¡Habla memoria!

1969. Los ídolos extranjeros de Boca

Por Redacción EG · 18 de septiembre de 2019

Osvaldo Ardizzone hace un extraordinario recorrido por la historia de los inmigrantes que fueron referentes de Boca. Melendez, Valentim y Da Guia son algunos de estos nombres que quedaron en la historia grande del Xeneize.

Hay muchos jugadores argentinos que sostienen que son muy pocos los que alcanzan el gran éxito con la casaca del club de origen... Y la verdad que hay ejemplos que pueden ilustrar esa manera escéptica de pensar... Y como contrapartida opinan que "el jugador que llega "de afuera", y más aún si es de procedencia extranjera, encuentra más apoyo, más simpatía y más tolerancia..." Puede ser. Como decimos más arriba hay ejemplos muy elocuentes... El caso de Ennindo. Y el caso del "Rata" como contrafigura, aunque al "Rata" también le buscaron a lo largo de su carrera como cuatro o cinco reemplazantes entre los que no faltaron extranjeros...

De todas maneras vamos a llegar a una única conclusión. Que al margen de esas opiniones, no hay ninguna duda que nuestro público es generoso y hospitalario con el jugador extranjero... Hay una predisposición sentimental favorable para apoyarlo en los primeros tiempos, para estimularlo y fortalecerlo... Y revisando la historia vamos a comprobar que excluyendo "los paquetes" que se deslizaron subrepticiamente, cada vez que un extranjero triunfó en nuestro medio encontró el clima afectivo y ruidosamente favorable para alcanzar los perfiles de ídolo... Sin ningún tipo de prejuicios con determinado origen. En Boca, que ahora analizamos, fueron ídolos dos brasileños, un paraguayo, un uruguayo y ahora un peruano, como en el caso de Meléndez...

 

EL MACHETERO

Este paraguayo que trajo Boca allá por el treinta y dos constituye una de las consagraciones más vertiginosas en el veredicto de su tribuna y en la opinión general... Benítez Cáceres es hombre conocido en su tierra, pero no registra en la galería de las grandes figuras sudamericanas... No es el crack consagrado. Es el "anónimo" que tiene que enfrentarse con el mejor fútbol de entonces, jugando para la casaca más popular y la más asociada al éxito, y la que normalmente disponía del grupo más selecto de jugadores... Por eso en Boca le exigen "la prueba" de la división reserva... Y el paraguayo "la rompe". Y enseguida a la primera. Y después, siempre primera... Ese paraguayito desconocido, de baja estatura, ese morenito de aspecto insignificante, se hace HOMBRE DE BOCA sobre su misma llegada al club... De inmediato traspone la exigencia sentimental de esa tribuna que no duda entre el afecto y el repudio. El paraguayo es el gran jugador que además siente. Es fino para todo. Para pegarle a la pelota. Para pegarle con las dos piernas a treinta y cuarenta metros. Para esa gambeta que siempre gana terreno en el campo. El paraguayo era crack. CRACK con mayúsculas. Porque toda esa riqueza de jugador, todo ese bagaje de habilidad, de talento, todo eso, lo fortalecía con todo el vigor físico y espiritual, que guardaba adentro. Era delantero para los cinco puestos, cuando entonces eran puestos. Y era jugador para toda la cancha. Para correrla sin pararse nunca, para mostrarse siempre, para sacar el remate con una media vuelta espectacular que siempre desconcertaba. Para ir arriba y ganar a los más "largos", a pesar de su estatura. Porque era atleta, atleta para el esfuerzo, atleta para la lucha, atleta para todo... Boca, por aquellos años, disponía de atacantes de la fama de Roberto Cherro, de Varallo... Y a apenas unos meses de usar la casaca su prestigio ya había equilibrado el de aquéllos hasta convertirse en gran ídolo... Benítez Cáceres, Varallo y Cherro constituyeron el trío central más poderoso y más goleador de entonces. Los tres potentes, los tres agresivos, los tres capaces y los tres temperamentales. Y enseguida Benitez se suma a la producción goleadora. A pocos hombres recuerdo haberles visto sacar el remate con tanta facilidad. Volea, sobrepique, pelota en movimiento, media vuelta, zurda, derecha, con espacio y sin espacio... Y la admiración de su tribuna se refleja en la originalidad de los bautismos; todos referidos a la exaltación de esa "sangre" guaraní que siempre tributaba el último esfuerzo...

 

Benitez.

Benitez.

 

Por eso fue ídolo. Ídolo, cuando Boca disponía de muchos... Por eso llegó a ser el grito inconfundible de muchos domingos... Ese ¡Machetero! ¡Machetero!, ese- ¡Boquerón! ¡Boquerón! que por cerca de ocho años, que a lo largo de ciento sesenta y un partidos, lo acompañaron a Benítez Cáceres, fueron la mejor expresión de ese instinto sabio de la tribuna para definirlo... El paraguayo era eso... Era golpe de machete, era embestida "guerrera", era madera dura. Era crack. CRACK porque tenía todo eso y todo lo otro... Porque además pertenecía a ese tipo de jugadores que también hacen jugar a su tribuna, porque le hacen sentir a su tribuna todo lo que ellos sienten...

Este fue uno de los extranjeros más ídolo que tuvo Boca en su historia profesional. Más ídolo que algunos argentinos que también lo fueron con esa casaca...

Y para nosotros, uno de los más grandes delanteros que vimos en los últimos treinta y tantos años. De esos que entran pos los ojos y además se meten adentro...

 

DOMINGOS DA GUIA

Este sí que es uno de los casos más legítimos de popularidad. Fue ídolo, ídolo indiscutible. Y lo que importa es analizar las causas que promueven el fenómeno. Domingos es un hombre de gran estatura, flexible, con esa armonía que es casi una identificación de los morenos de su tierra... Domingos es además, o principalmente, un gran jugador. Pero UN GRAN JUGADOR. De esos que aparecen de tanto en tanto y que cada vez que se citan provocan el mismo religioso respeto... Domingos es defensor, pero con la sensación de que al adoptar el puesto de back central se hubiese equivocado. Porque podría haber sido volante, delantero, marcador de punta, cualquier cosa... Quizá, si tuviese que buscar una analogía en el fútbol argentino, me inclinaría por el "gallego" Pérez —salvando las distancias— nada más que asociándolo al mismo respeto por la pelota, a la facilidad y a la serenidad para jugarla y para darle salida. Fue uno de los defensores con más pudor a tirarla para arriba, aun en los momentos de más riesgo... Muchas veces, ya con pelota dominada, ante la necesidad de pegarle largo y fuerte porque no había "destapados" a la vista, lo vi acercarse a la raya lateral y echar la pelota afuera como la alternativa más aconsejable... ¿Largo y lejos? Nunca. ¿Regalar la pelota? Nunca. Siempre jugarla. La gran calidad para salir a la marca, para cortar y después la estirpe de CRACK para jugarla...

 

Da Guia.

Da Guia.

 

Domingos da Guia gana con eso. Con eso prevalece en la gente de Boca. Con eso se hace ídolo incuestionable. En el brasileño no hay vértigo, no hay espectacularidad, no hay pelotazos que van lejos, ni aires de guapo, ni violencias,... Domingos era nada más que fútbol. Fútbol pulido. Tal vez lo más parecido a lo que ocurre con este Meléndez, pero con menos dinámica, con menos cuota atlética, con menos movilidad.

Tres años estuvo en Boca... Del treinta y cinco al treinta y siete... Y desde el primer momento impuso su sobriedad elegante. Su sencillez decorada de armonía, de buen gusto, de eficacia, de seguridad. Pero, el maestro moreno arrastraba una fama de trotamundos... Vivía haciendo maletas. Cambiando de tierra. Cambiando de club. Y fue tan extraordinario que siguió jugando algunos años más después de los cuarenta... Después de usar por mucho tiempo la casaca nacional de su país...

 

SEVERINO VARELA...

En el uruguayo Varela se conjugan justa-mente todos los valores que concurren a ungirlo gran ídolo. Varela llega a Buenos Aires cuando ya tiene treinta años, pero es siempre aquel botija de Peñarol vinculado a esa noche de la cancha de San Lorenzo, cuando jugando por la selección uruguaya se quedó con todos los aplausos argentinos... Varela llega a Buenos Aires cuando Boca anda mal, lo que contribuye a adjudicarle una gran cuota de salvador... Varela cuenta con un empleo en la administración pública de su país, pero gestiona y consigue un permiso especial para cumplir con Boca, aunque por un tiempo se vio en la obligación de viajar todos los lunes y los sábados... Todo eso fue el preámbulo que rodeó su contratación y su llegada. Todo lo demás fue de Varela. Creo que nadie se atrevería a afirmar que durante su actuación en Boca denunció al gran jugador. Pero, ¡qué vivo!, ¡qué picardía! para sacar ventaja allá donde la ventaja que se gana generalmente termina en la red... Era el arquetipo del jugador que vive calculando la oportunidad, pero sin llevarse nunca las manos a la cintura, nunca en actitud pasiva. El "Gallego" Varela corría toda la cancha. Hacía los saques de banda. Ejecutaba los tiros libres. Esa boina blanca que alcanzó tanta fama como el mismo "Gallego", que fue su tarjeta de identificación, revoloteaba en todos los sectores del campo... La gente sucumbía ante su esfuerzo, a veces improductivo, a veces innecesario, a veces negativo, pero, ¿qué importaba eso a la tribuna? Lo que importaba era su generosidad para darlo todo, para transpirar la camiseta, para darle a Boca esa agresividad que la gente de Boca exigía... Lo que importaba era esa puntualidad improstituible del "Gallego" Varela para ponerla en la red cada vez que Boca jugaba con River... Era ese cabezazo que tarde o temprano iba a llegar aunque, como la tarde de Videla, Rivera destinara, siempre a alguien para que lo corriera por todas partes... Pero, aun denunciando su presencia con aquella boina blanca, encontraba el hueco preciso para perpetuar su "picardía" en el hábito de marcarle goles a River...

 

Varela.

Varela.

 

Así fue campeón con aquel Boca del cuarenta y cuatro de Boyé, Corcuera, Sarlanga, Lazzatti... Así llegó a constituir uno de los fenómenos más detonantes en la galería de los grandes ídolos... La correspondencia plena entre la tribuna adicta y el elegido. El elegido que lo da todo y la tribuna que retribuye... Y la boina, y River, y la gran picardía para robar ventaja...

 

VALENTIM

Cuando Paulo llegó a Boca, salvo un par de excepciones, nadie disponía de jugadores con pique para arrancar y llegar al gol. Y Valentim es lo espectacular. Valentim es gol. Valentim es vigor, potencia. La crítica le reprocha su inmovilidad, su desmarque único sobre la derecha, el uso de una sola pierna, el manejo de un solo perfil, pero Paulo Valentim es el hombre de la gente de Boca. ¿Por qué? Porque es posible que todos esos defectos es-tuviesen bien puntualizados, pero, ¿quién le daba a la tribuna de Boca todo lo que daba Valentim? Y con este brasileño delgado pero vigoroso se repetía el caso del uruguayo Varela... Valentim dispone también del mismo "vicio" de marcarle goles a River. Y esa circunstancia que contribuye y acelera su consagración se torna aún más favorable a expensas de su rivalidad con Carrizo. Todo el mundo sabe que Amadeo le teme al brasileño. Todo el mundo palpita en las vísperas de cada enfrentamiento el partido aparte que jugarán los dos... Y como Varela, el moreno siempre encontraba la pelota que concluía en la red. Pero la encontraba porque la buscaba, porque Valentim fue el gran oportunista propietario de un pique excepcional y de un remate de gran potencia. Porque al margen del fenómeno emotivo, de todo eso que trae el centro delantero que tira fuerte, que está siempre cerca de los tres palos de enfrente, Valentim le tributa a Boca en 105 partidos una marca de 67 goles...

 

Valentim.

Valentim.

 

Allí está el punto de partida de todo el proceso Valentim-Boca. Es el goleador nacido. El que pretenden para su equipo todas las tribunas del mundo. Porque es el que hace gritar gol. El que hace festejar triunfos. El que le marca goles a River. El que le gana a Carrizo. Y vamos a coincidir en que en esos años que van del sesenta y uno al sesenta y cuatro Paulo Valentim representa uno de los casos más resonantes en materia de popularidad... Ese ¡Tim! de Valentim que usaron todos los boquenses para identificar a su ídolo es el grito que más estridencia adquirió en nuestras canchas... Ese moreno de cara habitualmente hosca, que apenas sonreía, llegó a constituirse en el símbolo de Boca durante más de tres largos años... Campeón en el 62, campeón en el 64...

Es verdad que todo pasa, que la fama es efímera, pero creemos que este Paulo Valentim fue uno de los jugadores que más hondo caló en los sentimientos partidarios de Boca...

 

EL PERUANO MELENDEZ...

Y después de dos extranjeros turbulentos, agresivos, que son delanteros, que hacen gritar gol, como en el caso de Severino Varela y Paulo Valentim, después de casi cinco años la tribuna de Boca vuelve a sucumbir ante la gran calidad técnica de un defensor. Tal como ocurrió treinta años antes con Domingos Da Guia. Y se dan varias coincidencias. Back central como aquél. Moreno como aquél. Elegante en la maniobra defensiva, fino en la salida ofensiva. Tal vez al margen de la distinta nacionalidad puede desequilibrar la mayor capacidad de crack del brasileño, pero los dos se juntan en un matiz que es el más destacado: la higiene para jugar al fútbol, el respeto por la pelota y por sobre todo el respeto por la humanidad del rival... En estos momentos de desconcierto en que sigue la disputa entre la fuerza y la técnica, este pe-ruano es la gran excepción. Es el defensor de última instancia que no pega, que no golpea, que no recurre a ningún tipo de "suciedad" física para resolver el problema de más riesgo... ¿Y por qué es ídolo entonces? Y lo es justamente por eso, por las mismas razones que lo fue Domingos, aceptando la superioridad del brasileño... Boca hizo ídolo a Colman porque era fuerte y hombre. Porque "el comisario" siempre estaba merodeando la hazaña, el acto de arrojo; porque "el negro Colman" se jugaba entero aunque le ganaran... Y este peruano Meléndez se impone, cautiva a la opinión, se mete en la tribuna, inspira estribillos, porque para todo el mundo es la calidad que se descuenta, es la garantía que no defrauda, es la serenidad que tranquiliza... Es el fútbol del defensor que todavía "gusta" a despecho de los machismos en boga... Meléndez no comete ni un solo foul de esos "de emergencia" y sin embargo la tribuna de Boca no lo acusa de blando ni de que da ventaja... Todo lo contrario. Es justamente eso lo que exalta de Meléndez, es justamente eso lo que elogia. Su higiene, su limpieza, que está en relación directa con su calidad de gran jugador que no necesita de ningún accesorio "extra" para triunfar...

 

Melendez.

Melendez.

 

Ese "Peruano y su ballet" que ahora saluda cada domingo de Boca es la prueba cabal de una consagración, donde el aspecto afectivo se atenúa a favor de un veredicto popular que sucumbe más ante el jugador que ante el hombre...

 

 

Por Osvaldo Ardizzone (1969).

Fotos: Archivo El Gráfico.

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