¡Habla memoria!

El destino, la pelota y yo - Capítulo XXI

18 de marzo de 2019

Por José Manuel Moreno. Último capítulo de la brillante entrega presentada en 1959. A pura emoción y nostalgia, el Charro cuenta sobre el final de su carrera… y que a lo mejor, no había terminado del todo.

¿CUARTELES DE INVIERNO?

Afines de 1955 vine a Buenos Aires por asuntos personales. En marzo es-taba de regreso en Colombia con José Vicente Greco, insider izquierdo a quien había contratado para el Independiente Medellín. Yo también iba a renovar contrato después de tres meses de ausencia. En la temporada internacional de ese año se congregaron en Colombia varios cuadros argentinos cuya presencia produjo enorme expectativa: nada menos que River, Boca, Racing, Lanús e Independiente. ¡Fiesta para mis ojos y mi corazón aquella tropa de camaradas porteños! i Cuántas evocaciones al mirarles las caras! (—¿Te acordás, hermano? —;Y no ...).

Vinieron las trenzadas de ches con ches que hicieron vibrar a Colombia con una estupenda demostración de fútbol  argentino, disputado contra "mis" muchachos del Independiente Medellín debidamente "calafateado".

¡No quieran saber lo que fueron aquellos partidazos! Con Independiente salimos 4 a 4; a Lanús le ganamos por 3 a 2 y empatamos en 3 a 3 con Racing; River nos ganó el primer partido por 4 a 2 sobre el final, en un magnífico empuje que hizo temblar el estadio. A pedido (¿bramar es pedir?) de la hinchada nuestra se concertó una revancha en la que empatamos por 2 a 2. Lo grande fue con Boca, al que conseguimos derrotar por 5 a 2.

 

Tarde inolvidable fue esta del reencuentro de "nuestra" máquina en el homenaje a los 25 años de Labruna en River Plate.

Tarde inolvidable fue esta del reencuentro de "nuestra" máquina en el homenaje a los 25 años de Labruna en River Plate.

 

UN PIBE DE RAZA

En la revancha con River que llevo historiada me marcó un pibe de pocos años pero de una movilidad fantástica (más o menos como la mía cuando debuté en las mismas filas). Era un diablito macanudo que Parecía penetrarme el pensamiento. ¡Qué hall, mi Dios! Les aseguro que me amargó la tarde. Al terminar el partido le pregunté a Minella, señalándole el purrete:

—Decime, ¿quién es ese fenómeno?

—¡Qué! ¿No lo conocés? El hijo de Malazzo. ¡El hijo de Malazzo! Se me desbarrancaron encima los recuerdos. Veinte años atrás... una noche de fiesta... ¿Qué pasaba? Pues que bautizaban al hijo de mi gran compañero. Lo acercó para mostrármelo, lo tuve en los brazos... (Sí, lo tuve en los brazos... pero veinte años es mucho tiempo. En fútbol, toda una vida).

“Bueno, José Manuel —pensé esa noche—, creo que se te viene encima la nueva generación... ¿Habrá que replegarse a cuarteles de invierno?”

TODAVIA NO...

Creo que todavía no, puesto que El Colombiano del 11 de febrero de 1957 comentó: "Como una orquesta dirigida por Moreno, Medellín fue amo de la victoria: Con el 5 a 2 apabullante Medellín escribió una página gloriosa. José Manuel Moreno, artífice de esta victoria, demostró que sigue jugando tan bien como en su época de oro..." Un cronista de El Colombiano que firmaba CES (¡Salud, amigo Serna!), en un recuadro del periódico, dijo: "¡Muy bien, Moreno, muy bien! Te has portado maravillosamente. ¡Recorcholis! ¡Pero si juega como un chico, como un joven de veinte años! Y los aplausos vinieron a montón, estruendosamente, en forma espontánea. Esto ocurrió apenas el domingo pasado, cuando José Manuel Moreno se destacó notoriamente en el partido Boca - Medellín, ganado por el club rojo. Y José fue factor decisivo de tan resonante victoria... Agreguemos que el 3 de agosto venidero cumplirá 41 años. Nació en 1916. Caramba, y la gente dice que es más viejo. Pero juega tanto que se olvida su edad. Movilidad en la cancha, destreza en el manejo de la pelota, conducción magistral de la línea roja, en fin, un hombre clave en el resurgimiento del Medellín..."

 

No podía dejar de documentar esta otra etapa de mi vida de futbolista, la que cumpliera por Ferro Carril Oeste, encontrando tan buenos compañeros y amigos, como este gran muchacho, Osvaldo Diez.

No podía dejar de documentar esta otra etapa de mi vida de futbolista, la que cumpliera por Ferro Carril Oeste, encontrando tan buenos compañeros y amigos, como este gran muchacho, Osvaldo Diez.

 


LA VUELTA AL PAGO

A los efectos entrañables, a los brazos siempre anhelosos de mi madre, pendiente durante largos años del destino del hijo trotamundos que le cupo en suerte, porque nació para sacarles bigotes a las alpargatas detrás de la redonda... Lo difícil era dejar aquello: Medellín, tan dulce, tan limpia en todos los sentidos, tan grata y llena de afectos entrañables. Yo estaba hecho a su ambiente; como antes al de Méjico y Santiago. ¿Cómo no encariñarse con esos pueblos que de tal manera cálida sienten y expresan la amistad? Fue preciso, no obstante, hacer el esfuerzo..., y al cabo de un vuelo más estaba aquí, en la casita de mi promesa y mi aventura. Y a pocos kilómetros de la quinta para la oxigenada veraniega y los paseítos a caballo que harían mi delicia...

A propósito: muchas veces por allá..., por esos mundos de Dios, hice promesa de allegarme a Luján, en cuanto pisara tierra argentina, para expresar mi gratitud a la virgencita invocada tantas veces y cuya protección sentí palpable en muchos trances difíciles de mi azaroso destino. Y lo cumplí. Después... un poco de descanso. Creo que me había ganado la vida, el sosiego, la tranquilidad. Cuando me vine para Buenos Aires en viaje que habría de ser definitivo (creía), allá, en Colombia, quisieron trabajar amablemente mi conciencia con invitaciones, o mejor, incitaciones al retorno: "José volverá a Medellín muy rejuvenecido, con los mismos o mayores bríos para continuar la lucha, para proseguir la dura brega del fútbol profesional colombiano. Quizá regrese en los primeros días de abril..." Hubiera sido lindo, pero no regresé, no. Francamente estaba necesitando otro calor que no fuera el del trópico: el amor de la madre, la estufa hogareña, ese embrujo de Buenos Aires tan penetrante, tan avasallador...

 

Me parece obligado, en este epílogo de mi biografía, volver a mi familia: sencillamente para presentarla en la actualidad: allí están más lindas que nunca mi querida mamacita y mis formidables hermanitas... Felices.

Me parece obligado, en este epílogo de mi biografía, volver a mi familia: sencillamente para presentarla en la actualidad: allí están más lindas que nunca mi querida mamacita y mis formidables hermanitas... Felices.

 

"BUENOS AIRES, MI TIERRA QUERIDA..."

Y volví para siempre. Creo que para siempre. (No vaya a ser el diablo que alguna vez tenga que sacudirle el polvo a la valija...)

¡ANGELITO!

Descansando estaba de tan-to ajetreo cuando me vinieron a buscar un día en mi casita de la calle Morón.

—iJoséeme, te venimos a buscar para un partido!

—¿Pero están locos? ¿Partido de qué? ¿De naipes?

—De fútbol.

—¡No, muchachos, no!, déjenme descansar un cachito.

—Es un homenaje...

—¿A quién?

—A Labruna. Ángel Labruna, que cumple veinticinco años defendiendo los colores del club...

—¡Haber empezado por ahí, caray! ¡Claro que juego! ¿Cuándo y dónde es la cosa y contra quién?

—Pensamos que sea una gran fiesta futbolística y hemos invitado a Peñarol de Montevideo. Contestaron que sí. ¿Qué iban a contestar? Y como pensamos reconstruir la famosa maquinita, ¿entendés? Te vinimos a buscar...

—¿Para Angelito? ¡Pero con toda el alma! Y nos la rompimos, como tantas veces tantos años atrás, codo con codo. El equipo fue así: Isola; Pérez, Vairo; Mantegari, Rossi, Sola; Muñoz, Yo, Pedernera, Labruna, Lustau.

 

De mi paso por Boca Juniors como director técnico, cargo en el que coseché muchas satisfacciones dentro de la ingratitud que el mismo supone en nuestro ambiente. No me puedo quejar en ese caso de nadie. Me retiré contento, y a otra cosa...

De mi paso por Boca Juniors como director técnico, cargo en el que coseché muchas satisfacciones dentro de la ingratitud que el mismo supone en nuestro ambiente. No me puedo quejar en ese caso de nadie. Me retiré contento, y a otra cosa...

 

Carlos Isola, en homenaje a Labruna, cubrió la valla durante ocho minutos. Ganamos. Dije que nos rompimos el alma... pero quizá no fue así. El score fue de 1 a 0. Pero a lo mejor nos dejaron ganar los orientales. El cronista de La Prensa dijo que fue "un partido amable". Y claro: ¿cómo era posible que sus paisanos agasajaran al gran crack porteño con una derrota?

PUES OTRA VEZ LA VALIJA

¿No dije que a lo mejor tendría que sacudirle el polvo una vez más? Y así fue. El Universidad Católica de Chile estaba de nuevo en la mala: amenazado por el descenso. "Que fuera, que no los dejara en la estacada ..." Recordé todo aquello de Santiago, Tejas Verdes..., la camiseta con la cruz que tantas veces defendí con el alma... No, no era posible abandonarlos... Y allá me fui (salvador de los coleros...), y el club no descendió.

Regresé..., y me estaban esperando.

ALL BOYS

Eran unos cuantos amigos del barrio. Me propusieron que entrenara a la primera B de All Boys. Y acepté. ¿Por qué acepté? Cositas del corazón, del sentimiento... ¡Calle Segurola, que me traías tan-tos recuerdos de mi padre! Y además —yo lo sabía—, los clubs de primera B son generalmente pobres, hay que ayudarlos... Recuerdo que al fin de los partidos, para la ducha y masaje todos corríamos como liebres hacia los vestuarios. ¿Por qué? Pues porque solamente había seis pares de zuecos. Y ahora repito: ¡Señores!, señores que tienen eso del fútbol entre las manos: ayuden a los muchachos de primera B. Ayúdenlos porque tienen al amateur en el corazón, ¡y es de ahí de donde pueden salir los grandes internacionales!

Y AHORA MISMO...

He seguido entrenando a los muchachos de All Boys, de donde estoy seguro que han de surgir valores excepcionales. En noviembre de 1958 Boca Juniors, el club de mi pasión infantil, por el que luché más tarde, y al que debí derrotar en Colombia defendiendo al Medellín, andaba en la mala y me llamaba para director técnico de su primera división. ¡Las cosas que tiene la vida! ¡Pues claro que sí! ... (Y ésta es otra revanchita): yo, el expulsado de la prueba aquella en la adolescencia... era llamado al cabo de veintisiete años. En eso estuve... y el club resultó subcampeón en 1958. Durante el 59 proseguí en la dirección técnica hasta... dos o tres meses atrás, fecha en que renuncié por... Bueno..., cosas del fútbol.

 

En Medellín, en 1956, nos reencontramos: Labruna por River Plate y yo por el Medellín. En ese partido me marcaba muy bien un chico, hijo de quien había sido mi compañero, bebé cuyo bautismo había presenciado: ¡Malazzo!

En Medellín, en 1956, nos reencontramos: Labruna por River Plate y yo por el Medellín. En ese partido me marcaba muy bien un chico, hijo de quien había sido mi compañero, bebé cuyo bautismo había presenciado: ¡Malazzo!

 

VETERANO

Así te llamarán, muchachito de la 5°, la 4°, la 2°, cuando hayas pisoteado millares de canchas en diferentes países, corrido mundo, conocido gente de toda especie, ganado miles de amigos y no pocos enemigos, argumentando con caballeros, disputado con patanes, gozado los satisfacción de las victorias y tragado la amargura de las derrotas, a veces injustas. Tenés 18 años, un entusiasmo encendido y la vida por delante. Que el relato de la mía, que ahora va a terminar, te sirva de lección si me has seguido. ¡Y no sepas, pibe, lo que se me quedó en el tintero porque quise que se me quedara! Hay cosas en la vida del deportista... ¡vamos!, en la vida de todos los hombres que deben actuar, presentarse, alternar... hay cosas —decía--, que son para guardárselas y sufrirlas y no para andarlas mostrando en público —aunque a veces den dinero—, porque son sagradas y deben permanecer ocultas en la conciencia... Bueno... pero me iba "para el lado de los tomates", como decimos aquí. Lo importante es que cuando llegues a mis años te van a llamar "veterano", y vos, que "todavía tenés algo en un rincón del corazón", te rebelás contra la palabreja que, en lenguaje militar, designa a los que pasaron —creo que se dice ineluctablemente— a la reserva, o más allá, como los supervivientes de la guerra contra el Paraguay. Creo que eso es un prejuicio. Tanto para el veterano del Paraguay —capaz todavía de empuñar el fusil—, como para los simples jugadores de fútbol, que cientos de veces brillamos en las canchas... y todavía sabemos defendernos bien. Y si no, mirá el balance de mi actuación reciente:

En 1957 se disputó un campeonato de veteranos de todos los clubs. Yo jugué por River, y resultamos campeones. Desde entonces hasta la fecha seguí jugando por "veteranos". En 1958 con Pedernera, Deambrosi y Muñoz (media maquinita), a beneficio de la Mutual, River resultó campeón.

Y aquí me voy a permitir hacer un llamado al público: vayan a ver esos partidos, sobre todo ustedes, los hombres maduros que en otro tiempo tuvieron sus ídolos. Vayan a verlos ahora... porque puede ser que les refresquen episodios de trepidación juvenil... y de paso ayudarán a una laudable empresa en beneficio social.

En 1959 con el mismo equipo jugué (y sigo jugando) a beneficio de hospitales, asilos, sociedades de beneficencia, Alpi, etcétera.

También este año el club Piraña me invitó a jugar por ellos contra el Ancap de Montevideo, con motivo de festejarse un nuevo aniversario de la entidad invitante. Intervine en el partido (siempre de insider izquierdo) junto a Tucho Méndez, con quien había disputado varios internacionales. Y ganamos.

 

Y ahora… ahora aquí me tienen de nuevo haciendo "el artista": maquillado, teñido, con camiseta de San Lorenzo, estoy haciendo unos papelitos para la película "El crack". Es mi destino... (Me hicieron artista mucho más de lo que yo quise hacerme el artista para reírme por dentro).

Y ahora… ahora aquí me tienen de nuevo haciendo "el artista": maquillado, teñido, con camiseta de San Lorenzo, estoy haciendo unos papelitos para la película "El crack". Es mi destino... (Me hicieron artista mucho más de lo que yo quise hacerme el artista para reírme por dentro).

 

Últimamente recibí una propuesta de Bolivia para director técnico, pero la rehusé. Hace tiempo que tengo la valija en el altillo. Y además..., ¿cómo voy a dejar en el aire a los amigos de All Boys? También estoy formando parte, en el momento de cerrar estas memorias, del Consejo Técnico de la A.F.A., para los seleccionados argentinos. Vuelvo la mirada para atrás y es lo mismo que pasar una película inversa: del estadio olímpico al potrero, donde los purretes sueñan cosas que les parecen imposibles... pero que llegan si se tiene empuje, disciplina, tesón, perseverancia, condiciones físicas y amor al deporte. ¡Cuántas veces al sacarme a escondidas las alpargatas bigotudas soñé yo eso mismo: que los grandes cracks erigidos en seleccionadores me señalaban para formar en un equipo internacional. Y ahora estoy en eso: no para ser elegido sino para elegir. Y veo la ilusión y la ansiedad en muchos ojos, pero..., no hay que olvidarse de que lo que van a defender es la casaca listada de celeste y blanco. Que los desplazados perseveren. Alguna vez será... Y bien, lector: a grandes rasgos, en la forma que la memoria lo permite, he relatado la historia de mi vida futbolística... que no ha terminado, pues todavía sigo pateando la redonda, como tengo dicho.

 

All Boys: Este es el ahora "mi" equipo, en el que actúan muchos buenos jugadores que por su calidad y disciplina han llegado a una honrosa colocación.

All Boys: Este es el ahora "mi" equipo, en el que actúan muchos buenos jugadores que por su calidad y disciplina han llegado a una honrosa colocación.

 

Escribí estas páginas para aleccionamiento de los que vienen atrás, los que luchan por escalar posiciones en los clubs grandes y los que sueñan con llegar a ellos pateando en los potreros de extramuros una pelota barrosa, con alpargatas bigotudas, en canchas sin marcar y con arcos señalados por latas y ropas. Pienso que dentro de algunos años saldré los domingos en busca de sol por las calles del barrio hasta llegar a un baldío de esos donde se improvisa un picado. Me arrimaré al alambre tejido y me pondré a mirar... Serán pibes nuevos que ni siquiera posarán sus ojos en mí, trenzados en un entrevero feroz, sin técnica alguna. Y yo les diría:

—Vamos, pibes, conserven las líneas. Los zagueros a defender la valla, que no son forwards. Y los medios apoyen o defiendan, según convenga. Ustedes, los de la línea delantera... ¡Bueno!: habría mucho que decir hasta que esos pibes entendieran el funcionamiento de la maquinita ... y todo lo demás.

Así me veo cuando me miro al espejo y se me vienen encima los recuerdos, rememoro los viajes y las trapisondas de la vida febril que me tocó vivir, sin descanso ni sosiego. Pero de pronto reacciono y pienso: "Vamos, eso está lejos, todavía, Joséeme: tenés 43 años... nada más..."

Y por si acaso..., de vez en cuando..., les sacudo el polvo a las valijas.

FIN

Al llegar a su término esta serie de publicaciones de JOSE MANUEL MORENO, EL GRAFICO se hace un deber en agradecerle al crack y amigo esta su importante contribución periodística. ( ¡ Muchas gracias, José! —que dicho así es más amistoso...)

 

 

 

 

 

 

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