Pepona y la celeste de Belgrano, todo un símbolo del mejor fútbol cordobés. Reinaldi tallo toda una trayectoria alrededor de una premonición: terminar su carrera en Belgrano. Finalmente no lo cumplió y ese mismo año se fue a Talleres, donde sí terminó su carrera.

La Pepona y la celeste de Belgrano, todo un símbolo del mejor fútbol cordobés. Reinaldi tallo toda una trayectoria alrededor de una premonición: terminar su carrera en Belgrano. Finalmente no lo cumplió y ese mismo año se fue a Talleres, donde sí terminó su carrera.

Había "algo" la mañana de esta charla. Estaban las lejanas imágenes de Villa María, con el baby fútbol y las camisetas de Reconquista primero y el "Glostora" después. Había algo en los silencios de la Pepa. Con la última pregunta llegó la respuesta: una lágrima

—¿Un amigo?

—No lo tengo. Era mi viejo…

Y se ahogó en la pena de la ausencia. Todas las tribunas gritaron los goles de Reinaldi y a su largo talento que quiere escapar ahora a esa ¨molestia¨ en la cadera. Para estar jugando en el Belgrano de hoy. Para hacer un gol que se pueda dedicar al cielo, de verdad.

 

 

Por NILO NEDER (1984).

Fotos: VICTOR HUGO SAAVEDRA.

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