¡Habla memoria!

1967. Adiós a Cosme Saavedra

Por Redacción EG · 17 de septiembre de 2019

Eduardo Llana describe su paso en el deporte como la “piedra fundamental del ciclismo argentino”. Falleció el hombre que fue hacedor de su propio destino y nunca bajó los brazos.

Empezó de abajo. Muy abajo. Llegó adonde se propuso. El ciclismo lo fortaleció en los momentos de adversidad y no lo envanecieron los triunfos en seguidilla. Todo lo que el deporte le enseñó, disciplina, esfuerzo, respeto al rival, lo aplicó en la vida. Una meta trazada, una personalidad desbordante, un optimista sin renuncios. Así fue Cosme. No encontró nada servido. Luchó y ganó para ser alguien en la vida. No pudo lucharle y ganarle a la muerte porque un síncope cardiaco terminó con él cuando estaba entregado al re poso.

 

El acontecimiento popular que significó su triunfo en un Campeonato Argentino de Velocidad, nada menos que ante Gilberto Roqueiro.

El acontecimiento popular que significó su triunfo en un Campeonato Argentino de Velocidad, nada menos que ante Gilberto Roqueiro.

 

Mendocino (1° de octubre de 1901.), por obligada necesidad familiar salió a buscar los primeros pesos siendo muy pibe. La distancia que lo separaba de su casa a la fábrica de cerveza donde trabajaba lo impulsó al ahorro del centavito diario y pudo comprarse una bicicleta. Cuando la tuvo aprovechó los rutinarios viajes a sus ocupaciones para "medirse" con otros en imaginarios matchs y calibrarse en sus aspiraciones. No faltó el amigo que nunca falta y le ofrecía prestarle su bicicleta para que interviniera en una carrera "en serio" que, ¿alguien puede dudar?, Cosme ganó.

 

Cosme Saavedra participó, representando a la Argentina, de los Juegos Olímpicos de 1924 y 1928

Cosme Saavedra participó, representando a la Argentina, de los Juegos Olímpicos de 1924 y 1928

 

Y luego el camino común de los elegidos del deporte. Poco importaba que se hubiera "hecho" corredor a la edad en que otros ya son campeones. Dejar todo en Mendoza, trabajo, familia, amistades, y venirse a Buenos Aires, figuraba en sus planes. Dio ese paso y también fue triunfador pleno. Se convirtió en ídolo nacional. Entró en la historia como avanzada de una época. Se le abrieron todas las puertas. El aporte de don Luis Dartiguelongue y su marca comercial Alcyon. El apoyo de capacitados ciclistas como Paco Rodríguez, Vicente Bogliolo, el platense José López, Fernando Scaglia y el entrerriano Martínez. Grupo en el que, como no podía ser de otra forma, Cosme presidía, hacía, y deshacía al amparo de su capacidad y si, carácter mandón.

 

En 1901 nacía en Mendoza Cosme Damián Saavedra, reconocido como el padre del ciclismo argentino.

En 1901 nacía en Mendoza Cosme Damián Saavedra, reconocido como el padre del ciclismo argentino.

 

Pilas de triunfos, campeón argentino y rioplatense varias veces, doble representante olímpico, pero nunca el "mareó". Nunca renegó del entrenamiento. Para seguir "siendo" Saavedra estaba obligado a salir a pedalear a la madrugada y salía. No fallaba, ni tampoco fallaba a la hora de levantar la persiana de su negocio. Había responsabilidad. Como cuando en las rutas necesitaba de sus colaboradores en los primeros tramos, cuando su poderosa masa muscular no alcanzaba su temperatura ideal. Pasado ese primer momento, Cosme se preocupaba por asegurar su triunfo y todavía le sobraba "tela" algunas veces para colocar a sus compañeros de equipo como escoltas, Devolver lo que los otros habían hecho por él. "El sprinter nace y no se hace", es ley del ciclismo que nunca pretendió negar, pero agregando algo muy suyo, como: "El que no nace, practicando muchos embalajes se perfecciona".

Y ese primitivo punto débil de Saavedra también lo superó su constancia, al extremo que llegó a ganarle un campeonato argentino de velocidad, en la recta, frente al actual circuito KDT, a Gilberto Roqueiro, que aparecía tan invencible en velocidad, allá por el 30, como Cosme en las rutas.

 

Cosme posando para El Gráfico al mando de su bicileta

Cosme posando para El Gráfico al mando de su bicileta

 

Y atrás de Cosme vino toda la familia de Mendoza, a la casita que orgullosamente le presentó a sus padres en Buenos Aires. Allí donde cada peso que le sobró se transformó en ladrillos y en cada momento libre de que dispuso el campeón fue un albañil más. Y también llegaron sus hermanos menores, Remigio, Carmelo y Victorio. Y Victorio pedaleó poco tiempo, pero pedaleó. Carmelo más, y con algún éxito. Y Remigio, un temperamento muy distinto a Cosme, llegó a ser tan figura como aquél. La suya se transformó en la "casa del ciclista", al extremo que una de sus hermanas se casó con Ramón Palau y la otra con Héctor Bianchi.

 

1925. En la carrera Rosario-Buenos Aires

1925. En la carrera Rosario-Buenos Aires

 

Allí Cosme siempre estuvo dispuesto a brindarse al novato, en el rubro bicicleta, que se acercó a pedir un consejo. Todo lo mucho que aprendió lo desparramó en enseñanzas. No lo guardó para sí. El nombre que logró en el deporte lo aprovechó en la actividad industrial, que abarcó con la misma intensidad que su paso por el deporte. Obtuvo una buena posición económica y siguió bregando no por amor a los pesos, que no le eran fundamentales. Más por no poder permanecer inactivo, "¿Para qué seguís, Cosme, si no te hace falta?", le preguntó más de un amigo, a lo que respondía: "Y... mientras no se corte el hilo...".

 

El apellido quedó relegado infinidad de veces. Bastaron las dos silabas de su nombre para distinguirlo.

El apellido quedó relegado infinidad de veces. Bastaron las dos silabas de su nombre para distinguirlo.

 

El hilo se cortó bruscamente. No pudo darle batalla a la muerte. Cosme se fue sin poder luchar, con su temple de guerrero, luego de haber vivido acelerado en una época en que llamaba la atención tanto despliegue y perseverancia; en que cualquiera era dueño de hacer una obra y sentarse a contemplarla.

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