Fútbol Argentino

UNA RACHA NO PUEDE CAMBIAR LA HISTORIA

Por Panqui Molina · 05 de junio de 2021

Víctor Blanco pretende reducir una rivalidad a su mandato presidencial. Se basa en su gestión y en el prestigio regalado por Independiente en los últimos años para decir que Racing es el tercer grande.

Víctor Blanco desapareció de la escena pública mientras su Racing tambaleaba. Filtró que Pizzi tenía las horas contadas cuantas veces pudo, lo puso contra las cuerdas y generó un entorno inestable. El entrenador resistió, el equipo encontró triunfos y con el pase a la final de la Copa de la Liga cambió el silencio por la verborragia para decir que Racing es el tercer grande. En 2014, Matías Lammens había dicho lo mismo con la primera Copa Libertadores ganada por San Lorenzo en su historia. 

 

Escribo esto con la camiseta puesta. No tengo problema en reconocerlo. No necesito ocultar que soy hincha de Independiente para ganar credibilidad o hablar desde una objetividad que todos sabemos que no existe. 

 

Desde un tiempo a esta parte, pongámosle 2014 a hoy, Racing está mejor en el sentido más amplio de la palabra. Mejor que el mismo Racing y mejor que Independiente. Sería necio negarlo. Lo respaldan los títulos ganados, su estabilidad económica a nivel institucional, sus continuas participaciones en la Copa Libertadores y las últimas victorias en el clásico de Avellaneda. Pero sobre todas las cosas, Racing está mejor que el propio Racing, y quizás es esto lo que envalentona a Víctor Blanco. Es probable que este ciclo sea la mejor etapa sostenida en el tiempo de toda su historia desde que fue campeón del mundo en 1967. Hasta 2015 había jugado la Copa Libertadores en 6 oportunidades. Desde el período en cuestión, la Academia lleva 5 participaciones en el certamen continental y en todas avanzó como mínimo a octavos de final. 

 

Pareciera que todos los problemas que atravesó Racing en la década del 80 y del 90 se mudaron a Independiente: crisis económica, planteles que se devalúan con el tiempo, modificación del entrenador como único plan para modificar el destino y malos resultados. A ese contexto se le suman los 19 años sin salir campeón a nivel local, la peor racha en la historia del club, todavía muy lejos de aquellos 35 que tuvo esperar Racing entre 1966 y 2001. El fútbol muchas veces no entiende de lógica, pero es muy difícil que si uno hace las cosas mal, te vaya bien.

 

Salvo el ciclo de Ariel Holan como entrenador, Independiente deambuló en la mediocridad a lo largo del período en cuestión, que justamente coincide con el mandato del clan Moyano. En 2017 encontró un entrenador que se identificó rápidamente con el gusto del hincha, con un equipo agresivo y dinámico. Tuvo su premio en el Maracaná. Pero lo más difícil en el fútbol es convivir con el éxito. Y allí fue donde Independiente equivocó los caminos, hipotecando el futuro con refuerzos con contratos impagables que no cumplieron con las expectativas y apuestas que no estuvieron a la altura y nunca pudieron ser incorporaciones. Independiente tuvo entre sus manos la oportunidad de dar el salto y consolidarse. 

 

Hecha esta introducción, es importante destacar que una buena racha no es suficiente para modificar una historia, una paternidad y todos los logros del pasado. Racing pudo sacarle poco provecho a una de sus mejores rachas en cuanto a resultados y estabilidad institucional. En la frialdad de los números, la superioridad de Independiente en el mano a mano está a la vista: domina el historial desde hace casi 50 años y le lleva 22 partidos de ventaja. Incluso en este período en el que Racing está mejor, Independiente llegó a estirar la diferencia a 24 partidos, mayor diferencia en toda la historia. Para no reducir el análisis a los fríos números, también hay que decir que en este tiempo Racing logró triunfos resonantes, como el del histórico gol de Marcelo Díaz con dos futbolistas menos. Previamente había ganado la serie en la Liguilla por un lugar en la Copa Libertadores 2016.

 

En materia de títulos, Independiente le saca una ventaja importante a nivel internacional. Son 18 títulos contra 3. Desde 1988 que Racing no consigue uno. Incluso en sus años dorados no logró cortar su sequía. La supremacía histórica del Rojo se ve en todas las competencias: 7 Libertadores contra 1, 2 Intercontinentales contra 1, 2 Supercopas contra 1, 2 Copas Sudamericana contra 0 por mencionar las competencias más relevantes. El aval de la AFA de Julio Grondona, de la cual Racing siempre eligió sentirse perjudicado, para unificar el conteo del fútbol amateur con el profesional le permitió posicionarse a nivel local, en donde suma 18 ligas (la mitad fueron cuando el fútbol no era rentado) y 13 copas nacionales. 

 

La grandeza también se mide en hazañas e hitos. Independiente ganó 4 Libertadores consecutivas, certamen que lo tiene como máximo ganador. Es el club con más conquistas internacionales, junto a Boca, en todo Sudamérica. Hizo historia en Brasil contra el Santos de Pelé, se consagró campeón del Torneo Nacional 77 con 3 jugadores menos y dio dos vueltas olímpicas en el Maracaná. También hay que decir que Independiente parece adormecido en sus logros del pasado y estancado en su historia. El crédito no es eterno y quizás fue eso lo que llevó a Blanco a decir lo que dijo. 

 

Racing también supo tener sus gestas a lo largo de la historia: cuando el fútbol todavía no era profesional, fue el primer club en ser heptacampeón. Fue el primer campeón argentino del mundo, fue el primer club argentino en ser campeón en Brasil y llegó a estar 39 partidos sin perder en 1966. No hay un logro de la gestión de Víctor Blanco que pueda estar a la altura de lo mencionado. En el pasado reciente, algún osado llegó a decir que el pase a cuartos de final de la Copa Libertadores 2020 era un Maracanazo. En el período en cuestión, Racing perdió 3 finales a nivel local: Copa Bicentenario vs Lanús (2016), Supercopa Argentina contra River y la reciente Copa de la Liga ante Colón, estas dos últimas con 3 meses de diferencia. 

 

Hasta la forma de atravesar la desgracia fue diferente. Racing pudo sacarle muy poco provecho a la temporada que Independiente estuvo en la B. Lo que comenzó como un gaste permanente al rival de toda la vida, con un velorio orquestado por el propio club, terminó en motivo de preocupación. Llegó a tener 5 entrenadores en un torneo (Zubeldía, Radaelli, Ischia, Nacho González y Mostaza Merlo) y finalizó a 3 puntos de la zona de promoción. Cuando Racing descendió en 1983, Independiente se consagró campeón. Luego, en los 2 años que estuvo en la B, el Rojo fue campeón de la Libertadores y de la Copa Intercontinental. 

Cada uno puede pensar y decir lo que crea. Se necesitan varios años seguidos de buenas rachas para intentar modificar la historia. 

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