¡Habla memoria!

1915. Jack Johnson en Buenos Aires

Por Redacción EG · 16 de mayo de 2019

Un valioso testimonio aparecido en El Gráfico en 1939, refiere a la visita al país del legendario boxeador Jack Johnson, el primer negro Campeón Mundial de los pesados de la historia.

A pesar que los sistemas de propaganda no habían alcanzado la perfección y magnitud de la época actual, no ha existido en el mundo de los boxeadores un hombre cuya popularidad sobrepasara a la que adquirió el negro Jack Johnson.

Curiosa fotografía obtenida durante la exhibición que realizaron el negro Johnson y el profesional Jack Murray, en el ring de la Sociedad Sportiva, cuyo campo de deportes se hallaba en el lugar que hoy ocupan las canchas de polo, frente al hipódromo de Palermo. También cruzó guantes con el negro, siempre como exhibición, el entonces campeón argentino peso pesado de aficionados Wilkinson. Aparecen en la otra foto. Obsérvese la altura del ring, y piénsese lo peligroso que sería una caída por entre sus cuerdas.

Curiosa fotografía obtenida durante la exhibición que realizaron el negro Johnson y el profesional Jack Murray, en el ring de la Sociedad Sportiva, cuyo campo de deportes se hallaba en el lugar que hoy ocupan las canchas de polo, frente al hipódromo de Palermo. También cruzó guantes con el negro, siempre como exhibición, el entonces campeón argentino peso pesado de aficionados Wilkinson. Aparecen en la otra foto. Obsérvese la altura del ring, y piénsese lo peligroso que sería una caída por entre sus cuerdas.

Circunstancias especiales, como el hecho de haber obtenido su título derrotando al coloso Jim Jeffries y lo pintoresco de la personalidad del negro, contribuyeron a su mundial celebridad, a veces un tanto escandalosa por los procesos que le entabló la justicia norteamericana, acusándole de trata de blancas para vivir en concubinato, y de elemento perturbador en sus interminables andanzas.

Johnson, rebosantes sus bolsillos de dinero entró en una especie de fiebre por ostentarlo, pero siempre dando la nota sensacional. Gustaba así imprimir a su impresionante auto la velocidad que incurría en contravención, y ya en poder de la justicia, era para él un gran placer poner sobre el escritorio del juez el dinero con que abonaba la multa. Y a reincidir inmediatamente, porque para eso tenía plata, la plata con que tanto tiempo había soñado en la época de sus primeros años juveniles, vestido de harapos por fuera y de hambre por dentro. Hasta que un día en un triplete por la misma falta y ante un mismo juez, éste le dijo a Johnson cuando echaba elegantemente mano a la cartera para pagar la nueva multa: "No, míster Johnson, hoy no paga; hoy va preso". Y fue nomás, por dos semanas, que acabaron para siempre con sus desenfrenos automovilísticos.

Fue toda una epopeya la pelea entre Jack Johnson y Stanley Ketchell, el formidable peso mediano. Ketchell derribó a Johnson y este, aún groggy, acertó un golpe que dejó a su rival fuera de combate.

Fue toda una epopeya la pelea entre Jack Johnson y Stanley Ketchell, el formidable peso mediano. Ketchell derribó a Johnson y este, aún groggy, acertó un golpe que dejó a su rival fuera de combate.

DERROCHADOR

Si los blancos tenían su Creso, ¿por qué no habrían de tenerlo los negros? Ese pensamiento debía bullir en la imaginación pirotécnica del negro que calculó sobrepasando la realidad cuando medía el alcance de su fortuna. Gastarla ruidosamente era su afán, con cuadros en que se destacara el sugestivo color verde de las reuniones nocturnas y algunas pinceladas rojas de contiendas callejeras. Y ya en sus desvaríos se le ve una noche entrar a un cabaret parisiense y barrer de un formidable bastonazo la pila de botellas de champán que se levantaba junto a la puerta. Destruirla para darse el gusto de salpicarse con el rubio licor y de volver a preguntar con insolente tono de loco millonario: "¿Cuánto es?".  

Es negro, bien formado, de rostro simpático, vivaz, y es sobre todas las cosas campeón del mundo. Tiene, según él, hasta derecho a la atrevida insinuación en cuestiones sentimentales, y los éxitos que con su audacia ha conquistado tratando ciertas mujeres, lo llevan a la insolencia.

Ruda la calificación, pero ¿de qué otra manera señalar su proceder de aquella vez en que, valido de su ventaja física, intenta llevarse, casi por la fuerza, la compañera de un andaluz durante una juerga realizada en España? No siente ningún respeto por ese señor de meneos y castañuelas, mísero rival a quien de un revés dejaría dormido como Blanca Nieves, con ataúd y todo. Pero Johnson, hecho a la modalidad de Norte América, donde ha tenido éxito el catch, lucha en la cual los contendores hicieron un negocio por ponerse en el ridículo del vapuleado, Johnson, digo, no contó con el amor propio de un español, de un andaluz que está compartiendo con su manola. Y un botellazo que tuvo el valor de catedrática enseñanza le partió en dos el mate, dejándolo knock out.

Johnson masacró a Jim Jeffries, quien se había retirado del boxeo y volvió en 1910 para ¨defender a la raza blanca¨.

Johnson masacró a Jim Jeffries, quien se había retirado del boxeo y volvió en 1910 para ¨defender a la raza blanca¨.

EN BUENOS AIRES

Un buen día el gran campeón experimenta deseos de efectuar una gira alrededor del mundo sacando una película en la que su persona, naturalmente, encarnaba el papel de protagonista. Algo más motiva la realización del viaje, y es el deseo de hacer exhibiciones que le aporten dinero.

Llega a Buenos Aires y, aunque el boxeo de entonces en nuestra ciudad — fue en 1915 — tiene reducido número de cultores, su arribo causa re-vuelo y sensación. La película de su emocionante encuentro con Jeffries ha sido pasada en el teatro Casino de nuestra capital y por ella había apreciado los aficionados porteños los puntos que calzaba el gladiador de ébano.

 

4.7.1910. Jack Johnson derrota por KO a James J. Jeffries en la llamada "Battle of the Century".

 
 

Jaranista, alegre, divertido, con una sonrisa perenne de oreja a oreja, ojos maliciosos y elegante apostura, pronto se ganó Johnson la simpatía de los criollos. Era, indudablemente, "un rico tipo", un hombre de clase, que no desentonaría en aquellas famosas patotas de nuestra traviesa muchachada.

Johnson no hizo en realidad su presentación como un boxeador, en el amplio sentido del vocablo. No contaba con un ambiente propicio ni con hombres que se animaran a enfrentarlo, así fuera en un simple sparring. Fuera de sus exhibiciones con Murray y Wilkinson, debió limitar sus actividades a un número de varieté: demostración de salto a la cuerda, de punching-ball, en la que era un virtuoso, y un asalto con cualquiera de los espectadores que desease subir al tablado, que tal era el sitio del Parque Japonés donde se exhibía.

 

Jack Johnson junto a Jess Willard.

Jack Johnson junto a Jess Willard.

 

Claro es que el público ahí reunido comprendía perfectamente que la invitación de Johnson a medirse con él involucraba el deseo de hacer un número festivo, y la mayoría de los que se animaban a dar el paso, eran impulsados por su espíritu bromista o la media docena de whiskys que almacenaban en el estómago. Puestos ya en guardia, los puños metidos en guantes como colchones, el negro con indumentaria de boxeador y el accidental contrario con traje de calle y cuello, empezaba el "combate" que casi siempre se reducía a un clinch en el cual el negro efectuaba con un solo brazo una cintura invertida, dejaba al rival con las asentaderas hacia arriba y descargaba en éstas varias paternales palmadas, utilizando la mano libre, mientras el público festejaba jubilosamente su ocurrencia.

UN MALO

Pero nunca falta el sonso.  Durante una de esas reuniones subió al tablado un tipo como para rifarlo. Venía, según lo dejaba adivinar su aptitud, a probar seriamente al negro, y en tanto le calzaban los guantes, se desacomodó el saco en una expansión ostensible del pecho. Era este desconocido contrario del campeón, un hombre en realidad corpulento, alto, bien formado, y toda esa carrocería de su persona y quizá algunos éxitos obtenidos en su vida doméstica, debieron influir en su osadía.

El negro Johnson, con la agudeza que da la cancha y la experiencia, juzgó rápidamente la situación.

Johnson ya veterano y cuando empezaba a experimentar las con-secuencias de su vida desordenada.

Johnson ya veterano y cuando empezaba a experimentar las con-secuencias de su vida desordenada.

No bien puestos en guardia el sujeto en cuestión tiró el mamporro más hortera que pueda producirse, hendiendo el espacio con tal violencia que su cuerpo hubiese dado un giro completo si no lo detiene en seco el sosegate de Johnson, ahí, en plena mandíbula y con un narcótico que duró diez minutos.

Los espectadores quedaron paralizados de impresión. La casi totalidad jamás había visto un knock out y no sospechó que esa noche se lo brindarían, pero pronto desapareció la sensación de pena ante el risible espectáculo que ofrecía aquel matón de pacotilla, sacado en vilo por cuatro personas que lo llevaban colgando de las piernas y los brazos.

Y más de uno murmuró pensativo: ¡Qué lindo es saber boxear!

 

Por MANDIL (1939)

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