EL DESTINO, LA PELOTA Y YO

El destino, la pelota y yo - Capítulo XI

- por Redacción EG: 04/12/2018 -
El Charro desvanecido en un partido de diciembre de 1936 (foto: Kikuchi)

Por José Manuel Moreno. La historia avanza, el crack reflexiona que llegar a consagrado tiene el sinsabor de la exigencia despiadada y poco contemplativa ante los resultados adversos.

PICANEAR AL BUEY MAS NOBLE

Eludí en el capítulo anterior, por desagradable y feo, el relato del final de la Copa Roca. Baste saber que —según registran las crónicas de la época— nos ganaron el segundo encuentro mediante un penal con el arco desguarnecido y sin un solo jugador argentino en el campo, y que el desempate no tuvo lugar. Nos volvimos para Bs. Aires tristes... y contusos. A quien le interese el desdichado episodio, lo encontrará en los diarios de aquel enero de 1939. Yo no lo cuento en detalle porque tengo gratísimos recuerdos de muchos nobilísimos brasileños... y brasileñas, y me duele en el recuerdo aquella cosa tan desdichada.

Lo cierto fue que, hallándome en Río con la delegación argentina, comenzó a circular una noticia que me llenó de asombro: Crítica del 20 de ese mes, llegada por avión, decía: "¿Moreno se queda en el Brasil?" Ese era el título; el texto, el que va a continuación: "Hay cosas que no se explican. Han llegado informaciones telegráficas anunciando que entre el jugador argentino Moreno y el club Fluminense se iniciaron conversaciones acerca de la posibilidad de que ese excepcional delantero se quede en Río de Janeiro para formar parte del equipo más aristocrático de los clubs cariocas. La noticia no puede tener ningún viso de seriedad…"

No la tenía. Que hubieran querido ellos tentarme, que lo hubiesen pensado, puede ser. fue lo consiguieran, ésa era harina de otro costal. El mismo diario Crítica prosiguió diciendo al día siguiente: "Informaciones de Río manifiestan el interés del club Fluminense por conseguir el concurso del notable insider izquierdo "millonario" José M. Moreno, que después de su performance del domingo último ha sido considerado por la prensa y los aficionados brasileños "el mejor hombre del continente en su puesto". "A efectos de conocer la impresión de la noticia entre los dirigentes de River Píate, entrevistamos al señor V. Juan Clauso, antiguo asociado del club y conceptuado dirigente". Y dijo Clauso, entre otras cosas: "No es extraño que en el Brasil se hayan interesado por Moreno después de la brillante exhibición realizada. Lo mismo habría acontecido en Italia, Francia, y hasta en la misma Inglaterra. Nuestro insider es un hombre excepcional que llena varias plazas de la cancha... porque está en todas partes sin ser desordenado en su acción". (Perdóneme el lector, pero debo seguir, aunque se me tache

Un Susto en tierra brasileña: me sentí mal en Río de Janeiro, vinieron los médicos al hotel y diagnosticaron: "apendicitis". Como esas cosas de andar enfermo nunca me gustaron. La foto me salió espontánea. No es ficción…

de inmodesto, porque estas notas van dirigidas a nuestros futuros cracks, y que les sirvan de aleccionamiento. Sigue hablando Clauso): "Por el contrario, Moreno es un jugador inteligentísimo, eminentemente técnico, de un raro dominio sobre la ball..." Ahora bien, agregó nuestro entrevistado —y sigue hablando Crítica—: del interés de contratarlo a que se aleje de River media una diferencia enorme. River no lo abandonaría ni a cambio de abonarle todo el estadio. Tiene contrato hasta julio de 1939, y, una vez vencido, estoy seguro de que nunca abandonaría nuestro club... Moreno lo quiere entrañablemente... y a pesar de su condición de profesional tiene el alma y el entusiasmo de los jugadores amateurs, de los que defienden los prestigios de su club con la misma pasión que en el potrero del barrio..." ¡Gracias, amigo Clauso!; gracias por todo eso que dijiste cuando me tachaban de posible infidente, y yo no estaba en Buenos Aires para decir esa mismo que tan bien dijiste interpretando mis mejores sentimientos. Pasé del potrero al almácigo de River, allí me formé, subí, llegué hasta las cumbres más altas del deporte..., ¿y los iba a dejar? ¿Desertar yo, que fui soldado? Junto a la amistad, los afectos, los sentimientos..., a esa altura de la vicia (la de aquel 1939) el dinero era una cosa secundaria. Cuando se trata de la dignidad, es otra cosa. Entonces sí se puede defeccionar en salvaguardia de lo más noble del hombre; ¡pero por dinero... y en plena juventud... no! Tuviste razón, amigo Clauso. Pienso que vos me habías leído en el corazón.

 

Y SIEMPRE EN RIVER

Volvimos para Buenos Aires. Lo de mi incorporación al Fluminense estaba descartado. Me encontré, en cambio, con un comentario de Mr. Isaac Caswell, el gran referee inglés, de larga actuación en la Argentina, publicado en La Nación, y que dijo, entre otras cosas, al llegar a Gran Bretaña, y a propósito de River: "La institución de que vengo ocupándome tiene seis equipos de fútbol: dos son profesionales y cuatro amateurs. River Plate cuenta con un insider izquierdo que apenas tiene 19 años, pero sabría lucirse y defenderse en cualquier cancha de Inglaterra. Y conste que mi aseveración es amplísima: no exceptúo ni al mejor equipo de la Liga".

Yo no tenía 19 años sino 22, valer decir que ésa era una impresión retrospectiva del famoso técnico inglés. Lo cierto es que estábamos de regreso en Buenos Aires, y comenzó el campeonato de 1939 formando yo en la delantera de River.

Recuerdo, en el comienzo de la temporada (creo que en marzo), el match contra Chacarita Juniors. Más o menos a los 20 minutos de juego, Barrios me hizo un fould que fue dirigido por Minella. Seguí en el aire la trayectoria de la pelota, la alcancé de cabeza... y se fue hasta la red entre los brazos de López. Creo que seguía siendo, en Buenos Aires, 'el pibe Siete Cabezas".

Esta foto es sencillamente para recordar que cuando llegó la revancha de este partido… ¡estábamos en huelga por una suspensión que se me aplicó luego de jugar contra Independiente!

UN CONTRATO INUSITADO

El 21 de marzo de ese año me llamaron de la Comisión le River Plate. ¿De qué se trataba? Me lo dijeron:

—Su contrato con el club vence en julio próximo...

—Sí, pero estamos en marzo

—Bien, pero tenemos fundadas esperanzas en su actuación futura... y desearíamos renovar el compromiso para la temporada próxima...

¿Era que dudaban de mí? Firmé sin dificultad, en marzo, la obligación que debería renovarse en julio.

Los periodistas porteños me recibieron bien. En El Diario del 22 de marzo apareció un suelto que decía: "Indiscutiblemente, entre los grandes valores que tiene River Plate, se encuentra Moreno, el gran insider que tantas y tan buenas pruebas tiene dadas de su capacidad. Diestro, ágil, juvenil, entusiasta, dinámico, Moreno es un puntal en ese team..."

Y terminaba: "Es de esperar que en el campeonato bravo que se avecina rinda todo lo que esperan los parciales riverplatenses ..." Bueno, creo que rendí. El campeonato fue bravo, en efecto, y tuvo sus alternativas. En marzo, Huracán (llamado "la sombra negra de River") nos derrotó. Sin embargo, el cronista Chantecler, de "El Gráfico". pudo decir: "Gol del empate. Vaschetto llevó un ataque que terminó con un oportuno pase a Peucelle, y el centro de éste fue recogido por Moreno, quien luego de hacer dar la pelota en su pecho cambió de dirección y antes de que llegara al suelo shoteó recto y bajo tan rápidamente que no dio tiempo a Barrionuevo para intentar defensa".

En mayo volvimos a jugar contra Huracán y perdimos, pese a que me cupo la oportunidad de marcar, de cabeza, el gol del empate que pudo alentar a los nuestros. En abril, contra Rosario Central (ganamos por 4 a O), me tocó abrir el score con un cabezazo.

Un documento de que bajaba como yo creo que tienen que bajar todos los forwards. Partido con Racing en Avellaneda y allí me tienen, peleando en mi defensa una pelota. Ha caído Barrera, llega Pont y sigue la jugada Ricardo Vaghi.

CASTIGADO

Había que hacer una nota para una revista humorística y allí me tuvieron (yo nunca le saqué el cuerpo a estas cosas...). Aclaro que la mujer que me persigue es un hombre disfrazado.

Durante toda la temporada del 39 me batí con ganas, diría que con furia, para destruir los infundios que pesaban sobre mí desde mi estada en Brasil. A veces un cuadro falla por debilidad de un resorte, por desarmonía en el conjunto, por temor ante un rival clásicamente fuerte... Puede suceder que en un conjunto de once hombres haya alguno o algunos que no se sientan bien de la noche a la mañana, cuando ya está concertado el match. Y el que está enfermo lo disimula por amor propio, dignidad... lo que sea. Y juega. Y no puede hacerlo bien porque está mal. Ya dije que un hombre no es un cronómetro... Al jugador de fútbol se le exige eso. Y no solamente los hinchas que deliran por la victoria sino también los dirigentes que exigen la repetición de las performances sin declinaciones. Si el jugador flaquea por alguna eventual indisposición cae bajo el repudio de unos y otros, cuando no se lo tacha de "traidor" o "vendido". No importa, con frecuencia, que tenga acreditados largos y valiosos servicios y un probado amor a la institución. Hay que estar "siempre listo", como el boy scout. Pero el boy scout también se enferma o se cansa, con la consiguiente declinación transitoria.

Yo tenía ya la experiencia, pese a los elogios para mi actuación, y mil más que sería imposible consignar, de esa intolerancia. Fue aquella vez que me gritaron "engrupido", "milonguero" y otras cositas más bravas. Pero habría de pasar por otra que me afectó mucho más y dio lugar a un extraño pero aleccionador episodio en la historia del deporte que practicaba. Ya vamos a ver cuál fue, pero habremos de recordar primero el incidente.

Una tarde jugué mal. Jugué mal porque no me sentía bien. Fue el 12 de octubre de 1939, con las consecuencias que van a verse. El notable redactor de "El Gráfico", Félix Frascara, comentó: "Desde el día 12 de octubre, en que se realizó el macht Independiente - River en el estadio monumental de Núñez, hasta el momento de llegar al lector este comentario han de haber pasado muchas cosas. La actuación mediocre del team "millonario" en ese cotejo trajo como consecuencia una severa sanción disciplinaria de la CD., pero no para el conjunto entero, sino solamente dirigida hacia uno de sus integrantes: José M. Moreno. Resultando multado y suspendido, éste y sus compañeros abandonaron el campo de concentración y negaron su concurso al club para el match con Atlanta". En efecto: pese a que no solamente la mía sino la actuación del team entero fue mala todas las iras se volvieron contra mí: partidarios y directivos. Todos los que habían vibrado frenéticamente con mis "diabólicas combinaciones" y mis "goles espectaculares" me castigaban por un instante de involuntaria, forzosa declinación. Los primeros me silbaron, me insultaron; los segundos me castigaron. Los cronistas deportivos, más contemporizadores, en su mayoría justificaron mi transitorio aflojamiento. River había perdido —según dijeron— después de once victorias. Pero ahora las iras se volvían no contra el cuadro sino contra mí; todo el ensañamiento contra mí, de quien se esperaba que fuera, sin trepidación alguna y en todo momento, "el goleador, el mejor insider del continente", el hombre providencial. Pues, ¿no había tenido la osadía de ascender a primera división desde la 4ta especial?

Y me multaron y me suspendieron.

Entre los cronistas deportivos que ensayaron mi defensa —les agradezco a todos en el emocionado recuerdo— creo que el más elocuente fue Borocotó, cuando dijo, en ese estilo suyo donde la imagen da el impacto preciso: "El boyero, en la estacada, siempre suele picanear al buey más noble". (Continuará)

JOSÉ MANUEL MORENO (1959)

En el próximo número: "Huelga de cracks".

 

 

 

 

Por Redacción EG: 04/12/2018

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