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Víctor Valdés y su cura de humildad

Por Redacción EG · 27 de octubre de 2015

Descarnadas declaraciones del arquero del Manchester United.

Víctor Valdés llegó a lo máximo en el fútbol. Como arquero de un Barcelona mítico, conquistó todos los títulos posibles y probó la miel de los ídolos. Pero en marzo de 2014 se rompió los ligamentos cruzados de la rodilla derecha y su vida cambió para siempre. Finalizó su vínculo con los catalanes, pasó medio año en Alemania recuperando su pierna y se sumó al Manchester United, donde nunca imaginó que se toparía con un impiadoso Louis Van Gaal, quien lo congeló sin miramientos. Haberse chocado contra una pared después de tanto éxito, le disparó sensaciones muy profundas, que se animó a compartir en un reportaje con la cadena colombiana RCN: “No volvería a ser arquero. Siempre he dicho que me hicieron creer que servía y fui subiendo hasta profesional. Y ahí tuve la suerte de que confiaran en mí. Pero no es un camino fácil y no me ha compensado los años que he sufrido con los que me ha ido bien. Me considero un privilegiado, pero no escondo lo que pienso. He tenido que hacer trabajo psicológico para ir subiendo esos escalones que no entendía. La lesión me ha enseñado que voy a dejar de lado a la gente que te deja solo y a ese mundo del fútbol que te hace sentir lisiado. Pero la lesión me hizo volver a sentir lo que es la vida no siendo futbolista. Los futbolistas vivimos una irrealidad. Volví a la vida real: a pagar un café, a tocar monedas… y esa cura de humildad me ha servido ahora que he vuelto a la actividad. Yo vengo de tres meses en Augsburgo, de comprar mi billete de tranvía, de ir con muletas, de estar solo. Eso no me lo quitará nadie. Yo nunca más seré una superestrella, porque yo he estado ahí. Y ya he dicho que el fútbol te aparta: ‘Te has lesionado la rodilla… que pase otro’. ‘Tú ya no vales’. Pero tú vas a valer, si quieres. Y es tu fuerza de voluntad la que te tiene que hacer llegar. Y esa es la mayor enseñanza. No me gusta la fama. Cuando se apague la luz, yo estaré con los niños, enseñándoles qué pasa cuando se enciende y deseando que se les encienda. Pero para mí ya no, y espero que cuando se apague, no me encuentren”.

Nota publicada en la edición de septiembre de 2015 de El Gráfico

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