¡Habla memoria!

El árbol...Por Borocotó.

Por Redacción EG · 07 de agosto de 2019

“Al sauce se le dice sauce, al quebracho quebracho, pero al algarrobo se le llama árbol. Es el árbol. Los demás no lo son ...“ . Un bello relato de Borocotó aparecido en una de sus inolvidables “Apiladas” .

A fuego pintábamos un asado. Vinieron a la mente unas palabras de Vito Dumas: "Dicen de tres cosas que no aburren: el fuego de leña, el agua que corre y la nube que pasa. Yo conozco muchas más".

El mate iba y venía en aquel suave atardecer campero en que los árboles se ador-mecían. Un paisano tostado de soles norteños hacía de pintor con aquel asado que se iba coloreando lento bajo el pinar ya aquietado.

—Al pino, le dicen pino, al quebracho, quebracho... — musitó el hombre atando un recuerdo. Nos quedamos a la espera. Algo más tendría que decirnos para que nos enteráramos, pero no era cosa de apurarlo en esos momentos en que no se hacía tarde, en ese lugar en que la ciudad y su ritmo estaban muy lejos.

Rezongó el mate, esparció mejor las brasas, con el dorso de su tosca mano fue sintiendo el calor de la carne para repartir mejor el fuego. Tumbado el asador, goteaba.

—Allá por las selvas achaparradas de Santiago — comenzó a contar — el paisano que trabaja en ellas, hacha en mano, tiene un enemigo: el sol. Lo acribilla durante toda la jornada. Por eso, cuando se oculta, suele cantar bajo el algarrobo. Con la madera del algarrobo levanta su rancho, bajo el algarrobo descansa, bajo el algarrobo recibe les visitas, bajo el algarrobo duermen la siesta los changuitos, bajo el algarrobo se vela al finadito...

 Su relato se entrecortaba. El hombre hablaba consigo mismo, con sus recuerdos. No había prisa; se podía esperar. Allí nunca se hace tarde...

—Al sauce le dice sauce, al quebracho quebracho, a todos por su nombre, pero al algarrobo le hace el homenaje de llamarlo árbol. Es el árbol. Los demás no lo son . . .

El mate que vuelve a sus manos, el sorbo entre pausa y pausa, el rezongo y otra vez el relato.

—Acertó a pasar cierta vez un automovilista que iba para la carrera de Añatuya y preguntó por la ruta. El paisano le indicó: "Siga derecho, y en cuanto vea dos árboles juntos, allí tome a la izquierda..." Aceleró el corredor y a poco se encontró con árboles a todo lado. Pensó en que el paisano lo había engañado. Y no; porque el camino doblaba donde estaban dos algarrobos juntos... El paisano le habló en su idioma. El automovilista era de otro idioma...

 Y tornó a acomodar las brasas.

 

Borocotó (1949)

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