¡Habla memoria!

1967. El increíble Bernao

Por Redacción EG · 19 de julio de 2019

Osvaldo Ardizzone se detiene en Raúl Bernao, quien fue figura del Rojo multicampeón de la década del 60. Una nota imperdible para los amantes de los grandes jugadores.

Habla y hay que investigar de dónde proviene la voz. Porque la cara permanece inalterable, sin denunciar su estado de ánimo. Hace una hora que está en la reunión y parece que recién llega. Se va y nadie lo advierte. Transmite la sensación de estar irritado. Y seguramente esté de buen humor. Desde el grupo parten bromas estentóreas, carcajadas ruidosas que festejan alguna ocurrencia risueña. Bernao apenas sonríe. Apenas si ese círculo que le dibujan los labios se ensancha. Una alusión satírica y una guiñada de ojo que apenas denuncia la intención. Después vuelve a su imperturbable mutismo. A su desconcertante silencio. Bernao se mueve en la vida tal como lo hace cuando juega al fútbol. Desconcertando. Sorprendiendo. Desarmando. Sin denunciar quién es. Sin anunciar su estado de ánimo. Ni su presencia, ni su llegada ni su despedida. Parece neutro, indiferente, ambiguo, lejano... e impenetrable...

Todos comentan el golazo del "loco" frente a los bolivianos. Y Bernao lo cuenta como el gol más natural del mundo... Y con el más frondoso acopio de de-talles... "¿Sabe que le di con la punta? Por la bronca. ¡Si no le ganamos a ésos tenemos que volver a Buenos Aires...!"

Y vuelve a quedarse humildemente escondido en sí mismo, replegado en esa su intrascendencia habitual. Y meditamos la diferencia que va de Bernao a Artime. Mientras Luis, habituado a sacudir la red veinticinco veces por año, no recuerda ni siquiera quién le entregó la pelota, Bernao puede recordar con exactitud todo el proceso de su gol, incluidos todos los cambios de estado de ánimo que experimentó frente a los tres palos. Incluidos todos los pensamientos que le pasaron por la mente. Todos los cálculos de probabilidades que elaboró su cerebro en ese improntu fugaz que escapa a la tiranía del reloj... Y de inmediato surge la reflexión... ¿Cómo puede admitirse que este personaje tan glacial, tan dueño de sí mismo en circunstancias donde el apasionado pierde por apasionado, adolezca de problemas temperamentales? Y Bernao llega a la simplicidad de admitirlo. "Porque me pasaron algunas cosas que me afectaron... Y como las jugadas a veces no salen la tribuna me grita y ya no la agarro más... Por miedo no me animo a jugarla, lo hago pensando que voy a equivocarme y no me sale ni una..."

 

Jugó en el Rojo entre 1961 y 1971.

Jugó en el Rojo entre 1961 y 1971.

 

Y el mismo personaje desconcierta cuando frente a los tres palos, en un partido donde el gol lleva angustia, donde su gol tiene la dimensión de un partido que no se puede ganar, usa el compás, y la escuadra para "ponerla" en el único agujero visible...

"¿Sabe a quién le debo que ande así? A Brandao. Él se extrañó que yo no fuera al Mundial y cuando llegó a Independiente me citó para hablarme mano a mano. Y de esa charla salí nuevo. Con ganas de jugar y de luchar para darle además una satisfacción a ese hombre que "cree en mí..."

Ahora está sentado en la terraza del hotel. Enfrente el mar y el horizonte. Pero Bernao apenas si se adhiere a ese éxtasis pueril de los turistas... "¡Qué aburrimiento aquí! Comer y dormir, caminar, comer y dormir...!

Un jovencito se acerca a pedirle fósforos... "¡Che, pibe! ¿Tenés un cigarrillo rubio?", le pregunta bruscamente. El pibe duda. No se siente tan generoso. Después busca entré las ropas para satisfacer el pedido, mientras Bernao, como comprendiendo, le dice palmeandolo... ¡Dale pibe! Dame uno... Después andá por el hotel que te regalo un paquete... Vamos. ¿Me vas a negar un cigarrillo...? En la sencillez de ese diálogo está identificado.

En el club de sus amores ganó 5 títulos. 3 Campeonatos de Primera División y 2 Copas Libertadores.

En el club de sus amores ganó 5 títulos. 3 Campeonatos de Primera División y 2 Copas Libertadores.

 

En Bernao hay un adolescente lleno de timidez. El "loco" recién aparece cuando se siente "ganador", el "loco" se anima a surgir cuando encuentra la protección para sus vacilaciones temperamentales. Pero cuando está nutrido de confianza, cuando llega a creer en sí mismo, recién es cuando suelta sus genialidades, recién entonces se realiza pleno, a tal punto de "paralizar" el reloj para medir y calcular un gol en un Sudamericano. Mientras todos "los cuerdos" sentían la presión caliente de la sangre, de los nervios, el "loco" controlaba el partido con el helado proceso de la razón, poniéndole sosiego a la pelota, atemperando el torbellino que enceguece, que se estrella en el error cien veces insuperable...

En cambio a Bernao "la locura" le sirve de freno. Ocurre que en los momentos más agudos de sus crisis es cuando alcanza su más dilatada dimensión. Porque es cuando su cálculo se agudiza, su frialdad se hiela, su cerebro se enciende, su instinto medita, su habilidad especula... Es el momento del gran rapto... Cuando todo lo que lleva a cabo, por extraña paradoja, se viste, se nutre y se realiza con la más contundente precisión de la lógica...

Clásico entre Independiente y River. Dos grandes se enfrentan, Bernao y Oscar Mas.

Clásico entre Independiente y River. Dos grandes se enfrentan, Bernao y Oscar Mas.

 

Después, al día siguiente, allí frente al mar y al horizonte, sentado en la terraza del hotel, llama bruscamente a un jovencito que pasa por allí... "Che, pibe, ¿a vos no te debo un cigarrillo...? Después otra vez el mutismo, otra vez a su impenetrable seriedad que parece irritación y es seguramente buen humo... Berna, es "el loco" con lógica propia. La que no utilizan los demás. Por eso frena cuando todos corren.

Por eso razona cuando los demás se aturden. Por eso le pide un cigarrillo a un pibe y al otro día se lo devuelve...

 

 

Por Osvaldo Ardizzone.

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