1966 El día que lo echaron a Rattin
El Gráfico
Edición 2442, 26 de julio de 1966

Inglaterra 1 Argentina 0 La mÁs digna de las derrotas

¿Por qué no se ganó? Por un arbitraje parcial. Por la expulsión de Rattin. Por no jugar más que para el cero.

Por Juvenal (desde Londres)

El día que lo Hecharon a RattinLa Copa del Mundo 1966 ya quedó atrás para nosotros. Hasta las 13.38 (hora de Greenwich) del sábado era una fundada esperanza. A partir de ese momento comenzó a a ser una meta demasiado difícil para nuestras posibilidades, porque nos quedamos con un hombre menos frente a un equipo que debía ganarnos, porque así estaba escrito, y cuando Inglaterra marcó su gol, a sólo 13 minutos del silbato final, pasó a convertirse en un recuerdo que pudo ser mejor pero que no es, de ninguna manera, desagradable o amargo.

Nos queda la sensación de que pudimos aspirar a mucho más. Pero nos fortalecemos en dos convicciones.

1. Nunca llegamos tan lejos y con tantos fundamentos para mayores aspiraciones dentro de lo que podemos llamar la era moderna de la Copa del Mundo (últimos 30 años).

2. En el partido que significó para nosotros la eliminación hubo un factor de anormalidad que fue decisivo para nuestra chance: el arbitraje del alemán Rudolf Kreitlein.

No estamos llorando una derrota que estaba dentro de nuestros cálculos; nos limitamos a exponer, sin patrioterismo y sin iracundia, los factores positivos de esta nueva experiencia argentina en la máxima competencia mundial.

Quede bien claro que no hubo "desastre", como bien pudo asegurarse después de Suecia y Chile.

No "fuimos pisados" por el fútbol europeo.

Hubiéramos querido llegar más lejos de los cuartos de final. Y estamos seguros que de superar a los ingleses, habríamos podido alcanzar la final. Pero nuestro adios a la copa no tuvo perfiles futbolísticamente deshonrosos; caímos en Wembley, frente a Inglaterra, jugando 52 minutos con diez hombres, después de aguantar 77 sin ofrecer brechas y luchando de igual a igual. (...)

La expulsión de Rattin.

Aquí estuvo el nudo argumental del encuentro y la razón decisiva de nuestra eliminación de la Copa. Con Rattin en la cancha era un partido. Sin Rattin fue una parodia de fútbol.

Los primeros cinco minutos de Inglaterra fueron arrasadores. Hubo 4 corners cedidos con nerviosidad y angustia por nuestros defensores. Pero a partir de la seguridad que comenzó a exhibir Roma ante los requerimientos aéreos que forman el 95 por ciento del bagaje ofensivo inglés y sobre el excelente rendimiento de los marcadores de punta, Ferreiro y Marzolini, el cuadro levantó el asedio y se adueñó paulatinamente del control de la pelota y el medio juego (...) Estábamos lejos del arco inglés, pero ellos estaban lejísimo del arco de Roma. Y a medida que avanzaba el partido, tenían menos la pelota, y cuando la tenían la regalaban por falta de ideas, precisión y manejo. Así entramos en los últimos diez minutos del primer tiempo. Se produjo un foul de Perfumo en las puertas del área, por "sacar" desde atrás a un atacante inglés. Rattin se interpuso ante un intento de protesta de Perfumo al juez, haciéndole señas de que quería hablarle, mostrándole la insignia de capitán que tenía en el brazo.

En la charla técnica previa al partido se les indicó a nuestros jugadores que "como se presumía que el referee iba a perjudicarnos", ninguno delos jugadores debía hablar con el árbitro, canalizándose todos los reclamos por vía del capitán del equipo, o sea de Rattin. Este, quizá insistió demasiado en pedir el intérprete para exlplicarle al juez que los ingleses estaban jugando sucio y que el juez no los sancionaba de manera pareja con la severidad que usaba para penar y amonestar a los nuestros.

Creemos (...) que lo sensato era callarse, aguantar y seguir sacando el partido de la manera más favorable mediante el control y el toque de la pelota, adosándole una mayor agresividad ofensiva.

Pero no hubo, a la vista de todo el público y todo el periodismo presente en las graderías de Wembley, razón visible para la expulsión. Los gestos de Rattin no fueron airados ni ofensivos. Lo vimos hacer señas con el índice apoyado en la palma de la otra mano hacia abajo, como cuando se pide "un minuto" en el básquet, y señalándose con los dedos la insignia de capitán (...) Rattin seguía hablando con Her Kreitlein en alfabeto morse, que traducido a la distancia, quería expresar: "Un minuto para hablar, soy el capitán". De pronto, el índice del alemán marcó el "out". Lo había echado de la cancha. (...)

El mérito del equipo.

Rattin no había jugado bien como factor de creación ofensiva. Pero era una presencia importante para el control del medio juego y como primera barrera defensiva. Además, en un campo esponjoso como el de Wembley, que va mellando los tobillos y anulando la capacidad de reacción, jugar con un hombre menos es un hándicap demasiado grande. Argentina afrontó esa desventaja con gran espíritu y remarcable tranquilidad. Salvo el excesivo juego para atrás, lentificando el partido hasta extremos insoportables, del que se abusó en los minutos que restaban para terminar el primer tiempo (...)

Pese al hombre de más, a la presión del ambiente y a un árbitro favorable, los dueños de casa no nos han superado en el manejo del partido. Todo lo contrario. Los nuestros salieron jugando siempre mejor, destacándose en ese aspecto Marzolini, Ferreiro, González y Perfumo. E incluso intentaron ataques por la vía del adelantamiento de Albretch, tanto que González tomaba su lugar en la última línea. Los relevos defensivos fueron muy buenos, muy medidos, y en manejo de pelota los ingleses parecían aprendices al lado de los nuestros. (...)

Es indudable que jugamos al cero, confiado en el alargue. Pero...¿con qué resto físico, con qué capacidad de "piernas", con qué reserva de oxígeno íbamos a durar en los 30 minutos suplementarios si después del gol de los ingleses, en los 13 minutos que faltaban, no llegamos nunca?...

El día que lo Hecharon a Rattin
El gol de Hurst a 13 minutos del final. Lástima que Argentina atacó una sola vez: Oscar Más remata desviado.

" El sueño. El gran sueño que crecía hasta tomar una dimensión agigantada, había terminado. El ómnibus llevaba en su marcha calma un plantel que sólo encontraba en la resignación el contraste de una "chance" jugada con hombría "



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