LAS CRóNICAS DE EL GRáFICO

1991. La fábula de Batistuta y Florencia

- por Redacción EG: 02/02/2019 -

En su cumpleaños 50, recordamos la llegada de Batistuta a la Fiorentina, donde permaneció por nueve temporadas transformándose en ídolo. “Bati” le concede una entrevista a EL GRAFICO inolvidable.

Gabriel Batistuta y su esposa Irina se apoyan en el Ponte Vecchio, atrás, el río Arno. Un afiche de Florencia.

El Savoy es casi un monumento más de esta ciudad indescriptible. Estamos en el corazón de Firenze. O Florencia, si quiere. A pocos pasos del Duomo, a metros del Ponte Vecchio, a la vuelta de la Piazza della Signoria. Allí se eleva el hotel con su aire aristocrático. Allí, como aislado del tórrido verano de afuera, el conserje se toma el trabajo de responder en español a la pregunta en italiano, reconociendo el tono argentino.

— ¿Batistuta? Non está ahora, pero está sua... esposa. El está... alienando.

Llama a la habitación, informa que ha llegado un periodista de la Argentina y, cuando cuelga, detrás del informativo "la signora ya... baja", ilumina su propio rostro con un nombre.

— ¿Y Passarella? ¿Cómo stá?... Magari Batistuta sia comme lui (Ojalá Batistuta sea como él).

Se quedó colgado con su propia reflexión, porque —minutos después— se abrió la puerta del ascensor y apareció Irina, con su panza de cinco meses y también con cara de felicidad: "La verdad es que estamos bárbaro en esta ciudad, el recibimiento que nos hicieron fue increíble... Ahora yo me había puesto a practicar un poco de italiano, con un diccionario; a Gabriel el idioma le está resultando todavía más fácil que a mí. Es que ya ha hablado con todo el mundo, desde que llegamos anda de aquí para allá, revisación médica, entrenamientos... Estamos viendo casas, también. Ayer nos mostraron la que fue de Baggio, hoy vamos a ir a ver otra... Pero esperen a Gabriel, no puede tardar, venía del entrenamiento para almorzar acá".

No tardó. Cinco minutos después, apenas antes del mediodía, Gabriel Omar Batistuta entró al hotel 'seguido por un italiano desesperado por conseguir una cámara para sacarse una foto con él.

Ya sabés, acá, todos los días tenés que estar firme con la manito en el hocico". El fotógrafo italiano Paolo Nucci le comentó el significado "porta fortuna" (que trae suerte) del mítico "Porcellino" de Firenze —una especie de jabalí dorado, con el hocico gastado por tanto manoseo— y entonces Gabriel ya le encomendó la tarea diaria a su mujer.

— ¿Pensás que vas a necesitar eso? Suerte, digo...

—Sí... O no, qué sé yo. Mirá, lo único que quiero es meterla. Ni gambetear, ni llevar la pelota, nada... Un rebote y Bati ahí. Goles, goles...

— ¿Te parece que va a ser fácil?

La foto obligada: Batistuta con la bufanda violeta. Los hinchas le regalaron varias más.

—Por lo que yo sé, no va a ser más difícil que en la Argentina, ¿no? Allá también me marcaban. Acá en Italia tenés un tipo encima y sabés que ésa es tu lucha. A veces hasta parece más fácil... "Quello é Batistuta", señala un tifoso mientras caminamos despacio hacia el Ponte Vecchio, bañados por un sol insuperable. El muchacho da media vuelta, justo frente a un puesto de venta de banderas y todas esas cosas que los italianos llevan a la cancha, compra una bufanda violeta y se la cuelga del cuello a Gabriel, diciéndole: "Ti raccomando la Juve...".

—Uh, ¿sabés la rivalidad que hay acá con la Juventus, no? Dicen que cuando se fue Baggio, se armó la guerra. Y al otro dueño del club —Pontello, Pontello, algo así— lo echaron... Todos, como éste recién, me piden que le haga goles. Y me regalan bufandas; ya tengo como mil...

—Gabriel, ¿pensás que vas a ser titular?

—No sé, depende de Lazaroni, yo estoy listo para entrar.

—Parece que hay un solo lugar para tres. Dicen que el brasileño va a jugar con una sola punta y tiene que elegir entre vos, Branca y Borgonovo.

—Sí, eso parece, pero yo me tengo fe, ¿eh? Que me den tiempo para adaptarme y basta... Che, qué lindo es esto...

Estamos parados sobre el símbolo de Firenze, el Ponte Vecchio. Gabriel no se ha sacado la bufanda, posa con ella al cuello y abrazando a Irina. Después se asoma para ver el agua verde intenso del río Arno. "El fiume", repite él como practicando su italiano. Casi sobre la superficie alcanza a verse un infernal movimiento de peces. "¿Qué serán? Truchas, seguro... Huy, cuando se entere mi viejo.

Mirá si agarro la caña y me vengo a pescar acá...".

Mario Ceccchi Gori, presidente de la Fiorentina, le brinda la bienvenida a Gabriel Batistuta. Hasta ahora, todo sonrisas.

—Qué lejos está Reconquista, ¿no?

—No, al contrario.

— ¿Tenés conciencia de lo rápido que pasó todo?

—Sí, lo tengo acá, en la cabeza, gol por gol.

—En realidad, todo este lío empezó hace unos meses, en Mar del Plata.

—Sí, gol a Racing, después no paré más. Volvemos sobre nuestros pasos, pero a los pocos metros giramos hacia la derecha, donde está la Piazza della Signoria.

— ¿Sabés que todavía no había caminado por la ciudad?

—Bue, para algo servimos los periodistas...

—A propósito, ¿así que Passarella y Sívori me mataron?

—Según lo que publicó "La Gazzetta dello Sport", Daniel dijo que tenías mucho coraje y mucha potencia, pero que te faltaba técnica. Y que él hubiera comprado un tipo ya hecho al fútbol italiano, como Caniggia. Y Sívori comentó que era una exageración lo que se había pagado por vos. —Y Bue...

— ¿Les vas a contestar?

—…

Volvemos hacia el hotel, es hora de almorzar. Después hay que salir a ver más casas, "con parque, con espacio", porque en esta ciudad nacerá su primer hijo y deben recibirlo en un buen lugar.

En realidad, Batistuta ya había estado en Firenze, no hace mucho. Claro que, en su vida, nunca hace mucho de nada... Fue en enero de 1989, cuando vino hasta la Toscana a disputar el 42° Torneo Internacional Juvenil de Viareggio. Lo había invitado el Deportivo Italiano y, con esa camiseta le hizo tres goles al CSKA Sofía de Bulgaria. Después, en un partido decisivo para superar el turno, erró un penal contra el Torino en la definición. Aquella vez conoció a Maradona, también, y seguramente recordó todo cuando este domingo 18 de agosto la ciudad —semivacía por las vacaciones— se vistió de fiesta para recibirlo a él. Exclusivamete a él.

A las seis y media de la tarde, en la sede del club, ante un montón de periodistas y con un centenar de hinchas esperándolo afuera, Gabriel Omar Batistuta fue presentado por el presidente de la Fiorentina, el productor cinematográico Mario Cecchi Gori: "Estoy feliz de tenerte aquí. Hicimos de todo para conseguirte, tendrás que respondernos con goles...". Le tocó el turno a él y en su debut en italiano pronunció la frase practicada: "Sono felice di essere qui, nella cittá piú bella del mondo. Grazie al tifosi che giá mi hanno mandato messaggi d'affetto. Voglio contribuire a costruire una grande Florentina".

Después, todo se centró en un extraño show que protagonizaron Settimio Aloisio, representante del jugador, y Cecchi  Gori. Dijo el representante: "Presidente, le entrego a usted al hombre. A Lazaroni, al futbolista. Es un campeón, les toca a ustedes utilizarlo bien. Les agradezco haber aceptado las exigencias de Boca. Tres días antes de partir, el Barcelona ha ofrecido tres millones de dólares más...". Interrumpió Cecchi Gori: "Que se vayan a..."

Después comenzó Aloisio: "Un compatriota suyo, Omar Sívori..." Y otra vez el presidente: "Vea que el compatriota es suyo". Y siguió Aloisio: "Bah, de Batistuta. La cosa es que Sívori ha criticado a Batistuta y jamás lo ha visto, no lo conoce. No sabe que en un año ha sido goleador de la Copa América, del Campeonato, del Torneo de Mar del Plata... ¿Sabe por qué Passarella, Bertoni, Cosentino y Sívori hablan mal de Gabriel? Porque son todos del mismo clan. Passarella ha perdido al Batistuta hombre y al Batistuta jugador. Pregúntenle a los hinchas de River a ver qué piensan..." Pero los periodistas querían hablar con Gabriel, a eso habían ido.

— ¿No tenés miedo de repetir el fracaso de Dertycia?

—Yo no tengo miedo de nada. Mi fuerza es saber jugar en todo el frente de ataque. Y hacer goles.

— ¿Te despediste de Diego Latorre? ¿Cómo se quedó él?

—Estuve con Diego antes de venir para acá. Me deseó mucha suerte y me dijo que el próximo año jugaremos juntos en la Fiorentina.

Intervino Mario Cecchi Gori, informó las cifras oficiales de la transferencia: "Olcre sei miliardi...". Alrededor de cinco millones de dólares.

Por ese precio, sobre todo, Firenze espera que Gabriel Omar Batistuta sea el salvador del equipo de la ciudad.

Un día más tarde —a veinticuatro horas casi de su debut contra Boca— Batistuta se entrenaba en el imponente Centro Técnico Coverciano, bajo las órdenes del brasileño Sebastiao Lazaroni. Alrededor, detrás de las rejas verdes, un centenar de fanáticos espiaban sus movimientos. Trabajo físico, piques cortos, velocidad... Todo eso que provoca el cansancio, notable en la cara de Gabriel. La primera foto oficial con la camiseta, para la guía futbolística de la Panini, y también una alegría...

—Ayer hicimos fútbol por primera vez...

— ¿Y?

—Bien, bárbaro. Me puso para el equipo de los suplentes, hice un gol.

— ¿Te molesta no arrancar jugando?

—No, ya me voy a ganar mi lugar... Che, ¿van para el centro? ¿No me llevan?

Todavía su diálogo con el plantel es mínimo. Algo de Dunga, de Mazinho, pero nada más. Vamos dejando atrás Coverciano, al sur de la ciudad, hacia el centro histórico.

— ¿Extrañás Boca?

—Sí, sí... Extraño el vestuario, ¿sabés? Las j... con los muchachos, los planes juntos. Pero me parece normal...

—Decime. Con Diego, con Latorre, ¿las cosas quedaron bien?

—Sííí, ¿por qué no? Los dos sabemos que todo lo que pasó no es culpa nuestra... El va a venir a jugar acá. Y antes va a salir campeón con Boca.

— ¿Y vos?

Irina, Gabriel y Daniel Arcucci, enviado especial de EL GRAFICO, caminan por Florencia.

—Y... Por lo que vi hasta ahora, tenemos que andar bien, ¿no? Un policía —al estilo italiano, vestido como para fiesta— bloquea el paso. La zona a la que vamos es inaccesible para autos no autorizados. "Vea, lo llevamos a Batistuta..." Eso alcanza como pasaporte.

Va a tener su propio auto —a elección, lógico— a partir de la semana que viene. Ahora se mueve con chofer o como en este casi mediodía, situación que sirve para seguir viéndolo, imaginando lo que pasa por su cabeza, interpretando sus gestos, porque palabras usa pocas...

—Quiero que el partido empiece ya, así todos nos dejamos de hablar de lo que puede ser y ya nos vemos en la cancha.

—Gabriel, ¿te acordás del debut? Fue no hace mucho.

— ¿Cómo no me voy a acordar? 26 de septiembre de 1988. En Newell's contra San Martín de Tucumán, allá. Yo hacía un año que había llegado de Platense de Reconquista, directamente a la cuarta, sin inferiores. Perdimos 1-0 y con el mismo grupo volvimos a jugar en la fecha siguiente, contra Gimnasia en La Plata. Los grandes estaban participando en la Copa y me acuerdo que, cuando íbamos en el micro, el Profe me dijo: "Estás entre los 18 para jugar contra San Lorenzo". Apenas llegué, llamé por teléfono a mi vieja y le conté, estaba enloquecido. Al día siguiente, me informaron: "Estás en los 16". Volví a llamar a Reconquista. Y horas antes del partido, otra vez: "Estás entre los 11". En dos días, tuve que llamar tres veces a mi casa... Bueno, ya llegamos, gracias, nos vemos mañana...

—Sí, después del partido.

—Qué lindo sería empezar con un golcito, ¿no? Eso me ayudaría mucho... Pero justo a Boca, mira vos...

El Turco, Diego, Batigol". Los que pusieron las bandera —justo debajo de la "curva" de la hinchada viola— se decepcionaron enseguida, apenas se enteraron de que Lazaroni dejaba en el banco a Batistuta en el arranque. Siguieron con atención a Mohamed y a Latorre, los aplaudieron, imaginaron un equipo "Tutto Argentino" y explotaron finalmente cuando, para los segundos cuarenta y cinco minutos, por el túnel apareció Gabriel con la camiseta número 16. "Batibatibatibati/Bati gol/é Batigoool/ é Batigooooool...", cantaron y rogaron. Pero lo primero que les regaló el delantero, paradójicamente, fue un perfecto taquito. Después expuso lo suyo, su tremenda fuerza física en ataque, el esfuerzo para correr a los defensores, los piques a todas, algún encuentro y también algún desencuentro con MaieIlaro y, finalmente, un... gol. Anulado, pero no importa. Fue una palomita lo suficientemente espectacular como para provocar que "La Gazzetta dello Sport" titule a toda página: "Lo straniero é guisto". Y agrega: "Batistuta mejor que Latorre y Mohamed. El partido se definió en la segunda parte, justo cuando entró el centrodelantero...".

Fue el sábado 24 de agosto de 1991, el día que Batistuta debutó en la Fiorentina del fútbol italiano. Si es una fecha histórica, lo dirá el tiempo.

 

DANIEL ARCUCCI (Enviado especial a Florencia, Italia) (1991)

Fotos: PAOLO NUCCI

Por Redacción EG: 02/02/2019

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