¡Habla memoria!

1945. Desde aquel lejano 1910

Por Redacción EG · 21 de enero de 2019

Un repaso por la evolución que tuvieron los campeonatos Sudamericanos a lo largo de la historia, aquel primero en Copa Centenario Revolución de Mayo en 1910 y los que le siguieron, siempre con grandes jugadores.

Después del, gol de Martino contra los uruguayos en el campeonato verificado en Chile en 1945, los jugadores argentinos expresan su alegría, pues el tanto habrá de significar el de la victoria en el certamen.

Después del, gol de Martino contra los uruguayos en el campeonato verificado en Chile en 1945, los jugadores argentinos expresan su alegría, pues el tanto habrá de significar el de la victoria en el certamen.



Lejos queda aquel 1910 en que Buenos Aires festejaba el primer centenario de la Revolución de Mayo y veía a teams representativos de Chile y Uruguay medirse con los nuestros en un torneo que habría de significar el primer paso hacia contiendas más trascendentales. Los cinco mil espectadores que se dieron cita para ver a los cuadros de ambas márgenes del Plata habrían de irse multiplicando en el correr de los años de manera tan extraordinaria que era quimera soñarlo en aquellos remotos días. Ganó el torneo el team argentino y corresponde, ahora que nos encontramos en vísperas de un certamen sudamericano, recordar los nombres de ese primer vencedor. Formaron en el cuadro campeón C. T. Wilson; Jorge G. Brown y Juan D. Brown; A. G. Jacobs, A. Ginochio y Ernesto Brown; M. P. González, M. A. Susán, Harry Hayes, Amoldo P. Watson Hutton y José Viale. Ya el conjunto presentaba la mezcla de apellidos británicos, algunos salidos del viejo colegio de don Alejandro Watson Hutton y su inmortal Alunará y apellidos criollos que habrían de multiplicarse en el andar de los años cuando el juego "de los ingleses locos" saliere de los estrechos límites de una colonia para conquistar al pueblo dilatando sus horizontes.

José Piendibene, el centreforward uruguayo que con el argentino Gabino Sosa y el brasileño Arturo Friendereich formó una trilogía de maestros que sentaron cátedra de buen fútbol en sus respectivos ambientes. José Piendibene, el centreforward uruguayo que con el argentino Gabino Sosa y el brasileño Arturo Friendereich formó una trilogía de maestros que sentaron cátedra de buen fútbol en sus respectivos ambientes.



Si en el match final que los argentinos ganaron a los uruguayos por 4 a 1 llegó a reunirse le fantástica cantidad de cinco mil espectadores, quimera habría sido entonces soñar con las multitudes que se congregarían en un futuro muy cercano. Se multiplicaría por cinco esa cifra apenas seis años más tarde, cuando ante otro festejo histórico, el del centenario de nuestra Independencia, se disputó aquí el campeonato extraordinario que sirvió de base para futuras disputas de le Copa América. Ya el certamen no se concretó a la concurrencia de Chile y Uruguay, sino que también contó con Brasil. Si hemos rendido homenaje al primer campeón de aquel torneo de 1910, hagamos lo propio con el equipo uruguayo que se impuso en el que estamos mencionando. Ganó aunque sin vencer a los nuestros, pero registrando un empate menos. Formó con C. Saporiti; A. Foglino y M. Benincasa; A. Zibecchi, J. Delgado y M. Varela; P. Somma, A. Tognola, J. Piendibene, I. Gradin y M. Marón, pero también integró el conjunto Angel Romano, el jugador que actuó en mayor cantidad de matches por campeonatos sudamericanos y que fué realmente excepcional en fields rioplatenses y consagrándose al jugar en el team que ganó en Francia los Juegos Olímpicos de 1924.

Demostración elocuente de la alegría experimentada por los argentinos después de ganar el campeonato sudamericano de 1941 disputado en Santiago de Chile, donde también se impusieron en el último certamen. Demostración elocuente de la alegría experimentada por los argentinos después de ganar el campeonato sudamericano de 1941 disputado en Santiago de Chile, donde también se impusieron en el último certamen.



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Figuras extraordinarias, realmente inolvidables, nos fué dado ver en las tres décadas y media de estas luchas futbolísticas. Ya citamos une y ello nos obligaría a una mención sin omisiones, pero, como tal cosa resulta materialmente imposible en la presente nota periodística que apenas podrá dar un vistazo fugaz a tantos acontecimientos, se nos perdonará que no lleguemos al detalle. Ya en página aparte tenemos para con Américo Tesoriere el recuerdo cariñoso que surge en cada evocación a estos certámenes. Tendríamos que unir al suyo nombres de arqueros como el chileno Guerrero, aquel que nos asombró en 1916 batiéndose como un león en la defensa de la valla de un team flojo; al brasileño Kuntz, tan ágil, tan sutil y eficiente; a nuestro alado Carlos Isola, y a muchos más. Pero permítasenos el recuerdo a tres centre forwards que fueron verdaderos maestros, parejos en arte, representativos de la época en que actuaron y a quienes el destino quiso unirlos también en una actuación continuada que osciló en el cuarto de siglo: nuestro Gabino Sosa, el uruguayo José Piendibene y el brasileño Arturo Friendereich. El pase corto, aquel avanzar de los centrales apretados entre sí y que iban ganando metro a metro; el amago de cuerpo en un cimbrear deslizante; el manejo de la pelota que daba la sensación de que le hubieran puesto manija y, por encima de todo o como reunión de virtudes, el arte de jugar, de ver, de concebir, de poner en los pies inteligencias realmente privilegiadas. Dió Gabino su sello al fútbol rosarino y aún queda en los baldíos de sus pagos el afán de jugar como lo hiciera el astro; dió Piendibene su escuela al montevideano y dicto cátedra durante 26 años initerrumpidos en primera división don Arturo, así, dicho con reverencia.

Lolo Fernández, eje delantero de los equipos peruanos Y una de las figuras relevantes del fútbol de su país, que se destacó Por su condición de scorer, con lo que obtuvo resonantes triunfos.Lolo Fernández, eje delantero de los equipos peruanos Y una de las figuras relevantes del fútbol de su país, que se destacó Por su condición de scorer, con lo que obtuvo resonantes triunfos.



En el certamen de 1919 disputado en Rio de Janeiro, brasileños y uruguayos empataron en dos tantos. Fue necesario ir a un match decisivo que resultó trascendental, puesto que nunca se dio el caso de partido que durara tres horas. A los 90 minutos del plazo reglamentario el empate sin goles se mantenía. Se fue a un suplementario de media hora, luego a otro más y recién en el tercero, y a poco de iniciado,  Friendereich marcó el tanto que habría de significar el de la victoria.

Si en el torneo aquel de 1910 se impuso el fútbol argentino y con holgura, en certámenes sucesivos no fué posible repetir la conquista. Solían los nuestros vencer a los uruguayos con frecuencia en matches aislados, pero cuando se iba a un partido que definía un campeonato, aunque en forma ajustada, los orientales se imponían o lograban el empate necesario para clasificarse campeones sin vencer a los de estos pagos. Así en 1916 en que Argentina empató dos matches y los vecinos uno solamente; así también habría de producirse en 1924 en Montevideo, en donde los argentinos perdieron el campeonato manteniendo su valla invicta. No diremos por vanidad equivocada que nuestro fútbol era superior al de la otra banda. Se mantenía un marcado equilibrio que las estadísticas de encuentros internacionales corroboran, pero no teníamos fortuna en aquellos encuentros que definían títulos.

Jorge G. Brown, figura venerada de nuestro fútbol y que formó pareja con su primo Juan en el certamen de 1910 que dió origen a futuros campeonatos sudamericanos. En aquella ocasión intervinieron chilenos y uruguayos.Jorge G. Brown, figura venerada de nuestro fútbol y que formó pareja con su primo Juan en el certamen de 1910 que dió origen a futuros campeonatos sudamericanos. En aquella ocasión intervinieron chilenos y uruguayos.



Fué en 1921 que se ganó por vez primera y han de recordar los aficionados el viejo field ya desaparecido de Sportivo Barracas que fué escenario de la con-quista. El fútbol estaba entonces dividido y el team de la Asociación se basaba en el aporte máximo de Boca Juniors y los rosarinos. En ese 1921 se gustó la ansiada satisfacción de vencer a uruguayos, brasileños y paraguayos, y terminar el campeonato sin ningún gol en contra. Pero un acontecimiento se une al suceso por lo extraordinario: Paraguay derrotó a Uruguay por 2 e 1 y nos mostró el vencedor, entre otras, a dos figuras que habríamos de seguir admirando: el centrehalf Fleitas Solich, de lo mejor que haya actuado en nuestras canchas, y el insider Rivas, cuyo recuerdo hubiera sido más grande al no haber pasado varios de sus mejoras años en una ciudad donde no se practica tan intensamente el fútbol. Esa victoria paraguaya significó el campanazo del certamen y no sería la única, pues en Río de Janeiro al año siguiente se repetiría por 1 a 0 y en 1929 ganarían los de Asunción a los de Montevideo por 3 a 0 en la desaparecida cancha que tenía River Plate en la Avenida Alvear. Pero, sin ánimo de desmerecer esas victorias paraguayas, hemos de consignar que en el match de Río de Janeiro en 1922, los uruguayos lograron tres tantos que el árbitro brasileño invalidó, siendo ese uno de los motivos por los cuales los uruguayos se retiraron del campeonato sin disputar el desempate del mismo.

He aquí una escena del match que los argentinos ganaron a los uruguayos en Lima en 1927. Canavesi se arroja al suelo para contener a Seoane en tanto atropella Nolo Ferreira quien tiene a su lado al zaguero Tejera.He aquí una escena del match que los argentinos ganaron a los uruguayos en Lima en 1927. Canavesi se arroja al suelo para contener a Seoane en tanto atropella Nolo Ferreira quien tiene a su lado al zaguero Tejera.



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En 1925 se impuso nuestro fútbol, pero ningún campeonato de por aquellos tiempos logró mayor resonancia que el conquistado en Perú en 1927, pues por primera vez gustamos le enorme satisfacción que supone el ganar en país neutral. En Chile, en dos ocasiones, nos había ido mal. En Brasil y en Uruguay, también se perdió. La ciudad de Lime ofreció ocasión a que se ganara el campeonato y que, además de ser la primera vez que se obtenía el título en campo neutral, daba también la victoria inicial sobre nuestros ve-cincos del Plata fuera de Montevideo y Buenos Aires. No fué fácil el triunfo y no interesa recordar aquí los incidentes registrados, pero sí cabe consignar un hecho interesante. Terminado el primer período con los uruguayos estando éstos en ventaja por 1 a O, se produjo une infracción que determinó al árbitro a conceder un tiro penal a nuestro favor. Hubo consultas al respecto en lo que atañe al ejecutor de la infracción. Significaba un serio compromiso. Fué entonces que Humberto Recanatini echó sobre sus espaldas la seria responsabilidad y, con un tiro es-quinado, logró el gol. Diez minutos más tarde y ante un centro de Carricaberry, entró el santiagueño Luna a la carrera y puso a nuestro equipo en ventajas. Pero he aquí que en los 33 minutos de esa segunda etapa Se acuerda un penal por hand de Recanatini y Héctor Scarone se encarga de su ejecución empatando posiciones. Faltaban cinco minutos cuando ante un avance argentino el back Tejera despejó a medias, y Carricaberry, que se encontraba adelantado, con uno de sus violentos tiros cruzados nos dió la victoria.

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A lo largo de la historia de los campeonatos sudamericanos desfilaron grandes arqueros, siendo uno de ellos el brasileño Kuntz, quien dejó un recuerdo imborrable. A lo largo de la historia de los campeonatos sudamericanos desfilaron grandes arqueros, siendo uno de ellos el brasileño Kuntz, quien dejó un recuerdo imborrable.



Dos años después es Buenos Aires sede del campeonato Y el team argentino ganó invicto. En página aparte queda descripto el "gol de Nolo", aquel contra losparaguayos, team que le hizo a los nuestros el único gol en contra que tuvo el team campeón. Pero, como siempre acontece en esta clase de contiendas internacionales, el lance de más trascendencia es el que tiene a los rivales del Río de la Plata por principales actores, pues las luchas sostenidas por ellos son las que más contribuyeron al fomento del fútbol esta parte de América.

De ahí que, vencidos los vecinos por los paraguayos, interesara siempre el match final con ellos Y que el triunfo logrado por 2 a O en forma indiscutible haya acordado el título la brillantez que necesita. En 1935 volvió a ser Lima sede del campeonato y allí aconteció algo inusitado: el team argentino venció al local y al de Chile por 4 a 1, mientras que los uruguayos apenas se impusieron a esos rivales por un tanto de diferencia en scores de 1 a 0 contra Perú y 2 a 1 frente a Chile. Sin embargo, y pese a que todo nos sindicaba como los seguros vencedores, en 32 minutos de juego los orientales se colocaron en le amplia ventaja de 3 a 0 y ya no fué posible descontarla ni hubo alteración posterior en el marcador.

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Otro de los grandes maestros: Gabino Sosa. Su larga y eficiente trayectoria ha dejado recuerdo imborrable en los aficionados. Otro de los grandes maestros: Gabino Sosa. Su larga y eficiente trayectoria ha dejado recuerdo imborrable en los aficionados.



Los últimos certámenes ya están más frescos en la mente del aficionado. En 1937 se jugó en Buenos Aires y fué preciso ir a un accidentado match de des-empate con Brasil, pues, a pesar de haberle ganado a éste por 1 a O, como se perdió después en forma imprevista con Uruguay por 3 a 2, quedaron igualadas las posiciones con los brasileños. En el partido decisivo surgió Vicente de la Mata como figura máxi-ma, pues marcó los dos tantos que dieron la victoria. Tenía recién 17 años. En 1939 la Argentina no intervino, pero lo hizo en Chile dos años después y conquistó un triunfo absoluto. En 1942 los nuestros perdieron el partido decisivo. Y en 1945, finalmente, de nuevo el fútbol argentino triunfó en Santiago de Chile.

Entre todos los goles que los argentinos señalaron en partidos por la disputa de campeonatos sudamericanos, hay dos que merecen destacarse como los de mayor significación y por motivos distintos: el más valioso y el más hermoso. Uno se produjo en 1921 y fué el que dió a la Argentina el título de campeón por primera vez. El otro se registró en 1929 y queda en el recuerdo como una perfecta obra de arte futbolístico.

Julio Libonatti, el insider derecho rosarino que anotó el histórico gol de la victoria en el gran match que argentinos y uruguayos jugaron en Sportivo Barracas en 1921.Julio Libonatti, el insider derecho rosarino que anotó el histórico gol de la victoria en el gran match que argentinos y uruguayos jugaron en Sportivo Barracas en 1921.



LIBONATTI EN BARRACAS

Fué el 30 de octubre de 1921. Este año se cumplirán las bodas de plata de aquel gol memorable, no sólo por su factura emocional sino por su trascendencia. Para dar más fuerza de realidad a esta evocación tenemos la suerte de poder decir: "Yo estaba; yo lo vi..." Era en el viejo y ya desaparecido estadio de Sportive Barracas, inaugurado el 25 de mayo de 1920. No había entonces una cancha más cómoda ni de mayor capacidad. Cuarenta mil personas bien prensadas. Ni de madera ni de cemento. En vez de gradas, había una especie de terraplén, con junturas de madera cada tres metros. Sobre ese terraplén se apiñaban los espectadores, debiendo cuidar tanto al espectáculo como al propio equilibrio. Arriba, donde terminaba la barranquita de tierra y carbonilla, corría de punta a punta una explanada y en el centro de ella se levantaba la tribuna de madera, "recinto oficial".

El campo de juego venía a estar en un foso, rodeado por una pista y cercada ésta por gruesa cadena amarrada a robustos pilotes que eran como mojones. Todo el perímetro de la cancha estaba circundado por una zanja que al principio tenía agua, pero que finalmente quedó seca por-que allí se caían demasiado a menudo, no ya la pelota, sino los jugadores y hasta los espectadores que ya entonces tenían cuestiones personales...

 Dos altísimos valores paraguayos actúan ahora en nuestros fields como entrenadores: Fleitas Solich y Rivas, revelados ambos en 1921. Dos altísimos valores paraguayos actúan ahora en nuestros fields como entrenadores: Fleitas Solich y Rivas, revelados ambos en 1921.



El palco de periodistas era la terraza de los vestuarios, que se habían construido en un lado ligeramente inferior al campo de juego Y Por eso le llamaban ¨túnel¨, sin que hubiere túnel ni cosa por el estilo. De la comodidad de tal ¨palco¨ puede dar idea el saber que se hallaba ubicado en un ángulo del campo y no tenía puerta ninguna, de modo que allí se instalaba el que llegaba primero…

Desde el ¨recinto oficial¨. –léase tribuna de madera, más o menos como la que Racing conserva todavía- asistimos a ese partido final de campeonato sudamericano de 1921 entre argentinos y uruguayos. El desarrollo completo del juego deben haberlo visto la cuarta parte de los presentes – como ocurrió el año siguiente cuando debutaron los vascos,- tal era la cantidad de aficionados que había concurrido. Delante de la tribuna, para dar sitio a varias personalidades, se levantó uno de esos palquitos de madera que se usan en los corsos. Las personalidades estaban, pero no vieron nada porque apenas empezó el match invadieron ese palquito los muchachones, trepándose como podían, y por toda la tarde taparon la visual de los invitados.

Entra a la cancha de Sportivo Barracas el team argentino que ganó el sudamericano de 1925. Aparece al frente su capitán Tesoñare seguido de Médica y Pirincho Sánchez. Compitieron entonces brasileños y paraguayos.Entra a la cancha de Sportivo Barracas el team argentino que ganó el sudamericano de 1925. Aparece al frente su capitán Tesoñare seguido de Médica y Pirincho Sánchez. Compitieron entonces brasileños y paraguayos.



No es del caso hacer aquí la crónica del encuentro. La verdad es que fué una lucha recia, emotiva y de calidad. El cuadro uruguayo estaba constituído así: Belouta; Benincasa y Foglino; Molinari, Zibecchi y Broncini; Somma, Romano, Piendibene, Casanello y Cempolo. Los argentinos formaban con Tesoriere; Celli y Bearzotti; López, Dellavalle y Solari; Calonaino, Libonattí, Saruppo, Echeverría y González. Este González, Vicente, era un mendocino considerado como niño precoz, al que hubo que ponerle pantalón largo y obtener permiso de los padres para que hiciera el viaje. Los uruguayos tenían que ganar. Los argentinos se conformaban con empatar, pero todos clamaban por un epílogo triunfal. El primer período terminó sin goles. A los doce minutos de la segunda etapa se produjo el gran sacudón, el golazo histórico, la jugada trascendental: Solari habilitó al puntero González y éste, entrando un poco hacia el centro, envió la pelota a media altura. Tiró Saruppo con más cálculo que fuerza, pero Belouta alcanzó a desviarla, aunque sin retenerla. Y fué entonces que, con el aliento en suspenso, crispados los puños, dilatadas las pupilas, entrevimos la posibilidad del gol. Belouta había quedado en el suelo y ahí cerquita estaba Julio Libonatti. Podía llegar antes que ningún otro a la pelota. Gritamos como gritan los chicos en las películas de miedo: "¡Ahí! ¡Ahí!" Queríamos avisarle a Libonatti, por si él no se había dado cuenta. Nos pareció que nos había oído cuando, sereno, sin apuros, tocó suavemente la pelota en dirección a la red. Pero lo hizo también con tan extrema delicadeza que fuimos contando centímetro a centímetro como quien cuenta los segundos de un knock out. Hasta que la redonda atravesó la línea, sonó el silbato, atronaron el aire los gritos de júbilo, se alzaron los brazos, volaron los sombreros y tembló el palquito de corso con personajes y todo... Los argentinos habían ganado el campeonato sudamericano.

Autor de muchos goles memorables, Nolo Ferreira hizo el más comentado de todos ellos frente a los paraguayos en el año 1929. Autor de muchos goles memorables, Nolo Ferreira hizo el más comentado de todos ellos frente a los paraguayos en el año 1929.



NOLO EN SAN LORENZO

Habíamos crecido. Y había crecido la afición por el fútbol. Estábamos en 1929. Varios torneos sudamericanos tuvieron distintos vencedores: 1922, Brasil; 1923 y 1924, Uruguay; 1925, Argentina; 1926, Uruguay; 1927, Argentina, por primera vez en el extranjero... En 1929 ya no era el estadio de Sportivo Barracas el escenario adecuado para un certamen de esta naturaleza. El fútbol se había fusionado y podía disponerse de tres amplias canchas: la de River Plate en Avenida Alvear, la de San Lorenzo en Avenida La Plata y la de Independiente en Avellaneda. Los paraguayos, repitiendo una vez más la hazaña con que se revelaran en 1921, vencieron a los uruguayos por 3 a O. Fué aquella una lucha fuerte y con aspectos desagradables porque se abusó del juego brusco.

Angel Romano al embarcarse para París en 1924 en donde jugó en el team que ganó el campeonato olímpico. Fué una figura realmente excepcional en el Río de la Plata y el que más partidos jugó en los sudamericanos. Angel Romano al embarcarse para París en 1924 en donde jugó en el team que ganó el campeonato olímpico. Fué una figura realmente excepcional en el Río de la Plata y el que más partidos jugó en los sudamericanos.



Cuando a los animosos guaraníes les tocó jugar con los argentinos, fueron al estadio de San Lorenzo creyendo que podían repetir la performance cumplida frente a las orientales, pero aquel cuadro albiceleste de 1929 jugaba mucho y esa tarde todos sus hombres parecieron salir al field con la consigna de rendir el máximo. Se ganó por 4 a 1, fué una lujosa exhibición de fútbol y la escuadra vencedora estuvo así formada: Bosio; Tarrío y Paternoster; Evaristo, Zumelzú y Chividini; Peucelle, Rivarola, Ferreira, Cherro y Mario Evaristo. El team paraguayo lo componían Brunetti; Flores y Olmedo; Aguirre, Díaz y Etcheverry; Nessi, Domínguez, González, Benítez Cáceres y Sosa. Se jugó el 10 de noviembre de 1929.

Muchos fueron los motivos de satisfacción que aquel encuentro brindó al público, pero como quien de un buen libro escoge una frase predilecta nosotros entresacamos de tanta acción brillante el tercer tanto argentino, ese que desde entonces y para siempre se denomina "el gol de Nolo". (Alguna vez el propio Ferreira declaró que ese gol trascendió por las circunstancias en que fué señalado, en un sudamericano y delante de crecida multitud, pero entendiendo que él hubiera elegido otra de sus "creaciones" personales. Aun el gol que en el mismo certamen les hizo a los uruguayos fué también de factura excepcional, pero la historia tiene sus preferencias....

Los seleccionados de Argentina y Uruguay, encabezados por sus capitanes Manuel Ferreira y José Nasazzi, entran a la cancha de San Lorenzo para disputar la final del sudamericano de 1929, que los de aquí ganaron 2 a 0. Los seleccionados de Argentina y Uruguay, encabezados por sus capitanes Manuel Ferreira y José Nasazzi, entran a la cancha de San Lorenzo para disputar la final del sudamericano de 1929, que los de aquí ganaron 2 a 0.



Lo vimos desde la tribuna de San Lorenzo. Fué en la segunda etapa, cuando los paraguayos ocupaban la valla que da a la Avenida La Plata. No se habían jugado más que tres minutos de ese período y ya los locales ganaban dos a cero cuando Chividini tomó la pelota sobre el lado de las populares, avanzó con ella internándose en la zona de los visitantes y la estiró en un pase hasta los pies de Mario Evaristo. El galgo boquense partió a toda carrera, dejó tras de sí a varios rivales, se fué cerrando sobre la valla de Brunetti y, casi desde la línea de toque, hizo un centro que fué a caer en el área chica, donde la recogió Nolo que se encontraba a la sazón corrido hacia la derecha, donde vendría a ser el puesto de Rivarola. Delante del gran piloto olímpico estaban los zagueros paraguayos, pretendiendo obstruirle la visual del arco. Nolo recogió la pelota en el pie derecho y sin que tocara el suelo la pasó al izquierdo. Los zagueros paraguayos se zarandearon de un lado al otro. Entonces Nolo, maniobrando con habilidad incomparable, volvió la pelota al pie derecho. Nuevo zarandeo de los backs. Estábamos en suspenso, como ocho años antes allá en Barracas... Y hubo todavía un lujo más. Teniendo siempre por espectadores a los rivales y a los compañeros, Ferreira hizo el último malabarismo: depositó la pelota en el pie izquierdo, levantó la pierna hacia adelante en un ligero impulso y colocó la redonda en el ángulo, arriba, entre el poste y el travesaño. Allí, sonando en la red, el esférico, fué como el punto que cerraba el signo de admiración trazado en el estadio por la jugada estupenda del celebrado artífice. Hemos querido recordar aquí dos episodios que resultaron memorables en la historia de los campeaonatos sudamericanos y en los que actuaron como protagonistas dos grandes figuras de nuestro fútbol.


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