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Fútbol en la piel: Jorge Valdano

Por Redacción EG · 04 de julio de 2012

Una charla distendida con uno de los embajadores del fútbol argentino por el mundo. El legado universal de Guardiola. Los fenómenos de Bielsa y Simeone. Los modelos de Real Madrid y de Barcelona. La derrota y el fracaso como desafíos de crecimiento. El rol de los directores deportivos.

                 Nota publicada en la edición de junio de 2012 de El Gráfico  

VALDANO en primera persona: "Al trabajo a largo plazo lo están sacando del diccionario en el mundo del fútbol"

VALDANO en primera persona: "Al trabajo a largo plazo lo están sacando del diccionario en el mundo del fútbol"

 EL HOMBRE, que luce un traje elegante, acredita 56 años. Se adueña del micrófono y acapara la atención del público en el marco de la 38º Feria Internacional del Libro en Buenos Aires. Se expresa de modo coloquial, aunque desarrolla conceptos profundos. El interlocutor se llama Jorge, y Jorge es Valdano, una especie de filósofo que proviene de las arcas del fútbol. Su exposición, motivada por el Banco Provincia, se denomina “Los once poderes del líder del siglo XXI“. Ahí salen a escena el poder de la pasión, de la esperanza, del estilo, de la palabra, de la curiosidad, de los ritos, del talento, del vestuario, de la humildad, del éxito y de la credibilidad. “El vestuario es una sociedad en miniatura”, arranca Valdano al entrelazar por primera vez un punto de contacto entre lo que ocurre en un equipo de fútbol y lo que sucede en una empresa.

Su extraordinario monólogo se extiende durante 70 minutos. Solo dan ganas de levantarse para felicitarlo. Sin embargo, el campeón del mundo con Argentina en México 1986; el exjugador, entrenador y director deportivo de Real Madrid se encuentra dispuesto a prolongar su verba en exclusiva. Si bien no se sale de su molde respetuoso y hasta serio, se distiende y permite que se lo tutee.

-¿El fútbol es un mundo de exageraciones?
-Sí, de exageraciones como territorio emocional. El fútbol pone a la gente a prueba; es uno de los pocos ámbitos donde las personas se permiten odiar sin destrozar a la otra parte. O al menos, casi nunca. Se trata de un mundo eminentemente pasional, y la pasión no hace otra cosa que exagerar. La buena noticia es que de la exageración siempre se vuelve con algún tipo de enseñanza.

-¿Podrías darnos un concepto sobre Josep Guardiola?
-Pep ha alcanzado una obra que está muy cerca de la perfección; dan ganas de compadecer a su sustituto porque es difícil de intervenir sobre ese equipo para mejorarlo. Es un hombre que aspira a la grandeza desde el fútbol, y eso es muy valioso. Sus equipos atacan sin piedad y en cualquier condición. Cuando van ganando, siguen atacando; cuando van goleando, siguen atacando. Y eso me parece una auténtica lección de vida.

-¿Qué te inspira Marcelo Bielsa?
-Puedo opinar cosas similares respecto de Guardiola, pero Bielsa lo intenta con menos recursos. Y eso hace el esfuerzo más heroico. Sus equipos hablan por él. Sus equipos son generosos, nobles, ofensivos, atrevidos y no hacen trampa. Cuando uno termina de hablar de sus equipos, entiende que Marcelo Bielsa es un entrenador y un ser humano grande.

-¿Y qué pensás sobre Diego Simeone y José Mourinho?
-Simeone había llegado a un Atlético de Madrid que estaba en una situación de desamparo, donde los resultados no se daban, pero además había una enorme división entre la afición y los directivos. El tuvo la virtud de llegar de la Argentina sin estar contaminado por ese ambiente tan opresivo, y fue capaz de levantar el ánimo de todos hasta alcanzar el título de la UEFA Europa League, que hace cinco meses parecía impensado. Y en cuanto a Mourinho, es un entrenador muy competente.

-El modelo de Barcelona se centró en la cantera. Real Madrid apostó, sin embargo, por incorporar estrellas a precios altísimos. Ambos persiguen el mismo fin: ganar todo. ¿Algún sistema es mejor que otro?
-El Madrid gasta lo que es capaz de producir. No hay detrás del club un mecenas como Moratti, Berlusconi o Abramovich. Real Madrid es una sociedad sin ánimo de lucro, recauda más que cualquier otro equipo del mundo y lo invierte en grandes talentos. También es necesario decir, porque no se conoce, que en primera y segunda división de España hay 100 jugadores salidos de la cantera de Real Madrid. Por lo tanto, el trabajo que se hace ahí abajo es interesante. El Madrid produce un tipo de jugador más universal, capaz de adaptarse a cualquier forma de juego, mientras que Barcelona produce un futbolista más a medida de la cultura del club. De todas maneras, la persona más importante de las divisiones Inferiores es siempre el entrenador del primer equipo. Y por eso, la apuesta de Guardiola hay que considerarla como determinante en la política que Barcelona ha defendido en los últimos años.

EL FUTBOL y los ejes relevantes en los que transcurre la vida en sí misma se conectan en su discurso. La platea lo observa expectante. Su mensaje se torna tan simple como complejo a la vez. “El fracaso nos hace un 30 por ciento mejores de lo que somos; la vanidad, un 30 por ciento más imbéciles -argumenta-. Hay que tenerle más miedo al éxito que al fracaso”.

-¿Es muy importante ser creíble?
-Es fundamental. Hay muy pocas cosas más admirables que la dignidad. Y no debemos olvidar que primero se admira y luego se imita. Por lo tanto, la credibilidad es una de las mejores escuelas de aprendizaje. Un hombre que alcanza el poder de la credibilidad es un hombre que ha hecho lo que ha dicho que iba a hacer, que ha sido capaz de sembrar con su ejemplo una conducta profesional, que ha impartido justicia. Hay muchos valores implícitos en la credibilidad. Por eso, el líder, si quiere serlo durante un largo período, es importantísimo que tenga ese grado de coherencia.

-¿Cómo le cuadra el sentido de pertenencia al futbolista actual?
-El fútbol hace verdaderos milagros de pertenencia. Uno juega en una plaza con amigos; la mitad se quita la camiseta y la otra mitad se la deja, y a los 20 minutos si yo estoy en el equipo de los sin camiseta, ellos son los míos, y los con camiseta son los otros. Cuando alguien llega a un club, siente una identificación genuina poco tiempo después. Además, lo que ocurre en el fútbol es el milagro de las identidades remotas. Uno va a Jerusalén el día que juega Real Madrid ante Barcelona, y se encuentra con la mitad de un bar con la camiseta de uno y la otra mitad con la del otro. Con un poco de mala suerte, se terminan agarrando a puñetazos, y ninguno de los dos grupos jamás ha ido al Bernabéu ni al Camp Nou ni a lo mejor tampoco a España. Pero sienten esa adhesión. Si esto les sucede a los aficionados, con mucha más razón les ocurre a los futbolistas. De todas maneras, el hincha necesita que la camiseta esté encarnada por gente que sienta al equipo y para eso no hay nada que sustituya en eficacia al largo plazo, al jugador que está durante diez años en un club y encarna la historia misma del club.

-¿Existe el trabajo a largo plazo? Acá, en la Argentina, parece que esa terminología no figura en el diccionario futbolero.
-Lo están sacando del diccionario en el mundo del fútbol. Lo único que trastorna a la gente en el fútbol es la búsqueda desesperada por el resultado. Eso es lo que termina por destrozar valores, estilos, culturas. Dicho esto, el corto plazo es un error imperdonable.

-¿Esto mismo lo sufriste como director deportivo de Real Madrid?
-Siempre que he tenido que despedir a un entrenador lo consideré como un fracaso personal. He creído en el largo plazo durante toda mi vida y, cuando no lo logré, es porque perdí batallas internas en el club. Pero no porque no tuviera la vocación de seguir respaldando eso.

"EL FRACASO nos hace un 30 % mejores de lo que somos; la vanidad, un 30 % más imbéciles.""EL FRACASO nos hace un 30 % mejores de lo que somos; la vanidad, un 30 % más imbéciles."

 LOS RECUERDOS emergen con naturalidad. El Mundial de México 1986 entra en escena. Surgen aplausos cálidos luego de su gol -el segundo de Argentina- en el triunfo ante Alemania Federal en la final. Valdano sonríe y le brillan los ojos, como si aquel pase a la red fuese el momento más trascendente de su vida. “Soñé con meter un gol en un Mundial durante treinta años. Y Maradona tenía la virtud de mejorar mi sueño. Hasta me sacaba al arquero -recuerda-. De todos modos, fue mejor soñarlo que recordarlo”.

-¿Qué lugar creés que ocupás en la historia del fútbol argentino?
-La gente me asocia al Mundial 86. Me fui joven del país, con 19 años, cuando no era normal que uno abandonara la Argentina al ser adolescente. Y el reencuentro fue de modo feliz, en la Copa del Mundo de México, cuestaión que ayudó a estrechar el vínculo. Sin embargo, mi carrera la hice afuera del país en un momento donde la comunicación no era global y la Argentina quedaba mucho más lejos que ahora, porque la información era casi con señales de humo.

-Saber perder. ¿Por qué no se acepta la derrota como resultado posible?
-Eso está muy mal. Es una de las tres posibilidades que se dan en el fútbol. Lo único que hay que hacer, cuando uno llega a un club, es decidir qué realizará el día que pierda. Porque lo que tenemos que hacer el día que ganemos lo sabemos todos: es festejar. Ahora, cuando perdemos, debemos demostrar la fuerza de las ideas, el coraje ante la presión popular, y hay que intentar darle un aliento, aunque sea artificial, a un proyecto. La derrota es lo que nos pone a prueba, y no el triunfo.

-¿Cuál es el rol del director deportivo? ¿Ese rol se puede aplicar en la Argentina?
-El director deportivo ha tenido que inventar sus atribuciones en el fútbol español desde hace diez años hasta aquí. Fui el primer director deportivo de España y efectivamente hay que hacerse un lugar a codazos entre el entrenador y el presidente. Se supone que el director deportivo es la persona que ve las cosas desde un punto de vista más estratégico. El entrenador está en el día a día de la gestión de un vestuario, y el director deportivo es el que alarga la mirada para confeccionar el plantel de la próxima temporada, estructurar el estilo del club, hacer caer sobre toda la organización como una lluvia fina los valores que componen su cultura. Y esas serían las obligaciones de un director deportivo, más salir a dar explicaciones cuando se pierden los partidos. Esto se puede aplicar en cualquier lado. Incluso, se lo preguntaban en España hace diez años y hoy prácticamente todos los clubes tienen a esa figura.

Por Darío Gurevich. Fotos: Diario As

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