¡Habla memoria!

El destino, la pelota y yo - Capítulo XX

Por Redacción EG · 08 de marzo de 2019

Por José Moreno. Los últimos pasos de la gran carrera como futbolista. Su despedida de Boca, su paso por Defensor Sporting, Ferro, y llegar a Independiente Medellín para hacer nuevamente historia.

ALMA DE VALIJA

Restablecido de mi desgarrón, a fines de 1950 emprendí una gira con Boca por el Pacífico hasta México. Fue una sucesión de gratísimos reencuentros con amigos, hinchas, futbolistas, toreros, artistas... De paso por Guayaquil libramos un encuentro con el famoso Barcelona, al que tuvimos el honor de vencer por 5 a 1 el 20 de diciembre. Después de haber actuado el año 51 en el Universidad Católica durante el campeonato, regresé a Buenos Aires sin destino fijo aunque con numerosas proposiciones que estudié con la calma que da la madurez. Mi estado físico se mantenía en toda su potencia y me seguía cotizando bien. Una de esas propuestas era la del club Nacional de Montevideo; también me llamaban de Colombia... Debo decir que siempre les tuve cariño a los uruguayos —tan gauchos, tan criollos como nosotros—; hermanos de la otra Banda. Juegan "a cara de perro" hasta en los amistosos (por amor propio); pero una vez terminado el partido son ideales amigos. En el último certamen mundial habían resultado campeones, y por eso que dije, por dignidad, lo que sea, querían sostener su legítimo prestigio. Y de allí mi contrato en cierne. Acudí en definitiva al llamado de Nacional y me encontré con algo que me llenó de estupor: antes de contratarme debería someterme yo a una "práctica de fútbol". Era para cerciorarse de que, a los 36 años de mi vida deportiva, estaba en condiciones de repetir mis performances. ¡Pero Dios!, ¿era que no me conocían? ¿No tenían noticias de mis últimas actuaciones? Consideré, no obstante, prudente esa actitud, y me allané a la práctica, que dio excelente resultado. Pero me pedían otras..., ¡y eso sí que no! Lié mis petates y me las piqué para Buenos Aires, luego de manifestarles que yo no era ni podía ser "un jugador a prueba".

En Guatemala, en 1955, recibiendo como capitán del D. I. Medellín el hermoso trofeo conquistado.

En Guatemala, en 1955, recibiendo como capitán del D. I. Medellín el hermoso trofeo conquistado.

DEFENSA UNIVERSAL DEL FUTBOLISTA HA HECHO SIEMPRE JOSÉ

Una noche en un café de arrabal (como si fuera el diálogo de una película del argentino Carlos Gardel), se encontraba José Manuel Moreno con varios amigos de la ciudad de Medellín, y entre ellos, dos jugadores del equipo rival Atlético Nacional.

Fanáticos del equipo dirigido por el "Charro" iniciaron injustamente una serie de denuestos y desafíos personales a los del otro conjunto. Su actitud llegó a tal extremo que parecía que iban a agredir de hecho a los sorprendidos contertulios. De repente Moreno se levantó y llegó a preguntarles:

—"¿Ustedes son “hinchas” míos?"

—"Sí, Moreno", respondieron todos en coro.

—"Pues no lo va na ser más", replicó éste. Y les aplicó sendas y sonoras bofetadas, que quedaron resonando por varias horas en la inmensidad del salón.

 

UNA PEQUEÑA REVANCHA

Poco tiempo después vinieron a mi casa algunos dirigentes del club Defensor de Montevideo, que estaba amenazado por el descenso. Ellos me contrataban sin reserva alguna... y me fui a jugar "en defensa del Defensor", dispuesto a rendir de mí todo lo que pudiera.

Cosas del destino (que tantas cosas decretó en mi vida): el primer partido que disputamos fue, justamente, contra Nacional en el estadio Centenario. Y les ganamos por 3 a 2. Yo preparé "matemáticamente" (así dijo la crónica) dos de los tres goles. Y según los "palpitadores entendidos", Nacional era, por fuerza, el vencedor virtual del encuentro. Creo que habrán lamentado aquel asuntito de las pruebas, creo que sí...

Seis meses estuve con los fraternales camaradas del Defensor, y pienso que hice por sus colores lo que me había propuesto, asistido por mi buena estrella (mi destino), pues el club no descendió. Entretanto, la vida, a mí, como otras veces, me había concedido una pequeña revancha.

¿Lo recuerdan? Fue en La Plata. Lo hice con la mano. ¡Pero qué linda loto, aunque cl gol no valiera!

¿Lo recuerdan? Fue en La Plata. Lo hice con la mano. ¡Pero qué linda loto, aunque cl gol no valiera!

SALVADOR DE LOS "COLEROS"

Al vencerse mi contrato con Defensor me buscaron los dirigentes de Ferro Carril Oeste. Estaba por descender en 1953 y, como algún periodista, besándose en mis actuaciones en México, Chile y Montevideo, dijo que yo era "el salvador de los coleros", me pedían una ayudita. Eran ya varias y de todos los colores las camisetas con que debí jugar en mi larga carrera futbolística, hasta que vestí la verdolaga de Ferro, por la que también me propuse luchar como bueno. (Perdón, lector, pero años más tarde, en Colombia, un periodista dijo que yo era un profesional con alma amateur.) Y pienso que esta vez tampoco lo hice mal, pues Ferro se salvó del descenso por cuatro puntos y entró sexto en el campeonato del año subsiguiente.

Me tocó encabezar la delegación colombiana, que aquí es recibida por el entonces presidente Castillo Armas.

Me tocó encabezar la delegación colombiana, que aquí es recibida por el entonces presidente Castillo Armas.

Alma de valija. Así me llamó alguna vez otro periodista amigo. ¡Tuve tantos!... Y a fe que tuvo razón. ¡Porque miren que había recorrido países yo desde aquel viajecito al Brasil como agregado a primera de la cuarta especial! Finalizada la aventura de Ferro que me confirmó aquello de "salvador de coleros", estaba de nuevo preparando la valija para una nueva aventura: me llamaban del club colombiano "Deportivo Independiente Medellín". Yo recordaba este último nombre; lo recordaba con dolor tremendo: allí, en el lugar de donde me escribían, había encontrado su muerte absurda el rey de los zorzales criollos: Carlitos Gardel.

Con el Medellín la noche que nos enfrentamos con los paraguayos. ¡Hermoso recuerdo!

Con el Medellín la noche que nos enfrentamos con los paraguayos. ¡Hermoso recuerdo!

En el aeropuerto, sobre la pared del edificio, hay varias placas recordatorias con un jardincito al pie. Allí me detuve al llegar para dedicarle mentalmente una oración. ¿Que cuál?: un Padrenuestro, y las notas mentales de su canción predilecta que acudieron a mi memoria: "Buenos Aires, la reina del Plata..." Llegué en enero de 1954, y no podré olvidar jamás el recuerdo de aquella recepción anticipadamente triunfal. Los "fanáticos" —o la "fanaticada", que así llaman a los hinchas— del Deportivo Independiente Medellín me esperaban arremolinados en frenética multitud, como si llegara el Mesías; porque, como dijo el periodista Miguel Zapata Restrepo: "Moreno tuvo que entrar a revivir lo que se hallaba en estado de coma, sin contar con esa comparsa de luminarias que antaño se presentaba en los estadios de Colombia con toda naturalidad".

Sí, así estaba el Independiente Medellín cuando llegué a incorporarme a sus filas como jugador y entrenador a comienzos de 1954. Su director técnico era el "machetero" Benítez Cáceres, a cuyas directivas hube de acomodarme.

¡BOCA JUNIORS EN COLOMBIA!

Contra Boca Juniors fue mi debut en Colombia. Claro que no era el nuestro, el de la Boca, el de los xeneixes. Era un homónimo de la ciudad de Cali, al que conocían también por "El Ciclón": ecos del gran fútbol de Buenos Aires que tenían allá su repercusión. Después de tres años de inercia fue enorme la expectativa por la reaparición del Independiente Medellín, "nombre sagrado para los fanáticos antioqueños", como dijo El Colombiano. El resultado fue aplastante, pues ganamos por 4 a 0. "El Colombiano" comento: "Como un crack jugó José Manuel Moreno. El debut de José Manuel Moreno estaba rodeado de misterio. Que sólo jugaría algunos minutos, que no estaba en buenas condiciones, que no tenía ningún entendimiento con Larraz, que estaba sobrado de kilos... Pero ayer Moreno dejó por el suelo todos estos comentarios. Y jugó como un verdadero crack, con gran movilidad, con mucho entusiasmo, sin egoísmos, con gran técnica. Hizo formidable pareja con Larraz, a quien le sirvió el juego en todo momento".

Después de la gira con el D. I. Medellín una multitud me esperaba en el aeropuerto de aquella ciudad.

Después de la gira con el D. I. Medellín una multitud me esperaba en el aeropuerto de aquella ciudad.

En el Medellín, jugaron, incorporados por mí, René Seghini, Pedro Retamozo y Francisco Pacheco. Este último, antes de lograr estado fue eliminado por los directivos del club contra mi opinión, y más tarde nos dio buenos dolores de cabeza jugando por el "América".

El 13 de marzo, en el estadio El Campín, jugamos contra el club "Millonarios", por el torneo hexagonal. Nos ganaron por 3 a 1. Yo comandaba al "Medellín"; al de los "Millonarios", Adolfo Pedernera. ¡Hermanito, qué biaba me diste! Sin embargo, comentando mi actuación en el partido, el cronista de "Diario Gráfico" hizo este paralelo: "¡ERES GRANDE, JOSE MANUEL MORENO! José Manuel Moreno compendia toda la historia del fútbol argentino de la edad de oro, la de los grandes cracks, cuyos nombres conoce al dedillo cualquier buen aficionado. Ayer lo vimos por primera vez en acción. Y desde luego, es el genio futbolero retratado en las crónicas de ayer y de hoy. No es un Pedernera... porque Pedernera no hay sino uno. Es un hombre distinto de Pedernera. Este es el Maestro, y Moreno un auténtico astro del fútbol. No se gasta la serenidad ni el genio organizador o la intuición de Adolfo. El Charro es un hombre impetuoso, de combate, que atropella y que hace maravillas con la pelota. No queremos compararle con Pedernera porque son dos figuras distintas. Ante el Charro Moreno, sencillamente, nos sacamos el sombrero".

Tuvimos un desquite el 21 de marzo, ganando el "clásico" contra "Atlético Nacional" por 2 a 1. En mayo de ese año Independiente Medellín llegó a encabezar la tabla en el profesional con diez puntos, siguiéndole "Nacional" con 9. Sin embargo no ganamos el campeonato. Le faltó afiatamiento al cuadro, regularidad. Jugó a punta de coraje, "rompiéndose el pecho", como allá se dice.

José Manuel Moreno, el más grande futbolista

Para demostrar mejor aún el aprecio que sobre José Manuel se tiene en diversos países americanos, reproducimos a continuación lo siguiente, de innegable elocuencia:

"En "A Garete Esportiva", de San Pablo, se publica un reportaje al inolvidable zaguero Domingos Da Guía. Hay un párrafo especial-mente interesante.

—"¿Cuántos años de fútbol tiene usted, Domingos?".

—"Veinticinco sin parar. Y sin dejar jamás de ser titular en los clubes donde jugué o en las selecciones que integrara. Fui campeón brasileño. Y puedo decir que fui el único triple campeón por países: en Brasil, con Flamengo, en Argentina con Boca Juniors, en Uruguay con Nacional".

—"¿Cuál es el mejor jugador que usted vio durante ese tiempo?".

—"Es difícil decirlo. Vi un Cherro en Boca Juniors, muy bueno. Vi a Bernabé Ferreyra, Porta, Pedernera, Di Stéfano, y tantos otros; pero sinceramente ninguno mejor que José Manuel Moreno, el más grande entre todos".

—"Mejor que los grandes entrealas brasileños?"

—"Vamos, Romeu fue grande, Zizinho también. Pero no tengo recelo en decir que como Moreno no vi a ninguno. Era un bailarín, danzaba, cantaba tangos, y además gran amigo de los brasileños. Moreno fue lo más grande que yo vi jugar al fútbol"

Medellín, 1955: /Adoro Soria y yo con un gran argentino, Agustín Irusta.

Medellín, 1955: /Adoro Soria y yo con un gran argentino, Agustín Irusta.

CAPOTE EN LIMA

En septiembre, para la "temporada chica", disputamos en Lima varios encuentros contra los mejores cuadros peruanos. El día 13 jugamos con Deportivo Municipal. El resultado fue 3 a 3. El 20 derrotamos al Atlético Chalaco por 1 a 0. Lo grande fue el 25, día en que nos medimos con el formidable "Alianza Lima", líder del campeonato peruano e invicto en internacionales del año 54. "El Comercio", diario limeño, comentó así el resultado: "El orgullo de un gran hinchaje cayó doblegado por 4 goles a 0. Se apreció desde un principio que Medellín centralizaba su juego en Moreno, la gran figura del campo. Entonces, lo que convenía era controlarlo, no dejarlo accionar con libertad..." Lo intentaron, sí, pero..., ¿para qué les había enseñado yo a "mis" muchachos la técnica de la maquinita?

Nuestro equipo estaba formado así: Efraín Sánchez, Lorenzo Calonga, Lauro Rodríguez, Remando Caicedo, Jorge Benegas, Pedro Retamozo, Orlando Larraz, yo, René Seghini, Antonio Sacco y Antonio Villarino. El diario La Prensa, de Lima, comentó: "Medellín se va invicto; goleó al Alianza por 4 a 0. Independiente de Medellín goleó por cuatro goles a cero al Alianza Lima despidiéndose invictos los capitaneados por el crack argentino José Manuel Moreno. Cerca de 15.000 personas vieron caer derrotado al Alianza Lima, que se mantenía invicto en sus partidos internacionales jugados en Lima desde la copa de Montevideo, y que ayer fue dominado durante casi los noventa minutos por el equipo colombiano, que justificó ampliamente su poderío, acorde a las grandes figuras del fútbol sudamericano que forman en él".

Bueno, y ahora ... ordenar de nuevo la valija y volar a Medellín, donde nos esperaban nuevos y serios compromisos, pero..., llevaba a los muchachos con el corazón tonificado hasta la euforia...

En Santiago, antes de iniciarse el match, saludando a los aficionados por un micrófono que me ofrecieron. El "fierrito" no me era desconocido. Ya había demostrado que tenía bastante experiencia en la materia.

En Santiago, antes de iniciarse el match, saludando a los aficionados por un micrófono que me ofrecieron. El "fierrito" no me era desconocido. Ya había demostrado que tenía bastante experiencia en la materia.

UN GOL PARA LA HISTORIA

CON UN GOL PARA LA HISTORIA SE DESPIDIO EL MEDELLIN

"La Nación", de Lima, comentó el día de nuestro regreso:

“ ...Individualmente vimos a un José M. Moreno demostrando que su nombre se cubrió de fama porque efectivamente es un gran jugador. Manejó la pelota como a una hija menor, haciendo con ella la más extraordinaria serie de arabescos, firuletes, pases y remates que hayamos visto en mucho tiempo. Moreno fue ayer "el Maestro". Veamos la síntesis del gol perfecto: José Benegas, el buen medio que ya nos impresionara con "Millonarios", apoyó al "Maestro" Moreno: éste se la devolvió de cabeza para que el hall pasara nuevamente de cabeza a uno de sus compañeros, sucediéndose luego tres pases más de cabeza, en un alarde de "camoteo": y cuando ya parecía que la "función" había terminado, la pelota fue finalmente a los pies de Villariño, introduciendo el esférico en la valla, para marcar así uno de los goles más brillantes que se hayan visto en el Estadio".

1955, AÑO DE GLORIA

Un periodista colombiano, de "La Defensa", me regaló estas palabras que nunca agradecí debidamente: José Manuel Moreno es un argentino de manos tendidas a la amistad, y con todo un incendio solar de las pampas argentinas en las pupilas relampagueantes de gozo futbolístico. Nació para eso: para lo misional en lo olímpico, como el maestro Paternóster, otro ché gallardísimo a quien debemos un homenaje que aquí le va a ser dispensado merecidamente. Esas gentes son la conciliación fraternal de pueblos nacidos bajo la égida de la libertad..."

Este es el plantel del Medellín con el que fui campeón en 1955. A mi lado, otro argentino: Seghini.

Este es el plantel del Medellín con el que fui campeón en 1955. A mi lado, otro argentino: Seghini.

FURIA ROJA EN CENTROAMERICA

"Furia roja": así llamaban al Medellín renovado, por dos razones: el color de su casaquilla y el empuje arrollador de su juego logrado a fuerza de práctica. A fines del 54, y al volver de Lima con la moral tonificada por los formidables éxitos que dejo relatados, emprendimos una gira demoledora. La furia roja —así lo comentaron— se desató sobre los estadios centroamericanos. En Salvador le ganarnos al Marte por 4 a 1 y a Selección por 5 a 0. En Guatemala derrotamos dos veces al Waker de Viena, cuadro formidable que también andaba de gira: la primera vez por 2 goles a 0 y la segunda por 2 a 1. Con el Palermo dividimos honores en un partido y le ganamos el segundo por 3 goles a 0. Y por último, en Curazao triunfamos en dos encuentros contra el club homónimo por 2 a 1 y 1 a 0.

El 5 de enero de 1955, víspera de nuestro regreso, nos recibió en su despacho, para felicitamos y confiarnos una misión de saludo al deporte colombiano, el presidente de la República, coronel Castillo Armas. Yo iba teniendo cada vez más confianza en el cuadro que se me confiara para el campeonato del 55. Y creo que con razón, pues a fe que había comenzado bien el año "de los dos cincos juntitos".

"¡COLOMBIA, MUY GRANDE EN FÚTBOL"

Con ese título y a todo ancho de página, en letras bien gordas, bien negras, comentó "El Colombiano" de Medellín el 31 de enero lo que había sucedido el día anterior, y a poco de nuestro regreso. Un seleccionado colombiano, formado en su mayor parte por jugadores del Independiente Medellín y el Atlético Nacional, había derrotado al famoso Waker de Viena. Y agregaba que lo hizo "sentando cátedra". Directores técnicos del equipo fuimos Julio Terra, del Nacional, y yo. En las vísperas del gran encuentro toda Colombia vivía en conmoción. "Colombia tiene una oportunidad para exhibir su poderío"; "El partido es de grandes esperanzas para los colombianos...", etc. Así hablaban los periódicos. ¡Y lo ganamos! Lo ganamos por 2 goles a 0.

PERDONEN, HERMANITOS

Comenzó en aquel mes de febrero la segunda temporada internacional, y el Independiente Medellín debía jugar contra Danubio, del Uruguay, el domingo 15. Siempre dije que los quiero mucho a los camaradas de la otra Banda, y es verdad. Pero allí estábamos para batirnos en lid caballeresca. Yo tenía la responsabilidad del equipo y la de mi juego personal... Ganamos por 2 a 1. (La cosa iba bien). El Colombiano comentó: "El triunfo del equipo rojo se debió al oportunismo, al sentido de gol de Felipe Marino y a la perfección de los pases de José Manuel Moreno, criticado por muchos por su "juego de atrás", pero elogiado siempre por la maestría en servir la pelota a sus compañeros de línea".

Que no falte mi recuerdo para el gran gordo "Pichuco", en esta foto un poco menos gordo que hoy.

Que no falte mi recuerdo para el gran gordo "Pichuco", en esta foto un poco menos gordo que hoy.

OTRA VEZ EL "CLASICO"

28 de febrero de 1955. Independiente Medellín debía batirse de nuevo con Nacional en otro de esos eternos "clásicos" que no terminan de definirse nunca, porque son de guapo a guapo... y en los que por lo regular hay mucho empuje y poco fútbol. "Rojos" y "Verdolagas" otra vez. Y enorme trepidación en Colombia, como aquí en Buenos Aires cuando se trenzan Boca y River.

Dije que estaba en la buena, que ése era mi año de gloria, y la saqué derecha una vez más: le ganamos a Nacional nada menos que por 5 goles a 1. "¡Goleado el campeón Nacional!" —gritó al día siguiente el diario Los Deportes, agregando: "Cátedra de buen fútbol puso el Medellín". Perdonen una vez más; pero como tantas me castigaron desde mi ya lejano debut en el fútbol grande, no resisto a la tentación de reproducir lo qua dijo El Colombiano (lunes, febrero 28 de 1955): "El equipo de Moreno, con éste como "cerebro", entró para ganar... Moreno brilló en la cancha con toda la luz de su prestigio. Confirmó ante sus amigos y enemigos la clase de su juego; ese don de organización que sólo pueden demostrar los jugadores que conocen el fútbol en todos sus misterios. No hizo ayer un pase defectuoso. Todos fueron medidos, certeros, precisos. Puso goles a montones a sus compañeros, y desde atrás defendió y apoyó con inteligencia. Los méritos de la victoria del Medellín deben apuntarse a Moreno, "cerebro" del equipo, que jugó como un muchacho de 18 años..." No, señores: ¿para qué nos vamos a engañar? Tenía 39.

VUELITO A BUENOS AIRES

Primero de marzo... y vacaciones de veinte días. El avión otra vez (alma de valija)... y allá, en la punta del viaje, mi madre, mis hermanas, mis sobrinos y demás parientes, mis amigos... Y el terruño chico: Florida, Corrientes, la Vuelta de Rocha..., los potreros de las formidables trenzadas infantiles cubiertos muchos ahora por grandes edificios... En el aeropuerto me enteré de que el gran púgil Gatica iba en viaje hacia Colombia para disputar una tenida internacional. Estaba bien eso: deportistas que van... otros que vienen... Es el intercambio del genio criollo; su lenguaje, sus sentimientos y corazonadas. Comprendí que el deporte puede ser un buen factor de entendimiento entre los criollos... Y en esa larga noche de vuelo me felicité de ser nada más que un futbolista. 

¡CAMPEONES!… Y SIGUEN LOS VUELOS

Cuando regresé a Colombia estaba cerca de los 40 años y casi como para refugiarme en cuarteles de invierno. Eso dijeron, por lo menos, pero no resultó, como verá el lector... si me sigue.

Al partir para Buenos Aires yo había dejado al "Medellín" afiatado, lubricado... y con un entusiasmo loco en las filas, proveniente de las resonantes victorias obtenidas. A mi regreso, y en los primeros entrenamientos, advertí que los muchachos conservaban su estado. Porque tendríamos que afrontar enseguida la temporada oficial. fue como todas: goles que van, goles que vienen, incidentes inevitables, clamor de multitudes, canchas invadidas, proyectiles por el aire, policía, canciones, frenesí... No la voy a contar en detalle pero diré el final: El Independiente Medellín, al cabo de varios años de relache, resulto campeón de Colombia ese año 1955.

COMO AGUACILES

Terminado en tan gloriosa forma el campeonato, emprendimos una gira que remató en Centroamérica. Fue una deliciosa excursión que comprendió las islas de Curazao, Aruba, Martinica, Trinidad, Jamaica y Paramaribo. Jugamos quince partidos, volando constantemente —como los aguaciles en días tormentosos— de una isla a otra. ¡Estupendo! En todas ellas se jugaba al fútbol... y no del todo malo, como se verá. De los quince partidos ganamos 12, perdimos 1 y empatamos 2. Bien es cierto que llevábamos 16 jugadores de plantel, y algunos sufrieron los efectos del tremendo calor, la gripe, el chucho...

 

OTRA COSA ES CON LA N° 5

Durante el año 1954 me tocó una vez más afrontar la enorme responsabilidad de charlar por el micrófono. La emisora denominada "La Voz de Antioquía" me propuso una serie de audiciones en colaboración con Paternóster que se titulaba "José Manuel Moreno y Fernando Paternóster comentan". Acepté, y allá nos fuimos por el aire. Yo tenía ya una cierta práctica en el manejo del aparatito; sin embargo, debo confesar que me causó siempre un temor inexplicable. Con la redonda es otra cosa: uno tiene al frente miles de ojos a los que está habituado, y otras tantas bocas que gritan o silban. Detrás del micrófono nadie mira ni grita, pero uno sabe que lo está acechando la multitud. Sin embargo, la cosa salió bien... , y hasta hubo quien comentó que habíamos sido "la atracción radiotelefónica del año".

 

 

MIS ANDANZAS RADIALES

TEMA Y MURMULLO...

Paternóster: Fernando Paternóster se despide de la afición de Medellín hasta mañana a las cuatro de la tarde, y de los oyentes de este programa hasta el lunes a las 10 y 5 de la noche.

Moreno: José Manuel Moreno agradece la atención prestada y cita a todos sus amigos para mañana domingo en el estadio de Medellín, y para el lunes próximo en la sintonía de este programa, a la hora anunciada por Fernando.

TEMA Y MURMULLO...                

(Extractado de un libreto radial preparado por la emisora donde actuó Moreno)

 

CORONADO

Esto pasó en Paramaribo. Estaban alineándose los equipos, y los adversarios avanzaban hacia nosotros. Eran once morenos, algunos más que morenos: pieles de ébano, cabellos retintos, cortos y ensortijados. Venían serios, solemnes. Al frente, el capitán, altísimo, espigado, flacón, de camiseta en franjas blancas y rojas, lo mismo que las medias, y blanco el pantalón. Llevaba en las manos una corona enorme de flores y guías —no sé si de hiedra o de ciprés. Era tan grave el asunto que les hablé a "mis" muchachos advirtiéndoles.

—Serios, pibes; parece que murió alguien y están por tributarle un homenaje. Les juro que lo creí, pero... Se fueron acercando los m-renos y estaban allí, frente a nosotros. Y resultó que la cosa era conmigo. El capitán se me plantó delante, levantó la corona y me la encajó en un hombro pasándomela por la cabeza. Era un homenaje al Independiente Medellín tributado en mi modesta persona. ¡Negritos lindos! ¡Compañeritos de aquel rincón de América que nos probaron de qué manera linda sienten la amistad! Como yo no tenía otra corona para retribuir el homenaje, le di un abrazo que le hizo saltar las lágrimas. Y una vez más me felicité de ser nada menos ni nada más que un simple futbolista americano.

En el próximo número: "¿CUARTELES DE INVIERNO?" Y CONCLUSIÓN

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