¡Habla memoria!

Memoria viva de Talleres de Remedios de Escalada

Por Redacción EG · 11 de septiembre de 2019

Cuando el club fundado en 1906 cumplió 50 años, El Gráfico entrevistó para que cuente su historia, a don Pablo Comelli, jugador, fundador, socio N° 1 y canchero a perpetuidad, que vivía en la sede desde 1915.

Don Pablo Comelli es la historia viva de Talleres. Disponer de media tarde para compartirla con él, tomando café, equivale a conocer la trayectoria del medio siglo de vida del club de Remedios de Escalada, que ha tenido muchos momentos de alegría dentro de nuestro fútbol. Memorizando, Comelli es cosa seria. No necesita recurrir a los documentos sino para confirmar alguna fecha. Pero cuando alguien duda, Comelli aclara:

—No... eso fue en el 15... La canchita estaba en diagonal con la primera, y de ahí viene la confusión, y lo de Paola sucedió ese mismo año.

— ¿Qué sucedió?

—Cosas de otros tiempos. Resulta que antes los jugadores eran socios del club, y debían abonar sus cuotas como todos. Paola, que era uno de los mejorcitos que teníamos, se había atrasado un par de meses. Teníamos que jugar un final de campeonato, pero resolvimos que si no pagaba no jugaba...

— ¿Y pagó?

— ¡Cómo no! ¿Se iba a perder de jugar ese partido?

— ¿Y cómo fué aquello de Cerrudo, Comelli, el hombre de tantas anécdotas pintorescas?

 —Cerrudo jugó por Talleres hace unos 25 años. Tenía cosas de lo más raras. Una vez en Rosario lo mandaron a cambiar plata rosarina por plata argentina, y fue. Otra vez estaba en el cine y al comenzar una película apareció el león de la Metro. Cerrudo pensó "ésta la vi", y se fue. Pero yo no me olvido de una tarde que vino al club a pedir dos mil pesos. Fue en el 33. Naturalmente, el tesorero le dijo que no tenía dinero y Cerrudo fué rebajando sus pretensiones...

— ¿Se conformó con un cien?

— ¿Con un cien? ¡Ní eso! El tesorero le dijo que tenía sólo 5 pesos y que, además, eran falsos... Y Cerrudo, resignado pero alegre, le dijo: "Vengan esos falsos...."

 

Jorge Cherembek, Jorge Rezzoagli y Pablo Comelli, jugadores de Talleres United, en 1906. Los colores siempre fueron rojo y blanco, pero en trazado muy distinto al que se oficializó posteriormente.

Jorge Cherembek, Jorge Rezzoagli y Pablo Comelli, jugadores de Talleres United, en 1906. Los colores siempre fueron rojo y blanco, pero en trazado muy distinto al que se oficializó posteriormente.

 

Talleres se fundó el 19 de junio de 1906, por la unión de los clubs Banfield y Los Talleres. Su primer nombre fue Talleres United, pero el calificativo desapareció poco después, tal vez corrido por la costumbre. Y antes se había llamado Los Talleres porque también el pueblo se llamó así hasta que fue cambiado por Remedios de Escalada.

 Según consta en el libro de actas y en la memoria de Comelli, tan segura como aquél, la asamblea extraordinaria se realizó un 17 de mayo de 1906 en la casa de Enrique Tait, bajo la presidencia de Alberto Allan. En la asamblea se resolvió, por unanimidad y en vista de las cordiales relaciones existentes entre los asociados, reunirse "para dar así frente a cualquier desafío y poder entrar a jugar todos en una liga", palabras textuales del acta inicial. También por unanimidad se designó la primera comisión directiva y capitanes de los equipos, de acuerdo con el siguiente orden: presidente, señor Jorge Rezzoagli; secretario, Agustín Iraizoz; tesorero, Diego Mac Lennan; capitán del primer equipo, Juan N. Perinetti; vice capitán, Pablo Comelli; capitán del segundo equipo, José Nervi; vice capitán, José Rey.

Los socios presentes en esa reunión, y por lo tanto fundadores, son: Alberto Allan, Juan Pérez, Hugo Allan, Silverio Brana, Alfredo Nervi, Juan Nervi, J. Sánchez, Enrique Tait, Baltasar Pedroni, Diego Mac Lennan, Dionisio Mac Clokie, Agustín Iraizoz, Raúl Perinetti, José Rey, J. Rodríguez, José Mac Lennan, Enrique Pyke, Juan Pyke, Jorge Cherembek, Sebastián Plaul, José Garibaldi, Jorge Rezzoagli, Juan Nelusco Perinetti, Pablo Comelli y Emilio Embeje.

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La primera canchita — no era otra cosa — estaba situada entre las calles Príncipe de Gales, San Martín y Coronel Vidal. Y sus primeros colores fueron el blanco y el rojo, inspirados en los del famoso y querido Alumni, que ya había escrito páginas de gloria para nuestro fútbol. Pero en aquellos tiempos no existían las casas que vendían camisetas de fútbol, o si existían estaban un poco lejos del alcance de los famélicos bolsillos de los muchachos de Talleres. Y entonces las madres o las hermanas de los jugadores se las ingeniaban para, con cualquier retazo, confeccionarles las camisas de los jugadores.

—Aquí hay una foto — dice Comelli — en la que usted puede ver cierta diferencia en la vestimenta. Este de la derecha es Diego Mac Lennan, primer centro half y primer tesorero del club... La madre le había hecho la camisa, pero como no sabía cómo tenía que colocar los colores le puso el rojo en la espalda... ¡Y no era cosa de andar cambiando!

 

Diego Mac Lennan, Emilio Embeje y José Garibaldi. Obsérvese que la casaca del primero es distinta. Obedece a que la madre, al confeccionarla, le puso el rojo en la espalda. ..

Diego Mac Lennan, Emilio Embeje y José Garibaldi. Obsérvese que la casaca del primero es distinta. Obedece a que la madre, al confeccionarla, le puso el rojo en la espalda. ..

 

Los primeros jugadores de Talleres fueron Alberto Allan, Pablo Comelli, Gerónimo Argerich, Jorge Rezzoagli, Ildefonso Alzua, Angel Molinari, Juan Nervi, Diego Mac Lennan, Jorge Cherembek, Juan N. Perinetti, José Garibaldi, Sebastián Plaul, Emilio Embeje, Eleuterio y Juan Stiglich.

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Los primeros tiempos fueron, aunque siempre pobres, felices. Pero en 1908 por causas inevitables se produjo un paréntesis en la vida de la institución y se disolvió. En 1910 ya estaban otra vez los muchachos en la brecha, pero en 1912 volvió a disolverse por espacio de dos años más.

—En el 14 jugamos todo el año en las ligas independientes — dice Comelli— pero en el 15 ya estábamos otra vez en la Liga Argentina, en categoría intermedia de ascenso. Llegamos a la final contra Barracas Juniors y ganamos 1 a 0.

— ¿Recuerda el equipo, don Pablo?

— ¡Cómo no! Abiati, Szar y Adelfugen; Paola, Bailo y Sánchez; Comelli, Pedroni, Rezzoagli, Navone y García. También integró el equipo Roberto Monti.

— ¿Quién hizo el gol?

—Antonito Szar, de penal.

— ¿Y siguieron progresando?

—No, tuvimos altibajos, como casi siempre en nuestra historia, aunque creo que en líneas generales han sido más los altos que los bajos. Pero en el 16 descendíamos y quedábamos otra vez en segunda. Y en 1917 volvimos a disputar nuevamente la final con Everton, pero aquí perdimos 1 a 0.

 

Este es el equipo de Talleres que se clasificó campeón de segunda división en 1915 y con él ganó el ascenso a la división intermedia. Lo integran, arriba, Adesflugel, Abiati y Czar; en el medio, Paola, Bailo y Sánchez; abajo, Pedroni, Rezzoagli, Navone, García y Monti. Ya habían cambiado camiseta y exhiben en la foto el primer trofeo conseguido para el club.

Este es el equipo de Talleres que se clasificó campeón de segunda división en 1915 y con él ganó el ascenso a la división intermedia. Lo integran, arriba, Adesflugel, Abiati y Czar; en el medio, Paola, Bailo y Sánchez; abajo, Pedroni, Rezzoagli, Navone, García y Monti. Ya habían cambiado camiseta y exhiben en la foto el primer trofeo conseguido para el club.

 

— ¿Y qué sucedió cuando la división del fútbol, en el 19?

—Bueno, fue la única vez que resultamos favorecidos. Estábamos en segunda y se nos permitió actuar en intermedia de ascenso, lo que hoy sería la primera B.

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En 1923 se clasificó para disputar el ascenso frente a Liberal Argentino y lo jugaron dos veces. El primer encuentro terminó sin goles y en el segundo Liberal Argentino venció por 1 a 0.,

— ¿Comelli, no es necesario preguntarle si recuerda…?

— ¿El equipo? Panera; Aranda y Pedroni; Ferracutti, Moneta y Serramía; García Bianchi, Viegas, Galíndez, Marini y Gustavo González, que fue posteriormente jugador y dirigente de River Plate. En el segundo partido se produjeron dos cambios: Nay Foino reemplazó a Aranda y Cúneo a Marini.

 En 1924 otra vez Talleres intenta el ansiado ascenso, pero vuelve a perder en final, frente a Excursionistas, 2 a 1. Jugaron en ese partido Iturrioz, Pedroni y Devoto; Ferracutti, Moneta y Serramía; Viegas, Galíndez, Noé, Minondo y Tabla.

¡Pero una vez tenía que darse para Talleres! Fué el 22 de noviembre de 1925, frente a San Telmo, en la cancha de San Lorenzo.

—Don Pablo, ¿anotamos ese equipo?

—Luis Devoto, Carlos Pedroni y José Ravizza; Olegario Viegas, José Moneta y Enrique Serramía; García Bianchi, Adolfo López, Carlos González, Diego Artigas y Juan Nelusco Perinetti, que era el capitán. El gol lo hizo Carlos González. Perinetti fué también jugador de Racing y de los seleccionados.

 

Juan Nelusco Perinetti, capitán del equipo de Talleres que ascendió a primera división en 1925. En 1956. año en que se publicó este artículo, era el presidente de la institución.

Juan Nelusco Perinetti, capitán del equipo de Talleres que ascendió a primera división en 1925. En 1956. año en que se publicó este artículo, era el presidente de la institución.

 

A partir de entonces el club tomó su verdadero camino. En primera división tuvo destacada actuación en el año 1930, cuando compartió el cuarto lugar de la tabla con San Lorenzo, sobre un lote de 36 equipos. Ese año jugó en Talleres un arquero que tiempo más tarde alcanzaría la definitiva consagración como uno de los mejores que tuviera nuestro fútbol en todas las épocas y podría decirse que el más elegante de todos: Angel Bosio. También jugaron ese año Donadi, Zubizarreta, Lamanna...

—Y ese equipo sí que tenía valores: Vicini, Wilson y Villavicencio; Angeletti, Rodríguez y Titonell; Cerrudo, Zubizarreta, Rojas, Troncoso y Romano.

— ¿No recuerda alguna otra del pintoresco Cerrudo?—Sí, el 9 de julio de ese año 33 fuimos a Tucumán. Los muchachos, especialmente los que hacían pinta, paseaban por la plaza y se sacaban fotografías con algunas chicas, gustosas de posar con ellos. Pero al morocho Cerrudo ninguna le llevaba el apunte. Entonces se acercó a dos agentes de policía que, por ser fiesta patria, estaban vestidos con uniforme nuevo. Y Cerrudo se sacó en medio de los dos. Pero como la cara no lo acompañaba, parecia, en la foto, que lo llevaban preso…

Desde unos años antes, Talleres, por la visión de su presidente, señor Lainati, y los dirigentes que lo acompañaban en su gestión, había adquirido dos manzanas de terreno en el lugar que actualmente ocupa, en las calles Timote y Rosales. Talleres no tenía entonces dinero, pero sí muchas esperanzas, y especialmente mucha fe en el porvenir. Pagó por esas dos manzanas 90.000 pesos, en cómodas cuotas anuales, según rezaba el contrato con la firma vendedora. Y terminó de pagarlo en 1937.

¿Cuánto valen ahora esos terrenos?

Allí se han instalado las tribunas con capacidad para muchos miles de espectadores, la pileta de natación, orgullo del club y de la población. Y todo hecho a pulmón, sin ningna ayuda oficial... También tiene en el terreno del estadio una pista de atletismo, canchas de bochas, de básquetbol, pistas para patinaje y bailes, y otras dependencias no menos importantes.

De sus filas surgieron grandes valores de nuestro fútbol, que luego pasaron a otras entidades, en las que tuvieron destacadísima actuación. Hagamos algunos nombres: Bosio, a River Plate; Wilson, Angeletti y Alfredo González, el Carioca, a Boca Juniors; Titonell y Gazaneo, a Huracán; Lorenzo y Rojas, a San Lorenzo; Lamanna, a Independiente; Troncoso, a Boca, y muchos más.

 

En el final del Amateurismo Ángel Bosio brilló en el arco de Talleres de Remedios de Escalada, en la Selección Argentina la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Ámsterdam, en 1928, y el subcampeonato en la primera Copa del Mundo, de Uruguay 1930. Ya entrada la era profesional, llegó a River en 1933, donde revalidó su apodo de La Maravilla Elástica, un mote que daba cuenta de sus voladas fantásticas y la rapidez de sus reflejos, esos que disparaban su reacción felina en los remates esquinados, a los ángulos de arriba o a las “ratoneras”.

En el final del Amateurismo Ángel Bosio brilló en el arco de Talleres de Remedios de Escalada, en la Selección Argentina la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Ámsterdam, en 1928, y el subcampeonato en la primera Copa del Mundo, de Uruguay 1930. Ya entrada la era profesional, llegó a River en 1933, donde revalidó su apodo de La Maravilla Elástica, un mote que daba cuenta de sus voladas fantásticas y la rapidez de sus reflejos, esos que disparaban su reacción felina en los remates esquinados, a los ángulos de arriba o a las “ratoneras”.

 

• • *

La casilla de Talleres estuvo en la segunda cancha, y cuando se decidió el traslado del campo también se llevó la vieja casillita, donde se vestían los jugadores y vivía el canchero, Pablo Comelli. Se colocó sobre rodillos y se avanzó una cuadra por día ... También las palomas, fieles a Talleres, a Comelli o  a... sus nidos, fueron con ella.

 —En 1941, cuando el progreso barrió con los recuerdos, aquella casillita fué deshecha — dice don Pablo — y a mí me costó lágrimas; ¡había vivido allí la mitad de mi vida! Y unos de esos "fanfas" que nunca faltan cuando la estaba... desarmando, dijo: "¡Por fin sacamos esta mugre!"

— ¿Hasta dónde lo corrió?

 El día antes Comelli le había hecho sacar fotografías. Pero el aficionado calculó mal iY las fotos se velaron! Cuando ya habían comenzado a deshacerla, Comelli se enteró del percance y llamó a un fotógrafo profesional del barrio, para guardar un recuerdo permanente. Vázquez fue, hizo una linda ampliación y la puso en la vidriera de su negocio, para que Comelli la retirara. Pero al precio de 15 pesos, muy difíciles de reunir... Y así quedó la foto durante cuatro años, hasta que un día algunos amigos se enteraron del problema, la pagaron y se la regalaron a Comelli...

 

Ya había sido desarmada en parte la vieja casilla cuando en 1941 fue tomada esta fotografía, que he quedado como recuerdo para don Pablo Comelli, el viejo canchero jubilado a quien vemos en la baranda. Comelli es fundador, socio número 1 y fue jugador durante su juventud. Y animador en toda su vida.

Ya había sido desarmada en parte la vieja casilla cuando en 1941 fue tomada esta fotografía, que he quedado como recuerdo para don Pablo Comelli, el viejo canchero jubilado a quien vemos en la baranda. Comelli es fundador, socio número 1 y fue jugador durante su juventud. Y animador en toda su vida.

 

En 1907 los muchachos de Talleres fueron invitados a jugar un partido en Maipú. Entusiasmo general, pero pobreza franciscana. Se hizo una rifa para los gastos de tren. ¡Pero luego se comprobó que no todos disponían de la ropa adecuada para una visita! Entonces aquellos que trabajaban y disponían de un saco o un pantalón de repuesto pusieron las sencillas prendas en poder de los restantes. Y así hicieron el viaje naturalmente en segunda. Pero en el momento de llegar a Maipú, para impresionar, se pasaron al coche de primera. Allá lo esperaban con la banda de música en la estación — rigurosamente cierto — y con el entusiasmo del partido los llevaron directamente a la cancha, olvidándose hasta del almuerzo...

Los muchachos de Talleres eran chiquitos, menudos, pero hábiles. Y los de Maipú grandes, fornidos, bigotudos y con los pantalones debajo de las rodillas. Primera sorpresa. Y la segunda fue que, con cada gol que se marcaba sonaba estrepitosamente una bomba. En un momento del partido Argerich, extrañado de tantos estampidos, le dijo a Comelli:

—Che, Pablo, ¿qué son esas bombas?

— ¿No te has dado cuenta? ¡Cada gol que se hace en el partido tiran una!

— ¡Ah! Bueno, les vamos a hacer tirar más bombas que en la batalla de Waterloo...

Ganó Talleres 5 a 1.

* • *

Otra vez, muchos años más tarde, Comelli integró un equipo de fútbol con pibes de pocos años, y fue invitado a Tres Arroyos a jugar un partido contra un conjunto de un colegio religioso integrado por alumnos pero dirigido por el reverendo del lugar. En la cancha había cinco padres y el partido era favorable a Talleres por 4 a 0 cuando su centro delantero marcó el 5°. Entonces el curita se acercó a Comelli y le dijo amistosamente:

 —Bueno, ya nos han hecho cinco goles, uno para cada padre. Supongo que no nos harán más...

—Se equívoca, padre, ahora le haremos uno para el sacristán!

¡Y se lo hicieron no más! El partido terminó 6 a 0.

 

Algunos de los socios fundadores al festejarse un nuevo aniversario del club se reúnen en la sede: Jorge Rezzoagli, Pablo Comelli, Diego Mac Lennan, Juan Nelusco Perinetti, Félix Bellucci, que no estuvo entre los fundadores pero fue presidente; Emilio Embeje y Juan Pyke.

Algunos de los socios fundadores al festejarse un nuevo aniversario del club se reúnen en la sede: Jorge Rezzoagli, Pablo Comelli, Diego Mac Lennan, Juan Nelusco Perinetti, Félix Bellucci, que no estuvo entre los fundadores pero fue presidente; Emilio Embeje y Juan Pyke.

 

En una época brillante para Talleres, se hizo cargo de las divisiones inferiores don Julio Artola, quien, para imponer disciplina entre los muchachitos conversadores, los obligaba a jugar sin hablar. Al que decía una palabra lo sacaba de la cancha por un ratito, que se prolongaba en estrecha relación con lo expresado. Y así logró que muchos llegaran a primera. De esa camada los parciales de Talleres recuerdan a Salomón, Máspero, Lamanna, Titonell, Wilson, Angeletti, Lucifero, Devesa, Ruiz, Vicini, Angel Serramía, Mac Lennan, sobrino del fundador;  Peluffo, Eusebio Monto, Bonfiglioli y muchos otros.

* * *

Es ya de noche y afuera llueve. Pablo Comelli, el viejo canchero jubilado — uno de los primeros si no el primero, — sigue con sus recuerdos.  Llega la hora de vencer la pereza natural, después de largas horas de charla. Nos vamos, levantando las solapas del piloto, mientras don Pablo, con las manos en los bolsillos, se sumerge en su habitación confortable, bajo las altas tribunas. ¡Vive en el club desde 1915!

Todos los acontecimientos, gratos y de los otros de la vida de Talleres han pasado por la mente de don Pablo en estas largas horas memorizando hechos. No faltan de la crónica retrospectiva la fusión con Lanús en 1934, fusión que como todos los casamientos a la fuerza terminó en divorcio; el descenso en 1938; y tantos otros que jalonan su medio siglo de existencia institucional. Y esa noche, bajo la lluvia fina que suena como una música lejana sobre los tablones, el viejo Comelli seguirá recordando...

 

AMPERIO LIBERALI (1956)

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