¡Habla memoria!

1959. ¨El Gráfico ya no es el de antes¨

Por Redacción EG · 12 de marzo de 2019

Dante Panzeri y una ¨charla¨ honesta con los lectores de EL GRÁFICO que cuestionaban el cambió que la revista estaba teniendo desde hace tiempo. Para leerla y pensar.

LECTOR:

Hace mucho tiempo que queríamos hablar con usted así, mano a mano, franqueza a franqueza, detalle a detalle. Lo Imponía una necesidad que alguna vez debía concretarse: hacer que usted sepa, mejor de lo que puede imaginarlo, dónde estamos ubicados, en qué estamos empeñados. A usted debemos agradecerle el poderlo hacer hoy, porque son sus cartas, abundantes desde la apertura de la "Sección de los Lectores", las que por sus lisonjas o reproches nos han decidido a dar este paso que El Gráfico debía dar ante sus lectores, máxime cuando aquella sección, a medida que más atrae, menos espacio brinda para ser amplios y exhaustivos en el diálogo. Y el nuestro, lector amigo o enemigo de nuestras ideas, es un diálogo permanente.

Hablando personalmente Sanfilippo es el primero en reconocer que no domina la pierna izquierda, que no está para el juego corto y desde atrás. Pero "su" público considera "prohibido" decirlo. ¿Qué favor se le haría silenciándolo?

Hablando personalmente Sanfilippo es el primero en reconocer que no domina la pierna izquierda, que no está para el juego corto y desde atrás. Pero "su" público considera "prohibido" decirlo. ¿Qué favor se le haría silenciándolo?

El Gráfico ya no es el de antes —dice usted.

—El Gráfico de antes era amable. El de ahora es combatiente —dice también usted. Y usted, en cambio, protesta por la publicación de la biografía de José Manuel Moreno porque la juzga chabacana y sensiblera.

Con lo que está muy en desacuerdo con usted, que asegura ser lo mejor que tiene El Gráfico.

— ¡Los felicito por la valiente y sana posición tomada! —dice usted.

En cambio, usted parece replicarle a su antecesor en este diálogo (que nosotros seguimos muy atentamente, tenga la seguridad) cuando dice: —¡El Gráfico ofende cuando analiza!

Y se oyen más voces en este gran debate:

— ¡Queremos que hagan más crónicas de los partidos y dejen de analizar tanto cosas que nadie comprende!

— ¿Qué quieren ustedes? ¿Cambiar el fútbol? Limítense a decirnos qué pasa en el fútbol!

—Han sabido tomar muy a tiempo la línea de la crítica aguda, del calado hondo, que exige la época que vivimos y la decadencia que padecemos.

—Yo creí que El Gráfico era una revista como la mayoría, complaciente, plañidera, huidiza, tibia y rebañera. Accidentalmente llegó un ejemplar a mis manos, y desde entonces me he hecho su ferviente lector. Y como yo muchos amigos.

—Les anunciamos que desde hoy hemos resuelto dejar de comprar El Gráfico porque no estamos dispuestos a seguir leyendo ataques venenosos a jugadores que juegan como ellos saben y a quienes no les van a enseñar ustedes a jugar mejor. —No aflojen, sepan que si El Gráfico pierde el favor de aquellos que le temen a la crítica está ganando el de los argentinos que queremos la crítica.

—Queremos crítica constructiva y no comentarios de amargados.

—¡Eso es construir! Sigan así, que ésa es la verdadera construcción de la crítica periodística, aunque duela. Sean siempre así, didácticos, fieles a la consigna de educar a los ignorantes y no adular a la Ignorancia.

—Mariano Moreno los echaría a ustedes del periodismo como Cristo a los mercaderes del templo.

—Viví muchos años en la nebulosa de un periodismo fácil, temeroso y calculador. Les agradezco el haberme abierto los ojos con vuestras críticas justas, sanas, técnicas y moralizadoras.

Basta ya.

Terminan ustedes de conocer un extracto bastante fiel —textual en algunos casos— de las reacciones que suscita la posición de El Gráfico entre sus lectores.

Nos vamos a la caja registradora de toda empresa periodística. Allí está la infalible voz de la estadística, sorda a las opiniones y a los sentimientos.

iY las tapas de El Gráfico? Lograron convertirse en uno de los requisitos a llenar por quien pretendiera su consagración. Siguen siendo eso.

iY las tapas de El Gráfico? Lograron convertirse en uno de los requisitos a llenar por quien pretendiera su consagración. Siguen siendo eso.

— ¿Cómo anda la venta de El Gráfico?

—Brillante, porque dentro de una baja general en la venta de revistas, El Gráfico no sólo ha mantenido sino que acrecentado su tirada —es la respuesta del hombre que no sabe que es Boca, ni River, Fangio ni Gálvez, Lausse ni Pascual Pérez.

Basta también por aquí.

Nos vamos hacia el canillita. Y consultamos" "su tacto":

— ¿El Gráfico tiene un normotipo de lector?

—No, dos normotipos —responde nuestro el público.

— ¿Cuáles?

—El que lo compra porque le gusta lo que dice y el que lo compra para ver qué dice y acaso enojarse con lo que dice.

— ¿Mayoría?

—Para los primeros. Regresamos a la redacción y dos nuevas cartas están allí, cada una emitiendo una voz diferente:

—El Gráfico ya no es el de antes... —dicen las dos.

¿Por qué hemos dicho diferentes? Porque las dos lo dicen con distinto sentido. Uno aplaudiendo, otro reprochando que no seamos como "antes". Pero... ¿qué es "antes"? ¿Antes de qué? ¿Antes de cuándo? ¿Antes de quién?

Creemos adivinar que nueve de cada diez lectores que se remiten a tal "antes" están indicando con su subconsciencia el momento en que cada uno advirtió más años de edad en sus arterias.

Sí, porque exactamente las mismas palabras debieron atender de los lectores quienes fueron pasando por la secretaría de dirección de la revista a través de toda la historia de El Gráfico. ¡Cómo le llegaban añoranzas de El Gráfico "de antes" (el de 1919 a 1923) a Aníbal Vigil!

¡Cómo le llegaban a Gastón Martínez Vázquez en 1935 por el de 1925!

¡Cómo le hablaban a Ricardo Lorenzo por El Gráfico "de antes" en 1945 por el de 1938!

iCómo le recordaban a Félix Daniel Fraseara El Gráfico de 1942 hasta los muy recientes días en que sentaba en ese cargo!

iY cuántas veces hemos ido nosotros mismos a El Gráfico "de antes" (que puede ser el último número inmediato anterior a la consulta) para verificar aquellas voces!

¿La verdad? ¿La purísima verdad?: Aníbal Vigil, Gastón Martínez Vázquez, Ricardo Lorenzo y Félix Frascara soltaron siempre en esos casos una lacónica reflexión sobre esas páginas llamadas "de antes": ¡qué malo era El Gráfico que hacíamos! Se veían ellos con menos años en cada una de esas páginas "de antes". Pero no podían dejar de ver —puesto que la vocación se antepone en ese caso a los sentimientos evocativos—que el muy querido por nosotros (más que por los lectores) Gráfico de ayer" no era precisamente lo que ellas, sus realizadores, querían hacer ni lo que la gente decía que era.

Efectivamente: El Gráfico ya no es el de antes.

Pero algo más seguro aún: El Gráfico de mañana tampoco será como el de hoy. Téngalo por cierto. Es la certeza que emana de otra certeza: la de que habremos de superamos, Puesto que estacionamos sería algo peor que claudicar periodísticamente; sería como ver morir la fuerte vocación que nos hace Periodistas.

Y ahora una pregunta muy entre nosotros a usted, el que nos dice que "El Gráfico no es el de antes", en son de reproche de una inferior calidad, de una inferior estatura técnica, literaria, moral o Periodística (le damos las cuatro opciones todas las que usted quiera agregar). La pregunta es ésta:

Juan Manuel Fangio (en tercer término de esta ristra motorizada). ¿Piensa usted de él como en 1940? ¿Pensaba usted de Fangio en 1940 lo que piensa de Fangio en 1959? ¿Fangio es el mismo de 1940? ¿Y usted es el mismo también?

Juan Manuel Fangio (en tercer término de esta ristra motorizada). ¿Piensa usted de él como en 1940? ¿Pensaba usted de Fangio en 1940 lo que piensa de Fangio en 1959? ¿Fangio es el mismo de 1940? ¿Y usted es el mismo también?

Usted... ¿es el de antes?

Usted... el de ahora, ¿piensa como en 1943?

Usted... el de 1943... ¿Pensaba en 1943 como en 1935?

Usted... el de ahora... tiene de Juan Manuel Fangio la misma opinión que sustentaba en 1940?

Usted... el de 1940... ¿Pensaba de Angelillo como ahora... en 1959?

Usted... ¿Es el de antes?

No; no le hemos preguntado si tenía otros ideales. Le preguntamos si usted no ha cambiado de opiniones (por convicción honrada, naturalmente) y si usted es ahora el mismo de antes.

Pues mire qué curioso: ¡A El Gráfico le ha pasado y le seguirá pasando lo mismo que a usted! (..."sería algo peor que claudicar periodísticamente; sería como ver morir la fuerte vocación que nos hace periodistas"...)

Y lo mismo que usted... ¡Tampoco El Gráfico ha cambiado sus ideales! Somos en un sentido El Gráfico de siempre; hemos dejado de ser —queremos dejar de serlo todos los (lb s mientras ello implique superación— "El Gráfico de antes".

Necesitamos ser el de siempre pata apuntalar un ideal genérico de sociedad y deporte con el que creemos haber sembrado en provecho de todos; necesitamos permanentemente dejar de ser "el de antes" para que usted no se envejezca y para que los jóvenes que van llegando a nuestro mundillo se formen en la rejuvenecida mentalidad de los viejos por cuya eterna juventud pugnamos.

"Yo pensé siempre igual".

No; usted no pudo haber pensado siempre igual.

Usted confunde pensamientos con ideales; opiniones con fundamentos.

Discúlpenos la franqueza: si usted pensó siempre igual su ángulo visual tiene que ser muy estrecho. Y el hombre, a medida que más se educa, más ve; a medida que más ve, más amplio hace ese ángulo visual; consecuentemente, al ver más y mejor tiene que alcanzar a ver lo que altera en alguna forma su estrecha primera imagen.

¿Qué es una revista?

Un hombre, varios hombres, una vida, varias vidas, que a la manera de usted debe procurar la ampliación de sus imágenes en la doble función de lograr mayor luz para sí y para los demás. Para usted. Para la claridad propia y de todos.

"Pero El Gráfico de antes..."

Muchas gracias. Nos halaga tanto como si nos elogiara el de ahora (que también será muy pronto "de antes"), puesto que para nosotros es uno sólo, con la única salvedad de que en un balance de conciencia estamos muy ciertos de que nuestra idoneidad de "antes" era infinitamente menor que la de hoy, y la que esperamos alcanzar mañana será infinitamente mayor que la de ahora, puesto que creemos como en una gran verdad en aquello (tan bien dicho) de que a medida que más aprendemos más cuenta nos damos de lo mucho que nos queda por saber. El analfabeto se siente menos distante de la ciencia que la ciencia de la sabiduría. Permítasenos colocarnos en el segundo caso.

¿Qué diría usted de El Gráfico "de hoy" si en éstas sus páginas le recomendáramos corno mejor sistema de entrenamiento de velocistas todos cuántos publicamos "antes"? ¿Le resultaría a usted grato o le parecería constructivo que le dijéramos —como hace 40 años— que el mayor rendimiento muscular se alcanza apretando fuertemente corchos en las manos? ¿O que le elogiáramos —como hace 20 años— los académicos centros de Perinetti, que tanto agradecerían los arqueros de hoy?

¿Ve ahora con mayor claridad por qué no podemos ni debemos ser "el de antes" en las formalidades que hacen a nuestra prédica?

Somos "el de antes", el de siempre, en nuestros principios éticos, morales y sociales del deporte. Lo somos porque afortunadamente moral deportiva sigue habiendo una sola. Podríamos dejar de serlo cuando se nos muestre una mejor moral capaz de substituir a la que propugnamos "antes", ahora y después.

¿Y disfrazarse ¨de¨ El Gráfico? Hubo quien lo hizo y mandó su foto para demostrarlo.

¿Y disfrazarse ¨de¨ El Gráfico? Hubo quien lo hizo y mandó su foto para demostrarlo.

Pero no podemos ni queremos ser "el de antes" en lo técnico si nuevas técnicas han puesto en desuso las de antes; en lo táctico si nuevas tácticas superan las ya caducas; en lo físico si nuevas constancias de posibilidades humanas demuestran que lo que producimos es inferior a lo que podríamos producir; del mismo modo en todo lo que haga a la formalidad de la función deportiva.

* * *

Permítanos recordarle, por lo demás, que El Gráfico nunca fué el de antes. Siempre fué el de hoy, con la pretensión de ser el de mañana.

Y ahora algo más importante, que le reservábamos para esta altura del diálogo en que lo suponemos a usted más tranquilizado.

Usted dice que "antes" no castigábamos (por reprochar) tanto como ahora. Que ahora estamos en "la contra". Es muy cierto. Tiene usted mucha razón. Estamos en la contra de lo pervertido, que por desgracia es mayoría. Estamos en la contra porque nos resistimos a abandonar el ideal que —ese sí— es siempre el mismo, "el de antes". Estamos en "la contra" (que para nosotros es a favor de la ética, que se ha perdido en gran escala) porque somos "el de antes" en cuanto a creer que el periodismo debe educar al público, sin olvidar aquella sabia recomendación de Robert de Jouvenel a los jóvenes que se iniciaban en la profesión: "No se os olvide que el público siente horror hacia toda verdad nueva"; sin olvidar tampoco que a Galileo se lo condenó hereje por sus teorías acerca del movimiento de la Tierra; sin avenirnos a la comodidad de pensar cómo piensa el público, sino optando por la más noble misión de hacer que el público piense corno el periodismo. Prodúzcase la recuperación de lo positivo en medio de la eterna imperfección de nuestra humanidad y veráse cómo abandonamos esa mal interpretada "contra" sin movernos del lugar en que estamos.

A todo esto, no deja de tener gracia (porque en serio no la podemos tomar) ésta que se ha hecho costumbre de llamar "contra" a lo que combate lo pervertido. ¿No sería más exacto decir que son "contra" de lo sano todos los factores que enferman a nuestro deporte?

Se imaginará que al decidirnos a una mayor escala de eso que usted llama "castigar" nos habremos remitido a la responsable consulta de la conciencia, a sabiendas de lo mal que suele quedar con casi todo el mundo el que quiere ser justo con todos... tanto corno de lo igualmente mal que queda con casi todos el que se esfuerza por andar bien con todos. Sigamos hablando de "antes".

***

Pero, ¿cómo estaban "antes" el deporte, el fútbol, el país, la moral deportiva y social de la Nación, el país todo? ¿Teníamos los problemas de hoy? No; teníamos otros problemas en medio de una mayor riqueza de bienes en todo concepto.

Otro jugador del que está "prohibida" para muchos hinchas su crítica: Calla. Pero lo que esos hinchas no saben es que el propio Calla las acepta y reconoce fundadas. Lo que quiere decir que las aprovecha y las necesita.

Otro jugador del que está "prohibida" para muchos hinchas su crítica: Calla. Pero lo que esos hinchas no saben es que el propio Calla las acepta y reconoce fundadas. Lo que quiere decir que las aprovecha y las necesita.

¡Ah! ... ¿Ahora se da cuenta? ¿Comprende al fin que el tono responde al problema? ¿Que la, posición se ajusta a la época?

Pero piense en algo más: piense que si en medio de un derrumbe general de nuestras mejores instituciones morales, físicas y ciudadanas; en medio de una indiferencia lamentablemente mayoritaria de esa marcha retrógrada de la Nación misma en todas sus manifestaciones sociales... sumáramos la de quienes estarnos por orientar y construir, aportando soluciones a través de la propia crítica que señala lo que no debe hacerse... ¿qué quedaría?

No nos interprete engreídos de ninguna misión "salvadora". Interprete el buen sentido de la creencia en que estamos de que, machacando en la prédica de corregirnos todos, lograremos que algunos se corrijan y acaso ellos gesten un mayor caudal de corregidos.

En cuyo caso, cuando lo sano y bien ubicado supere a 10 enfermo y mal ubicado de nuestro sistema deportivo, de nuestra moral ciudadana, de nuestro sentido de lo ético... muy probablemente cambiemos otra vez. Cambiaremos en tal caso por el regreso a la prioridad de lo que usted interpreta como "amable", que más que el resultado de una intención de El Gráfico será la consecuencia de una mayor dosis de "amabilidad" del medio, que desplazará, por simple gravitación, lo sin duda "amargo", que hoy es mayoría en nuestro panorama deportivo y nacional.

Compréndase que lo grato es lo menos frecuente entre lo que hoy sucede por norma en nuestros deportes. Adviértase que lo ingrato ha pasado a ser lo frecuente. El relato de un episodio interno puede demostrarlo: Se impartieron instrucciones a nuestros redactores para que en sus notas destacaran, cuando los hubiera, aquellos episodios marginales de las competencias de los que fuera posible extraer un rasgo de buen humor o ejemplaridad. Nueve de cada diez notas (la excepción puede encontrarse en el rugby...) no dan lugar al hallazgo de lo buscado. Hay poco buen humor y menos ejemplos.

¿Qué le cabe en tal caso a una revista que no quiere hacer del periodismo una especulación sino un sacerdocio? ¿Ocultar la verdad? ¿Deformar lo malo como bueno? ¿Sumarnos a la indiferencia ante lo que se cae?

Compréndase que estamos en algo más que en una lucha de ideales. Estamos todos en una mucho más difícil lucha de restauración de edificaciones caídas o por caer. ¿Y dónde la decadencia es dominante podemos admitir que haya razones para ser, actuar o pensar periodísticamente "como antes"?

¿Trabaja usted como antes?

¿Vive usted como antes?

¿Educa usted a sus hijos como antes?

¿Es usted como era antes?

¿No se da cuenta que con el deporte pasa lo que con su trabajo, su vida o su mundo cultural?

***

Cosas muy hermosas de El Gráfico de "antes": sus láminas, aquellas láminas centrales a cuatro colores que los hinchas utilizaron hasta para empapelar sus habitaciones.

Cosas muy hermosas de El Gráfico de "antes": sus láminas, aquellas láminas centrales a cuatro colores que los hinchas utilizaron hasta para empapelar sus habitaciones.

Advierta que si en este momento del fútbol argentino es tan difícil hallar un crack que pueda representar a los Moreno, García, Pedernera, Bernabé, Varallo o Pontoni de otras épocas... no es porque El Gráfico vea jugar "a casi todos mal".

Piense que la crisis de que tanto se habla es, mucho antes que económica, moral y espiritual; piense que el fútbol egoísta que predomina no es pura resultante de una tendencia táctica sino también psíquica, espiritual, de la mentalidad contemporánea. No la ha creado "la línea" de El Gráfico. La mediocridad de muchos no puede ser nunca consecuencia de que alguien la señale, la desnude. Y quien la señale no puede ser culpable de ella por hacerla conocer.

Consulte a los grandes pensadores que aportaron su cultura a la humanidad. Verá cuánta relación existe entre todo lo que parezca muy heterogéneo, justamente porque la homogeneidad se funda en la heterogeneidad. Ese es el origen de la decadencia de nuestro deporte (acaso del mismo país): una más aguda desintegración de lo heterogéneo que pretendemos contener con lo que según usted es "contra", "amargura", y una serie de calificativos parecidos que lindan mucho con la comodidad de "dejar al mundo como está", resignación a la que estamos muy lejos de poder sumarnos porque nos sentimos jóvenes, porque nos sentimos fuertes en nuestras convicciones y porque sentimos mucho cariño, profundo amor por les demás.

Y a propósito de fútbol: no vea usted, en cada crítica que hagamos de la manera de jugar al fútbol de un jugador (no de su persona) el oculto, manifiesto, o como quiera llamarlo (según su ira o tranquilidad) deseo de hacerle daño a él, de "tirarle" a él. Ni al club que representa.

Nuestra imperfección humana no es tan baja como para descender a semejante maldad. A las bajas pasiones no podemos sentirlas ni tampoco interpretarlas ni menos considerarlas. No podemos descender a hinchas". Somos duros, sí. Pero somos duros, como decíamos, en relación con la magnitud del problema que configura la crisis técnico-táctica-disciplinaria que vivimos en el deporte. "El tono responde al problema". Queremos resolver problemas para "amabilizar" el tono.

Pero somos duros (si puede haber dureza en decir que fulano es inepto con equis pierna o mentalmente lento en concepciones que deben ser rápidas), por algo más importante aún: porque al señalar lo mal que se desempeña un jugador no sólo tenemos la esperanza de ubicarlo en una realidad de la que lo aislan las adulaciones muy frecuentes, sino otra esperanza aún más Positiva: la de que quienes se miren en él como sus sucesores del futuro no emulen sino sus virtudes y jamás sus defectos.

* **

"Pero no hay derecho a tratar mal a nadie".  

¿Qué entiende usted por tratar mal? ¿Para usted señalar errores es hablar "mal"? Nosotros creemos que eso es criticar. Y criticar quiere decir analizar, no hablar mal Por cierto que al decir que un futbolista es mentalmente lento o inhábil con una pierna o con las dos, al "desnudarlo" técnicamente, sabemos que lo estaremos "calumniando" según su interpretación Y la de muchos. Claro que lo sabemos. Pero nunca hemos sabido que el idioma deba usarse con arreglo a la deformación Que le han hecho algunos de sus usuarios.

Sabemos de esa nuestra mentalidad-ambiente gestada en un costumbrismo periodístico que ha llevado a "impedir", por ejemplo, que de un deportista local "se pueda" decir lo mismo función de crítica técnica —que de otro extranjero. Sabernos que "cae mal" si de un basquetbolista argentino se dice, por caso, lo que de un gigante del basquetbol americano o ruso: un alto lento, pesado de mente y de cuerpo" (La Nación. 23/10/59). Dirigido al de afuera eso pasa y hasta se lo celebra. Dirigido al de adentro "es insultar", "es tirarle".

Y nosotros pensamos que no lo insultamos ni le tiramos nada.

Sencillamente emitimos una opinión acerca de la somática de un deportista que hace directamente a su actividad y no a su persona. Esa opinión tiene dos destinatarios: el interesado para que la escuche, si le interesa corregirse; y usted, lector, Para que sepa lo que nos exige que le hagamos saber (¿o para qué nos compra a través del canillita?; ¿acaso para leer solamente lo que usted cree saber o lo que concuerde con su manera de haberlo visto?).

Otra cosa que también debe usted saber: ningún compromiso de otro carácter que el implícito de nuestro deber profesional nos obliga ante el deportista. "La revista no se hace para tos amigos" (Constancio C. Vigil), es la máxima que preside las salas de redacción de El Gráfico. Más aún: para salvar hasta la más mínima situación de remota dependencia en ese sentido, es que hemos cuidado el detalle de no pertenecer al Círculo de Periodistas Deportivos, que algunas veces les pide a los deportistas sometidos a nuestras críticas, actuaciones especialmente destinadas al beneficio de la institución. Lo que no debe interpretarse como insociabilidad sino como recurso de independencia de juicio ante la comprobación de que algunos futbolistas interpretan que, en razón de tales servicios, el periodismo deportivo está en deuda con ellos.

Por la misma razón nos abstenemos de recibir o solicitar de las instituciones más credenciales de acceso a sus espectáculos que aquellas que señalen nuestras auténticas necesidades periodísticas, no ya el deseo de la admisión gratuita.

De un "luego" del básquet: si es extranjero como este soviético, Ian Kruminsh, "se puede" decir que es torpe. Y hasta gusta que se diga eso periodísticamente. Decir lo mismo para un lungo nuestro es "insulto".

De un "luego" del básquet: si es extranjero como este soviético, Ian Kruminsh, "se puede" decir que es torpe. Y hasta gusta que se diga eso periodísticamente. Decir lo mismo para un lungo nuestro es "insulto".

Pero usted plantea, asimismo, una supuesta obligación de solidaridad del periodista hacia el deportista o las instituciones, del analítico con el analizado, cuando dice que tal cosa "no se puede decir" (de un jugador o un club).

¿Y por qué tiene que existir obligadamente tal solidaridad?

¿Por consideración personal?

La consideración personal es invariable para todos nuestros criticados. Más todavía: puede darse el caso (y se da con frecuencia) que elogiemos técnicamente a quien por conducta deportiva no merezca lo mismo sin censuras. A eso llegamos en nuestro entendimiento de la separación de los problemas.

Pero aquí viene algo acaso sorpresivo para usted: Sabía usted que muchas veces "su defendida" (el jugador "atacado" por nosotros) está de acuerde coa nuestra crítica y en contra de los argumentas con que usted cree defenderlo?

Le aseguramos que es así. Por cierto que hay también futbolistas que como Hernández, de Platense, o Montaño, de Huracán, piensan, como usted, que han adquirido el derecho de no ser criticados.

Usted expresa que al decir de un jugador de fútbol que no sabe jugar nosotros lo "ofendemos".

¿En tal caso el crack lo ofende a usted, su hincha, al desautorizarlo en su enojo supuestamente solidario con él, reconociendo ante nosotros que él juega mal al fútbol? Existen distintas maneras de entender la solidaridad. Las hinchadas de fútbol la interpretan pidiendo la libertad a gritos o a botellazos, de su congénere que es llevado preso (y no por bueno) por la policía.

Nosotros la entendemos, por ejemplo, pensando que las deficiencias técnicas que le señalamos a Callá o Sanfilippo (reconocidas ante nosotros por los dos) implican una contribución en su beneficio que sus solidarios hinchas no les prestan, puesto que les dicen que juegan muy bien. Nosotros entendemos que de no proceder así, tal como usted cree "constructiva" a la crítica según sea más hipócrita o conformista... seríamos desleales y destructivos como críticos para usted, espectador, para el fútbol, para el deporte, para todos.

Aquí se repite aquella dubitativa situación de quién está en contra: si el que hace daño o el que combate el daño. Y usted usa y abusa de la efectividad sonora del decir "es contra" o mentar la crítica "constructiva" sin determinar primero qué es estar a favor y qué es destruir. De la misma manera mezcla y tergiversa el sentido de hablar "mal" con el de criticar. Esto último es lo que hacemos —o cuando menos queremos hacer nosotros— con nuestras apreciaciones de orden técnico para el caso del fútbol: erradas o acertadas (que las dos posibilidades existen), ellas quieren señalar errores a quienes creemos que los pueden corregir en propio beneficio y de su equipo. Y al mismo tiempo pretenden avispar la percepción que genéricamente posee del fútbol su público, instruir la formación que mentalmente posee del jugar al fútbol el hoy muchachito que piensa imitar algún día a ese crack cuyos errores le oculta una mayoría que para nosotros no está en fútbol técnicamente ilustrada sino acostumbrada a decir palabras que ambulan en el lugar común, pero inexplícito de "garra", "físico", "rechazo", "voluntad", "penetración", "entusiasmo", "amor propio", "corazón", "Mena" "lindos centros", "ligereza", "alma", "ver el arco", etc.

Le demostraremos está última afirmación con una cita muy breve: usted se irrita porque considera que "ofende" o "no se puede decir", ante la lectura de un párrafo que diga así: "Fulano es torpe para correr, aturdido para enfrentar al adversario e inepto con la pierna izquierda" (repare en que todos ellos son cargos a la esencia técnica de una faena para la que fulano cobra mucho dinero y tiene la obligación de limarla de tales asperezas que tocan a lo elemental del fútbol). Pero se queda muy tranquilo, a pesar de ser ferviente "defensor" de "sus" jugadores cuando frecuentemente el periodismo (creyendo emitir una frase inofensiva) ofende al individuo' más que al futbolista, diciendo: "puso muy escasa voluntad al servicio de la lucha" (repare que en esa frase caben muchas cosas, la más grave de ellas la concreta acusación de que defraudó a quienes le pagan y a quienes pagaron para verlo). Por eso decimos que entendemos que la mayoría ve mal el fútbol. No decimos que lo verá mejor por nosotros. Pretendemos hacer una contribución a que lo vea mejor. El resto queda para los demás.

Supongamos que no estamos en lo cierto (cosa que frecuentemente ocurre); a usted le preocupa en tal caso nuestra "injusticia", la injusticia de nuestro error. Pero olvida contar, en sus especulaciones, con la intervención de la justicia de la honradez que creemos tener. Olvida contar con que a nosotros no nos avergüenza rectificarnos si así procede, ni una rectificación nos produce, como a usted, la sensación de haber "perdido" Olvida contar con que frecuentemente nos rectificamos para que en tal caso se "beneficie" su supuesto "perjudicado", y los aparentes. "perjudicados" seamos nosotros mismos.

Una reacción muy frecuente en esta clase de formulaciones es la que lleva a decir: "¿Cómo puede ser que tanta gente pueda equivocarse y tan poca gente esté en poder de la razón?". Casi un parafraseo de la anterior es esta otra frase también muy remanida: "¿Cómo pueden ustedes asegurar que fulano jugó mal si los diarios tales y las revistas cuales dicen todo lo contrario?"

También en este punto queremos dejar definida una posición. El de las mayorías es un índice numérico, pero no un índice de razón. A las razones las determinan los hechos, que tanto Pueden demostrarlas en posesión de las mayorías como de las minorías. Es muy abstracto el argumento de decir que tenemos rezón porque somos más, como el opuesto de decir que tenemos razón porque somos más selectos. Resulta en cambio un hecho concreto que dentro de nuestro nivel cultural la gran, mayoría de la población no alcanzó a completar estudios primarios y en tal caso la fuerza de su razón numérica se debilita por la escasa fuerza de capacitación de su intelecto para percibir o juzgar. El ideal de la verdad en poder del número sólo es viable donde el contingente guarda un equilibrio de capacitación. De allí que el gran ideal democrático de los grandes resultados en las civilizaciones avanzadas flaquee terriblemente entre las civilizaciones subdesarrolladas. La igualdad es el gemelo de la justicia y la razón. Donde la educación de todos no es la misma, la razón puede dejar de ser invariable posesión de los más.

Se da, a propósito, una situación muy curiosa en este juego de razones en cuanto a la aceptación o rechazo que de ellas hace la mayoría, según la procedencia de tales razones: dichas por nosotros, "nuestras" razones son resistidas, "ofenden", etc. Pero dichas por vuestros ídolos, esas mismas opiniones merecerían muy probablemente vuestra aprobación o solidaridad... porque usted no discute lo que dice su ídolo futbolístico; lo aprueba. Sepa entonces que en muchos casos esas opiniones que usted nos resiste son las mismas que sustentan aquellos cuyas palabras usted no discute sino acata. Sepa usted, por ejemplo, que un director técnico de Banfield y otro de Chacarita, y como ellos otros de primera división, han llegado a declarar:

"Lo que dice El Gráfico me tiene preocupado, porque me marca una serie de cosas que hasta ahora no había visto y que Pueden ser ciertas". Sepa usted, por fin, que eso que le irrita que digamos de Sanfilippo o Dellacha, Labruna o Callá, Rattin o Rossi... es exactamente lo mismo que dicen los compañeros de Sanfilippo, Dellacha, Labruna, Calla, Rattin o Rossi (claro que no por radio ni jamás públicamente... porque ellos también son fruto de un mismo medio).

Y recuerde, por favor, que no debe exigirnos imparcialidad habiendo proclamado ser parciales. SI, claro que somos parciales, no se espante; somos parciales al tener una posición tomada en lo ético, lo técnico y lo humano del deporte. Mal podríamos llamarnos imparciales cuando estaremos en contra de todo lo que niegue o deforme esos principios.

"El oficio es, acaso, obscuro; la obra, rápida; el fin, efímero; el instrumento, imperfecto; pero la misión es grande". Eso dijo del periodismo Jules Claretie. Nosotros agregamos: el halago no es el fin. La misión puede no ser simpática. Pero quiere ser noble y como tal la entendemos. ¿Ahora nos comprende mejor?

 

Por Dante Panzeri

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