Notas de la revista

Narco Fútbol

- por Redacción EG: 12/03/2012 -

El mercado futbolero mexicano está sospechado de lavar dinero mientras miles de inocentes son víctimas de la guerra entre cárteles. Un escenario dramático que analizan, entre otros, el escritor Juan Villoro.

Nota publicada en la edición febrero 2012 de la Revista El Gráfico

TREMENDA escena en Torreón, 20 de agosto de 2011. Santos-Morelia suspendido por balacera fuera del estadio.

“México está en una situación muy crítica que se cobró 40 mil vidas en cuatro años. La economía pasa un buen momento, pero por razones raras: el petróleo -que no es renovable-, el narcotráfico y las remesas que mandan los migrantes desde Estados Unidos, algo que puede detenerse a medida que vuelvan desde ese país. Es un dibujo de país roto. Y la degradación educativa y cultural es muy grande. El problema del narcotráfico no es apenas militar. Sólo se supera si se logra un nivel de vida más digna y una moral que haga que la gente no se corrompa”.

La mirada tan general sobre la situación mexicana le corresponde al escritor y periodista Juan Villoro, uno de los más importantes referentes culturales de ese país. Villoro es, además, futbolero hasta la médula: es hincha del Necaxa; y en España, donde vive actualmente, alienta al Barcelona. Ha escrito cuentos y novelas, pero sus textos de fútbol son deliciosos como pocos. En esa temática, es autor de un librazo que se llama “Dios es redondo”. A él también le duele México.

Compatriota desde las letras, pero además historiador, el periodista Carlos Calderón Cardoso, del sitio web Medio Tiempo, ofrece su punto de vista. “Como todo el país, el problema del narcotráfico toca muchos ámbitos. Entre ellos, al fútbol”, destaca. Y acentúa: “La Federación Mexicana ha tratado inclusive con la DEA, que realiza investigaciones aquí, de mantener al fútbol libre del narcotráfico. En las divisiones menores y en la Liga de Ascenso, hubo casos en donde el narco dio el presente”.

El crecimiento popular y económico que tuvo el fútbol en las últimas décadas se convirtió en un terreno propicio para quienes buscan lavar dinero. Los narcotraficantes lo saben. Y ellos, en México, dan pelea. El deporte en general, con la Fórmula 1 a la cabeza, pero con el fútbol siguiéndole los talones, es una de las industrias que más dinero mueve, entre legales e ilegales, en el mundo.

La situación en México mete miedo. Los cadáveres, de inocentes y de los otros, aparecen en las calles como mensajes mafiosos. A veces decapitados. Siempre a la vista de todos. Algunos sostienen que ya son 50 mil las víctimas del crimen organizado. Recién en los últimos tiempos hubo cierto valor para empezar a marchar por la paz. En tanto, la guerra entre los cárteles no se detiene. Sinaloa, Los Zetas, Tijuana, Juárez, La Familia, Beltrán Leyva y Golfo son los más fuertes. Más de mil chicos murieron por estos enfrentamientos.

El periodista y escritor italiano Roberto Saviano, amenazado de muerte por la mafia de su país, había escrito en su espectacular libro “Gomorra” algo que bien se puede aplicar a las calles mexicanas y al pensamiento de quienes buscan mejorar su calidad de vida de cualquier manera; aún a riesgo de esa muerte que, cuanto más tienen, más les persigue: “Todos los que conozco, o han muerto o están en la cárcel. Yo quiero ser un boss (jefe). Quiero tener supermercados, tiendas, fábricas, quiero tener mujeres. Quiero tres coches, quiero que cuando entro en una tienda se me respete, quiero tener almacenes en todo el mundo. Y después quiero morir. Pero como muere un boss auténtico, uno que manda de verdad. Quiero que me maten”.

Ayer Colombia, hoy México


VILLORO: "México es un país roto, que se cobró 40 mil vidas en 4 años. La degradación educativa y cultural es muy grande. El problema del narcotráfico no es sólo militar".

El fútbol de México vive hoy lo que en los años 80 y 90 vivía el de Colombia con la injerencia narco. El primer caso comprobado en la Primera División es de 2004. Informes de la DEA y del gobierno federal incluyeron al Querétaro y al Irapuato. Se los investigaba por lavado de dinero. “Por lo tanto, plata del narcotráfico”, acota Calderón Cardoso. La FMF ofreció cinco millones de dólares a cada uno de esos equipos para que vendiera su franquicia y desapareciera del torneo. El Irapuato aceptó de inmediato y sus jugadores fueron declarados en libertad de acción. Los propietarios del Querétaro amagaron declarar la guerra legal, pero finalmente agacharon la cabeza.

La Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada investigaba a tres personas que podrían haber invertido dinero ilícito en esos conjuntos. Una de ellas era el narcotraficante colombiano Jorge Mario Ríos Laverde. Buscado por la DEA desde 1997, logró en 2002 un permiso para trabajar en México como vicepresidente de una empresa dedicada a promocionar jugadores de fútbol. Había fuertes sospechas de que invertía dinero de dudoso origen en ambos equipos.

Pero el punto de partida para vincular al fútbol grande con el tráfico de drogas data de 2003. Ese año se detuvo al futbolista colombiano Carlos Alvarez Maya, ex jugador del Necaxa. Su arresto tuvo lugar en el Aeropuerto Internacional de la ciudad de México, en momentos en que intentaba sacar del país más de un millón de dólares. Ese dinero, se presumía, provenía del mercado de las drogas.

Autor de doce libros vinculados a la temática futbolera, Carlos Cardoso agrega al respecto: “Se dice, pero no me consta, que el promotor mexicano Guillermo Lara es el vínculo del narcotráfico entre el fútbol y los cárteles. Es dueño de Promotora Internacional de Futbol Soccer, que tuvo nexos con Querétaro, Irapuato y recientemente con el Veracruz”.

Lara fue en su momento uno de los personajes más odiados y poderosos del ambiente futbolero mexicano. A punto tal que dividió aguas. Empezó pobre y continuó rico. Un símbolo deportivo de ese país como Cuauhtémoc Blanco no dudó en calificarlo como “un mafioso del fútbol”. Vivió su gran momento al obtener un contrato para representar al seleccionado nacional. Luego lo perdió y poco tiempo atrás fue el presidente de la Federación Mexicana de Fútbol, Justino Compeán Palacios, quien se refirió a él al decir que “tiene las puertas abiertas” para programar encuentros del conjunto nacional. “Debemos tener partidos de trascendencia y la gente que pueda traernos esos partidos es bienvenida”, justificó el directivo.

La buena prensa del narco


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Es el promedio de muertes por día ligadas al crimen organizado en 2011, según un informe de las autoridades oficiales
Así y todo, el narcotráfico sabe cómo moverse para tener buena prensa. Sus aportes sociales son un ejemplo. En 2008, ocurrió la Operación Mapache, conocida internacionalmente como Proyecto Reckoning, que llevó a la detención de Wenceslao Álvarez, propietario de los equipos de fútbol Mapaches de Nueva Italia (de Segunda) y Mapaches de Zihuatanejo (de la Tercera). “Este sujeto era visto en la región donde opera La Familia Michoacana (Cártel del Golfo) como un benefactor, porque formó los equipos y creó escuelas de fútbol para niños, dotándolos de playeras y zapatillas, todo con dinero del narco”, recuerda Cardoso.

“En México, buena parte del problema se debe a que somos vecinos de Estados Unidos, el principal consumidor de drogas del mundo y el principal vendedor de armas. Mientras siga así no será posible acabar con esto”, sintetiza Juan Villoro, para esta nota.

En el medio, surgen héroes y villanos. Para los mexicanos, El Maleno Julio Frías pertenece a los primeros. Es oriundo de Ciudad Juárez, donde la violencia narco tiene más notoriedad. Sus calles llegaron a ser patrulladas por 10 mil militares enviados por el gobierno nacional, luego de que la policía local fuese destituida por sus vínculos con el narcotráfico. Las muertes violentas son una postal común. La presencia de pandillas, también. Hasta sus 20 años, Frías fue uno de ellos. Estuvo preso y vivió en correccionales. Trabajó como ilegal en Estados Unidos, hasta que regresó y jugó al fútbol. Su figura fue creciendo y se convirtió en símbolo de Los Indios, el equipo local. “Sé que muchos me ponen como ejemplo de recuperación. Está bien que así sea. Yo también anduve en el pandillerismo y en la drogadicción. Pero ahora soy un futbolista profesional”, admitió en 2009, cuando su equipo recién ascendido se convirtió en la revelación. Llegó a jugar las semifinales de la Liguilla. En los últimos años descendió y fue desafiliado por problemas financieros.

Pero no todo fue color de rosas alrededor de este equipo. El otro lado de esta historia lo cuenta José Luis Elías García, un editorialista de Ciudad Juárez nacido hace 65 años en Sinaloa. Testigo de la violencia desde el lugar de los hechos, relata: “Esto se originó cuando Francisco Paco Ibarra, un constructor favorecido con la asignación de contratos de obra pública por los gobiernos estatal y municipal, compró la franquicia de Los Indios de Juárez y se hizo del Maleno por su calidad de juego.

Tanto el gobierno estatal como el municipal lo apoyaron con buenos billetes para que participara en la liga de segunda, con el compromiso de pasar a la primera. Cuando lo logró, la mortal violencia aquí ya estaba en pleno apogeo; y para convencer a los juarenses de que acudieran al Estadio Benito Juárez –que se le facilitó como sede para este efecto– se publicitó que Los Indios iban a rescatar los espacios públicos de las manos de la delincuencia. Esta promoción tuvo mucho éxito, pero a los fanáticos les duró poco el gusto, porque en la siguiente temporada, producto de que Paco vendió a los mejores jugadores, Los Indios descendieron a segunda. Si a esto le abonas la violencia que se manifiesta mortalmente a cada hora, pues es ya poca la afición. Y no hay que olvidar que corrió el rumor, que no me consta, acerca de que Paco Ibarra fue objeto de extorsión por parte de la delincuencia organizada.

Porque también se dijo, sin constarme tampoco, que algunos narcos le aportaron dinero sucio para su negocio futbolístico y les quedó a deber”, resume. Los Indios fueron desafiliados. A enero de 2011, El Maleno no tiene equipo.

Un sueño truncado


SALVADOR Cabañas, saludado tras su recuperación. El paraguayo había sido baleado en México.

El del jugador paraguayo Salvador Cabañas fue otro caso conmocionante. Figura del América, el 25 de enero de 2010 recibió un disparo en la cabeza mientras estaba en un bar de México. Se dijo que el ataque había sido por una deuda por drogas. Estaba todo dado como para que fuera la figura de su selección en el Mundial de Sudáfrica. Debió ser internado de urgencia. El 3 de febrero del año pasado volvió a entrenarse. Lo hizo con Libertad, en su país. En la última Navidad, cuando participó de una promoción en un shopping en Asunción, le dijo al Diario Popular que estaba en condiciones de volver a jugar profesionalmente: “Al nivel de cualquier futbolista, solo que depende del cuerpo médico”. Su presunto agresor, José Jorge Balderas Garza, El JJ, se encuentra detenido.

“La FMF ha tratado de poner candados cada vez más fuertes para que el narco no invada al fútbol mexicano. En Primera se cuida mucho esto, pero no quiere decir que no haya lavado de dinero en las compras de algunos jugadores venidos de Sudamérica”, ejemplifica Cardoso. Y agrega: “Espero que se ataque esto, aunque el narcotráfico y su dinero han invadido al país. Muchos políticos se corrumpieron por este dinero sucio y el fútbol está expuesto”.

En este presente negro y ante un futuro incierto, hay algo que no se pierde. Es la pasión por el fútbol. La describe Villoro: “Como hincha soy tan irracional como cualquiera. Tengo cábalas: cierro los ojos, me encanta que mi equipo gane en el último minuto con un gol fuera de lugar. Cedo a estas pasiones innobles que no dañan a nadie, pero hay una ley de compensaciones y sé que el árbitro será injusto con tu equipo o con el mío. Lo que más me apasiona del fútbol es el interés por ese deporte. Soy un aficionado a la afición. A querer saber ¿por qué la gente se pinta la cara por un partido? ¿por qué delega tantas emociones en el juego? ¿por qué su vida cambia por eso? ¿por qué se aprenden nombres de otros idiomas? ¿por qué un equipo siempre pierde en determinados estadios a pesar de los años y a pesar de que cambian los jugadores, los técnicos, las circunstancias? Me interesa ese componente mental e ilusorio que hay en el fútbol. Como si los fantasmas de otros tiempos siguieran jugando.

Por Alejandro Duchini / Fotos: AFP
Por Redacción EG: 12/03/2012

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