¡HABLA MEMORIA!

2005. Mohamed 100x100

- por Redacción EG: 09/01/2019 -

Un reportaje imperdible a un Quemero de alma. Frontal, directo, divertido. El Turco repasa su vida como jugador y su reciente faceta como entrenador.

1 ¿Có­mo se pro­nun­cia tu ape­lli­do?

Acá es “Moa­med”, en Mé­xi­co me di­cen “Mo­ja­med” y en el mun­do ára­be se­ría al­go co­mo “Mo’am­ma”. Pe­ro eso úl­ti­mo me­jor no de­cir­lo cuan­do en­trás en Es­ta­dos Uni­dos. Ya bas­tan­tes pro­ble­mas ten­go cuan­do voy, je. Me re­vi­san has­ta las uñas de los pies, me abren el li­bro, to­do.

2 ¿Por qué sos el Tur­co y no el Ara­be Mo­ha­med?

Y… del ba­rrio, vis­te. En rea­li­dad a mi vie­jo le de­cían Tur­co y a mí me que­dó Tur­qui­to. Pe­ro sí, el ape­lli­do es ára­be, de ori­gen mu­sul­mán. Soy pri­mo de Ben La­den, ja.

3 ¿Eras qui­lom­be­ro en el co­le­gio?

Bas­tan­te. Siem­pre con pro­ble­mas de con­duc­ta. En la se­cun­da­ria lla­má­ba­mos y de­cía­mos que ha­bía una bom­ba en la escuela. O po­nía­mos mo­ne­das en las lam­pa­ri­tas pa­ra que se cor­ta­ra la luz y que nos dejaran ir…

4 ¿Eran jo­di­dos los par­ti­dos de ba­rrio en Sol­da­ti?

Sí, se po­nía du­ra la co­sa, es­pe­cial­men­te cuan­do nos to­ca­ba ju­gar en Lu­ga­no, o Flo­res, y ga­ná­ba­mos. ¡Lo jo­di­do era sa­lir! De ahí del ba­rrio lo co­no­cí a Ma­xi Es­té­vez, que vi­vía atrás de ca­sa. El era mu­cho más chi­co que no­so­tros, pe­ro igual lo metíamos. Ha­bía que po­ner a los me­jo­res por­que se ju­ga­ba por gui­ta.

5 ¿Ido­lo de aque­llos años?

Fá­cil, Ma­ra­do­na. Mi pa­pá me lle­va­ba a ver a Ar­gen­ti­nos pa­ra po­der ver­lo a él. Yo te­nía 12, 13 años.

Pasión en estado puro, festejando este gol de Huracán en lo alto del alambrado.

6 ¿Siem­pre tu­vis­te el pe­lo lar­go?

No, si te fi­jás, cuan­do de­bu­té en Pri­me­ra ahí me lo cor­té muy cor­ti­to, ca­si al ras. Des­pués me em­pe­zó a cre­cer y no me lo cor­té más. A los tres años te­nía una me­le­na bár­ba­ra. Y que­dó.

7 ¿Qué tan di­fí­cil fue cor­tár­te­lo des­pués del boom de tu look?

El téc­ni­co (Car­los) Rei­no­so me rom­pía las bo­las pa­ra que me lo cor­ta­ra. Al fi­nal, un día me fas­ti­dié y me ra­pé. Ver­me en el es­pe­jo fue te­rri­ble, te­nía la ca­be­za to­da pe­la­da y blan­ca. Te­nía que en­tre­nar con bron­cea­dor… Des­pués, me em­pe­zó a cre­cer y me veía muy nor­mal, y me lo em­pe­cé a pin­tar, a lo Rod­man.

8 A ni­vel look, ¿quién se­ría el Mo­ha­med de hoy?

Y, es­tá di­fí­cil, por­que hay tan­ta te­le­vi­sión, tan­tas mo­das… aho­ra to­dos los chi­cos tie­nen el pe­lo pin­ta­do, pa­ra­do, cor­tes ra­ros… En su mo­men­to, fue Pa­ler­mo. Hoy qui­zá se­ría Beck­ham, que se cam­bia los pei­na­dos ca­da tres días y fac­tu­ra co­mo un ani­mal. La di­fe­ren­cia es que Beck­ham apar­te es lin­do, je.

9 ¿Có­mo sur­gie­ron las cal­zas ro­sas?

Fue una de las tan­tas que me re­ga­la­ron. Te­nía de to­dos los co­lo­res. Pa­ra mí, eran re có­mo­das. Des­pués se hi­zo co­mo una mo­da.

10 ¿Te sen­tías iden­ti­fi­ca­do con la publicidad de “no me pi­dan que ca­be­cee”?

Sí, no só­lo que me sen­tía, si­no que en­ci­ma me car­ga­ban to­dos, si en­ci­ma yo no ca­be­cea­ba una.

11 ¿Cuán­to tar­da­bas en pre­pa­rar­te an­tes de un par­ti­do?

Por el look, muy po­co. Me mi­ra­ba al es­pe­jo, me ti­ra­ba el pe­lo pa­ra atrás, me po­nía un po­co de gel y me lo ata­ba. Lis­to.

En Boca arrancó bárbaro, pero después se quebró la relación con el técnico y la gente.

12 ¿El ver­du­le­ro de tu ba­rrio una vez te di­jo que eras un ra­ri­to?

Sí, fue así. Y yo le con­tes­té un po­co agre­si­vo, le di­je que una fa­mi­liar suya no pen­sa­ba lo mis­mo, ja.

13 11 de ju­nio del 88. ¿Te sue­na?

(Pien­sa) De­bu­té, ¿no? Fue un par­ti­do con Dou­glas Haig, es­ta­ba un po­qui­to asus­ta­do, con los ner­vios ló­gi­cos de una pri­me­ra vez. Era un par­ti­do jo­di­do, de oc­to­go­nal. Cuan­do en­trás te ol­vi­dás de to­do.

14 ¿Siem­pre, siem­pre, siem­pre de Hu­ra­cán? 

To­da la vi­da. No hay otro equi­po que exis­ta pa­ra mí. Iba a to­dos la­dos. Con mi vie­jo ve­nía acá a Par­que Pa­tri­cios, y a par­tir de los 13 o 14, con mis ami­gos ya íba­mos a to­dos la­dos.

15 ¿Lle­gas­te a es­tar me­ti­do en un qui­lom­bo gros­so co­mo hin­cha?

El que me acuer­do fue un par­ti­do a la no­che con­tra Ne­well’s, en el 86. Ba­ja­mos al alam­bra­do y la po­li­cía sol­tó a los pe­rros. Que­da­mos seis en un rin­cón, con los pe­rros que se nos ve­nían en­ci­ma, abrían la bo­ca con to­da esa ba­ba… Por suer­te, vi­no un gru­po de la hin­cha­da, la po­li­cía se dio vuel­ta y lo­gra­mos ra­jar. Esa vez la vi fea, me vi en­tre re­jas.

16 ¿El gol más im­por­tan­te de tu ca­rre­ra fue aquél del as­cen­so de Hu­ra­cán?

Creo que sí, por­que con el co­rrer de los años de­jó una hue­lla en el club que yo más quie­ro. Re­cién con el tiem­po lo em­pe­zás a ver. Fue ra­ro en to­do sen­ti­do, por em­pe­zar por­que fue de ca­be­za, uno de los po­cos que hi­ce. Te­nía­mos un equi­pa­zo.

17 ¿No te da­ban ri­sa las bi­ci­cle­tas que me­tía Sa­tur­no?

Más nos ha­cía reír cuan­do se eno­ja­ba, por­que con Del­ga­di­to ju­gá­ba­mos más por la iz­quier­da, y él se que­da­ba en la de­re­cha. Y cuan­do no se la dá­ba­mos, se vol­vía lo­co. Em­pe­za­ba a pu­tear­nos en el al­muer­zo an­tes del par­ti­do. Ve­nía y nos de­cía: “Pen­de­jos, hoy pá­sen­me­la por­que si no los voy a ca­gar a trom­pa­das”. En­ci­ma, Del­ga­do ama­ga­ba dár­se­la y des­pués me­tía un en­gan­che bár­ba­ro y lo de­ja­ba pa­gan­do. Sa­tur pi­ca­ba al pe­do y se lo que­ría co­mer.

18 ¿Veías en Cú­per el téc­ni­co en que ter­mi­nó con­vir­tién­do­se?

Siem­pre tu­vo con­cep­tos de­fen­si­vos y co­sas de un ti­po que veía el fút­bol de una for­ma dis­tin­ta. Es al­guien que siem­pre es­tá muy con­ven­ci­do de lo que quie­re. Con­mi­go re­ne­ga­ba mu­cho, me ca­ga­ba a pe­dos por mi ma­ne­ra de ju­gar. Pe­ro te­nía ra­zón.

19 ¿Qué co­sas Mo­ha­med DT no to­le­ra­ría de Mo­ha­med ju­ga­dor?

Cuan­do co­rría po­co en el par­ti­do. Ha­bría par­ti­dos que qui­zás lo to­le­ra­ría por­que por ahí le sa­len las ju­ga­das de­ci­si­vas. Pe­ro ha­bía ve­ces que has­ta yo mis­mo me que­ría ma­tar, mi vie­jo mis­mo me lo de­cía. Te di­go más, en el Za­ca­te­pec lle­gué a ser téc­ni­co-ju­ga­dor. Mis au­xi­lia­res me de­cían que me pu­sie­ra, pe­ro yo me sa­ca­ba…

20 Cuan­do asu­mis­te en Hu­ra­cán, di­jis­te que lo en­con­tras­te he­cho mier­da. ¿Quién fue el cul­pa­ble?

Los di­ri­gen­tes. Lo arrui­na­ron to­tal­men­te, se hi­zo tie­rra de na­die. No pue­de ser que ha­ya ven­di­do por cer­ca de 20 pa­los y hoy de­ba cua­tro o cin­co, que no ha­ya pa­ra pa­gar lo mí­ni­mo, suel­dos, con­cen­tra­cio­nes, na­da.

Su gol en el debut del Coco Basile en la Selección, el 2-0 ante Hungría.

21 ¿Por qué acep­tas­te di­ri­girlo así?

Por­que es una pa­sión. Y por­que hu­bo su­ce­sos que se en­ca­de­na­ron que lo po­si­bi­li­ta­ron. El 2 de abril re­nun­cio al Chia­pas. El 3 de abril ha­blo con mi cu­ña­do, con mi vie­jo, por­que me di­cen que me que­ría Hu­ra­cán. Yo en ese mo­men­to to­da­vía no la veía... Al otro día, se mu­rió mi vie­jo. Tu­ve que ve­nir de gol­pe y en­ton­ces ace­le­ré la de­ci­sión de que­dar­me. Aparte, si no, quebraba.

22 ¿Vi­nis­te con ge­ren­cia­do­ra pro­pia, co­mo se di­jo?

No, eso es to­do men­ti­ra. Con unos ami­gos se jun­tó al­go de di­ne­ro pa­ra los ju­ga­do­res, pa­ra que se pu­die­ra ha­cer do­ble tur­no, con­cen­trar, lo bá­si­co. La ge­ren­cia­do­ra se lla­ma “mis ami­gos”.

23 ¿Te gus­ta ser DT o es lo que hay?

Me en­can­ta, siem­pre so­ñé con ser­lo y me en­can­ta ha­cer que el equi­po jue­gue co­mo yo quie­ro. Es­toy muy con­ten­to co­mo téc­ni­co.

24 Arran­cas­te con un 0-4. ¿No pen­sas­te “acá no du­ro ni un mes”?

No, al con­tra­rio, le di más pa­ra ade­lan­te. Sé que los di­rec­ti­vos y mu­cha gen­te me mi­ra­ban de reo­jo, pe­ro yo siem­pre di­je que las cuen­tas se ha­cen al fi­nal. Y las cuen­tas las ha­re­mos en un par de se­ma­nas. Ahí les daré las gra­cias a to­dos, de­ja­ré a Hu­ra­cán en Pri­me­ra y me iré pa­ra mi ca­sa con­ten­to.

25 ¿Quién tie­ne más pa­la­dar ne­gro, In­de­pen­dien­te o Hu­ra­cán?

Los dos, los dos. Pa­sa que los dos se tie­nen que acos­tum­brar a que la épo­ca bue­na ya les pa­só. Yo quie­ro que Hu­ra­cán jue­gue co­mo lo mar­ca su his­to­ria, pe­ro el hin­cha tam­bién de­be com­pren­der que no siem­pre es­tán los ele­men­tos co­mo pa­ra res­pe­tar­la.

26 Ha­ce po­co, mien­tras tus ju­ga­do­res fes­te­ja­ban un gol, vos es­ta­bas en­lo­que­ci­do dán­do­le in­di­ca­cio­nes a uno. ¿La his­te­ria te de­vo­ró al per­so­na­je?

Re­sul­ta que no­so­tros ha­bía­mos ju­ga­do con Ra­cing de Cór­do­ba, hi­ci­mos un gol y se que­da­ron to­dos fes­te­jan­do en un cos­ta­do. Los otros sa­ca­ron del me­dio y la ju­ga­da ter­mi­nó en pe­nal en con­tra a los 30 se­gun­dos. En­ton­ces, con­tra Unión, en lu­gar de fes­te­jar le fui a de­cir a uno de los ju­ga­do­res que se pa­ra­ran bien en el me­dio, pa­ra que no nos pa­sa­ra lo mis­mo. Pe­ro no es que no fes­te­jo los go­les, eh.

27 ¿Estás com­pu­ta­do­rizado?

Sí, tengo un sistema que hi­zo un chi­co me­xi­ca­no que tra­ba­ja con­mi­go y con eso eva­lúo to­do. Mi­nu­tos ju­ga­dos, pa­ses erra­dos, dón­de per­de­mos la pe­lo­ta, dón­de la re­cu­pe­ra­mos, los re­co­rri­dos del equi­po, la for­ma co­mo nos pa­ra­mos, có­mo nos re­ple­ga­mos. La char­la téc­ni­ca tam­bién la te­ne­mos toda por com­pu­ta­do­ra, con imá­ge­nes.

28 Lí­ri­co ti­po “no­so­tros pen­sa­mos só­lo en no­so­tros”, en­ton­ces, no sos.

Es que sí, Hu­ra­cán de­pen­de de Hu­ra­cán. No­so­tros te­ne­mos que ha­cer la nues­tra, pe­ro la­bu­ran­do. Al­gu­nos la­bu­ra­rán pa­ra sa­lir con pe­lo­ta­zos, y yo la­bu­ro pe­ro pa­ra sa­lir ju­gan­do. Pe­ro te­nés que tra­ba­jar có­mo y ex­pli­car por qué, que son dos pre­gun­tas que los fut­bo­lis­tas nun­ca ha­cen.

29 ¿Cuál es tu sis­te­ma ideal?

3-5-2, ése es el me­jor de to­dos, con sus va­rian­tes. Me da la ven­ta­ja de te­ner la can­cha siem­pre abier­ta y dos ti­pos siem­pre arri­ba. Con dos abier­tos y dos nue­ves, el ri­val siem­pre tie­ne que preo­cu­par­se de mar­car­nos a no­so­tros.

30 ¿Cuá­les son tus es­pe­jos co­mo DT?

Ha­blo mu­cho de tác­ti­ca con Ru­bén Ro­ma­no y Ri­car­do La­vol­pe. Mis es­pe­jos son ellos, aun­que la ma­ne­ra de con­du­cir un gru­po y res­pe­tar al fut­bo­lis­ta la trai­go des­de que es­cu­ché a Me­not­ti. Mis diá­lo­gos con Me­not­ti ca­si siem­pre fue­ron so­bre ju­ga­do­res, no de tác­ti­ca.

31 ¿Mar­chet­ta fue el peor téc­ni­co que tu­vis­te?

Mar­chet­ta… muy men­ti­ro­so. A mí me men­tía, ve­nía y me de­cía: “Sos el me­jor, vas a ju­gar de ti­tu­lar” y des­pués no ju­ga­ba. Y apar­te ha­bla­ba mal de los ri­va­les. Fue una ma­la ex­pe­rien­cia, no me de­jó na­da po­si­ti­vo.

32 ¿Qué re­cor­dás de los en­tre­na­mien­tos del Ro­jo en la co­que­ta can­cha de Vic­to­ria­no Are­nas?

¡Uf! Se iba la pe­lo­ta al Riachuelo y a bus­car­la no iba na­die, por­que te co­mían las ra­tas. Ibamos en un mi­cro es­co­lar, ¡ma­mi­ta!

33 De 1 a 10, ¿cuán­to te jo­dió no re­ti­rar­te en Hu­ra­cán co­mo siem­pre ha­bías di­cho?

Diez. En la par­te aní­mi­ca, to­do. Me do­lió mu­cho.

34 ¿En Bo­ca fuis­te hal­cón o fuis­te pa­lo­ma?

¿Yo? No era hal­cón ni pa­lo­ma, es­ta­ba en el me­dio, me lle­va­ba bien con to­dos. Con el Be­to Már­ci­co, con el Mo­no, con Mar­che­si­ni, con Giun­ta… Cuan­do es­ta­ba yo la co­sa re­cién em­pe­za­ba, des­pués di­cen que se pu­so más pe­sa­da.

Reunión familiar, torta y cara de nene bueno. Estaba en la juvenil.

35 El fa­mo­so Bo­ca-Hu­ra­cán, don­de te co­mis­te un gol he­cho, ¿fue a pro­pó­si­to?

Di­cen que fue a pro­pó­si­to, yo no me acuer­do, te ju­ro…

36 A ver, re­cor­dá la ju­ga­da.

Yo en­tro en po­si­ción de 8, pe­lo­ta cru­za­da de Wal­ter Pi­co me pa­re­ce, la pa­ro con el pe­cho, me que­da pi­can­do aden­tro del área y no pa­teé, to­qué pa­ra atrás. Creo que en­tra­ba Die­go La­to­rre.

37 Te acor­dás de­ma­sia­do co­mo pa­ra no sa­ber si fue a pro­pó­si­to o no, ¿no te pa­re­ce?

Si te di­go que no lo qui­se ha­cer, por ahí te di­go la ver­dad. Si te di­go que no sé qué me pa­só, tam­bién te di­go la ver­dad. No es que no qui­se me­ter­lo, por­que si no no ha­bría ju­ga­do. No sé qué me pa­só, co­mo cuan­do no que­rés pe­gar­le a tu hi­jo, pe­ro por ahí se te va la ma­no, le pe­gás, des­pués te arre­pen­tís. Fue ra­ro. Me acuer­do de que sa­lí del tú­nel y lo pri­me­ro que hi­ce fue mi­rar cuán­ta gen­te ha­bía lle­va­do Hu­ra­cán. Me trai­cio­nó un po­co el hin­cha.

38 ¿A par­tir de esa ju­ga­da se ter­mi­nó la re­la­ción con la gen­te de Bo­ca?

Sí, me cru­ci­fi­ca­ron. Y mi­rá que yo ha­bía em­pe­za­do bien, ha­cien­do go­les, me que­rían. Des­pués vol­ví a ju­gar al fi­nal, fal­tan­do al­gu­nas fe­chas, por­que el Be­to Már­ci­co ayu­dó mu­cho. El me­jor re­cuer­do que me que­da de Bo­ca es ha­ber ju­ga­do con el Be­to y Ca­ba­ñas ade­lan­te y Giun­ta atrás. Te sen­tías pro­te­gi­do, te agi­gan­ta­bas. Una lás­ti­ma que me ha­ya lle­ga­do sien­do tan jo­ven e in­ma­du­ro.

39 ¿Lle­gas­te a ju­gar en la Fio­ren­ti­na al­gún par­ti­do?

No. Ellos me que­rían pres­tar a Es­pa­ña, pe­ro yo pre­fe­rí Bo­ca, era más im­por­tan­te. La Li­ga es­pa­ño­la no era lo que es hoy.

40 Siem­pre le echa­bas la cul­pa a la pu­bial­gia. ¿Eso era ver­dad o una ex­cu­sa?

No, ce­ro ex­cu­sa, lo que pa­sa es que la le­sión és­ta re­cién apa­re­cía en ese mo­men­to, no era tan co­no­ci­da, y me in­yec­ta­ban por to­dos la­dos, pe­ro no me po­dían des­cu­brir lo que era. Y yo te­nía un do­lor im­pre­sio­nan­te en el pu­bis, me ma­ta­ba.

41 ¿El peor com­pa­ñe­ro que ha­yas te­ni­do cuál fue?

No, vi­gi­lan­te no soy.

42 ¿La­to­rre era un buen com­pa­ñe­ro?

Era un buen ju­ga­dor.

43 ¿Co­no­cis­te al Abue­lo?

No, nun­ca. En Bo­ca nun­ca nos pi­die­ron pa­ra la ba­rra. En In­de­pen­dien­te, sí. Es más, la di­ri­gen­cia te des­con­ta­ba de los pre­mios pa­ra dar­le a la hin­cha­da. Me pa­re­ce que era pla­ta de los pre­mios, pe­ro qui­zás era del suel­do, no te quie­ro men­tir.

44 ¡¿Eh?!

Sí, sí, te ju­ro. La pri­me­ra vez que me vie­ne la gui­ta, fal­ta­ba un por­cen­ta­je. Yo pre­gun­té qué ha­bía pa­sa­do y ahí me di­je­ron có­mo ve­nía la ma­no. Es­ta­ba pac­ta­do así y no ha­bía na­da pa­ra de­cir, más siendo pibe.

45 “El ar­co ri­val es una ca­ji­ta de fós­fo­ros y el ar­que­ro, un di­no­sau­rio”. ¿Te sue­na?

Lo di­je so­bre la Bom­bo­ne­ra, ¿no? Lo que pa­sa es que cuan­do te sa­len mal las co­sas en Bo­ca es te­rri­ble, vis­te. Te aga­rra­ba ese mur­mu­llo y te ti­ra­ba aba­jo. Y más a mí, des­pués de lo de Hu­ra­cán. Me pu­tea­ban to­dos. Y que te pu­tee to­da la can­cha de Bo­ca es com­pli­ca­do.

46 ¿Qué re­cuer­dos te­nés de la se­lec­ción ju­ve­nil del 89?

Fue una de las eta­pas más lin­das de mi vi­da. En­tre­ná­ba­mos con­tra la ma­yor, Bi­lar­do nos po­nía al tu­cu­ma­no Sol­bes y a mí de spa­rrings has­ta la no­che, por­que éra­mos ra­pi­di­tos. Nos aga­rra­ban Fab­bri, Bau­za, Lo­ren­zo… ¡Mon­zón! Mon­zón te ma­ta­ba, te aga­rra­ba con­tra el alam­bra­do y se­guía…

Volvió con una misión difícil: devolver a Huracán a Primera, pero al igual que cuando jugaba, no se achica.

47 ¿Có­mo fue co­no­cer a Ma­ra­do­na?

Im­pre­sio­nan­te. Fue en el 90 o 91. Hoy soy ami­go, es una de las per­so­nas más lin­das que co­no­cí en mi vi­da. Es­tan­do bien, co­mo aho­ra, es un li­bro abier­to. Y es­tan­do mal, se acuer­da de to­do igual. Un día es­tá­ba­mos en Mé­xi­co, lle­ga él y me di­ce: “Ha­ce tres par­ti­dos, erras­te un gol que no se pue­de creer”. ¡El es­ta­ba en Cu­ba y ha­bía vis­to un par­ti­do del que no se acor­da­ba na­die! Te de­ja asom­bra­do, te po­ne la piel de ga­lli­na.

48 ¿El Sub-23 de Pa­ra­guay fue una ge­ne­ra­ción mal­di­ta?

Es una con­ti­nua­ción de aquel equi­po del 89. Va­rios ya es­tá­ba­mos en la ma­yor que ve­nía de la Co­pa Amé­ri­ca. As­tra­da, Gam­boa, La­to­rre, el Cho­lo, yo… más Be­riz­zo, Roa, Po­chet­ti­no, Tu­ru Flo­res. ¿Bue­na ban­da, no? Pe­ro per­di­mos. Se ha­bla­ron muchas bo­lu­de­ces, pe­ro no hu­bo des­ban­de ni na­da. Qui­zás el error fue que nos creía­mos más de lo que éra­mos.

49 ¿Por qué ju­gas­te tan po­co en la Se­lec­ción de Ba­si­le?

Arran­qué el pri­mer par­ti­do de ti­tu­lar, me­tí un gol, a la se­ma­na me des­ga­rré y me cos­tó cu­rar­me. Des­pués fui­mos a la Co­pa Amé­ri­ca, y apa­re­ció Ba­tis­tu­ta. Más Ca­nig­gia, más Leo Ro­drí­guez, que es­ta­ba bár­ba­ro. ¿Qué po­día ha­cer? Ade­más, me cos­tó re­cu­pe­rar el ni­vel.

50 ¿Set­ti­mio Aloi­sio fue un buen re­pre­sen­tan­te?

No, pa­ra mí no. Tu­vi­mos al­gu­nas di­fe­ren­cias eco­nó­mi­cas, cor­té re­la­ción con él cuan­do me ven­die­ron a Mé­xi­co.

51 ¿Te pro­hi­bía el dul­ce de le­che?

Me de­cía que me cui­da­ra, que co­mie­ra me­nos, que si no a Ita­lia no iba a po­der ir… 

52 ¿Co­bras­te los quince por cien­to de tus trans­fe­ren­cias?

No. En Mé­xi­co co­bré una com­pen­sa­ción, pe­ro en la Ar­gen­ti­na, nun­ca, de ahí ve­nía el pro­ble­ma con Aloi­sio.

53 Cuan­do te ofre­cie­ron ir a Mé­xi­co, ¿en cuán­to pen­sas­te que te vol­vías?

Al año, co­mo cual­quie­ra. Vi­no una per­so­na y me di­jo: “¿Que­rés ir a Mé­xi­co? ¿Cuán­to que­rés ga­nar?”. “Y, dos pe­sos”, contesté. Me die­ron los dos pe­sos, arre­glé las di­fe­ren­cias con Aloi­sio y me fui con un con­tra­to de un año.

El muchachito de las calzas ya le metió el tiro rasante. Es uno de sus goles al Ciclón.

54 ¿Có­mo es que te que­das­te tan­to allá?

Era 1994. Yo ya pen­sa­ba en la vuel­ta y me en­te­ro de que el pre­si­den­te me ha­bía com­pra­do a la Fio­ren­ti­na. Fui a verlo. “¿Cuán­to que­rés ga­nar?”, preguntó. Yo co­bra­ba dos, en­ton­ces le di­je cin­co. “Cinco es mu­cho por un año so­lo, te doy diez por dos años”. Fir­mé. En Mé­xi­co me eli­gie­ron Me­jor ex­tran­je­ro cua­tro tem­po­ra­das con­se­cu­ti­vas, fue­ron años ma­ra­vi­llo­sos.

55 Ni du­das­te en no me­ter­te en la gres­ca fa­mo­sa con los ja­mai­qui­nos, ¿no?

¡Es que no lo po­día creer! Mis com­pa­ñe­ros des­pués me car­ga­ban. Y mi­rá que en ese par­ti­do ya ha­bía ha­bi­do cua­tro ca­ra a ca­ra, ¡y en los cua­tro ha­bía es­ta­do yo! Pe­ro en ésa no me me­tí, no sé por qué. Se acaba­ron las cá­ma­ras de te­le­vi­sión y si­guió, fue­ron a bus­car pa­las, pie­dras… Ni en Sol­da­ti pa­sa­ba así. Po­drían ha­ber ma­ta­do a uno.

56 ¿Có­mo sur­gió lo de po­sar con más­ca­ras pa­ra la fo­to del equi­po en el To­ros Ne­za?

Era la épo­ca de Ha­llo­ween, es­tá­ba­mos de mi­ni­ pre­tem­po­ra­da y te­nía­mos un par de más­ca­ras con las que asus­tá­ba­mos a los ju­bi­la­dos. Nos tre­pá­ba­mos a los ár­bo­les con las más­ca­ras y ba­já­ba­mos de gol­pe, ja. Y pa­ra la Li­gui­lla con­se­gui­mos co­mo treinta por las Pá­gi­nas Ama­ri­llas. Fue his­tó­ri­co por­que re­co­rrió el mun­do.

57 ¿Es cier­to que di­ri­gien­do al Za­ca­te­pec vi­vis­te un in­ci­den­te con­tra ti­pos ar­ma­dos?

Sí, sí, pa­só. En la can­cha ha­bía ha­bi­do si­tua­cio­nes muy du­do­sas y yo fui a pro­tes­tar, pe­ro me aga­rra­ron dos ti­pos y me di­je­ron “cie­rra la bo­ca, qué­da­te tran­qui­lo”. Ahí no­más me mos­tra­ron las ar­mas y yo ra­jé pa­ra el ban­co. Ca­da tan­to mi­ra­ba pa­ra atrás y los veía mi­rán­do­me. Fal­ta­ban cin­co y me fui al ves­tua­rio, ca­ga­do de ver­dad.

58 ¿Sos uno de los ar­gen­ti­nos más re­co­no­ci­dos en Mé­xi­co?

Sí, soy mu­cho más co­no­ci­do en Mé­xi­co que en Ar­gen­ti­na. En el ae­ro­puer­to, sal­vo los que son fut­bo­le­ros de la adua­na, acá no me co­no­ce na­die. En el avión van 150 per­so­nas, 100 ar­gen­ti­nos y 50 me­xi­ca­nos. De los ar­gen­ti­nos, con suer­te me co­no­cen cua­tro, en cam­bio de los me­xi­ca­nos, me co­no­cen los 50.

59 ¿Eras el pe­lu­que­ro del To­ros Ne­za?

Ahí fue don­de em­pe­za­ron las lo­cu­ras. Yo es­ta­ba ra­pa­do y ha­bía otros dos o tres igual. Una noche aga­rra­mos la má­qui­na y em­pe­za­mos a sa­car­le un me­chón a ca­da uno. Era irre­ver­si­ble. Al día si­guien­te, cuan­do se vie­ron, se ra­pa­ron to­dos.

60 ¿Por qué a la ciu­dad de Ne­za le de­cían Ne­za York?

Y… te ex­pli­co, Sol­da­ti al la­do de Ne­za es Pa­rís. En­ton­ces, cuan­do nos pre­gun­ta­ban dón­de ju­gá­ba­mos o dón­de vi­vía­mos, de­cía­mos “en Ne­za York, ¿co­no­cés?”

61 Has­ta los hin­chas se ha­cían pin­tar el pe­lo pa­ra es­tar al to­no con us­te­des.

Es co­mo lo del gol del as­cen­so de Hu­ra­cán. En ese mo­men­to no te da­bas cuen­ta de lo que es­tá­ba­mos ge­ne­ran­do. A pun­to tal de que hoy vas a Mé­xi­co y te di­cen: “Uy, aquel equi­po cam­peón de To­ros, con Mo­ja­med con el pe­lo pin­ta­do y las más­ca­ras”. Y re­sul­ta que no­so­tros no sa­li­mos cam­peo­nes, siem­pre fui­mos ce­bo­lli­tas. Per­di­mos dos fi­na­les y lle­ga­mos a cua­tro se­mis, pe­ro to­do el mun­do se acuer­da co­mo si hu­bié­ra­mos ga­na­do. Aquel To­ros Ne­za es co­mo Ho­lan­da del 74.

62 ¿Ju­gar en Mé­xi­co te per­mi­tió de­jar­te es­tar en lo fí­si­co por­que igual te so­bra­ba?

No, fí­si­ca­men­te es­ta­ba bien. Nun­ca fui fla­co, pe­ro de­mos­tré siem­pre que es­ta­ba bien. Co­mo acá con­tra Ri­ver en la Li­ber­ta­do­res. Los co­men­ta­ris­tas de­cían que es­ta­ba gor­do y no la iba a to­car. Ter­mi­na­ron pi­dien­do dis­cul­pas.

De ultima moda, o al menos eso creía él, mientras charlaba con el Negro Gamboa.

63 ¿Exis­tió o fue un mi­to la cláu­su­la de 80 ki­los que te­nías en Mé­xi­co?

Ja, exis­tió, exis­tió, pe­ro eran 83. Con 80 es­ta­ba li­qui­da­do. Ca­da gra­mo pa­ra arri­ba me des­con­ta­ban 1000 pe­sos me­xi­ca­nos, que eran 100 dó­la­res. Pe­ro no me des­con­ta­ron mu­cho, por­que ga­ná­ba­mos siem­pre. Apar­te, con el doc­tor te­nía­mos arre­gla­da la ba­lan­za. Ha­bía pe­sa­je ofi­cial los días de par­ti­do, y un día un di­ri­gen­te apa­re­ció con una ba­lan­za de él, de las elec­tró­ni­cas. “No, de nin­gu­na ma­ne­ra, yo uso la nues­tra”, le de­cía yo. Te­nía­mos ésas de las pe­sas, ¿vis­te? Y la ha­bía­mos to­ca­do con un des­tor­ni­lla­dor has­ta co­mer­le dos ki­li­tos. “¿No ve? 81,500, qué le va­mo’ a ha­cer”.

64 Ele­gí una lo­cu­ra que ha­yas he­cho.

A ver, cuan­do vi­ne con el Amé­ri­ca a ju­gar con­tra Ri­ver, se sus­pen­dió el par­ti­do por­que no lle­gó el ár­bi­tro. Nos íba­mos en el mi­cro, lo mi­ro al DT y le di­go: “Te­ne­mos que vol­ver acá el mar­tes que vie­ne… ¿pa­ra qué ca­ra­jo me voy a ir a Mé­xi­co? Via­jan­do me can­so, dé­je­me acá, sa­co una ha­bi­ta­ción de ho­tel y lis­to”. Ac­ce­dió: “Que­da­te, no me rom­pás las bo­las”. Me ba­jé en la Ge­ne­ral Paz, en Li­niers, a la 1 de la ma­ñana, no pa­sa­ba na­die. Al fi­nal con­se­guí un ta­xi, lla­mé a mis ami­gos y nos fui­mos a co­mer. Fue una se­ma­na de lu­jo.

65 Con­ta­me al­go de tus es­ca­pa­das a Las Ve­gas.

Cuan­do po­día me iba y apos­ta­ba fuer­te. Ru­le­ta y da­dos, ru­le­ta y da­dos. Pe­ro ya me re­ti­ré, tu­ve una ma­la ex­pe­rien­cia y di­je bas­ta. Co­mo di­ce la re­gla, la ca­sa siem­pre ga­na. Ojo, la que lle­va­ba era pa­ra per­der, nun­ca lle­gué al lí­mi­te de pe­dir pres­ta­do o en­fer­mar­me.

66 ¿Hay una ola an­tiar­gen­ti­na en Mé­xi­co?

Cuan­do yo lle­gué, al ar­gen­ti­no se lo tra­ta­ba de agran­da­do, yo no sé si vie­ne de las ca­ma­das an­te­rio­res que fue­ron o qué, pe­ro fi­ja­te que en la fi­nal del 86, cla­ra­men­te hin­cha­ban por Ale­ma­nia. Aho­ra qui­zás ha cam­bia­do un po­co, pe­ro to­da­vía es­tá eso de “¿ar­gen­ti­no? Agran­da­do, cree que se las sa­be to­das”.

67 Allá hay mu­chas que­jas de que los in­va­den nues­tros téc­ni­cos.

Qui­zás hay más pro­ble­mas con los ex­tran­je­ros y los na­cio­na­li­za­dos por per­so­na­jes que es­tán den­tro del fút­bol, que por la pren­sa o la gen­te en ge­ne­ral. Pe­ro téc­ni­cos aho­ra no hay tan­tos, lle­gó Ga­lle­go no­más, y ade­más a La­vol­pe y a Ro­ma­no yo los veo ca­si me­xi­ca­nos. Lo mis­mo que mi ca­so: co­mo téc­ni­co, me con­si­de­ro más me­xi­ca­no que ar­gen­ti­no.

68 ¿Qué sen­tis­te cuan­do el es­pa­ñol Be­ni­to Flo­ro di­jo que vos eras un ju­ga­dor de 30 mi­nu­tos?

Na­da, si tu­vi­mos dis­cu­sio­nes des­de el pri­mer día. Lle­gó y di­jo que ha­bía que mi­rar “só­lo ba­lón”. En­ci­ma, di­ri­gía el en­tre­na­mien­to con un me­gá­fo­no des­de la tri­bu­na. No era se­rio…

69 Sos uno de los po­cos que pue­den de­cir que ju­ga­ron al fút­bol has­ta en Mar­te.

Sí, Mar­te es la fi­lial del Atlan­te, en la B. Yo me ha­bía ido del Mon­te­rrey por los pro­ble­mas con Flo­ro y me com­pró el León. Fue una pa­sa­da de fac­tu­ra por esa pe­lea, por­que ahí no me de­ja­ron ju­gar ni me qui­sie­ron ven­der y caí en el draft. Ahí qui­se ve­nir a ju­gar a Hu­ra­cán gra­tis y no me de­ja­ron.

70 ¿El draft es lo peor que le pue­de pa­sar a un ju­ga­dor?

Se­gún. Pa­ra el que es fi­gu­ra, es lo me­jor. Pe­ro el que no, per­dió, tie­ne que ir adon­de le di­gan. Es muy ra­ro por­que se jun­tan en un ho­tel de Aca­pul­co y en rea­li­dad ya tie­nen to­do arre­gla­do de antes. Además, es de­ni­gran­te.

Su visita al Monumental con el América, tras una semana de relax en Buenos Aires.

71 Con­ta­me una ex­pe­rien­cia con el chi­le.

No bien lle­gué, es­tá­ba­mos con Len­gui­ta en el ho­tel, y ba­ja­mos a co­mer un sán­gu­che. Tar­de vi­mos que te­nía pe­da­zos de pi­can­te. Te­rri­ble. ¡Lo que nos pe­lea­mos por ir al ba­ño du­ran­te to­da la ma­dru­ga­da! De­ben ha­ber que­da­do mar­ca­das las uñas en los azu­le­jos. A par­tir de ahí, nun­ca más. En cam­bio, mis hi­jos ya es­tán acos­tum­bra­dos y no pue­den co­mer sin pi­can­te.

72 ¿Qué pa­la­bras me­xi­ca­nas se te pe­ga­ron, güey?

Ca­mión. La otra vez les di­je a los chi­cos del plan­tel: “Nos va­mos a Cór­do­ba en ca­mión”, en vez de mi­cro. Me mi­ra­ron con los ojos que se les sa­lían. To­da­vía me car­gan…

73 Te di­go una ecua­ción de los años 90.  Ama­to + Mo­ha­med = jo­da. ¿Mi­to o rea­li­dad?

Era ver­dad, nos gus­ta­ba sa­lir. En la se­ma­na sa­lía­mos de jo­da, no me gus­ta de­cir men­ti­ras. Pe­ro es­ca­par­nos de una con­cen­tra­ción, jamás.

74 ¿No te rom­pe las pe­lo­tas te­ner que po­ner­te el ca­se­te to­dos los días?

Mi­rá que yo no soy ca­se­te­ro, pa­ra na­da, pe­ro si vie­ne un ti­po y te pre­gun­ta qué pen­sás del par­ti­do del fin de se­ma­na, vos no po­dés de­cir­le “les va­mos a ha­cer cua­tro”, por­que le es­ta­rías dan­do una mo­ti­va­ción ex­tra al ri­val. En­ton­ces, por iner­cia te­nés que de­cir “par­ti­do di­fí­cil, ri­val com­pli­ca­do”. Si di­je­ras lo otro, allá lo leen y di­cen: “Ah, mi­rá, es­te hi­jo de pu­ta pien­sa eso. Ya va a ver”.

 75 ¿Por qué es tan jo­di­do me­ter un psi­có­lo­go en el ves­tua­rio?

Y, fá­cil no es. Yo aho­ra qui­se me­ter a una pro­fe­sio­nal que es­tá tra­ba­jan­do con las in­fe­rio­res y no se pu­do. Hay un mie­do por par­te de los ju­ga­do­res a que se ge­ne­ren chis­mes y esas co­sas… Yo es­tu­ve con Mangio­ne en Bo­ca, vis­te, y des­pués ter­mi­nó con­tan­do to­do. La his­to­ria vie­ne des­de ahí. Igual, yo nun­ca me sol­té con él.

76 ¿El ne­go­cio más lo­co en el que te ha­yas metido?

En Mon­te­rrey tu­vi­mos una disco con mis ami­gos. Me fue mal, pe­ro lo que di­cen es que co­mo no po­día sa­lir, por­que mi mu­jer no me de­ja­ba, en­ton­ces lo pu­se pa­ra po­der de­cir­le: “Ten­go que ir a tra­ba­jar, me voy al bo­li­che”.

77 Vie­ne un je­que, te po­ne so­bre la me­sa un to­co de pla­ta y te di­ce: “Te quie­ro ju­gan­do en Qa­tar en tres me­ses”. ¿Te po­nés las pi­las? 

Se­gún los com­pro­mi­sos que tu­vie­ra en­ci­ma, me en­can­ta­ría, có­mo no. Un par de ve­ces es­tu­ve a pun­to de vol­ver, pe­ro ya es­tá, to­mé la de­ci­sión.

78 ¿Nun­ca te die­ron ga­nas de ir al ba­ño du­ran­te un par­ti­do?

Sí, y no só­lo ga­nas, en Mé­xi­co una vez me fui de la can­cha. Sa­lí co­rrien­do al ves­tua­rio, en­tré, hi­ce rá­pi­do, me lim­pié co­mo pu­de y vol­ví co­rrien­do, pe­ro no ha­bía ter­mi­na­do bien y des­pués me se­guían los do­lo­res. En el en­tre­tiem­po, el téc­ni­co es­ta­ba dan­do la char­la y yo es­ta­ba en el ino­do­ro. “¡Mi­re que yo es­toy pa­ra se­guir, eh!”, le gri­ta­ba.

79 Ar­ma­te el equi­po ideal con los ti­pos que ha­yas ju­ga­do.

Da­le. Goy­co; Cú­per, Gam­boa, Be­riz­zo; Giun­ta, Re­don­do, Si­meo­ne; Ma­ra­do­na, Már­ci­co; Ca­nig­gia y Ba­ti. Con Die­go no ju­gué ofi­cial­men­te, pe­ro en­tre­né, así que de­já­me­lo po­ner.

80 ¿Un pa­pe­lón?

Uhhh… una con el Cho­lo. Nos ha­bían ci­ta­do pa­ra la ju­ve­nil, en Ezei­za. Nos en­con­trá­ba­mos en la AFA a la ma­ña­na, pe­ro ese día no ha­bía na­die. Nos sen­ta­mos en el bar, com­pra­mos el dia­rio, co­mi­mos unas me­dia­lu­nas, es­pe­ra­mos, na­da… Al ra­to el dia­rie­ro nos di­ce que se ha­bían ido to­dos a las 7. Ca­si nos mo­ri­mos. Nos to­ma­mos el sub­te has­ta Cons­ti­tu­ción, de ahí el 46 y de ahí te­nía­mos que to­mar­nos el 91, pe­ro ya es­tá­ba­mos sin pla­ta. En­ton­ces, el Cho­lo su­be y le di­ce al cho­fer: “Mi­rá bien es­ta ca­ri­ta, eh, yo voy a ser fi­gu­ra, a ju­gar en la Se­lec­ción. Y de és­te tam­bién, acor­da­te bien el nom­bre, eh”. Nos ba­ja­mos en Ezei­za, co­rri­mos los cin­co ki­ló­me­tros has­ta el SEC y lle­ga­mos cuan­do el en­tre­na­mien­to ha­bía ter­mi­na­do. A Bi­lar­do se ve que le gus­tó el ges­to y nos hi­zo en­tre­nar con la ma­yor.  

81 Con el Cho­lo ju­ga­bas al baby. El di­ce que apren­dió a ca­be­cear ahí y vos, en cam­bio, no ca­be­cea­bas nun­ca. ¿Por qué?

¡Es que yo era el que le ha­cía la cor­ti­na! Te ex­pli­co, en ese equi­po tam­bién es­ta­ba el Ti­to Pom­pei. El me­tía el cen­tro, yo me lle­va­ba a un par por el medio, y el Cho­lo apa­re­cía por atrás li­bre y en ca­rre­ra pa­ra me­ter el ca­be­za­zo. Ga­ná­ba­mos to­do.

82 ¿La pu­tea­da más re­cor­da­da que te ha­yan di­cho?

La que me can­ta­ban los de San Lo­ren­zo, ja. “Que lo ven­gan a ver, que lo ven­gan a ver, tie­ne el cu­lo pas­pa­do, ése es el pu­to de Mo­ha­med”. Muy in­ge­nio­so, si te ca­len­tás es peor.

83 ¿Irías a com­prar al Ca­rre­four del Ga­só­me­tro?

No, mi­rá, ese ba­rrio yo no pi­so… Igual, te­ne­mos que pa­sar ca­si to­dos los días, cuan­do en­tre­na­mos, por el ce­ni­ce­ro ése que tie­nen…

84 ¿Ti­ne­lli te quie­re lle­var a su pro­gra­ma y vos no acep­tás?

Es que me quie­re lle­var pa­ra mu­far­me… cuan­do as­cen­da­mos, va­mos to­dos, que no se preo­cu­pe.

Una lesión lo alejó de la Selección y a su regreso, Batistuta y Caniggia ya eran los delanteros indiscutibles.

85 ¿Lo más ex­tra­va­gan­te que te ha­yas com­pra­do?

Unas bo­tas de cue­ro en Be­verly Hills que te­nían las ca­ri­tas de to­dos los ac­to­res. Bue­ní­si­mas, pe­ro en Mé­xi­co me car­ga­ban to­dos.

86 ¿Te ani­más a ha­cer una pro­me­sa por si as­cen­dés?

Va­mos a dar la vuel­ta to­dos con más­ca­ras, ¿qué te pa­re­ce? To­má la pa­la­bra. Ten­dría que ver con cuál sal­dría yo… Si hay una de Ti­ne­lli, con­se­guí­te­la así si as­cien­do doy la vuel­ta con la más­ca­ra de Ti­ne­lli.

87¿Qué co­sas pon­drías en una ca­ja que de­fi­na quien fuis­te?

Me­te­ría una ca­mi­se­ta de Hu­ra­cán, za­pa­tos de fút­bol de co­lo­res y una lis­ta de mis ami­gos. Con eso es­tá bien.

88 ¿Có­mo es te­ner que ir­te a vi­vir a la ca­sa de tu cu­ña­da a tu edad?

Ima­gi­na­te, en­ci­ma con los pi­bes, en la ca­sa hay seis gua­chos… No es na­da fá­cil. En dos se­ma­nas, ve­re­mos qué hago.  De que as­cen­de­mos, no ten­go du­das. El resto, es in­cier­to. A Hu­ra­cán lo amo con to­do mi co­ra­zón, pe­ro no veo mi vi­da acá en Bue­nos Ai­res, es la rea­li­dad. Me veo más en Mé­xi­co.

89 ¿Qué ri­val te hi­zo ca­gar más de la ri­sa?

El Lo­co En­ri­que. Me to­ca­ba el cu­lo, me sa­ca­ba la co­li­ta, me vol­vía lo­co, pe­ro yo lo car­ga­ba por có­mo ha­bla­ba, con la ze­ta. Des­pués lo tu­ve de com­pa­ñe­ro en la Se­lec­ción.

90 Con­ta­te al­gu­na del Lo­co.

Una vez, en un avión de Bri­tish, nos pu­si­mos a ju­gar al tru­co en el piso y apa­re­ce él, pu­tean­do por­que lo ha­bía­mos de­ja­do afue­ra. “Bue­no, ez­tá bien, en­ton­zes me voy a fu­mar un fa­zi­to”, lar­ga. Se en­cie­rra en el ba­ño, y a los dos se­gun­dos se pren­de la alar­ma, apa­re­ce una aza­fa­ta in­gle­sa y se po­ne a gol­pear. “No smo­king, no smo­king”, le gritaba. El abrió la puer­ta un pe­da­ci­to, aso­mó la ca­ra y le di­jo: “Ze­rrá el or­to, ze­rrá el or­to”, co­mo si la mi­na le en­ten­die­ra. Sal­tó el Co­co Ba­si­le con su vo­za­rrón: “Te­nías que ser vos, En­ri­que, pe­lo­tu­do”. En ese via­je, ju­ga­mos con In­gla­te­rra en Wem­bley. Cuan­do lle­ga­mos a la can­cha en mi­cro, los hin­chas nos ha­cían co­mo si fué­ra­mos in­dios. En­ri­que abrió la ven­ta­ni­lla. “Zí, zí, zí, zo­moz in­dio’, pe­ro acá en Wim­ble­don le’ rom­pe­mo’ bien el cu­lo”, les gri­ta. “No, Lo­co, qué Wim­ble­don, es­to es Wem­bley”. Y él con­tes­ta: “Wem­bley, Wim­ble­don, lo miz­mo, pe­ro el cu­lo hoy ze lo rom­pe­mo’ igual”.

91 ¿Co­de­sal se equi­vo­có o nos ca­gó a pro­pó­si­to?

Nos qui­tó la po­si­bi­li­dad de se­guir pe­lean­do por una fi­nal, es­tá cla­ro. Yo a él lo co­noz­co, hay mo­men­tos en que te da pie pa­ra pen­sar con mal­dad, pe­ro uno no pue­de ha­cer una afir­ma­ción tan gran­de.

92 ¿Qué per­so­na­je de una pe­lí­cu­la te gus­ta­ría ser?

El de Vol­ver al Fu­tu­ro, siem­pre me gus­tó. Vol­ver pa­ra atrás, ver la in­fan­cia de mi vie­jo, ver có­mo va a ser más ade­lan­te. Siem­pre me gus­tó ésa… Y más aho­ra que pa­só lo de mi vie­jo.

93 De­fi­ni­me a tu vie­jo.

El más gran­de. Fui ju­ga­dor por él, soy gra­cio­so por él, soy ale­gre por él, soy men­ti­ro­so por él, soy un ti­po de ba­rrio y que­ri­do por mis ami­gos por él. Qué más te pue­do de­cir.

94 ¿Es más fá­cil ser DT o pa­dre?

Uy, son las dos com­pli­ca­das, pe­ro a la vez las dos her­mo­sas, for­ma­ti­vas. Me pa­re­ce que ser pa­pá es más di­fí­cil. Yo ya ten­go cua­tro: May­ra (10), Faryd (8), Shayr (5) y Na­yib (3).

95 ¿Qué mu­jer te gus­ta­ba cuan­do eras chi­co?

Adria­na Brodsky. ¡A to­dos nos gus­ta­ba! Cuan­do aparecía el Ma­no­san­ta… “¿Me tra­jis­te la ne­na?” Uhhh, ex­plo­ta­baaa.

En Independiente se despidió del fútbol argentino. Luego, se radicó en México.

96 ¿Nun­ca te die­ron ga­nas de ser ac­tor?

No, en Mé­xi­co hi­ce mu­chas de es­tas pu­bli­ci­da­des que se sue­len ver aho­ra, pe­ro no me gus­tó nun­ca ac­tuar. Lo mío son los chis­tes.

97 ¿Te­nés ami­gos de San Lo­ren­zo?

Hmmm… ya al ser de San Lo­ren­zo no son ami­gos. Ten­go “co­no­ci­dos”.

98 ¿Son tan dis­tin­tos San Lo­ren­zo y Hu­ra­cán?

So­mos tan dis­tin­tos co­mo pa­re­ci­dos. Los dos nos ex­tra­ña­mos, los dos ne­ce­si­ta­mos del otro y los dos nos odia­mos. Es lin­do que ellos nos car­guen y nos ti­ren bol­sas de ba­su­ra y que no­so­tros va­ya­mos con sal­va­vi­das por mie­do a que se hun­da su can­cha. Si no es­tá esa car­ga­da, se pier­de ese fol­clo­re que es­tu­vo en la vi­da de mi vie­jo, o de mis abue­los, o de los abue­los de ellos. Pe­ro no pue­de pa­sar de una pu­tea­da, no pue­de ha­ber muer­tos por el fút­bol.

99 ¿Có­mo fue me­ter­le go­les al Ci­clón?

Les hi­ce uno en can­cha de Fe­rro, 2-1, y dos a Ruiz Díaz en can­cha de Vé­lez, siem­pre amis­to­sos. El fes­te­jo fue nor­mal, na­da del otro mun­do. Ha­blan­do de go­les, el otro día leí en El Grá­fi­co que es­te chi­co Za­ba­leta di­jo que él se dio el lu­jo de man­dar el des­cen­so a Hu­ra­cán. Ese día Hu­ra­cán ya es­ta­ba des­cen­di­do. Y me pa­re­ce que no es éti­co, por­que ese día los chi­cos que que­da­ban en el club se pre­sen­ta­ron a po­ner la ca­ra con to­da dig­ni­dad y per­die­ron 4-0. Que le ten­gas bron­ca, sí, bár­ba­ro, te lo in­cul­can des­de in­fan­ti­les, pe­ro de­cir que vos lo man­das­te al des­cen­so… Es muy gran­de eso, la his­to­ria en­tre Hu­ra­cán y San Lo­ren­zo tie­ne de­ma­sia­dos años, y él de­be ha­ber ju­ga­do un par­ti­do so­lo.

100 ¿Van a vol­ver a ju­gar el clá­si­co la tem­po­ra­da que vie­ne?

Sí, ya te di­je, vol­ve­re­mos a ju­gar con­tra CAS­LA. Club Atlé­ti­co Sin Li­ber­ta­do­res de Amé­ri­ca.

por Martín Mazur / fotos: Alejandro del Bosco y Archivo El Gráfico

Por Redacción EG: 09/01/2019

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