Diarios de viaje

Dos vueltas olímpicas al Estadio Nacional

Por Diego Borinsky · 09 de junio de 2015

Fuimos a buscar nuestra credencial al Estadio Nacional y aprovechamos para conocer, desde adentro y por afuera, el estadio más importante de Chile, a dos días del debut de La Roja.


Retirar la credencial. El punto de partida para un periodista en cualquier competición es ése. Sin el plastiquito con tu foto que te cuelga del cuello no existís. Después, vemos el resto. Con mi compañero Darío Gurevich, por lo tanto, el retiro de credencial conformó nuestra primera misión en Santiago. El centro de prensa se ubica en el Polideportivo del Estadio Nacional. Es un moderno estadio de básquet, nuevito, con dos tribunas laterales y en el campo de juego están montadas las mesas largas con enchufes que en breve (esperemos) comenzarán a dar electricidad y los plasmas al final de cada mesada, que ya están siendo sacados de sus cajas y pronto nos permitirán ver partidos y conferencias. Los futbolistas, que siempre se mofan de los periodistas con lo mismo, ahora estarán de parabienes: “jueguen, ahora, jueguen, a ver si pueden”. Lo intentaremos.

El Estadio Nacional desde adentro, con la Cordillera de fondo.

El Estadio Nacional desde adentro, con la Cordillera de fondo.

Siempre con la buena voluntad de los encargados, no exenta de demoras, nos fuimos apretando el puño con nuestro “pasaporte a la felicidad” y el kit, bastante nutrido, entregado por la organización. Hay gorro de lana, detalle que no por previsible deja de ser una mala señal. Me parece que pasaremos frío.

El centro de prensa, en el Polideportivo del Estadio Nacional.

El centro de prensa, en el Polideportivo del Estadio Nacional.

De regreso hacia la estación más cercana de subte (unas 10 cuadras) decidimos darle una vueltita al estadio. Pensamos que sólo sería externa, pero algunos controles poco laxos nos permitieron también rodearla por dentro. En principio, para quienes no habíamos visitado nunca el Estadio Nacional, nos quedó la sensación de estadio pequeño, de baja estatura. Similar al Palacio Ducó, de Huracán, aunque con síntomas de abandono en varios sectores. La inscripción de una bandera, colgada de uno de los accesos, me resulta conocida: “Deportes para todos y todas”. Ups!

La credencial y el kit entregado por la organización. Gorro de lana!

La credencial y el kit entregado por la organización. Gorro de lana!

Nos mandamos al interior del estadio y apenas un hombre parado en la puerta mira de reojo que tuviéramos el plastiquito colgado al cuello. ¡Adentro! Muchos obreros terminan de armar escenarios, comprueban que el globo aerostático suba como corresponda, van de aquí para allá ultimando detalles y aprovechamos con Darío para sacarnos la foto de ocasión para el álbum de los recuerdos. Nada de selfie: cámara apoyada en un parlante, función con relojito y a mandarse un pique para llegar a tiempo al click!

El estadio por afuera, con el detalle de la bandera. "Todos y todas".

El estadio por afuera, con el detalle de la bandera. "Todos y todas".

El campo de juego reluce con un verde intenso que llena los ojos. No hay arcos. “Juega Colombia”, sentenciaría algún crítico de los tiempos de Valderrama, al que le criticaban su tiqui tiqui y su falta de profundidad y definición (aunque a nosotros nos embocaron 5). Los descubrimos (a los arcos) tirados a un costado, en un foso, al lado de los bancos de suplentes, también tirados en ese rincón. ¿Estarán buscando el moño para regalárselo a Martín Palermo y que así pueda jugar un picadito y no un simple “mete gol entra”?

Con Darío Gurevich, al borde del campo de juego, sobre los carteles de publicidad.

Con Darío Gurevich, al borde del campo de juego, sobre los carteles de publicidad.


Uno de los arcos, tirado a un costado, en el foso.Uno de los arcos, tirado a un costado, en el foso.

Es una tarde hermosa, de cielo celeste y poco smog. El globo sube bien y completa una postal de película, con la cordillera majestuosa detrás (y no es un telón de cartón, aclaramos). Nos sentamos un rato en la butaca a contemplar el ajetreo diario después de dar la vuelta olímpica por la pista de atletismo y certificamos, definitivamente, que las medidas de seguridad no han sido extremas. Veremos cómo sigue. Pero antes de irnos, completando una segunda vuelta por el lado de afuera, comprobamos que existe un “Taller de boxeo”. Nos asomamos y vemos un ring, fotos de Cassius Clay pegadas en un mural, muchas bolsas y decenas de hombres pegándole duro. Pero esa será excusa para otra nota que volcaremos en breve.

Del mismo modo que contaremos el escalofrío que sentimos al ingresar por la Escotilla 8, un sector que recuerda el oprobio de la dictadura que convirtió durante tres meses al Estadio Nacional en un campo de concentración con 20.000 detenidos y torturados. Erigido en Museo de la Memoria, las fotos que decoran las paredes de ingreso al estadio por ese sector estremecen. Están los retratos de los asesinados y también imágenes del ex presidente Salvador Allende y de manifestaciones populares de su gobierno.

El Taller de Boxeo

El Taller de Boxeo

Antes de irnos, vale tirarse un rato a descansar en el pasto para ver el borde superior del estadio y el cielo celeste. Continuaremos.

Escotilla 8: la entrada al Museo de la Memoria.

Escotilla 8: la entrada al Museo de la Memoria.


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