¡Habla memoria!

Oscar Cabalén, la vida de un grande

Por Redacción EG · 03 de septiembre de 2019

Un recorrido emocionante, con fotos inéditas, por la trayectoria del querido Oscar Cabalén. “El Turco” fue uno de los pilotos más populares de los ’60. Le gustaban los fierros. Eran su pasión. Su vida. Y fueron su muerte...

Era grande. Realmente grande. Con la seguridad que impone un hombre de fe en sí mismo. Con la capacidad que brinda la inteligencia. Con talento... Y le gustaban los fierros. Eran su pasión. Su vida. Y fueron su muerte...

"El automovilismo es el 90 por ciento de mi vida. El resto es mi familia, mis amigos, todo lo demás... Pero así no lo pongas. Si mi mujer lo lee se va a amargar mucho... Rebajá los porcentajes..." La frase que nos había dicho en el mes de diciembre, durante el Gran Premio, fue la primera que nos apareció en la mente cuando nos enteramos de la noticia. Estábamos en el bar del hotel Austral, en Bahía Blanca. Era una de las tantas charlas que teníamos con Cabalén después de cada etapa. En cada parque cerrado. En todos los hoteles... El "Califa" se brindaba siempre de la misma manera. Con su inmensa locuacidad. Con sus permanentes ganas de charlar. Y si era de "fierros", mejor...

 

Con Borocotó, un hombre de El Gráfico, en México. “El Califa” condujo admirablemente el Ford 8 mejor clasificado en la carrera Panamericana de 1953. Detrás asoma el futbolista argentino Pachita Yácono que jugaba en el país azteca.

Con Borocotó, un hombre de El Gráfico, en México. “El Califa” condujo admirablemente el Ford 8 mejor clasificado en la carrera Panamericana de 1953. Detrás asoma el futbolista argentino Pachita Yácono que jugaba en el país azteca.

Hablaba siempre. Con todos. Nunca hizo distinciones. El último hincha tenía la misma importancia que el mejor colaborador. Para Oscar, todos valían en su calidad. "A mí me gusta ganar —nos dijo una vez—. Como a todos. Pero la satisfacción mía es la que menos me importa. Primero está la gran alegría de la gente que trabaja conmigo. Primero está lo que yo puedo ver en sus caras cuando los felicito por lo que hicieron para el auto. Esa es mi satisfacción por ganar. Esa es mi fundamental satisfacción..." Y lo manifestaba siempre. Lo practicaba en cada carrera. Después de cada llegada. Luego de cada triunfo... Y nunca dejaba de dibujar en su rostro esa sonrisa ampulosa y cordial. Esa carcajada que lo hacía dueño de cualquier rueda en que participara. Ese gesticular constante de su cara. Ese movimiento permanente de sus manos. Esa simpatía...

 

1954. El mejor Ford y el mejor argentino en la Panamericana 54.

1954. El mejor Ford y el mejor argentino en la Panamericana 54.

 

Empezó como muchos. Como todos los que llegaron en automovilismo. De abajo... Nació en Chabás (Santa Fé), el 4 de febrero del 24. A los 8 años manejó por primera vez uno de los autos de su padre. Y de entonces empezó la pasión "fierrera". La misma que un día lo hizo dejar todos sus negocios, todas sus cosas... Vivió en Cañada de Gómez, con sus padres. Y después se fue a su provincia adoptiva, Córdoba. Allí empezó a correr en algo... Ballesteros, un pequeño pueblo del interior, lo tenía entre sus habitantes... Y un día se compró la moto. Una H. R. D."Vincent", que pagó 4.800 pesos. Y un día debutó. Fue en Bell Ville, y ganó... El "Califa" fue ganador desde la primera carrera. En la realidad y en el espíritu. En todo...

 Ganador de la etapa inicial del Gran Premio 1959, sobre 1.265 km..Foto: González

Ganador de la etapa inicial del Gran Premio 1959, sobre 1.265 km..Foto: González

Siguió ganando. Hubo triunfos en Villa María y en Corral de Bustos. Se paseó vencedor por toda la provincia. Por la que se iba convirtiendo en "su" provincia... Y la moto se acabó en el 49. Cuando una "piña" lo esperaba en Gálvez, Santa Fe. Cuando estaba peleando la punta con Milosi y Salatino... Otra vez peleando la punta. ¡Este Oscar!... Siempre el mismo... Seis meses de yeso y pensando en que ya no iba a correr más en moto. Había que buscar la forma de seguir estando sin sentarse sobre las dos ruedas. Y llegó la solución. La única solución. La gran solución: el auto. Y hacia él fue... En Embalse Río Tercero le compró un Chevrolet 39 al doctor Ojeda, un médico tan aferrado a su automóvil que Oscar tuvo que convencerlo durante casi un año para que se lo vendiera. Pero al "Califa" no le importaba... Si había que esperar dos también lo hacía... El amor por los "fierros" ya estaba metido muy adentro. No había quien lo pudiera contener...

Venado Tuerto 1959. Cambio de rueda antes de iniciarse la Vuelta de Santa Fe.

Venado Tuerto 1959. Cambio de rueda antes de iniciarse la Vuelta de Santa Fe.

Debutó en Córdoba, en su Vuelta de T.C., y se mezcló muy pronto con los grandes de aquel momento. En las pruebas de clasificación sacó el número 13, junto a Marcilla y Risatti. Anduvo más o menos con todas las dificultades que tenía el folklórico T.C. de aquella época, los repuestos iban en un carrito, junto con los auxilios. No había medios. Pero tenía ganas. Muchas ganas de correr. De ganar... Un año y medio después de la compra, Oscar atravesó uno de los momentos más difíciles de su vida. Aquel que lo hizo mostrarse siempre en su totalidad. Aquel que lo hizo decir muchas veces: "Dejé todo por los fierros". Y era cierto. Absolutamente cierto. Se separó de la sociedad que tenía con sus hermanos y vendió el auto. Tuvo que empezar de nuevo. Y de abajo. De muy abajo...

 

Con su esposa Inés y tres de sus hijos.

Con su esposa Inés y tres de sus hijos.

 

Consiguió una representación de heladeras y comenzó a ganar algunos pesos. Su habilidad para los negocios siempre fue indiscutible. Oscar fue un hombre de auténtica visión comercial. Y en eso también ganó... Con la ayuda de sus amigos decidió irse a México para correr la Carrera Panamericana. Compró un Ford y fue tercero: el mejor de la marca y el mejor argentino. En el 54 recibió una invitación para volver, y tuvo que hacerlo por su cuenta. La Confederación de Deportes no quiso ayudarlo. Viajó decidido a correr con Dodge. Pero tuvo que intervenir con Ford... La gente de la empresa lo atendió de tal modo que no pudo negarse. Y otra vez fue el mejor Ford y el mejor argentino. Con la gran satisfacción de haber ganado dos etapas y haber estado puntero en la general. Y la pasión por los fierros alcanzaba todos los límites. Los superaba... Después se fue a Italia. Su destino eran las 1.000 Millas Italianas. Se compró un Alfa Romeo y largó. Iba todo bien hasta que tuvo un choque con otro auto y perdió mucho tiempo. Ya no tenía posibilidades... Después corrió algunas en pista. Con Maserati al principio y con Ferrari dos litros después. Fue segundo en las 10 Horas de Messina, dando un litro de ventaja en la cilindrada. Y volvió a Buenos Aires. Y lo invitaron otra vez desde Venezuela... Y hacia allí fue, y tuvo que abandonar por rotura del auto... Claro. El "turco" quería ganar siempre. Si el auto no servía para eso, el "turco" no podía llegar... La exigencia era una sola: muchos kilómetros de velocidad bajo el pie derecho.

 

Cabalén junto a los pilotos Gastón Perkins y Heriberto Bohnen, en el GP de Standard de 1962.

Cabalén junto a los pilotos Gastón Perkins y Heriberto Bohnen, en el GP de Standard de 1962.

 

Volvió a la Argentina y se puso a buscar preparador. Los encontró a Cossimano y a Duhalde y compró un Chevrolet 39. Más tarde Bernardo Pérez se sumó a su equipo. Y después Rubén Aeid... Pero antes, en el Gran Premio del 58, largando con el número 79, logró su actuación consagratoria. Segundo en las dos primeras etapas y puntero en la general al llegar a Salta. Al año siguiente los cambios de preparadores se sucedían. Aeid, Maffei, Tomassi... Y las cosas no andaban. "La organización no existía...", comentó alguna vez Cabalén. Tratando de buscar soluciones se asoció con Dante Trotta para correr el Ford de éste. Y ahí decidió que su marca en adelante fuera Ford. Y otra vez apareció Cabalén, el ganador... Debutó en Villa Carlos Paz y ganó. Así. En la montaña y en el debut con ese auto. A lo Cabalén... Ese 1961 fue quizá el mejor año de su carrera. Al final tenía el 2 del ranking. Y perdió el número 1 por aquella "piña" del Gran Premio.

 

Sus victorias fueron 12. La primera victoria en TC fue en la 4ta Vuelta de Carlos Paz en 1961. La imagen es de una de sus últimas victorias en la vuelta de Arrecifes de 1967.

Sus victorias fueron 12. La primera victoria en TC fue en la 4ta Vuelta de Carlos Paz en 1961. La imagen es de una de sus últimas victorias en la vuelta de Arrecifes de 1967.

 

Aquella "piña". Era la primera etapa, que iba desde Mercedes hasta Mendoza. Oscar iba bien colocado. De repente se produjo el vuelco. El auto arrancó casi 40 metros de alambrado. La trompa quedó totalmente envuelta en alambre. Alcanzaron a sacar a los ocupantes del auto antes que comenzara a prenderse fuego. El primer incendio. Ese año fue subcampeón. Le pagó la parte del auto a Dante Trotta y volvió a Europa. Eso fue lo que siempre le gustó más...

 

Los dos Oscares, leyendas del TC: Gálvez y Cabalén.

Los dos Oscares, leyendas del TC: Gálvez y Cabalén.

 

Después llegó el Turismo Mejorado. La increíble sucesión de triunfos. Grandes Premios y carreras comunes. Oscar anotaba su nombre primero en todas... Corrió con Alfa Romeo Giulietta, Giulia, 2.600... Corrió con Peugeot, con Lancia... Con el famoso Mustang... Y ganó con todos. Y ganó siempre. Y justificó permanentemente aquella frase común en él... "Dejé todo por los fierros..." Y los fierros le iban devolviendo con victorias todo lo que él había pagado en sacrificio hacia ellos... Viajó a Estados Unidos varias veces. Trajo el Mustang. Compraba repuestos. Hacía un deporte más del comprar fierros para correr...

 

Buscador siempre de nuevos caminos, en el ´66 trajo al país un auto que era soñado por miles de argentinos, un Ford Mustang. Le metió un motor F-100 V8 y alcanzó protagonismo.

Buscador siempre de nuevos caminos, en el ´66 trajo al país un auto que era soñado por miles de argentinos, un Ford Mustang. Le metió un motor F-100 V8 y alcanzó protagonismo.

 

En el Gran Premio del 65 participó con un Ford Falcon del equipo oficial. Cuando esa carrera terminó le compró a la fábrica el casco para colocarle dentro un F-100. Quería estar con lo moderno. Quería tener todo lo necesario para ganar... Antes del G.P. del 66 se decidió: quería terminar el auto. Y con su preparador de entonces, Nello Maffei, la construcción no avanzaba. Sus socios en Buenos Aires hicieron la conexión con Juan Carlos Garavaglia y hacia aquí vino el auto. Mientras ganaba otra vez el Gran Premio de Turismo, con el Mustang, el Falcon F-100 estaba en proceso de terminación. Y lo estrenó en Tandil, el 6 de noviembre. Con el número 37, el que le tocaba en el ranking... Y anduvo bien, apareciendo entre los punteros, hasta que explotó todo... Después llegó la gran angustia: la inseguridad ante la cercanía del Gran Premio T.C. No sabía si iban a poder terminar el auto... Y pudieron. Y Oscar corrió. Y ganó una etapa. Y fue segundo en la general. Y volvió a las primeras planas, y se reencontró con el T. C.... Con sus amigos. Con la barra de "05", a la que no había dejado nunca, pero que sin estar en el T.C. no tiene el mismo sabor... Se reencontró con el triunfo.

 

Su casa del Puente Negro, en Villa Carlos Paz, siempre llena de gente, siempre con calor de Amistad

Su casa del Puente Negro, en Villa Carlos Paz, siempre llena de gente, siempre con calor de Amistad

 

El 67 prometía como su gran año. Ganó en Arrecifes. Triunfó en La Pampa, superando los 200 kilómetros de promedio, en un circuito Mixto. Estaba tercero en el campeonato, tras los hombres-Torino, Copello y Gradassi. Ford Motor Argentina siempre lo tuvo en cuenta. Este año le ofreció algunos motores preparados en la planta para que los pusiera sobre sus autos, el Mustang y el Falcón. Y el "Califa" los probó. Y los motores andaban y ganaban. Hace un mes y medio se separó de Garavaglia. Este no veía su preparación sobre el auto y eso no le gustaba...

Junto a Horacio Pedernera, su acompañante, triunfador en la Vuelta de Arrecifes en Abril de 1967.

Junto a Horacio Pedernera, su acompañante, triunfador en la Vuelta de Arrecifes en Abril de 1967.

Ford le ofreció el prototipo. Ya lo había probado en julio, cuando sólo estaba el de Atilio Viale. Y volvió para el 17 de agosto, en el autódromo. No corrió después que se produjera el accidente de su compañero de equipo. Oscar miró todo con rostro serio. Compungido. Lastimado por la pena y la impotencia.

Pero él fue siempre ganador. Y quería seguir ganando. Y le gustaba lo moderno. Y siete días después estaba en San Nicolás, listo para andar con el prototipo en esa carrera. Y el 25 de agosto fue el día fatal... El día en que la muerte decidió encontrarse con un hombre entero. Con un ganador. Con un grande... Con un hombre que quiso a su familia con devoción. Que después del Gran Premio del 66 viajó a Córdoba en avión, después de bajar del auto, olvidándose de todo. De los agasajos, de las felicitaciones, de los premios... Uno de sus hijos estaba enfermo. No era más que una angina... Pero el padre no podía fallar. El padre no podía quedarse sin estar a su lado... Su esposa jamás se opuso a que corriera. Esa era la vida de Oscar. Esa era su pasión. Y ella se preocupaba por sus cosas. Hace poco le dijo: "Al fondo te hice construir una sala de trofeos. Esta casa ya parecía un club..." Todo con el cariño de una esposa comprensiva. La misma que le había dado 5 hijos... La última, Mariana, hace sólo 15 días...

 

Así quedó el auto donde murieron calcinados Cabalén y su acompañante el mecánico "Pachacho"Arnáiz, cuando lo probaban en el ex Autódromo "Circuito SOMISA de Ramallo".

Así quedó el auto donde murieron calcinados Cabalén y su acompañante el mecánico "Pachacho"Arnáiz, cuando lo probaban en el ex Autódromo "Circuito SOMISA de Ramallo".

 

Oscar ya no está más. Ni su simpatía. Ni su sonrisa ampulosa y cordial... Ni su carcajada que lo hacía dueño de cualquier rueda... Ni ese gesticular permanente de su rostro... Ni ese movimiento constante de sus manos... Ni su imparable locuacidad...

El "Califa" se fue. En lo suyo. En lo que fue su pasión. En lo que representaba casi su mundo. En un auto de carrera. En aquello que un día le hizo decir... "Dejé todo por los fierros..."

Hasta la vida.

 

Por OSCAR IMAS(1967)

 

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