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Pirlo y las sombras

Por Redacción EG · 08 de septiembre de 2015

Andrea Pirlo publicó una autobiografía titulada “Penso, quindi gioco” (Pienso, luego juego). Aquí rescatamos unos párrafos en los que, con cierta cuota de soberbia, se refiere a sus ocasionales marcadores, tomando como ejemplo un cruce contra el Manchester United de Alex Ferguson…

“A casi todos los chicos que ejercen de sombra sobre mí no les interesa realmente la faceta constructiva del juego. Ellos se unirán al ataque si tienen que atacar, pero en cuanto pierdan la bola volverán conmigo olvidándose de todo lo demás. Sólo quieren anularme. Incluso Sir Alex Ferguson no pudo resistir la tentación. El es básicamente un hombre sin defectos, pero arruinó esta pureza en aquella noche. En una de las muchas ocasiones en que nuestros caminos se cruzaron durante mi estadía en Milán, Park Ji-Sung se convirtió en mi sombra. Este centrocampista debe haber sido el primer coreano en la historia en funcionar a base de energía nuclear, en el sentido de que corrió sobre el campo a la velocidad de un electrón. El contribuía en ataque y si el ataque no salía, brincaba hacia mí. Ponía las manos en mi espalda, me hacía sentir su presencia y trataba de intimidarme. El miraba a la pelota y no sabía ni para qué. A sus ojos era un objeto giratorio desconocido. Le habían programado para pararme y esta era la única cosa en la que él estaba pensando. Su devoción por esta tarea era conmovedora. A pesar de que Park ya era un jugador famoso por derecho propio, consintió que se le utilizara como perro guardián, limitando voluntariamente su propio potencial”.

“Yo vivo cada una de estas experiencias como una gran injusticia, y no es raro que sienta lástima por quien es enviado a solaparse a mí. Son jugadores –más que jugadores, son hombres– que han sido solicitados para ir allí y actuar sin dignidad, destruyendo en lugar de crear. Ellos están contentos encontrándose como una absoluta mierda, siempre y cuando me hagan quedar mal. Yo soy un poco como un gitano errante en el terreno de juego. Un centrocampista en la búsqueda constante de una esquina en la que pueda moverme libremente por un momento, sin marcadores que me sofoquen o chicos-‘Randy Matés’ (raza de perro) pegados a mí como una sombra. Tolo lo que necesito son unos pocos metros cuadrados para ser yo mismo. Un espacio donde pueda continuar profesando mi credo: tomar el balón, dárselo a un compañero de equipo, y que dicho compañero marque gol. Eso se conoce con el nombre de ayudar y es mi forma de ir repartiendo felicidad".

Nota publicada en la edición de agosto de 2015 de El Gráfico

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