¡Habla memoria!

1981. El mundo habla de ellos

Por Redacción EG · 15 de agosto de 2019

En Montevideo se encontraron Maradona y Rummenigge, eran considerados como los mejores jugadores de América y de Europa respectivamente. Cinco años más tarde se encontrarían en la final de un Mundial.

Karl-Heinz Rummenigge llegó desde Alemania Federal metiendo un pique fulminante a través del Atlántico; Diego Armando Maradona cruzó el Plata haciendo jueguitos, sin dejar que la pelota se mojara en el agua. Cada cual mostrando sus señas particulares. Para nosotros, el número uno es Maradona; para los europeos, el rubio alemán del Bayern Munich. Dos de los mejores jugadores del mundo presentes en la Copa de Oro. Estuvieron frente a frente el primer día del año, cada cual mostrando el porqué de los halagos. Más marcado Diego; más suelto Karl. Ambos encajando en las características de cada equipo.

Valía la pena que el partido continuara. Valía la pena que Maradona y Rummenigge se encontraran en algún lugar de Montevideo salvando los escollos burocráticos, las trabas organizativas que están más allá del fútbol.

Ellos lo querían.

El jueves, a las 10 de la mañana, EL, GRAFICO se lo propuso a Maradona en la puerta del hotel Oceanía. Diego debía ir a un cine céntrico donde daría una conferencia de prensa propiciada por Coca-Cola. Allí entablamos contacto con nuestro amigo Peter Brandenberg, de la revista alemana "Kicker". Desde el cine, Peter se comunicó con Rummenigge, quien en ese momento salía desde el Columbia Palace hacia el Carrasco Polo Club, donde el plantel germano pasaría un día de relax tras la derrota con Argentina. El sí partió rápido, como un contraataque. Sólo faltaba el aval del técnico Jupp Derwall.

Los mejores jugadores de América y Europa se encontraron en Montevideo.

Los mejores jugadores de América y Europa se encontraron en Montevideo.

La hora estimada para el encuentro era la 1 de la tarde. Diego estaría esperando en la puerta del Oceanía; EL GRAFICO y "Kicker" debían "volar" hasta el Carrasco Polo Club para trasladar a Rummenigge hacia el hotel donde concentra Argentina. Brandenberg le explicó la idea a Derwall y a los cinco minutos ya estábamos en la rambla en uno de los ocho Renault 12 con que EL GRAFICO se moviliza para la cobertura de la Copa de Oro. En el mismo iban con nosotros Rummenigge, Brandenberg y dos reporteros gráficos de "Kicker". Ellos "ponían" a Rummenigge; nosotros posibilitábamos a Maradona contando, por supuesto, con la buena voluntad de ambos.

 

Frente a frente

Diego subió al Renault de Forte y los Alfieri, padre e hijo. Nosotros los seguimos hasta frenar en las arenas de Punta Gorda. Diego bajó por la puerta trasera derecha; Karl, por la delantera del mismo lado. Se intercambiaron una sonrisa franca y se estrecharon la mano junto a una palmera. Cuando el idioma no permite la comunicación directa, los ojos se transforman en un puente para construir el diálogo. Y los gestos. Y las sonrisas. Y, en este caso, el mismo amor por la pelota, una de las primeras maneras de comunicación entre los hombres.

Después, sí, Brandenberg agilizó el diálogo con su castellano perfecto y, sentados en un bote, Diego y Karl conversaron un buen rato. Llovía bajo el cielo gris de Montevideo.

RUMMENIGGE: —Estoy muy feliz de verte y poder conversar contigo.

MARADONA: —Yo también. Cuando me propusieron verte, no lo dudé. Quería conocerte personalmente. Me imagino que habrás quedado amargado por el partido de ayer…

RUMMENIGGE: —Y... sí. Es natural. Pero más allá del resultado pienso que se enfrentaron el mejor equipo de Europa con el mejor de América que, además, es el actual campeón del mundo. A nosotros nos hizo caer sicológicamente el gol en contra de Kaltz. Creo que eso posibilitó el segundo de ustedes.

MARADONA: —Yo creo que el mérito de Argentina fue el de querer siempre, desde el primer minuto. Fijate que teniendo en cuenta el nivel del rival, Argentina podía haber especulado un poquito dejándolo salir, esperándolo por lo menos en los primeros veinte minutos. Pero no. De entrada los salimos a atacar. Lo que ocurrió fue que ustedes marcaron hombre a hombre y saben hacerlo muy bien. A mí me marcó Briegel. Quizás no fue tan determinante su marca como el hecho de que si yo lo eludía, ya había por lo menos dos relevándolo atrás. Creo que ésa fue la clave de ustedes: hicieron los relevos en forma perfecta.

 

Una historia para dos

Ambos empezaron desde muy pequeños en el fútbol. Rummenigge a los 7 años estaba fichado en el Lippstadt, de Westfalia Lippstadt, situada a 600 kilómetros de Munich. Diego a los 11 ya jugaba once contra once en "Los Cebollitas" de Argentinos Juniors.

Ambos llevan en la sangre un torrente de fútbol:

Maradona tiene un hermano menor, Huguito, que acaba de salir campeón de baby clase 1969 con su club, Social Parque. Además de coronarse goleador de la Bundesliga (17 tantos en 24 partidos), Rummenigge tiene un hermano de 16 años llamado Michael que juega en el Lippstadt y, como alguna vez a él, también lo está por contratar el Bayern Munich. Claro que las historias no son tan idénticas como parecen. Michael juega en el mismo puesto que Karl y aparentemente tiene las mismas virtudes potenciales. En cambio el Turquito (apodo familiar de Hugo) juega de ocho, lo hace muy bien, pero le pega con la derecha...

 

En las playas de Uruguay se distienden los cracks.

En las playas de Uruguay se distienden los cracks.

 

Karl nació el 25 de septiembre de 1955: Diego, el 30 de octubre de 1960. Hasta los 18 años Rummenigge jugó en el Lippstadt. Estaba en la tercera Liga cuando lo compró el Bayern Munich, pagando 17.000 marcos (unos 9.000 dólares). Ya lleva siete años en el club y tiene contrato hasta 1985. Después que las intenciones del Barcelona y de Juventus por llevarse a Maradona languidecieran transitoriamente, catalanes y milaneses fijaron la vista en Rummenigge. De ese tema están charlando en este momento el argentino y el alemán.

RUMMENIGGE: —No sé por qué no fuiste a España o Italia. Yo no acepté las ofertas que me hicieron porque estoy muy cómodo en el Bayern Munich, me gusta la  ciudad y en general estoy muy conforme.

MARADONA: —Por mí vino el Barcelona, incluso se firmó un precontrato. Después mi club, Argentinos Juniors, me pudo retener y yo acepté quedarme, aun ganando muchísimo menos que lo que podría ganar en el Barcelona. También fueron a verme del Juventus y, según me dijeron, están por venir de nuevo. De cualquier manera, hasta después de 1982 no pienso irme del país. Eso sí. Vaya donde vaya estableceré una cláusula para que pueda jugar en la Selección Nacional.

RUMMENIGGE: —Ese es un problema. Nosotros ahora estamos jugando sin Schuster ni Stielike, a quienes no dejaron venir el Barcelona y el Real Madrid.

MARADONA: —De cualquier manera han podido conforma una Selección de gran nivel. Además los ayuda la contextura física. Yo a Briegel le llegaba al pecho.

RUMMENIGGE: —Es ahí precisamente donde está el equilibrio entre el fútbol de ustedes y el nuestro. Si nosotros, con nuestro físico, además tuviéramos la habilidad de ustedes, bueno... creo que seríamos invencibles. Y lo mismo ocurriría con ustedes si además de la habilidad natural contaran con nuestra contextura física.

 

La dura lucha de Karl-Heinz

La vida futbolística de Rummenigge transitó por senderos sinuosos para llegar a este presente de esplendor. Varios de los monstruos sagrados de Alemania Federal no veían con buenos ojos el advenimiento de una sabia nueva, entre la que estaba el chico de Westfalia Lippstadt. Hasta Beckenbauer se mostró remiso para el elogio. Después de una victoria importante por la Copa de Europa, Rummenigge tomaba un trago junto a "los grandes". Llegó el director técnico Udo Lattek y lo mandó a dormir mientras sus compañeros mayores se reían irónica-mente. En otra oportunidad el manager del Bayern, Robert Schwan, lo reprimió severamente por no haber cumplido con el descanso del mediodía. Aunque a cinco metros de distancia, Uli Hoeness conversaba tranquilamente con varios amigos.

RUMMENIGGE: —Cuando me empezó a ocurrir todo eso, quise hacer mis valijas y volver a mi hogar paterno. Por supuesto que no era tan ingenuo como para esperar el calor de un nido de Munich, pero comprobar que lo único que unía a muchos era el afán por el dinero y el éxito fue un duro golpe para mí.

MARADONA: —Yo recuerdo que al llegar a la primera de mi club no todo era color de rosa. La envidia también existía.

RUMMENIGGE: —Para mí fue una época muy dura, pero creo que vista a lo lejos fue muy positiva. Me enseñó a aprender mucho de los demás.

La amabilidad entre estos dos jóvenes que la estaban rompiendo.

La amabilidad entre estos dos jóvenes que la estaban rompiendo.

Según "Kicker", Beckenbauer alguna vez menospreció el rendimiento y la voluntad de Karl-Heinz. Después de la victoria del Bayern Munich frente al Leeds United de Inglaterra por la Copa de Europa, en el Parque de los Príncipes de París, Rummenigge hizo alusión indirecta a aquel hecho: "No debemos cegarnos ante este éxito —dijo—. Si queremos resistir también en el futuro, necesitamos una urgente renovación de sangre". Fue el 28 de mayo de 1975. Junto a Rummenigge estaban otros jóvenes: Schrobenhauser, Mamajewski, Michelberger, Weiss, Kaczor. Beckenbauer opinó con desprecio sobre "esa junta de potrillos". De todos modos reconoció que de ellos, Karl-Heinz era el de más futuro. Al poco tiempo fue ganándose la titularidad indiscutida del Bayern, pero a nivel de Selección la demora fue mayor.

Antes del Mundial '78 perdió el puesto a favor de Abramczik. Contra Polonia, en el partido inaugural en River Plate, no estuvo ni en el banco. Pero después fue el goleador de Alemania Federal aunque ese orgullo quedó relegado tras la derrota con Austria por 3 a 2. Después, ausente Helmut Schoen, Jupp Derwall lo mantuvo un tiempo y lo sacó ante Malta y Turquía por las eliminatorias del Campeonato Europeo. Le faltaba constancia, hasta que en la temporada 1979-1980 se consagró definitivamente. Fue elegido el segundo mejor jugador de Europa detrás de Kevin Keegan según "France-Football", el mejor futbolista alemán según la revista "Kicker" y el mejor jugador del mundo según la italiana "Guerin Sportivo". Su actuación en el Campeonato Europeo que se disputó en Italia y ganó Alemania Federal fue su espaldarazo definitivo. Menotti afirmó que Maradona y Rummenigge son los mejores del mundo.

 

De potencia a potencia

El bote sobre el cual están sentados Diego y Karl-Heinz se llama "Montevideo". Esta ciudad que se ve más allá de la playa encierra una historia futbolística legendaria. Aquí se jugó el primer Mundial en 1930; aquí se está realizando la Copa de Oro cincuenta años después. Aquí acaban de enfrentarse las dos mejores potencias futbolísticas del mundo.

MARADONA: —Creo que el jueves contra ustedes nosotros nos equivocamos en el retroceso. Ese fue el mayor problema. En el segundo tiempo nos reacomodamos y jugamos mejor. Y después del gol de Díaz, si el partido seguía diez minutos más, les metemos otro. Me pareció que sintieron el impacto del primer gol. De todos modos, pienso que están mucho mejor que en el Mundial de Argentina.

RUMMENIGGE: —Es verdad. El equipo de hoy es más equipo. Y lo mismo ocurre con el de ustedes. Pocas veces se pueden juntar diez jugadores de primerísima línea. De todas maneras, yo no creo que el triunfo haya sido el resultado más justo. El empate era lo mejor. Nosotros prácticamente ya tenemos el equipo para el Mundial '82. Hay dos veteranos: Dietz, de 32 años, y Hrubesch, de 28, y después somos todos más jóvenes. Este equipo crece jugando con rivales de un nivel similar al nuestro. Contra Malta y Turquía, Alemania anduvo bastante mal. En cambio contra Argentina todo cambió.

MARADONA: —A nosotros, en un momento, se nos hizo difícil. Pero más allá del resultado los dos equipos demostraron lo que valen. Y creo que Argentina está en condiciones de jugar mejor.

RUMMENIGGE: —Teníamos mucha expectativa por este torneo. Llegamos para ganarlo, pero sinceramente ahora no lo veo.

Posan por última vez, sonríen, se guiñan un ojo al comprobar que uno representa a la firma Puma (Maradona) y el otro a Adidas (Rummenigge). Diego exterioriza más su simpatía. Karl-Heinz por algo es alemán, y le cuesta regalar una carcajada. Rummenigge le pide a Brandenberg que le diga a Diego: "Te deseo la mejor suerte del mundo en tu carrera profesional". Maradona le retribuye el saludo dándole fuerte la mano.

Qué lejos y qué cerca están Westfalia Lippstadt y Villa Fiorito.

 

 

Por GUILLERMO BLANCO (1981).

Fotos EDUARDO FORTE y RICARDO ALFIERI (padre e hijo).

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