EL DESTINO, LA PELOTA Y YO

El destino, la pelota y yo - Capítulo XIII

- por Redacción EG: 18/12/2018 -

Por José Manuel Moreno. Los tiempos difíciles, post suspensión y huelga de baluartes, fueron sobrellevados a puro potrero hasta que se dio la vuelta al primer equipo de River en 1940.

CAPITULO XIII

LA VUELTA AL PAGO

Año 1940. Hemos vuelto al trabajo. En la cancha de River nos encontramos con Huracán. Nueva fotografía con Herminio Masantonio, una de las tantas que tengo junto a "Masa", gran jugador y además gran muchacho.

El regreso a River (que para nosotros era nuestro verdadero pago, es decir, el campo de nuestros escarceos) lo debemos, entre otras circunstancias, a la actitud caballeresca de dos grandes señores: el doctor Julio José Degrossi y don Miguel A. Martinicorena, presidentes, a la sazón, de River e Independiente. Este había resultado campeón ese año con 56 puntos, contra 50 de River.

Un gran deportista inglés, mister Frederich R. Limpennay, fue designado en esos días socio honorario de ambas instituciones, y se le ofreció, con tal motivo, un resonante almuerzo. A los postres, mister Limpennay dijo cosas muy grandes. Habló del fútbol y del footballer. Dijo que el juego nuestro era mejor que el inglés, del que lo habíamos aprendido, y era porque "al criollo lo distinguen la intuición rápida y la tendencia a la belleza". (Hermosas palabras.) Y que en cierta ocasión, cuando un fulano, al enterarse de lo que ganábamos, dijo que era una injusticia pagarle tanto a un hombre por patear la pelota, él había respondido: "¡Bendito sea el fútbol, que ha podido brindar felicidad a tantos hogares!"

¡Bien, mister Limpennay —y no por lo que me tocó—. Lo cierto es que era usted un gran sportsman y un buen sociólogo! Lo cierto es que usted puso las cosas bien en claro para salvaguardia del hombre que se rompe el alma para que otros muchos millares gocen del espectáculo. Mucho más adelante, en México, un gran torero, el famoso espada Liceaga, me dijo un día:

"Hoy pudo ser el último día de mi vida lidié varios toros y salí vencedor. Cuando me tocó el último de la tarde, me sentí mal de súbito, y no pude lucirme, como otras veces. Y el público me silbó. ¿Sabe usted lo que se me cruzó por la mente, aconsejado por el pundonor de nuestra profesión? Pues lanzarme contra los cuernos del toro. Y ahora me felicito de haber tenido la entereza necesaria para resistir al pensamiento suicida!"

Bien, señor Limpennay: usted sabía lo que pasa en el corazón del deportista, y trajo esas cosas a colación para promover alguna actitud en defensa del hombre que juega. Y sus palabras inspiraron al señor Martinicorena (presidente de Independiente) una actitud que fue muy celebrada. Pidió que se dejara sin efecto "la severa sanción disciplinaria adoptada días atrás por la Comisión de River Plate ..." Accedió en principio el doctor Degrossi; todo parecía solucionado..., pero el asunto volvió al debate de la Comisión, de allí fue girado a la Asamblea... y se diluyó, como muchos otros asuntos que pasan a las comisiones de muchos otros parlamentos.

Acaso esta fotografía tomada en Chile, años después, sea el mejor emblema de aquella vuelta al Potrero que trato en este capítulo y que aunque no documentada por los fotógrafos pudo documentarse tal como aquí.

OTRA VEZ EN EL POTRERO

El tiempo fue pasando. Y un día se le ocurrió, no sé a cuál de nosotros:

—¿Volvemos al potrero?

—Volvamos.

Y fuimos. Sentíamos necesidad de cancha y acción. Añorábamos el olor del pasto Pisoteado. Y allá nos fuimos, a los clubecitos de barrio (un cuadrado y dos arcos, hasta con cicuta y manzanilla, sin tribunas, ni baños, ni redes) Y eso en Floresta, Villa Crespo, Mataderos... Cualquier club que no estuviera afiliado a la A. F. A., porque allí no podíamos jugar. Éramos "los judíos errantes". Nos invitaban para alentarnos; formábamos un picado, y como la voz que anunciaba nuestra presencia se corría por el barrio, la gente llegaba a montones. Y la cancha, invadida se iba achicando poco a poco. ¡Y la alegría de los pibes, que nos abrazaban, nos estrechaban la mano de tal a tal!...

Ellos, que apenas nos conocían por las revistas y nos tenían como seres sobrenaturales... ¡Qué lindo fue, a tal altura la vuelta al potrero de la infancia! ¡Nosotros, los "internacionales", pero que teníamos en el corazón un gorrión lastimado!

 

LA REHABILITACION

Dimos mucho que hablar. Con Pedernera y Labruna constituimos después de aquella huelga, no en seguida pero sí al poco tiempo, un terceto que ganó un sitio entre los más resonantes del fútbol argentino.

Mientras tanto. River proseguía con su team de "suplentes". El 5 de noviembre derrotaron a Boca Juniors por 2 a 1. (¡Bien, muchachitos!) Los acompañaba la buena racha desde nuestro alejamiento, pero se las cortó Racing poco después ganando por 3 a 1. Cosas del fútbol, que han de tomarse con filosofía. Unas van verdes y otras maduras, como fruta de carrito. El Gráfico dijo: "...Llamó la atención Sánchez por su escaso acierto, muy sorprendente si consideramos que dos semanas antes, frente a Boca, jugó como un crack". ( ¿Qué te pasó, pibe? ¿Se te indigestó la milanesa? ¿Tenías enferma a la viejita? ¿Se te desvió la novia?) Poco después, en Chile, el team de los suplentes logró una gran victoria: Y Mario Fortunato, también en El Gráfico, dijo, recordando el episodio de Racing y lo mal que trataron al purrete Sánchez algunos periodistas, la hinchada y dirigentes: "...En cuanto un jugador tiene un mal día se dice que está en decadencia..."

Nosotros, desde el "ostracismo", seguíamos el curso del campeonato con pena o alegría, según los resultados. Pero sin envidia, sin rencor; solamente con nostalgia. Jugábamos ahora con cualquier camiseta (la que nos prestaban o la del entrenamiento) ; nosotros, que habíamos lucido y acreditado dentro y fuera de la patria la casaca de la banda roja, destrozándonos por ella...

 

REHABILITADO

La rehabilitación me llegó, satisfactoria y amplia, en los comienzos del año 1940. Y esta vuelta pasamos directamente del potrero a la primera división, y con categoría de "internacionales"; con la que nos confiriera una larga actuación destacada, de la que nos había radiado la incomprensión de un grupo de dirigentes. Lo cierto es que los huelguistas nos reincorporamos al cuadro superior, con el refuerzo de los pibes, a quienes la incidencia permitió escalar las posiciones que merecían. Cosas del fútbol, que se renueva a lo largo del tiempo. La vida tiene que ser así: unos pasan y otros llegan. Pasan los grandes cracks, aparecen otros (a veces de la propia nidada), y el fútbol sigue y seguirá, porque es la gran pasión nacional. En marzo de ese año se disputó el Torneo Nocturno Triangular, que culminó con el clásico Boca - River.

Y ganamos el campeonato venciendo a Boca por 2 a 1. Se probó que, al regreso del "desacato", éramos los mismos de siempre. La hinchada lo dijo con su voz multitudinaria, que resuena en la gramilla como un trueno.

EL CAMPEONATO DEL AÑO 1940

Comenzaría en abril, y lo esperábamos como hambrientos, con ansias de probar nuestro amor a la casaca listada y la legitimidad de nuestra actitud en la desagradable incidencia que acabo de historiar. El club estaba pendiente de nosotros; los simpatizantes, ni qué decirlo. Los años 1938 y 39 había ganado el campeonato Independiente; River estaba a la espera de su rehabilitación, y muchos ojos se clavaban en ml y en mi salud, pues en enero de ese año fui sometido a una delicada intervención quirúrgica en la garganta.

En El Gráfico del 5 de abril, Mario Fortunato publicó un artículo titulado. "¡Van a largar!" Figuraba, entre las ilustraciones, una espectacular foto mía, cuyo epígrafe rezaba: "Pasado el mal rato, que para muchos fue decadencia, José M. Moreno vuelve a ser uno de los más grandes forwards de nuestras canchas. Y ha de formar, un año más, en el team "millonario", del que se debe esperar mucho en esta temporada". Y largamos, con el equipo reconstruido. Los titulares de River fuimos, durante la temporada: Blasco; Vaghi, Cuello y Filippo; Yácono, Minella, Rodolfi, Wergifker y Ramos; Deambrossi, Peucelle, yo, D'Alessandro, Labruna y Pedernera. Ese año Independiente Perdió el título, pero no para cedérselo a River sino a Boca. River y Huracán compartieron la tercera posición.

Pese al resultado adverso, el infundio de la "decadencia" quedó descartado: en la tabla de los goleadores de ese año figuré con doce tantos (sin contar los que Preparé), empatando con Pe-dernera; D'Alessandro, con 15, y Labruna, con 11. Perdimos el campeonato porque Boca fue mejor.

¡Y nada más!

Paciencia, muchachos. Paciencia y un poco de conformidad, que tan útil es en todas las cosas de la vida. Los xeneises también quieran ganar y también se rompieron las costillas. Y unos hombres lo consiguieron luchando con otros hombres. ¿O es que nosotros éramos dioses? Saber perder con altura es cosa de caballeros. Los antiguos gladiadores derrotados saludaban a su vencedor entregándole la espada, que a veces llevaba el nombre de su amada. Y mucho más acá, en nuestro tiempo, los turfmen rompen los boletos encogiéndose de hombros y diciendo, filosóficamente, como un telegrafista de la policía que he conocido tenla un poco trabado el frenillo de la lengua: —i Y bueno: caguegas son caguegas!

 

LANGARA

Tengo que ser un agradecido de la vida, de la gente toda que me dispensó solamente cordialidad, cariño, adhesión hasta en mis errores. Esta foto la miro hoy con un poco de nostalgia pero al mismo tiempo con gratitud.

(Aquí te debo un párrafo, vasquito lindo, porque fue por esa época que te conocí). Me hice amigo de Lángara porque de entrada me gustó. Me gustó por grande, por limpio, por vasco. Me gustó y nos gustamos. A poco de actuar entre nosotros se lo llamó "el gran Isidro". Y lo era, ¡sí que lo era!

Había sido varias veces internacional en su patria, y formó parte del once mundial de 1934. Luego vino para la Argentina con el team "Vasco", en el que no llegó a actuar, Pero se quedó en Buenos Aires, como tantos otros millares de vascos que le pusieron el hombro al progreso argentino. Poco más tarde ingresó en el "Ciclón", donde rindió lo que ya se sabe. ¡Quién habría de decirme, compañero de hierro, amigo fraternal, que habríamos de encontrarnos algunos años después, al compás de las vueltas del mundo; para realizar juntos "fantásticas" proezas nada menos que en la América Central! Pero vayamos "paso a paso", como rezaba el título de aquel libro de lectura de nuestra escuela primaria donde aprendimos muchas cosas grandes los purretes de aquel tiempo, y, entre ellas, la de honrar a la nacionalidad fuera de nuestras fronteras.

(Continuará)

En el próximo número: "La conquista del Pacífico".

EL GRAFICO

 

 

 

Por Redacción EG: 18/12/2018

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