¡Habla memoria!

1987. Y un día ¨El Gráfico¨ los volvió a reunir

Por Redacción EG · 03 de abril de 2019

Después de años sin hablarse se reencuentran Menotti y Maradona. Y hablaron… del fútbol y de la vida, con pasión en las palabras y con un respeto casi devoto en las miradas. El fútbol los precisaba unidos.

Hay sueños que parecen inalcanzables.  EL GRAFICO —una institución del deporte argentino— quiso concretar uno de  ellos. Desde hace tiempo nos propusimos juntar a Maradona y Menotti. Nos  guiaba un objetivo claro: hacer cosas  en pro, sumar, reunir, aportar. Es, desde hace 68 años, una actitud filosófica  frente al deporte y al país. Menotti y  Maradona son una parte de la rica historia del "mejor fútbol del mundo". Y  no concebíamos la incomunicación. Con  generosidad y grandeza nos dijeron  que sí. Lo instrumentamos tras una larga vigilia. Y al terminar el diálogo nos  sentimos reconfortados. No sólo por-que habíamos logrado que se volvieran a sentir bien, sino porque ambos,  antes y después, reconocieron a EL  GRAFICO como un mediador  confiable.  Más aún, como un protagonista de la  misma historia. Hoy, al ofrecer esta  nota nos sentimos plenos y felices.  Aceptando el desafío de seguir haciendo cosas que ayuden, que sumen, que  unan a los grandes de nuestro deporte. 

Los protagonistas. Menotti Campeón del Mundo como DT en 1978 y Diego Maradona Campeón del Mundo en 1986 como capitán.

Los protagonistas. Menotti Campeón del Mundo como DT en 1978 y Diego Maradona Campeón del Mundo en 1986 como capitán.

Estaba en el aire, como esas flores bellas y perfumadas que son de todos y de nadie. Maradona y Menotti, como otros grandes del fútbol, han dejado de pertenecerse: son un patrimonio común. Sin embargo, no se hablaban. O, peor aún, protagonizaban dos polos de una polémica insensata, superficial, hueca. Uno y otro podrían decir cuánto quisieran. En el fondo, César y Diego estaban, están y estarán siempre unidos por un amor común: el fútbol. Sólo faltaba que un amigo con autoridad, confiable, importante, —EL GRAFICO, por ejemplo— les propusiera reencontrarse. No fue ni fácil ni difícil: fue hermoso. Los dos dijeron sí después de descargar ciertos condicionantes. En el fondo, eran cuestiones formales totalmente comprensibles y respetables por ambos lados. Pero el objetivo importaba más que la anécdota. El lograr que estos dos grandes del fútbol de todos los tiempos estuvieran frente a frente —y ojalá que para siempre, sin más incomunicaciones— justificaba apelar a todos nuestros recursos persuasivos. En la espera hacia la concreción, no sólo nosotros habríamos de perder el sueño: ellos también.

A Maradona y a Menotti no se los compra. No harán nada que no deseen por ningún dinero del mundo. De manera que cuando dijeron que sí, estaban haciendo algo que necesitaban. Reencontrándose con horas felices, con momentos imborrables, con sueños incumplidos, con ilusiones compartidas, con tiempos metidos en el alma, con abrazos sinceros, con diálogos inolvidables, con triunfos y derrotas, con la familia, con el ayer, con la vida..

La redacción imaginó el encuentro de mil maneras. Sin embargo fue simple y grandioso. Como si ayer se hubieran visto.

"¡Hola, César...!"

"¿Cómo está, Diego?"

Dos frases, apenas. De esas que parecen convencionales cuando no hay nada en el medio. De esas que son vitales, esperadas, emotivas, necesarias cuando encierran una historia, cuando marcan un reencuentro...

"¡Hola, César...!", dijo Diego Armando Maradona. "¿Cómo está, Diego?", dijo César Luis Menotti. Y la historia, vital, esperada, emotiva y necesaria, registró que dejaba atrás lo superficial el jueves 16 de julio de 1987, en EL GRAFICO, cuando los dos —ellos dos— volvieron a darse un abrazo.

Hablaron después del saludo, claro. Veinte minutos y a solas. Para descargarse, para reencontrarse del todo. Para aclarar, fundamentalmente. Para precisar las raíces y las razones de un desencuentro probablemente no buscado. Hablaron, seguro, de todo lo que pasó a partir del '85, de la primera frase transcripta con olor a pólvora que encontró una respuesta de artillería... Y así, una tras otra, en un ida y vuelta desgastante.

Los periodistas de EL GRÁFICO Ernesto Cherquis Bialo, Aldo Proieto y Daniel Arcucci en plena nota con Menotti y Maradona.

Los periodistas de EL GRÁFICO Ernesto Cherquis Bialo, Aldo Proieto y Daniel Arcucci en plena nota con Menotti y Maradona.

Hablaron de estos últimos tiempos, mano a mano y frente a frente. Seguramente pasaron por encima de si usted lo dijo o no, si fue así o no. Seguramente se olvidaron de los bombones, de los Rolls Royce, de quién se cree que es, de me equivoqué con él. . . Seguramente encontraron la esencia y el porqué: el fútbol los precisaba unidos. Y, lo que es más importante, ellos se necesitaban. Hablaron, después, con toda la voz y hacia todos los oídos. Que para eso los habíamos reunido, también. Para que expongan, para que opinen, para que sus discusiones o sus coincidencias provoquen lo único que pueden provocar: crecimiento, evolución, avance... Y así pasearon en la charla, por el fútbol y por la vida, con pasión en las palabras y con un respeto casi devoto en las miradas. César Luis Menotti y Diego Armando Maradona, Diego Armando Maradona y César Luis Menotti —como los clásicos—, se reencontraron en EL GRAFICO.

Hablaron…

De Europa

Empezaron por ahí, vaya uno a saber por qué. Quizás porque es el medio que los moviliza profesionalmente a los dos, quizás porque sí.

—Qué debut tienen en la Copa de Europa, ¿eh, Diego?

— ¿Vio, César? Justo nos toca debutar con el Real Madrid, mire qué "suerte" tenemos...

—Y sin gente ni nada, porque ellos tienen el Bernabeu suspendido: juegan a puertas cerradas, sólo con periodistas...

—Sí, en el Bernabeu va a haber ciento diez mil periodistas, todos con banderitas blancas... Bueno, que no se confíen, ¿eh? El 15 de setiembre los boleteamos. Estamos muy bien, ahora compramos a Francini, que lo querían todos los clubes de Italia, y a Careca...

— ¿Te gusta Careca, Diego? 

—A mí me gusta, me gusta mucho, juega bien..

— ¿Y a usted, César?

—Creo que es el jugador ideal para estar al lado de Diego... Está medio acostumbrado a ser contra golpeador, a luchar solo, a que todo dependa de él... Juntos, Careca y Maradona, pueden hacer cosas increíbles.

—El problema que vamos a tener ahora es ver a quién saca el técnico Bianchi... Porque se quedaron en el club Giordano y Carnevale, y los dos tuvieron una temporada bárbara... No sé, Giordano se tira bien atrás, el otro se mueve bárbaro de punta, no sé qué va a hacer Bianchi.

—Hay que ver lo que hace Menotti en el Atlético de Madrid, también. . . ¿Ya está hecho con las compras?

—Ya está Futre, el portugués, que es un muy buen jugador, con el estilo de Diego pero sin tanta potencia... Después compré a Parra, que ya lo quería desde hace tiempo; a Quique, un lateral del Valencia que hizo diez goles; a Eusebio, del Valladolid. . . Y bueno, Goicochea, que ya estaba comprado antes de que yo llegue...

—Y se lleva a Zamora de acá...

—Sí, el pibe de Newell's, tiene todo para ser un fenómeno. . . La verdad que es un proyecto muy interesante éste del Atlético, están todos los medios, están todas las posibilidades...

—Lo único que le puede matar el proyecto, César, es que el Real Madrid lo compre a Diego…

— ¿Y por qué no lo podemos comprar nosotros? Si Maradona está en venta, el Atlético está en carrera… Lo digo en serio, porque hablando con Rubén Cano, allá en España, hacíamos cálculos de lo que nos podía faltar en cada puesto... Yo me rompía la cabeza pensando en un delantero de punta y Cano me paró: ¿Qué problema te haces? Este (por el presidente Gil) te compra a Maradona si vos lo pedís..." Lo que a él le importa, más allá de la forma de jugar, es si vende bonos. Eso sí: no creo que sea tan fácil ara Diego irse del Napoli..."

—No, César, ya lo tengo decidido: cuando termina el contrato me voy del Napoli.

—Ya le dije: va a tener que salir en helicóptero...

—Como sea, pero ya lo tengo decidido, fines del '88 me voy...

—No lo diga ahora, Diego, lo van a volver loco...

—Es que quiero cambiar para vivir un loco, César. . . Voy a una zapatería en Nápoles y la tiran abajo: voy a comprar los aros para Dalmita y hay cinco mil personas en la puerta. . . El fútbol es hermoso, pero también quiero caminar con mi hija por la calle... César: hace dos años que vivo allí y no conozco la ciudad.

—Aparte, querés la revancha en España, ¿no Diego? 

—Seguro, si en el Barcelona no pude jugar un campeonato completo...

—Tiene razón. Si Diego hubiera estado todo el año físicamente como en el arranque, el resto tenía que pelear por el segundo puesto, a nosotros ni nos veían... ¿La verdad? Nunca lo había visto a Diego así... Encima, junto con el otro loco, Schuster, enchufadísimo.

—El Lobo Carrasco también, éramos una máquina. ¿Se acuerda cómo ganamos la Gamper, César? Ya está, ya se reencontraron. Menotti pregunta por el Soldadito, apodo de Ricardo Ayala, un entrañable amigo de Maradona que vivió grandes historias con ellos en Barcelona. Diego contesta y se ríen juntos. Ya está... Siguen hablando.

De América

El Flaco se sacó el blazer, se quedó con la camisa rosa y el pantalón gris de corderoy. Diego mantiene la onda de su jean nevado y un buzo Puma gris. Todavía siente la Copa América en las piernas...

—Lo que usted necesita, Diego, es un descanso, unas vacaciones, urgente... El estrés que ha sufrido en esta temporada es enorme...

—Le digo, César que no veía la hora de terminar... Pensaba: en cualquier momento me da un tirón, en cualquier momento me rompo todo... Pero nada, me pareció mentira terminar bien... Y, bueno, perdimos, sí, pero terminé. No daba más.

 

Menotti convocó a Maradona para el Mundial de 1982 disputado en España. La Selección quedó eliminada en la segunda fase.

Menotti convocó a Maradona para el Mundial de 1982 disputado en España. La Selección quedó eliminada en la segunda fase.

 

—Yo no se lo digo sólo por lo físico, Diego... La carga psicológica que significó todo lo que pasó desde el Mundial para acá, con el título del Napoli incluido, es enorme... Si los napolitanos ya están hablando ahora de ganar la Copa de Campeones... Todo el mundo tiene que entender que un ser humano, sometido las 24 horas a presiones, de los partidos, de los viajes, de todo, sufre una fatiga que no es sólo física...

— ¿No te parás, Diego? 

—Algo. .. Paso unos días en Esquina, Corrientes, y después me voy una semana a Cuba, me invitaron para recibir un premio... Lo de los aductores ya está bastante superado: hasta ahora tenía problemas porque no me había podido parar nada...

—Encima, con la responsabilidad con que llegó a jugar la Copa América. Cuando se llega a un nivel superlativo como el de él, las exigencias de cien o cien mil tipos, los que haya, son acordes con el nivel, es decir enormes...

—Agravada por la dependencia que  este equipo tiene de él, ¿o no? 

—Yo no estoy de acuerdo con eso de que esta Selección depende de él, de Diego. Son cosas que se dicen y no se justifican muy bien... Todo equipo que tiene un muy buen jugador recurre a él, porque es el que desnivela. Yo recuerdo el Barcelona cuando estaba él: si jugaba bien Maradona, el equipo era una cosa; si jugaba mal, otra. Lo que pasa es que cuando el equipo no anda bien, él siempre resalta como figura, porque es difícil que no haga tres o cuatro cosas fuera de lo común por partido... Y como las hizo toda su vida, parecen normales. Entonces, hablan de dependencia. — ¿Qué pasó entonces con el equipo,  Diego? 

—Llegamos mal, muy mal a esta Copa América. Sobre el fin de la temporada, con muchos partidos encima, creo que una de las claves pasa por ahí...

— ¿Insistís en que la Copa América no  dejó nada futbolísticamente? 

—El valor de la Copa en sí se mantiene. Lo que pasa es que no se debe jugar más como se jugó. Y otro problema para tratar son los árbitros. El que nos dirigió a nosotros contra Uruguay no se puede creer...

— ¿Y para usted, César? 

—Un problema clave fue la promoción, que no hubo, por eso no trascendió. . . Y no sé si vale la pena hacerlo en tantas provincias, eso habría que pensarlo: ¿Quién va a ir a ver a Colombia, Para-guay y Bolivia en Rosario? Además.. . Basta de echarle toda la culpa al técni-co. . . Acá la falla está en las estructuras.

No se tutean, valga el dato como un detalle más. Pero se hablan con toda la confianza del mundo... Hablan, hablaron.

De Argentina

Del fútbol argentino, claro. Y en este punto, la pasión del Flaco lo llevó casi a monologar, con una aceptación tácita y permanente por parte de Diego.

—Es necesario valorizar a la Selección Nacional... Hacerles entender a los clubes que a los jugadores los valoriza la Selección... Vos preguntale a algún periodista de Europa dónde juega Siviski; no tiene ni idea... Acá pasa lo mismo: hace unos años yo le preguntaba a Aragón Cabrera en qué club de Polonia jugaba Boniek; ni idea... Lo que pasa es que en nuestro fútbol ya se está perdiendo todo. Si alguien que relata un partido gana más que Bochiní o que Gatti, entonces algo anda mal en el fútbol argentino... A mí me parece fenomenal que ganes un millón de dólares, pero no que el jugador gane menos... A ver si el que transmite en la RAI, en Italia, va a ganar más que Maradona o que cualquier jugador de primera división... Acá yo he visto discutir contratos increíbles, de jugadores de primera división que vienen a entrenar en colectivo. Antes, en mi época, vos firmabas el contrato y te comprabas un departamento. ¿Ahora qué expectativas tienen los pibes que vienen de abajo?... Y ojo que así ganamos todo, ¿eh? Ganamos el Mundial, la Libertadores, la Intercontinental, todo. Eso quiere decir que ni los entrenadores ni los jugadores somos bobos, ¿no?

—Diego, ¿sentiste pena de tomar contacto  con la realidad del fútbol argentino? ¿De  entrar a la cancha como capitán del Campeón del Mundo y ver un estadio vacío?

 —Yo vengo del Napoli, de jugar todos los partidos con 100.000 personas. . . Y entro acá, en mi país, Campeón del Mundo, y veo cinco mil... Y me quiero matar... ¿Las razones? Lo que dijo César, ésas son las razones.

—Pero, claro, todo el mundo está buscando que salga otro Maradona... Pero no para enriquecer a nuestro fútbol ni para hacer un fútbol espectáculo, no, para eso no... Para venderlo y salvarse...

César Luis Menotti dejó afuera de los convocados a Maradona para el Mundial 1978.

César Luis Menotti dejó afuera de los convocados a Maradona para el Mundial 1978.

—Los jugadores italianos me dijeron lo que cobraban por el partido que jugamos en Suiza. Me preguntaron a mí lo que ganábamos nosotros —los Campeones del Mundo— y les dije cuatro veces más, les mentí... Porque si no, me pegaban un bife. Ellos cobraban 17 luces y yo les dije que nosotros diez...

—Lo que pasa es que los temas profundos no existen en este país. Acá la preocupación pasa por la anécdota, si Maradona tiene el pelo más largo, si Maradona se peleó con Menotti... Pero muna decimos que los jugadores se están "muriendo" de hambre. Es hora de empezar a tener en cuenta todo, porque un día se van a terminar hasta las anécdotas, ni la pelota va a quedar... Te digo que en España, la Asociación de Jugadores hasta es dueña de la estática en los estadios...

—Y en Italia, un jugador de Serie "C" cobra veinte veces más que uno de primera de acá...

—Diego, ¿estás hablando de la tercera  división? 

—Sí señor, de la tercera división italiana...

—Yo coincido con Diego. Acá, jugadores que ganen más de cincuenta mil dólares de prima debe haber dos...

—A mí me parece que debe haber más. En River solo... 

— ¿En River? A mí los muchachos de la Selección me dieron otros números... Ruggeri, por ejemplo, tira cifras que son mucho más bajas de las que estamos hablando acá, es otra historia. . . Pueden pedir 150.000, pero terminan arreglando por veinticinco...

—De todas maneras, Diego, vamos a rescatar algo positivo. Tal vez lo más positivo: acá hay y siguen saliendo jugadores. Nadie puede dudar de las condiciones de Caniggia, de Funes, de Percudani, de Siviski...

—Sí, sí, totalmente de acuerdo, César... Coincidieron en el análisis, se apasionaron en la defensa de la materia prima del fútbol: el jugador. La corriente afectiva viva, la corriente afectiva que permite hablar...

De ellos

Era el momento, el de la distensión, el de la renovación de la confianza total. El momento de preguntar ¿cómo se han visto durante estos años sin hablarse?; en realidad, ¿cuándo dejaron de hablarse?; en definitiva, ¿por qué, cómo empezó todo? Es Diego el que toma la pelota...

—Yo creo que no hace falta explicarlo... Yo... Yo quise hablar con él y preguntarle cosas, y aclararlas, y... estoy contento... es un día muy feliz para mí... Yo me puse a pensar muchas veces

—y esto no se lo comenté, César— lo mucho que me dolía aquello de Beckenbauer y Schuster, ¿usted se acuerda de las peleas y de todo eso...? Bueno, y yo decía, la pucha, a César y a mí nos está pasando una cosa igual y no puede ser, porque ni César ni yo tenemos esa forma de pensar... No sé, los alemanes son otra cosa... Por eso me gustó aclararlo... Aparte, todo fue un equívoco... — ¿Por qué? ¿En qué te equivocaste vos?

—No, no... discúlpeme, Diego, que me meta, pero no creo que sea así... Yo digo que nosotros a los medios de comunicación los tenemos que aprovechar a favor, entonces son temas que van a quedar aclarados entre nosotros...

—Está bien, si es lo que deciden ustedes dos. 

—Con el permiso de Diego, yo voy a expresar algo. Acá, entre nosotros, hubo dos tipos de relación. Una, profesional: tuve la suerte de dirigirlo en Selecciones hasta el '82 y después en el Barcelona... Habremos tenido cosas chicas, cambios de opinión, pero nunca un problema grande... Puedo definirlo a Diego como un excelente profesional, que en Barcelona lideró un estilo futbolístico y luchó contra todo por defenderlo... Estábamos juntos, podíamos hablar todos los días, si no tuvimos una relación más pro-funda fue por un montón de cosas, empezando por la diferencia de edad, él tiene otras cosas con qué vivir.

— ¿Y después? 

—Después apareció la irrespetuosidad del periodismo, o de una parte del periodismo... Se pusieron en mi boca palabras irrespetuosas que yo no dije, es una cosa de la que ya hablé mil veces...

—¿Puede hablarla una vez más?

—Me pidieron una opinión sobre el Turco, el hermano de Diego, y yo dije que su futuro dependía de él mismo, que era un chico que todavía no había definido si quería ser jugador de fútbol o no... Dije que era un chico que estaba gordo, que no se entrenaba y que ahora —en ese momento, en el Barcelona— lo había visto excedido... Fue una opinión afectiva... Usted sabe, Diego, que yo le ofrecí al Turco venir a trabajar al Barcelona como ayudante de campo mío... Bueno, y en la nota salió que yo dije que el Turco tenía que dejar de comer bombones... Esas irrespetuosidades y no las digo, ni aún a mis enemigos... Así se fue creando un clima, en un ida y vuelta de preguntas y respuestas, que fueron provocando el deterioro de la relación. Una relación que si se hubiera estropeado respetuosamente, bueno, sería lo de me-nos, como dos amigos que no coinciden... Diego no podrá ser enemigo mío ni aunque se lo proponga, porque él juega el fútbol que yo viví, que yo soñé, que me deleitó... Podemos tener distintos enfoques en algunas cosas, pero son problemas nuestros, que los iremos aclarando con el tiempo y los discutiremos alguna vez... Pero nadie puede dejar de reconocer que Diego es el embajador de un estilo futbolístico; el que diga lo contrario, miente...

—Diego... 

—Mirá, lo que hablamos con César y aclaramos me pone muy feliz... Pero no lo quiero decir en la nota... Me lo voy a guardar para mí, se lo voy a contar a Claudia, a mis viejos... A ellos les voy a contar porque sufrieron todo lo que pasó...

—A mí también me alegra... Después del Mundial, me encontré con Valdano y me dijo que me tenía que sentar a tomar un café con Diego, que algún día nos íbamos a tener que encontrar en algún lugar del mundo... Y bueno, se dio acá. Me alegra por lo que representa para el fútbol nuestro... El hecho de que se disienta en algunas cosas, no puede comprometer una relación que siempre fue afectiva... Cuando trabajábamos juntos, el diálogo permitía muchas cosas, como solucionar diferencias, que las hubo... Pero yo recordaba hace poco con Poncini que Diego no se iba de ningún entrenamiento del Barcelona sin pasar por el vestuario nuestro, como un aval al cuerpo técnico... Son cosas que no olvido...

—Yo tampoco podría olvidar todos los años que estuvimos juntos, César. Lo escucho hablar y de repente me doy cuenta de que es lo que yo pienso... Pero no encuentro las palabras para explicar lo que tengo adentro. Tengo muchas cosas para decirle, César, pero las tengo adentro y me cuesta sacarlas. Nos volvimos a ver, y bueno, eso me alegra... Me alegra que a partir de ahora nos podamos llamar, y vemos en Europa, y seguir discutiendo, pero no enemistados y mal como estuvimos hasta ahora...

—Está clarísimo, Diego. Yo sé que usted puede tener cosas adentro todavía con ganas de decir, y tal vez yo también, por eso nos volveremos a encontrar... Pero algo tiene que quedar muy claro: jamás, jamás, puedo ser irrespetuoso con usted.

— ¿Caemos entonces en que toda la culpa la tuvo el periodismo? 

—Yo no le echo toda la culpa, ni creo que Diego tampoco. Pero, por ejemplo, hubo gente que utilizó el hecho de que se haya nombrado capitán a Diego y destituido a Passarella. Utilizaron la situación para provocar respuestas que no correspondían y cosas que deberían haberse dicho a solas... Yo no soy tan tarado como para decir que Maradona es un barrilete en el sentido en que se interpretó, ni para decir que el Turco es un gordito que come bombones... No soportaba más leer: Menotti dijo, Maradona contesta, Maradona dijo, Menotti contesta. Es una agresión a la gente, que puede decir tranquilamente: ¿quién se creen que son estos dos? ¿Por qué no se encierran en una pieza y se c... a trompadas? Tanto Diego como yo, tenemos cosas mucho más importantes para decir sobre fútbol, que ésas con que se llenaron páginas y páginas...

Ahí están, cada uno en su estilo, para definir y justificar y encontrar razones y marcar sentimientos. Ahí están, la candidez sincera y emocionada de Diego; la enfática dialéctica de un Flaco apasionado. Ahí están, siguen hablando...

De ahora en más

A partir del reencuentro, las futuras charlas. En este reencuentro, las sensaciones...

—César, ¿cómo lo ve a Diego? 

—Cansado, muy cansado.

—Diego, ¿cómo lo ves a César?  —Igual, igualito...

—Bueno, empecemos la ronda otra vez, ¿cómo lo vio a Diego jugador? 

—Casi casi ha llegado a la perfección, ha asimilado todo ese fútbol europeo difícil, ahora no es tan fácil pegarle, se ubica en los sectores de la cancha donde más le conviene. Antes quería salir del área y llegar hasta el arco contrario. Juega a un toque donde tiene que jugar, impone la habilidad donde la tiene que imponer... Muy evolucionado, creciendo siempre... Y asombrosamente de pie, después de una temporada terrible. Aunque eso no debe sorprender: si no lo ponés, aunque esté desgarrado, te pelea...

— ¿Se acuerda cuando me sacó en Japón, César? Íbamos ganando cinco a cero, contra Australia, y me sacó para que no me peguen... Estuve dos días sin hablarle...

— ¿Lo perdonaste? 

—Sí...

—Y ahora, que se fue de Boca, ¿lo perdonás o seguís pensando que es de River? 

—Mmmm, lo escucho a César y su forma de ser es de River, qué le voy a hacer, es una cajetillada, sí, y se lo digo de frente...

—Diego, Diego... ¿Usted cree que no hubiera podido jugar en River?

—Mmmm, yo creo que no, César, de verdad...

—Yo digo que si a usted lo hubiera comprado River, habría sido ídolo en River, y si lo hubiera comprado San Lorenzo, habría sido ídolo en San Lorenzo... Porque usted ya se escapó de las camisetas, viejo, usted sigue siendo ídolo de toda la gente a la que le gusta el fútbol... Y ojo que yo no nací en la Recoleta, ¿eh?. Yo nací en un barrio como usted, fui jugador de fútbol, jugué en Boca antes que usted...

—Está bien, César, está bien, pero para mí es de River, otro nivel, ¿vio?

No importa. Ya no habrá confusión, no habrá ninguna. Ya los dos aprehendieron la esencia del reencuentro y las citas se repetirán, como un rito. Será en Nápoles, será en Madrid, será en Buenos Aires... Donde quiera que sea, el fútbol lo agradecerá. Sonará reiterativo, pero no cansador el "¡Hola César...! y el "¿Cómo está, Diego?".

Sonará reiterativo, pero no cansador, porque éstos —digo Diego Armando Maradona, digo César Luis Menotti—, permítame poeta, en la calle, codo a codo, son mucho más que dos.

Ellos, Maradona y Menotti, son de todos, como esas flores bellas y perfumadas.

 

DANIEL ARCUCCI

Fotos: HECTOR MAFFUCHE Y ARCHIVO "EL GRAFICO"

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