¡Habla memoria!

1955. Charlas de fútbol a tres bandas

Por Redacción EG · 12 de abril de 2019

En una charla casual según Borocotó, se dio este reportaje con el entrenador argentino Guillermo Stábile. Trata sobre el juego y las marcadas diferencias entre América del sur y Europa.

Guillermo Stábile piensa un instante y nos contesta:

— Existen marcadas diferencias que obligarían a ser distintos los seleccionados a constituirse para los diversos ambientes. Una cosa es jugar en Europa frente a equipos capaces, otra es intervenir en un certamen sudamericano y otra, también, jugar en nuestros campos frente a los más calificados cuadros del Viejo Mundo. Por ejemplo: en esta parte del continente, con una superioridad más o menos buena, las posibilidades de triunfo son bastante seguras; para actuar en Europa esa superioridad tiene que ser mayor; en cambio, para jugar aquí frente a los de allá puede ser algo menor. No es un descubrimiento; es lo que todos sabemos. Es el alza que experimenta quien juega en su ambiente, en donde todo lo que le rodea le es familiar y se siente más seguro de su propio rendimiento, mientras que el visitante sufre una disminución, y si ello no ocurre, se topa con la superación del local. Eso sucede entre nosotros también. Los resultados lo demuestran domingo a domingo. Los locales ganan más partidos. Pero vayamos a lo que nos interesa: la cita a los partidos en Lisboa y Roma, especialmente este último, se hace necesaria. ¿Fue superior el cuadro italiano al nuestro?

 

Mientras se disputaba el match Italia-Argentina el seleccionador Guillermo Stábile recordó la figura de Herminio Masantonio, el centro delantero de larga actuación en Huracán y quien también fue internacional. Ese era el tipo necesario en aquel match: dominio de pelota, pique veloz y ochenta kilo para abrirse paso en la pesada y cerrada defensa.

Mientras se disputaba el match Italia-Argentina el seleccionador Guillermo Stábile recordó la figura de Herminio Masantonio, el centro delantero de larga actuación en Huracán y quien también fue internacional. Ese era el tipo necesario en aquel match: dominio de pelota, pique veloz y ochenta kilo para abrirse paso en la pesada y cerrada defensa.

 

— ¿En qué aspecto?

—Sí, la pregunta tiene que ser contestada con otra pregunta. Vamos a formular la que corresponde: ¿En el aspecto esencialmente futbolístico?

—En ese que se refiere a la habilidad, al dominio de pelota, en ése no. Pero...

—Ahí está el pero. No podemos decir técnica porque esa palabra abarca mucho. Si involucramos en ella disciplina, organización, estado físico y otros atributos de los equipos europeos, honestamente llegamos a la conclusión de que nos superaron — dice Stábile.

—Podríamos sintetizar de la siguiente manera: en habilidad de juego, los nuestros; en posibilidades de triunfo, ellos. Por lo menos esa tarde.

— ¿Y si los mismos conjuntos jugaran aquí?

—Creo que ganaríamos.

—Estamos entonces en lo dicho al comienzo: diferencias de ambientes y la circunstancia de ser local o no.

—Habría que considerar otra cosa: que en Roma se entró perdiendo a los pocos segundos — le decimos.

—Puede mencionarse el detalle, pero no creo que haya sido tan decisivo — expresa Guillermo Stábile. — También se estuvo en pérdida con los uruguayos en el campeonato sudamericano y en esa situación Míguez dio con una pelota en las maderas. El fútbol es así y tienen razón ustedes cuando dicen que se producen goles que valen dos, como en básquet, pero creo que en Chile nuestro equipo se hubiera recuperado y habría llegado igualmente a la victoria. En ese match se emplearon las mismas armas con que los vecinos nos han ganado otras veces: luchar la pelota, porfiar por ella en forma enérgica y sostenida. Eso fue ablandando la resistencia rival, y cuando los uruguayos quedaron frenados, de ahí se marchó cómodamente hacia la victoria.

—Pero el seleccionado de esos dos matches finales del certamen de Chile fue muy distinto del que jugó en Lisboa y Roma.

—Porque fuimos haciendo experiencia en el propio campeonato. Comenzamos con la base conocida. Las lesiones y cambios impuestos por la experiencia nos fueron llevando a otro conjunto. De ahí la necesidad de cotejos frecuentes y con adversarios lo más dispares posibles en modalidades.

—Si tuviéramos que ir a Europa ahora, ¿jugaría el mismo equipo que actuó en los partidos decisivos de Chile?

—Acaso no. Ya cité tres circunstancias distintas. Una sería ésa. Y voy a contar un recuerdo: viendo el partido de Roma, en el que teníamos a Bonelli de eje delantero, jugador habilidoso, veloz, pero con poco peso para abrirse paso en la fuerte y cerrada defensa, pensaba en qué tipo de centre forward necesitábamos allí. Me acordé de Herminio Masantonio. Ese habría sido el ideal: dominio de pelota, pique, shot y ochenta kilos. A Bonelli le faltaban esos kilos, y, en cierto modo, la madurez que le acordará el tiempo. Lo sabe el propio jugador. En ese partido se permitía, excepto el arquero, un solo cambio. En tal situación uno debe esperar, porque si se juega esa única carta antes de tiempo puede suceder que se lesione un hombre y quedar solamente con diez. Precisamente se lesionó Bonelli y entró Borello, pero el Borello que actuó en Chile era muy distinto de aquel que debió entrar unos pocos minutos en Roma en un partido que se estaba perdiendo. Hay que comprender que su estado de ánimo en una y otra -circunstancia no era el mismo. Además, en Chile el equipo comenzó a andar y Borello tuvo un eficaz desempeño. Fue otro.

—Las experiencias son las que señalaron el camino.

—Y son las absolutamente necesarias. Hicimos acopio de ella en pleno sudamericano. En cambio, se fue a Europa dos años después de la última vez y más de uno sin haber probado el equipo. Fuimos un poco a ciegas y en matches en los que se permite nada más que un cambio con excepción del arquero. Uno va con hombres probados en propia casa y suele encontrarse con sorpresas cuando ya es tarde. El director técnico piensa entonces en que hubiera sido mejor éste o aquél, y algunos de los necesarios pueden haber quedado ahí, al costado de la cancha, sin haber entrado y sin que puedan entrar, o tal vez haber quedado más lejos: en casa. Pero uno lo ve allí cuando comienza a conocer a los rivales y cuando advierte el desempeño de los propios dirigidos. No se trata de habilidad a veces. Por ejemplo, en Lisboa no se encontró bien Cecconato, quien en el sudamericano fue un delantero utilísimo. Los de por aquí nos conocemos bien. Puede un equipo encontrarse mejor con respecto a otra vez, como puede atravesar una baja transitoria, pero sabemos cómo juegan los países de esta parte del continente, y ellos saben cómo juegan los nuestros. Aunque hayamos pasado un tiempo sin esos cotejos, por intercambio de jugadores se sabe, nos conocemos. En cambio, nos pueden sorprender más los europeos, y también nos consta que para ganarles a los buenos de allá hace falta una proporción de superioridad mayor, porque ellos tienen un conjunto de atributos otorgados por el medio en que actúan, en que viven. Sorprende, por ejemplo, el estado atlético tan completo.

 

En el fútbol internacional Stábile señala que una cosa es jugar en un certamen de esta parte de América, otra en Europa y otra en casa contra los grandes conjuntos del Viejo Mundo y recuerda que en Lisboa no se sintió bien Cecconatto, quien luego fue utilísimo en el sudamericano. Aquí lo tenemos cabeceando junto a Colman.

En el fútbol internacional Stábile señala que una cosa es jugar en un certamen de esta parte de América, otra en Europa y otra en casa contra los grandes conjuntos del Viejo Mundo y recuerda que en Lisboa no se sintió bien Cecconatto, quien luego fue utilísimo en el sudamericano. Aquí lo tenemos cabeceando junto a Colman.

 

—Es algo que cuesta aceptar por la marcada diferencia.

—No es porque nos falten preparadores físicos excelentes.

—Y somos de un país de victorias en maratones olímpicas, la prueba más dura del atletismo.

—Ni tampoco les falta disciplina a nuestros muchachos — agrega Stábile. — Ustedes lo han comprobado. En la cancha y fuera de la misma, tanto en Europa como, en Chile han sido un ejemplo. Pero hay diferencias de ambientes. En Europa los adversarios del team juvenil eran de la misma edad de los nuestros, pero más hombres, más maduros. Es la vida la que acuerda esa madurez; son las dificultades que allá hay que vencer y que aquí no se encuentran. Yo miraba a los muchachitos europeos y pensaba en que siendo más niños corrían bajo las bombas y buscaban en un huerto una papa o una zanahoria para comer en días en que a los nuestros la mamá les llevaba el desayuno a la cama. No tienen la culpa los de aquí; ojalá que todos los chicos del mundo gozaran de esas comodidades, pero no cabe duda que existe una razón de ambiente que acuerda esa madurez y también un mayor sentido de la responsabilidad. Un jugador nuestro, magníficamente disciplinado, fuera de las sesiones de entrenamiento y de los partidos, aunque deje el alma en éstos, como la deja cuando se trata de defender la internacional, se ha de conceder después algunas licencias. Son las que otorga el ambiente.

—Hay, pues, allá otro clima de vida.

—Yo he vivido muchos años en Europa y me consta que es así. Las dificultades del medio son las que, aun en los campos de fútbol, acuerdan otros atributos, Es lo que denominaríamos una conciencia ambiente — refirma Stábile. —Y todo ello construye un temperamento. En Italia lo conversábamos con algunos colegas que nos decían que los nuestros arriesgan mucho la pelota con sus filigranas. Y les decíamos que teníamos esa capacidad de riesgo en todas las cosas como consecuencia de una vida más fácil. Es el "me juego" ante una carta, porque si perdemos el dinero que apostamos sabemos que pronto volverá por otro camino. Si así procedemos con el dinero, ¿cómo no nos vamos a jugar la pelota en una parada que nos gusta? — así decíamos.

—Por eso también el jugador criollo es distinto, por eso llega al dominio de pelota que tanto asombra por allá. A ustedes se lo dijo don Pedro Escartin — nos recuerda Guillermo.

Y lo vamos a repetir ahora. Fue en un encuentro en Madrid. Cuando el ex seleccionador español se refirió a las críticas que le hicieron en después de haber perdido aquí uno a cero, nos expresó: "¿Cómo le iba a jugar abierto a los argentinos en su casa? ¿Tengo yo la culpa de que el jugador español no domine el balón como el argentino? Cuando pasó por aquí el Independiente, el Real de Madrid, con su Di Stéfano y todo, le quiso jugar abierto y el Independiente le marcó seis goles.”

—Y ustedes han de recordar — agrega Stábile — cuando siendo yo jugador en Europa me preguntó el seleccionador Victorio Pozzo qué se necesitaba para imitar a un criollo. Y yo le respondí: otro criollo.

—De manera que si ahora tuviéramos que volver a jugar en Europa...

—Contaríamos con una base de seleccionado más firme de la que tuvimos en el último viaje, pero podría ser que no actuara completo el cuadro que ganó los dos matches decisivos del sudamericano, por lo que dije al comienzo de esta charla señalando diferencias. Además, llegado el momento habría que saber del estado de cada uno, no solamente físico, sino del momento futbolístico por que atraviesa.

Y así fue la charla accidental. No teníamos pensado reportear a Guillermo Stábile. Nos encontramos y. ¿de qué íbamos a hablar? Salió a tres bandas: una cosa en América del Sur, otra en Europa y otra contra los europeos aquí.

 

Por Borocotó

 

 

Imagen de La leyenda del origen de Bochini. Por Ardizzone
¡Habla memoria!

La leyenda del origen de Bochini. Por Ardizzone

Queríamos compartir el prólogo de una nota del ’75 de Osvaldo Ardizzone donde nos cuenta el nacimiento mitológico de un hombre que poseía "la magia de una herencia inextinguible".

Imagen de El día de los 44 penales
¡Habla memoria!

El día de los 44 penales

En 1988 la AFA dispuso que los partidos igualados se desempataran por penales. Argentinos y Racing entraron en la historia: patearon durante 45 minutos. Ganaron los de La Paternal, 20 a 19.

DEJÁ TU COMENTARIO