1991 La Copa América del '91
El Gráfico
Edición 3746, 23 de junio de 1991

Fuego de campeÓn

Ni el fantasma de Brasil, ni el toque de Colombia, ni todo el agua que cayó la noche contra Chile pudieron apagar el espíritu ganador de este equipo.

Por Natalio Gorín

La Copa América del '91Es un momento emotivo, muy feliz. Allá abajo los jugadores y el cuerpo técnico están unidos en un abrazo interminable. La barra argentina agita banderas; el resto del estardío sigue la escena en silencio, con respeto, es el reconocimiento. Nadie le puede discutir el titulo a Argentina. Es un campeón legítimo. Por eso, el Cabezón Ruggeri levanta la Copa America con orgullo, la besa, la comparte con sus compañeros; se van todos juntos a dar la vuelta olímpica. Hay cosas que uno tiene que hacer, mas allá de un nudo en la garganta, inevitable. Hay que bajar escaleras, reencontrarse con la maquina, pedir una comunicaci6n, y que la vieja magia no diga que no.

En un pasillo, el encuentro con Julio Grondona. Su sonrisa dibuja el momento que vive. Habla de los jugadores, del cuerpo técnico, por fin confiesa por lo bajo, con sana vergüenza : "Era la única Copa que me faltaba ganar". El periodista lo entiende, es la única Copa que le faltaba ver ganar a un equipo argentino. Por eso el nudo en la garganta. Porque la Copa America tiene historia, es parte de los recuerdos mas queridos.

En esta hora, la de Ruggeri, la de Batistuta, la de Caniggia, la de Leo Rodríguez, hay un eslabón que une los tiempos. Esta Copa América la ganaron los Pontoni, los Di Stéfano, los Eliseo Mouriño, los Tucho Méndez, los Masantonio, los Moreno, los Chueco García. Nada es casualidad; por aquellos campeones, estos campeones. El nudo en la garganta va de una sensación a otra. La Copa América, después de 32 años, ha vuelto a la casita de los viejos.(...)

Con Brasil, pudo ser un gran clásico del Atlántico. Al minuto, gol de Franco de cabeza, como para ratificar lo peligroso que es dentro del área rival, el timming que tiene para entrar y sorprender a todos. A los cinco, el empate, un misil de Branco desde 30 metros con potencia, direcci6n y la ayuda de un descuido de Goycochea. Con virtudes, también con fallas, parecía que Argentina y Brasil estaban para un gran partido, sin regalarse nada, pero buscando el ataque; por lo menos, lo insinuaban. (...) El partido, que iba 3-2, ya era una parodia: quedaban los dos con nueve jugadores, y a Brasil ya le importaba más la pesca del hombre que la pelota. La prueba mas terminante fue lo de Careca: entró y dos minutos después salió expulsado por pegarle una trompada a Ruggeri.

Esos dos puntos frente a Brasil, y el empate en la primera Jornada entre Chile y Colombia, le daban a Argentina una ventaja para jugar una esperada revancha, justamente con los chilenos, cuando todavía se hablaba en Santiago de un resultado injusto (aquel 1-0 con gol de Batistuta), y de un penal a Zamorano que Wright (con total acierto) no había sancionado. Pero nada fue igual. Ese viernes 19 de julio de 1991 se recordará en la ciudad por el diluvio que cayó y no por un partido de fútbol. Llovió todo el día, con ráfagas de temporal a la hora de jugar. Cada uno hizo lo que pudo. Tratar de llevar la pelota hacia el campo adversario. Quedó para resaltar el coraje, una noche espectacular del Cabezón Ruggeri, parado siempre donde llegaba la pelota, y el desencanto de los chilenos, que veían como un sueño muy querido, la Copa América, no se transformaba en una realidad palpable, visual, duradera. (...)

El triunfo de Brasil sobre Chile imponía una obligación: ganarle a Colombia para ser campeón. Lo que no era una misión imposible, pero tampoco fácil. El arranque fue como un cuento de hadas. En dos avances profundos, Argentina ganaba 2-0. Ese poder de gol que fue la carta decisiva en esta Copa, la que desequilibró, la que certifica y le da legitimidad a un título, parecía anticipar un paseo hasta la vuelta olímpica. Funcionaba todo. El trabajo en bloque. La salida de medio campo. El pase gol de Leo Rodríguez. La habilidad de Caniggia. La explosiva definición de Batistuta.

Está dicho y parece una verdad irrefutable que el 2-0 es el peor resultado del futbol. El cuadro de Basile le dio iniciativa a los colombianos, penso en el menor esfuerzo, en el contraataque, quiso congelar, que pasaran los minutos. Pero vino el gol de De Avila y todo cambió. Colombia no quería ser el partenarie de una fiesta. Se sintió protagonista, fue a buscar el empate. Argentina quedó acorralada, sin salida, nadie apelaba a la vieja y sabia receta de poner la pelota bajo la suela. Por suerte, fue una tormenta en una noche sin nubes. Si Colombia empataba, el campeón sería Brasil. Y los dioses del futbol no permitieron semejante injusticia. El mejor equipo de la Copa América, el que estaba ganando trece puntos sobre catorce en juego, el que pasaba por el unánime elogio de todos los técnicos, todos los jugadores, todos los periodistas, era Argentina. Y el final lo encontró campeón. No podía ser de otra manera. (...)

El nudo en la garganta no se va. La emoción hará inolvidable esta noche de Santiago, de un domingo 21 de julio. Por todo. Por el titulo y porque esta Selección, como dijo El Gráfico, estimula y sienta bien. Juega el futbol que el país argentino ama y quiere.

La Copa América del '91
Basile supo armar un grupo y alcanzó su mayor logro como DT.

" Argentina es la sensación de la Copa. Juega, luego gana y a veces golea, aun con suplentes, como contra Perú. Da gusto. "



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