¡HABLA MEMORIA!

1970. ¡Disculpe…! Pero tengo que quitarle la pelota…

- por Redacción EG: 09/01/2019 -

Osvaldo Ardizzone nos habla de las maneras de Julio Meléndez, el defensor peruano que jugaba “como si tuviera el guardapolvo blanco de los médicos para asegurar la profilaxis de cada intervención...”

La seguridad y la serenidad para resolver . (6 DE ENERO DE 1970

 

Es inútil! Cada día que pasa hay que creer menos en todas esas macanas que se inventan por ahí… Porque, ¿cuántos años nos estuvieron engrupiendo con el cuento que los ¨fullbacks¨ tenían que ser roperos para limpiar a todos los contrarios que se animaban a pisar el área? Por lo menos, en mi caso, lo vengo escuchando desde que era purrete, cuando en los tiempos del potrero ¨el  pesado" del barrio —casi siempre el que sabía menos— se ponía por su cuenta a defender en el área chica sin que nadie se lo indicara... Y con el correr del tiempo esa imagen se fue fortaleciendo con el grandote que usaba gomas de auto debajo de las medias, y cuando le tocaba agarrarla le daba para arriba de punta, con todas las ganas del alma... Por eso cuando vi por primera vez al brasileño Domingos Da Guía pensé que el negro se había equivocado de puesto... Por eso cuando el gallego Pérez tiraba caños a cinco metros de la raya de gol la gente se agarraba la cabeza, y decía que daba ventaja... ¿Y qué pasó con Ramos Delgado, a pesar de que es grandote? Que como la sacaba jugando del fondo y como "no ponía la pierna fuerte" —como se dice ahora— también daba ventajas... ¡Es inútil! Cada vez hay que creer menos en las macanas que se inventan por ahí y que al cabo concluyen por transformarse en leyendas, como esta del fullback robusto que saca para arriba y bien lejos... Y menos mal que de a poco fuimos desvirtuando esa manera de pensar con la influencia de jugadores como Perfumo, o como Miguel A. López, que aun en la obligación de defender son capaces de armar a todo un equipo desde el fondo...

La cordialidad que encuentra eco en el árbitro. (15 DE SETIEMBRE DE 1968)

Y AHORA ESTE PERUANO...

Este es el caso que más desmiente a la leyenda... Porque la figura, porque la elegancia de movimientos, porque la velocidad, porque el pique, porque la dinámica están negando justamente a aquella estampa sólida del pesado. Pero lo que más destaca por encima de todos esos grandes atributos es la higiene para resolver las circunstancias más comprometidas. La sensación de pulcritud que se desprende de cada maniobra. Como si jugara con el guardadapolvo blanco de los médicos para asegurar la profilaxis de cada intervención... Sale a buscar lejos y nunca el anticipo concluye en choque. Sale a enfrentar en el mano a mano, y nunca recurrirá al accesorio del golpe o del puntapié, ni en la situación de más riesgo. El peruano es la contrafigura de ese defensor idealizado por la historia. Es liviano, es ágil, es fino y por sobre todo tiene la riqueza enorme de su lealtad, de su sinceridad para jugar. ¿Qué delantero no se le anima al peruano? Todos, y hasta se le agrandan los menos guapos, porque el peruano asegura inmunidad... hasta él mismo Confiesa que antes de entrar en la cancha reza "para pedirle a Dios que no ocurran lesiones graves". Si hasta él mismo confiesa que la única vez que lastimó a un rival —a un compatriota llamado Arrué— "no pude pegar los ojos en toda la noche por el cargo de conciencia que me agobiaba..." ¿Y todo esto qué demuestra? Que es mentira el exceso de fortaleza física, que también es mentira la figura amenazante, que no se necesita intimidar para ser buen defensor cuando se es buen jugador, cuando se disponen de todas las aptitudes para ganar y llevarse la pelota sin dejar a las espaldas la queja de los contusos. Porque, ¿quién no se le anima al moreno Meléndez? Se le animan todos, hasta el más tímido avanza con la intención de superarlo, sabiendo que no puede perder físicamente. Pero, ¿cuántas veces lo superan? ¿Cuántas veces vimos a Meléndez en el camino y desarmado? Pocas veces; quizás, excepcionalmente. Puede perder de arriba porque tal vez sea, a nuestro juicio, su única debilidad, y no porque le falten virtudes atléticas para elevarse sino porque no se encuentra con la pelota con el vigor y la justeza adecuados para el impulso. Por eso a veces la deja peligrosamente corta en el rebote. Por eso a veces se lo llevan en el salto. Pero de abajo, saliendo o esperando, patrullando el área y tirándose a los costados, asegura casi un ochenta por ciento de infalibilidad... Y una vez que ganó la pelota —siempre sin dejar dudas de su superioridad técnica— asegura otro ochenta por ciento en el destino que la claridad de su cerebro y la precisión de su botín se proponen...

"¡Disculpe…! Pero tengo que quitarle la pelota", parece que le dijiera Meléndez a Marcos, de Chacarita en 1971.

 

LA PERSONALIDAD. ..

Y aquí vamos a enfrentarnos con otra de LAS VERDADES HISTORICAS que aprendimos desde purretes... ¡PERSONALIDAD! ¡PERSONALIDAD! Y con la sola fonética de la palabra: con el solo énfasis de esa "D¨ final —a lo Cacho Fontana—, ya nos imaginábamos a un personaje de mandíbula potente, de ceño adusto, siempre serio, o tal vez siempre irritado, con la clásica estampa del ganador que podía resolver todos los problemas con la potencia de su físico y con la fortaleza de su temperamento, poco amigo de las soluciones amistosas... Y si es así, si todo eso fuera cierto, entonces estoy convencido de que el peruano Meléndez es UN TIPO SIN PERSONALIDAD, porque no tiene nada que ver con aquel personaje de la mandíbula potente, porque no guarda ninguna relación con la seriedad irritada de aquel personaje, ni dentro ni fuera de la cancha... Es que PERSONALIDAD es la de cada uno. Es que PERSONALIDAD es lo que cada uno tiene adentro, que es, al cabo, lo que cada uno exterioriza en sus actitudes, en su manera de ser. ¿O es que PERSONALIDAD debe ser siempre acompañada por los signos de admiración para que suene detonante, estridente y agresiva...? Meléndez tiene su propia PERSONALIDAD, aunque no intimide, aunque no amenace, aunque no se lleve rivales por delante, aunque "no ponga la pierna fuerte", aunque antes de los partidos se encomiende a Dios para que nadie se lastime... "Cada cual a su modo" —dice un gran escritor italiano—, y Meléndez gana a su modo, porque así está construido, porque así está conformado, porque no se defrauda con gestos ni actitudes convencionales, porque no busca ni el éxito ni la popularidad con desbordes espectaculares, ni cuando juega ni en la vida de todos los días. Meléndez gana a su modo, y su modo es SABER JUGAR BIEN AL FUTBOL, que le alcanza y le sobra para imponerse. Su modo es esa enorme capacidad física para recuperarse sobre la misma Jugada. Su modo son esos reflejos sorprendentes para llegar siempre a tiempo. Su modo es la agudeza de su instinto para adivinar el amague. Su modo es saber manejar la pelota con sobriedad y con talento. Su modo es la medida exacta de su anticipo. Y su modo es no pegar nunca una sola patada para imponer todo eso que le elogiamos. Su modo es la modestia de sus hábitos, la sencillez de sus actitudes, la cortesía de su trato, la cordialidad de sus reacciones Y..., ¿acaso no es PERSONALIDAD la suma de todo eso, aunque no le agreguemos el énfasis de los signos de admiración? ¿Cuál es la sensación que transmite Meléndez en el campo? ¿De ganador o de perdedor? DE GANADOR NETO. Del defensor que nunca pierde, del último hombre que asegura solvencia, que fabrica seguridad, que nunca se jugará el resto a la actitud heroica, que siempre conservará la frialdad para guardar el recurso de la última baraja ganadora... Y si el atacante se va, si le toca perder en el mano a mano, entonces llegará la reacción felina de los músculos y el arranque elástico que al cabo llega, aunque el que va en la punta sea Salomone...

El peruano saluda a "su ballet".

EL SABIO INSTINTO DE LA TRIBUNA...

Y ése, ese que está allá arriba, pocas veces se equivoca cuando pronuncia sus veredictos, cuando denuncia su admiración y sus afectos... Y este moreno, que llegó sin mucha fama, con el único pergamino de su condición de suplente de la selección de su país, en poco más de un año llegó a ídolo de la tribuna de Boca... Ídolo por gran jugador y por PERSONALIDAD. Por todo eso a que nos referíamos antes... Por todo eso que el peruano da en cada domingo, aunque "no ponga la pierna fuerte", aunque no ponga cara de irritado, aunque no tenga la mandíbula potente... Y ya el fenómeno de su éxito trascendió las fronteras de Boca... También se instaló en la simpatía de los que nada tienen que ver con su casaca, en esa consideración respetuosa hacia el GRAN JUGADOR Y HACIA EL HOMBRE... ¡Es inútil! Cada día hay que creer menos en todas esas macanas que se inventan, mucho más en aquellas que ya entraron en la leyenda... ¡El fullback de antes...! El ropero, , con fama de pesado en el barrio, el que usaba neumáticos debajo de las medias, el que le pegaba de punta y para arriba, el que intimidaba a todos los contrarios que se aventuraban en el área... Por eso cuando vi a Domingos Da Guía por primera vez pensé que se había equivocado de puesto... Cuando vi al gallego Pérez tirar caños a cinco metros del gol creí que jugaba en broma... ¡Sí...! Estoy seguro que si Meléndez hubiese  llegado al país hace treinta o cuarenta años lo hubiesen puesto adelante o en el medio... ¿Cómo iba a jugar de fullback un tipo así flaco, con esas piernas finas, que no pega patadas y que además sabe jugar al fútbol?... ¡Un tipo que te pide disculpas para quitarte la pelota..!

OSVALDO ARDIZZONE 1970

Por Redacción EG: 09/01/2019

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