Personajes

Carlos Tevez, personaje del año

Por Elías Perugino · 06 de febrero de 2016

Volvió al fútbol argentino en el momento más brillante de su carrera. Tras ganar dos campeonatos con la Juve y jugar la final de la Champions, recuperó el lugar en la Selección y aportó su jerarquía internacional para que Boca lograra dos títulos. Idolo y referente como pocos.

Carlitos en la celebración de la Copa Argentina, el título 23 de su extraordinario palmarés.

Carlitos en la celebración de la Copa Argentina, el título 23 de su extraordinario palmarés.

Perplejo, miró a las tribunas, convertidas en una marea ondulante de cabezas apretadas y manos en agite, y no lo dudó. Se arrodilló en el área grande y besó el césped, como poseído por el espíritu de Juan Pablo II, el Papa que solía besar cada suelo que visitaba durante el ejercicio de su pontificado. Esa noche del lunes 13 de julio, cuando 60.000 personas desbordaron la Bombonera solo para verlo, se selló el nuevo pacto de amor entre Carlos Tevez y el pueblo de Boca. Fue la foto de una jornada icónica, que marcó el regreso a la Argentina de uno de los diez cracks más valiosos de la aldea futbolera global.

Carlitos optó por abandonar la Juventus un año antes de lo previsto en su contrato, desoyó ofertas millonarias de Europa y Asia, armó las valijas con desesperación y aterrizó en Brandsen 805 para cumplir el juramento de once años atrás, cuando huyó al exterior abrumado porque “era muy pibe y el Mundo Boca me devoró”: regresar en plenitud para ser figura y cerrar su carrea a lo grande.

Artífice principal de los títulos de la Juve en la Serie A y en la Copa de Italia, Tevez  también venía de conducir a sus compañeros hasta la final de la Champions y de haber recuperado su lugar en la Selección. Cresta de la ola total. Y desembarcó en un Boca en llagas por la bochornosa eliminación ante River en la Copa Libertadores, con el desafío de ser implacable con las dos balas de plata que le quedaban en la recámara al presidente Daniel Angelici –el paciente arquitecto del operativo retorno– para mantener la línea de flotación y su supervivencia política en el club.

Tevez asumió el liderazgo absoluto. Con carisma y determinación, marcó pautas a las que se sometieron todos: jugadores, cuerpo técnico, hinchas y dirigentes. Maduro, autocrítico y reflexivo fuera de la cancha, predicó la unidad en un escenario de atomización y logró encolumnar a todos detrás del escudo. Y en el césped, desperdigó su apabullante jerarquía para que Boca festejara dos títulos en 72 horas: el torneo de 30 y la Copa Argentina. Las dos balas de plata. Dos vueltas olímpicas para sumar 23 en su palmarés y ubicarse en el cuarto lugar entre los argentinos más ganadores de la historia, detrás de Messi (27), Di Stéfano (26) y Lucho González (24), y a la par de Cuchu Cambiasso (23).

Su físico supo surfear el año y medio de competencia sin interrupción. Tuvo nafta suficiente para potenciar a sus compañeros. Dibujó goles y asistencias determinantes. Guapeó en la victoria bisagra del Monumental y patentó el eslogan xeneize del segundo semestre: “Volvió todo a la normalidad”. Su apellido apareció en la elite de los candidatos al Balón de Oro de la FIFA. La única mancha fue la patada que fracturó a Ham, episodio del que se responsabilizó acompañando al chico de Argentinos en el proceso de recuperación. El resto, redondito como la pelota. Redondito como lo soñó Tevez.

Por Elías Perugino / Foto: Photogamma

Nota publicada en la edición de enero de 2016 de El Gráfico
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